Autocumpliendo profecías

Cada cierto tiempo los bolivianos nos empecinamos en una de las tareas más difíciles que puede arrogarse una sociedad: autocumplir profecías. En este caso, aquellas que presagiaban la división, el enfrentamiento fraticida, la balcanización, en fin, descender un escaño más en ese cono profundo con el que Dante simboliza el infierno.
Por ejemplo, a diferencia de antaño cuando sólo un grupo de cruceños eran los díscolos, hoy se comienza a hablar de toda una "media luna" rebelde (los cuatro departamentos del oriente que representan esa figura en el mapa). La autonomía que hasta hace poco era delirio de dirigentes provincianos hoy moviliza a cientos de miles de ciudadanos. Finalmente, lo que parecía una división política se convierte en sociológica: el respaldo a Evo Morales es del 80% en El Alto, pero la cifra tiene su imagen especular en Santa Cruz.
El actual gobierno -celebrado por propios y extraños como la respuesta a la exclusión-, está consolidando la polarización y dotándola de bases sociales, soliviantando a la clase media, y permitiendo que en ambas facciones surjan grupos antidemocráticos que aconsejan a quien quiera oírlos que ha llegado el momento de un ajuste de cuentas histórico.
Hay una diferencia cualitativa entre ésta y otras crisis. El gobierno está despertando fantasmas dormidos que cuesta mucho conjurar: ha llamado a las FFAA a intervenir en el proceso político, y hace vista gorda de los reaccionarios de ambos bandos que violentan a indios o a blancos.
Sin embargo, esta crisis también es una oportunidad (disculpen el cliché): El Presidente comienza a reconocer que le será difícil imponer un proyecto hegemónico sin ceder (por lo menos democráticamente), y no sólo ha felicitado a los opositores sino que los ha convocado a un diálogo del que todos esperan humo blanco. Hay quienes dicen que Morales sólo entiende el lenguaje de las calles, pues bien, la multitudinaria movilización parece haber hecho mella en su incombustible confianza sobre el curso de la historia.
El problema es que pese al diálogo, estructuralmente las posiciones parecen irreconciliables: La demanda de autonomía de la "media luna" chocará indefectiblemente con el modelo centralista y estatista del gobierno; y la Asamblea Constituyente está empantanada en una discusión bizantina sobre formas y amenaza con explotar cuando comience a discutir contenidos.
Por ahora, los pronósticos no anuncian cambios revolucionarios ni geográficos (por lo menos mientras esos grupos racistas y premodernos no seduzcan a las grandes mayorías democráticas), pero sí se prevé más y mayor inestabilidad.
Ojala que nada de esto ocurra, ni aquellas profecías divisionistas ni éstos pronósticos pesimistas, que prime la sensatez y se imponga la ética de la responsabilidad por sobre la de las convicciones. Ojala desistan aquellos que piensan que ha llegado el momento de clavar un letrero sobre el mapa de Bolivia que diga "abandonad aquí toda esperanza"; otros, en cambio, sostenemos que aún es posible que Morales eche mano a las reservas republicanas que tiene para ejercer su mayoría democráticamente.

* Sergio Molina Monasterios, politólogo, analista de Imaginaccion Consultores

Cumbre, cima, cresta

En una famosa y añeja foto se ve a Churchill, Stalin y Roosevelt viejos y cansados repartiéndose países como si fueran fichas de dominó. Fue en Yalta en 1945 y la II Guerra Mundial estaba a punto de concluir. Desde entonces hasta ahora las cumbres presidenciales han perdido encanto y glamour.
Cierto que antaño reunir presidentes no era tarea fácil, y que hoy el fin del tiempo y del espacio hace posible que los presidentes converjan en un solo punto en forma inmediata, pero incluso en la era de la diplomacia directa nuestra región sigue caracterizándose por los excesos y se llegan a convocar periódicamente por lo menos cinco citas de gran envergadura: la Cumbre de las Américas, la Iberoamericana, la del Grupo de Río, la de la Comunidad Andina, la del MERCOSUR (para no nadar en aguas profundas como las reuniones con otros continentes o las minicumbres).
Está claro que no todas son iguales; por ejemplo, la de Las Américas es sobre todo la reunión con el primus interpares de los presidentes: el mandatario norteamericano (hoy venida a menos por el fracaso del ALCA). La Iberoamericana es la versión española y no participa los EEUU (también muy desprestigiada porque en Montevideo hace algunas semanas hubo más ausentes que presentes). La del MERCOSUR tenía las tintas más cargadas en la integración comercial pero actualmente está tan politizada que dos de sus miembros no pueden ni verse. Finalmente, poco queda de aquel glorioso Grupo de Río surgido de la pacificación centroamericana y que asume su crisis terminal casi con resignación.
La más novel de todas estas citas es la Cumbre Sudamericana que se inaugura hoy en Cochabamba. Agrupa a 12 países de la región de los cuales cuatro comprometieron su asistencia y por lo menos cinco no asistirán.
Si bien como en cualquier otra hay que celebrar las reuniones bilaterales (la que sostendrán Evo Morales y Michelle Bachelet, por ejemplo, y que continúa el profuso y positivo intercambio entre ambos países), es probable que esta reunión no alcance relevancia alguna y se recuerde sobre todo por quienes no fueron antes que por los que fueron.
Pero esto no sólo hay que atribuirlo a lo deteriorado que está la integración sudamericana (nunca la región estuvo tan separada como ahora), sino también a otro pequeño detalle: Bolivia está convulsionada y en las últimas semanas hay un proceso creciente de confrontación donde interviene la espontánea movilización de la clase media, la lucha desesperada de algunas elites derrotadas y una sólida y oficialista mayoría indígena. La disputa hace referencia a un tema legal pero en realidad lo que se está peleando palmo a palmo es el tipo de democracia y el modelo de descentralización que regirá en el futuro.
Todo ello ante un público privilegiado: varios presidentes y 800 periodistas que tendrán desde fotos de Chávez eufórico post-reelección hasta movilizaciones "clandestinas" y huelgas "secretas" (disculpen los oxímoron). Todo esto, claro está, si el gobierno las permite, porque entre hoy y mañana hará los mejores esfuerzos para mostrar a Bolivia como una buena familia burguesa (decadente, cierto, pero que nadie lo note).

Sergio Molina Monasterios es Politólogo, analista de Imaginaccion Consultores

Las negociaciones secretas del gobierno de Morales para vender gas a Chile

Con información del periódico La Tercera de Chile

Una investigación periodística reveló hace unos días que diversos funcionarios del gobierno boliviano propusieron a sus contrapartes chilenas la posibilidad de venderles gas para generar energía eléctrica.
El reportaje del periódico chileno La Tercera establece que dos de las generadoras eléctricas más importantes del norte de Chile y responsables de abastecer casi la totalidad de la minería de esa zona (industria que por sí solas representa la mitad de las exportaciones totales de ese país), discutieron largamente la propuesta de funcionarios del gobierno de Evo Morales, particularmente del Cónsul José Enrique Pinelo, para recibir gas boliviano y resolver el problema de desabastecimiento de este hidrocarburo y de energía eléctrica que sufre Chile a consecuencia del racionamiento argentino.

En qué consistía el negocio

"Las dos principales operadoras eléctricas en la zona, Gas Atacama (de propiedad de Endesa y CMS Energy) y el Grupo Suez (socia junto a Codelco de las operadoras eléctricas Edelnor y Electroandina) recibieron un inesperado mensaje del gobierno de Evo Morales: Bolivia está interesada en ingresar al mercado eléctrico chileno pagando con gas natural", sostuvo La Tercera el 1° de octubre pasado.
El negocio consistía en que una empresa filial de YPFB se asociaría con alguna de las generadoras eléctricas chilenas y pagaría el capital adeudado con gas natural hasta alcanzar una cifra de 800 millones de dólares.
Según La Tercera se habló de exportar hasta cuatro millones de metros cúbicos diarios de gas, más del doble de lo que Chile estaba recibiendo de la Argentina en julio pasado producto del racionamiento.
Según confirmaron quienes participaron en las reuniones, dos cosas llamaron la atención de esta propuesta: En primer lugar que el negocio no mencionaba la reivindicación marítima y el acceso soberano al mar; en segundo lugar, que quien hacía los primeros acercamiento no era un desconocido sino alguien que se autodefine como hombre de confianza de Evo Morales, el diplomático Coco Pinelo.
Según La Tercera, Pinelo contactó al gerente general de Gas Atacama, Rudolf Araneda y al representante de Suez Energy, Manlio Alessi, para hacer los primeros sondeos.
Rudolf Araneda, una vez conocidos los detalles de la negociación, se reunió con la Cancillería chilena para ponerlos al tanto de las conversaciones. Según el mismo matutino, lo recibieron el Vicecanciller, Alberto Van Klaveren, el Director de Política General, Carlos Portales, y el principal Asesor del Canciller Alejandro Foxley, Edgardo Boeninger.
Araneda sostuvo en esa oportunidad que las conversaciones contaban en Bolivia con el consentimiento y respaldo del Vicepresidente, Álvaro García Linera, autoridades de YPFB y algunos miembros del gabinete de Evo Morales, si bien no había consenso total en su gobierno.
Sin embargo, García Linera desmintió la información el 3 de octubre pasado en Yapacaní, al afirmar que no hubo acercamiento a Chile ni negociación secreta alguna.
El periódico chileno para confirmar la reunión, cita a Boeninger (un viejo y reconocido político y ex ministro de Estado chileno) quien afirmó que "Araneda quería explorar la opinión del gobierno", e incluso mostró "detalles técnicos de la operación (con Bolivia)".
A pesar del desmentido, se trata de un esquema nada novedoso en la política energética de Evo Morales. Varios de los principales colaboradores del Presidente consideran que el gas debe ser industrializado y no exportado como materia prima, por ello impulsan tratos como el que se cerró con la empresa india para explotar El Mutún, una de las reservas de hierro más grandes del continente, a la cual se le entregará gas a precio más que subvencionado; o el varias veces discutido y postergado proyecto de construir una planta de polietileno en la frontera con Brasil, que tanto interés despertaba antes de la nacionalización y del impasse surgido entre nuestro país y el gigante latinoamericano.
Fuentes bien informadas dijeron a Pulso que si bien la idea era impulsada fuertemente por los sectores menos radicales del gobierno, recibió duros comentarios de los sectores maximalistas que se niegan a cualquier acercamiento a Chile que no diga explícitamente "acceso al mar con soberanía" desde el primer momento y en la primera página.
Existen fuertes disputas entre ambos sectores, y los últimos acusan a los primeros de ser el entorno que ha "secuestrado" al Presidente (la salida del ex Ministro de Hidrocarburos, Andrés Soliz Rada, por presión de Petrobras hay que leerla en ese contexto).
La pelea entre ambos sectores también ocasiona que el gobierno sea incapaz de mantener una línea monolítica en su política exterior. Así, en medio de la negociación secreta, el Canciller David Choquehuanca, llegó a decir que la política de gas por mar estaba superada, lo que fue desmentido 24 horas después por uno de sus colegas.
Los retruécanos verbales de Choquehuanca, que recientemente afirmó que en adelante no hablaría respecto a ninguna negociación (previsor y temeroso de filtraciones como las que publicó La Tercera), no hacen más que confirmar que pese a que cree que sus intuiciones son geniales, suenan ante los países vecinos como las de un ingenuo, sobre todo si hace referencia a proyectos tan delicados que no sólo necesitan viabilidad política, sino ingeniería técnica y financiera, y mucha suerte.
Es en el marco de la lucha interna dentro del gobierno boliviano que hay que leer la información de La Tercera, así como la información, también revelada por ese matutino, de que no era la primera vez que el gobierno de Morales hacía propuestas para sondear la posibilidad de vender gas a Chile. Al principio, afirma el reportaje, el Palacio Quemado buscaba una negociación entre gobierno y gobierno (YPFB y CODELCO de Chile, y que es dueña del 66% de las acciones de Edelnor y Electroandina), y no con privados como finalmente ocurrió. Pero este camino habría sido descartado en la reunión entre vicecancilleres de ambos países el 18 de julio pasado, cuando se estableció que el gas estaría fuera de las negociaciones entre ambos países.

Chile dice no

Cuando se supo de la propuesta boliviana, la reacción de la Cancillería chilena fue de un "rechazo categórico". Según La Tercera, en la reunión entre Gas Atacama y el Ministerio de Relaciones Exteriores del vecino país, los diplomáticos chilenos señalaron el riesgo de que el gas que Bolivia se comprometía a exportar pudiera ser empleados como una forma de presión para lograr una solución a nuestra centenaria demanda marítima. "Por lo mismo, el gobierno no se involucraría en este negocio y si los privados se animaban a hacerlo, sería a cuenta y riesgo propio", publicó el reportaje mencionado.
El argumento de que este es un tema entre privados suena hueco y sin sentido: En Chile, cualquier cosa que tenga que ver con el gas y con negociaciones con Bolivia, trasciende largamente al ámbito político y gubernamental. En definitiva, Chile prefirió mirar para otro lado ante la propuesta boliviana, quitando el piso político imprescindible para que este proyecto tuviera viabilidad.
La misma respuesta negativa habría recibido Ignacio Pérez Walker, un ex senador chileno de derecha que ahora asesora al grupo Suez Energy y quien tuvo varias reuniones con autoridades bolivianas y chilenas. Según La Tercera, Walker se reunió con Coco Pinelo el 6 de julio pasado y discutieron la posible asociación de YPFB con Edelnor y Electroandina.
Pero cuando Walker reunió a Pinelo con Manlio Alessi, delegado de Suez Energy para Chile y Perú, éste último escuchó la idea pero insistió en que si la idea del gobierno boliviano era comprar parte de las acciones de la estatal chilena Codelco en Edelnor y Electroandina, lo que debía hacer Pinelo era hablar con esa empresa y no con él.
Pérez Walker hizo otras gestiones pero fracasó en todas ellas, incluso recibió un desplante de la Ministra de Energía chilena, Karen Poniachik, según informa La Tercera. Ella no quiso recibirlo, alertada seguramente por el tipo de propuesta que le llevaría.
El otro ninguneo que hizo Poniachik al proyecto, según La Tercera, lo sufrió esta vez Pinelo. Éste habría insistido en que la Ministra chilena viajara a La Paz para reunirse con el entonces Ministro de Hidrocarburos, Soliz Rada, pero la invitación fue rechazada.

Las consecuencias del fracaso

La hipótesis más segura para entender las negativas reiteradas de Poniachik es que justo en esos días preparaba un anuncio central para los intereses estratégicos de Chile: dar inicio al proyecto para la construcción de una planta de licuefacción de gas en la ciudad chilena de Mejillones que en dos años más pretende alimentar el Sistema Interconectado del Norte Grande, con gas traído de diferentes mercados en buques especialmente acondicionados para el efecto. Con esto se resolvería el desabastecimiento energético de las empresas mineras y de la industria en general.
El gas natural licuado si bien es más caro, es la principal apuesta del gobierno chileno para tener seguridad y diversificar su matriz energética. Que sea más costoso sigue siendo un problema, pero menor al fantasma del desabastecimiento y a lo que se considera la peor pesadilla de Chile: que la escasez de gas para las industrias y la generación eléctrica se traslade a los consumidores y haya racionamiento en las ciudades.
En este nuevo y millonario proyecto de gas natural licuado participan Gas Atacama y Suez Energy, lo que les hace perder interés en alternativas como las planteadas por el gobierno de Morales hace unos meses, que si bien significarían gas más barato también se comprueba cada vez más como políticamente inviable.
Actualmente compañías como Suez están operando incluso con diesel y carbón para producir energía, a un costo varias veces mayor (hasta un 1.200% según La Tercera) que lo que significaría producir termoelectricidad por gas natural, y no es menor tampoco el impacto para el medio ambiente que tiene este tipo de emprendimientos.
Según las autoridades chilenas, la apuesta de gas natural licuado es el camino a su independencia en materia energética, sobre todo respecto de vecinos que les incomodan como Argentina o Bolivia; también en este marco hay que leer la discusión que se está dando en Chile para ver la viabilidad técnica y política de construir una planta de energía nuclear para producir electricidad. Para La Tercera, este tipo de proyectos (el gas natural y la energía atómica) son también "a los ojos de la cancillería boliviana, el fin de cualquier posibilidad de que Bolivia le venda gas natural a Chile".
Finalmente, luego de la negativa chilena y de la filtración periodística, el proyecto fue postergado también en Bolivia porque hoy este tipo de negociaciones están lejos de las prioridades políticas del gobierno de Morales dados los fuertes conflictos internos y sociales que atraviesa y a que su popularidad descendió dramáticamente en los últimos meses (de 81% en mayo, a 52% en septiembre, según la encuestadora Apoyo).
Todo lo cual es una lástima. Seis meses atrás, con gobiernos recién estrenados en ambos países, más de uno se animó a escribir que era el momento para que Chile y Bolivia resolvieran sus problemas; y que dos outsiders de la política (por procedencia cultural y de género como Morales y Bachelet) eran una esperanza frente a políticos clásicos que ya habían fracasado en reiteradas ocasiones. Ahí nos equivocamos todos.
Quienes no lo hicieron fueron algunos emprendedores que siguen buscando alternativas imaginativas, muy riesgosas pero menos ideológicas y más baratas. Un puede apostar que el entendimiento entre Chile y Bolivia provendrá de ideas como ésta. Quizá entonces los funcionarios de ambos países les presten la atención que merecen.

Movilización por la paz

Movilización por la PAZ: Una iniciativa de Carlos Hugo Molina
www.agora.mundoalreves.com

Carlos Hugo Molina afirma:
"Hace un par de años, como ciudadano en función de un cargo público, propuse una campaña POR LA PAZ. Era un momento de tensión como el que estamos viviendo ahora. La propuesta era muy simple: colocarse en la solapa, en el bolsillo de la camisa, en la blusa, un cintillo blanco cruzado. Fueron solicitados más de 10.000 cintillos por gente de todas las edades y condiciones sociales y culturales. De manera indudable, cada una de las personas que lo utilizó, demostró que quería VIVIR EN PAZ, lejos del dolor y de la muerte. Fue una apuesta que ayudó a sensibilizar. Y en el silencio del cintillo blanco, se multiplicó el grito por la vida.
Propongo una campaña, a partir de los blogs, de las redes de ciudadanía, de los correos electrónicos, de las páginas webs, para que todos los que apostamos vivir en democracia, en justicia y en Verdad, invitemos a los hombres y mujeres de buena voluntad, para demostrar que somos mayoría, silenciosa, pero mayoría. Que sirva para que nos encontremos por la calle, en las plazas, en los mercados, con un abrazo blanco de PAZ. Estamos a prueba. Apostemos por el arcoiris de la vida".

Mr. Burns y el señor Morales

El centro es un punto equidistante de todos los extremos, la aguja del compás que traza un círculo. El problema es que, como todo concepto de la geometría, es relativo, sobre todo cuando se lo quiere trasladar a la política. Ya Aristóteles alertaba sobre el justo medio: Entre los temerarios y los cobardes, los prudentes; entre un extremo y otro, la virtud.
Seguramente, pensando en asuntos como éste, el Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos norteamericano, Nicholas Burns, demandó el miércoles que Bolivia vuelva a la corriente dominante en América Latina que, a sus ojos, es aquella compuesta por países que eligieron presidentes de centroizquierda como Chile o Brasil o de centroderecha como México y Colombia. Esta declaración la hizo inmediatamente después que el Presidente Bush y congresistas republicanos pidieran al Capitolio la ampliación del ATPDEA (ley de preferencias arancelarias para los países andinos, entre los que se encuentra Bolivia), asunto en el que se involucró directamente el Vicepresidente boliviano. Esa es la mejor señal que los empresarios bolivianos podían recibir.
De forma que en sintonía con Mr. Burns, Morales se afianza en el poder luego de la firma de contratos con las petroleras y la consolidación de la nacionalización, un asunto por el que ningún líder de opinión apostaba y que demuestra no sólo la pericia política de Morales sino la subestimación de la que fue objeto: Para la opinión pública dobló la mano de las petroleras; a ellas les garantizó contratos de largo plazo nada despreciables; suavizó el impasse con Brasil; mejoró las relaciones con Argentina; y, además, incrementó los ingresos del Estado. Nada mal para estar menos de un año en el gobierno.
Esta semana volvió a ejercer su poderosa mayoría política, aprobando en Diputados una modificación a la ley de tierras según la cual todas aquellas que no presten una "función económica y social" serán revertidas al Estado. Lo cual, como es de suponer, encrespó los ánimos de los cruceños, levantó encendidos discursos y fue miel sobre hojuelas para campesinos e indígenas que marchan hacia la capital.
En cualquier caso, si bien la temperatura tiende a subir, es probable que haya negociación y se encuentren caminos de salida consensuados; por lo demás, el ejercicio de la mayoría en el Congreso es parte del juego democrático.
Esta disociación entre un discurso radical y acciones más moderadas es uno de los signos distinguibles del gobierno boliviano, por tanto, para entenderlo es mejor ceñirse a lo que hace antes que a lo que dice.
Detengámonos sino en sus discursos contrarios a la "educación occidental" y la creación del "Bono Juancito Pinto" (en honor a un niño-héroe de la Guerra del Pacífico), que consiste en un subsidio directo para que los pobres no saquen a sus hijos del colegio; alrededor de 25 dólares por niño). Un discurso reaccionario pero una política pública de reconocida eficacia y de enorme contenido político.
Todo esto no exime a Morales de su subordinación a Venezuela, ni de su incapacidad para entender las tendencias económicas y sociales predominantes en el mundo, pero tampoco deslucen sus virtudes ni la sospecha de que de esta nueva crisis agraria saldrá magullado pero triunfador nuevamente.

Sergio Molina Monasterios trabaja en Imaginaccion Consultores y es profesor del magíster de comunicación política de la Universidad de Chile

Visión que hay en Chile sobre otros Presidentes



Encuesta de la empresa de comunicación estratégica y asuntos públicos Imaginaccion Consultores, realizada en octubre de 2006, si quiere más información pinche aquí:

Imaginaccion Consultores

La búsqueda chilena del centro en política internacional

El centro es el punto equidistante de todos los extremos, la aguja del compás que traza un círculo. El problema es que, como todo concepto de la geometría, es relativo, sobre todo cuando se lo quiere trasladar a la política.
Ya Aristóteles alertaba sobre el justo medio: Entre los temerarios y los cobardes, los prudentes; entre un extremo y el otro, la virtud; sin embargo, la sensatez y el sentido común, valores que deberían ser exclusividad de los poderosos según el filósofo, parecerían haberse trasladado a los ciudadanos en este siglo. Veamos sino la encuesta de "Imaginaccion Consultores" de octubre pasado, según la cual los personajes internacionales más desfavorables para los chilenos son Hugo Chávez y George Bush, con casi dos terceras partes de la población en contra y sin distinciones notables.
En cambio, los ciudadanos miran con muy buenos ojos a los presidentes de España, José Luis Rodríguez Zapatero; de Francia, Jacques Chirac; de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva; y el Primer Ministro de Inglaterra, Tony Blair. Elogio del centro político y del consenso, los bienes más preciados de la cultura política chilena contemporánea, pero también de la forma positiva en que esos países se representan en el imaginario social.
Evo Morales, Fidel Castro y Alan García están en el lote del medio (aproximadamente la mitad de la población está en contra de ellos, pero lejos de los porcentajes de Bush y Chávez).
Otros datos curiosos: Las antipatías están repartidas entre hombres y mujeres y, por supuesto, existen las previsibles diferenciaciones por grupo socioeconómico, pero en el caso de Evo Morales son las mujeres las que se muestran más desfavorables hacia el boliviano.
Por otra parte, la visión que hay sobre Néstor Kirchner y Evo Morales parecería contradictoria (por historia y tradición); cuando se pregunta si "a pesar de que nuestros vecinos han demostrado que pueden incumplir sus compromisos, ¿usted cree que Chile debe hacer esfuerzos para comprarles gas o electricidad?" La respuesta, en el caso de Bolivia, indica que hay un 49% que cree que no se debe hacer ningún esfuerzo, pero el porcentaje sube al 56% si se pregunta por la Argentina.
Además, según la encuesta las dos terceras partes de la población creen que Chile está mejor que cualquier otro país de América Latina, y hay un notable 5 sobre 7 para el prestigio de Chile en el mundo.
Ahora bien, el sondeo de "Imaginaccion" se hizo finalizando la enorme discusión mediática sobre la decisión de abstenerse frente a Guatemala y Venezuela, lo cual arroja otra constatación que no es novedosa pero que siempre hay que tener presente si se quiere entender el 55% de respaldo ciudadano que tiene la Presidenta. Cuando se pregunta sobre el problema más importante, la votación en la ONU no tiene ni el 7% de las menciones, los temas relevantes siguen siendo los mismos de siempre (salud, educación, delincuencia, etc.), lo que demuestra cuán alejadas están la agenda partidaria de la pública, la de la oposición y la del gobierno; y, por supuesto, dónde está ubicado el sentido común y el centro político.



Sergio Molina Monasterios trabaja en el área de encuestas de Imaginaccion Consultores y es profesor del magíster de comunicación política de la Universidad de Chile.

Una Guerra Fría criolla

En su acepción moderna, informan las enciclopedias, el término Guerra Fría fue acuñado en 1947 por un consejero del presidente Roosevelt, pero quien lo popularizó -cuándo no- fue un periodista: el famoso Walter Lippmann. En 1991, con la desintegración de la Unión Soviética, el asunto parecía haberse superado, pero el discurso sobre el azufre de Hugo Chávez, y otros datos más reveladores que esa anécdota, como la empantanada discusión en Naciones Unidas para elegir a un representante por Latinoamérica al Consejo de Seguridad, producen un déjà vu que da escalofríos.
Si bien la casi segura renuncia de Venezuela a la candidatura puede considerarse una derrota de su política exterior, ésta es relativa, en tanto logró con ella y otras acciones, posicionarse en el mundo entero como uno de los líderes más fogosos contra George Bush, lo que hoy por hoy no es malo en mucho más de la mitad del planeta.
Lo que no era previsible es que planteara su retirada dejando una bomba de tiempo detrás (lo que demuestra que además de fogoso es creativo), con la sospecha bien fundada de que los gobiernos que respaldaron a Venezuela seguirían en la peligrosa lógica del siglo XX: El enfrentamiento entre dos bloques, supuestamente de "izquierda" uno (el suyo) y "pronorteamericano" el otro (el que se le oponga),
Venezuela afirmó llegó a afirmar que sostendría una candidatura de consenso que, a su entender, debería ser la de Bolivia, lo cual no parece muy probable por dos motivos: el primero y fundamental porque difícilmente Evo Morales pueda considerarse "no alineado" (para continuar con la terminología setentista) y el segundo, sólo para la estadística, porque Evo ni siquiera ha nombrado un nuevo Embajador ante la ONU.
Eso sí, los bolivianos nunca antes fuimos tan famosos ni provocamos tantas discusiones como en estos meses. Si algo hay que agradecerle al gas, a Evo Morales y, por supuesto, a Hugo Chávez, es que a partir de ellos Bolivia es un país que comienza a figurar en el mapa mental de cierta elite que antes la asociaba únicamente a golpes de Estado y a deportes de altura. El problema es que la influencia de Chávez, que había comenzado con helicópteros e inteligencia y que hace poco se tradujo en pactos militares para controlar "crisis internas", hoy es incondicionalidad en política exterior. Eso, lamentablemente, hace poco probable que Bolivia obtenga un derecho que le corresponde como a cualquier otro país.
Por el contrario, la retirada venezolana parecería tratarse del clásico leninista "Wun paso atrás dos adelante", y mal haríamos los bolivianos en jugar de tontos útiles en una pelea a la que no nos han llamado. Alguien escribió que Chávez puede decir y ofrecer cualquier cosa, el problema es que a veces sus oyentes son presidentes.
El chavismo, que ha reemplazado exitosamente al castrismo, merece preocupación, pero no tanto la de chilenos o peruanos como ha ocurrido últimamente, sino de los propios bolivianos, aquéllos que tendrán que pagar en el futuro las consecuencias que tendrá la sumisión actual de sus gobernantes. Como ahora, que se pagan otras, únicamente que donde dice Venezuela habría que poner EE.UU. (sólo para seguir con esa sangrienta dicotomía del pasado).

33% de los chilenos no quieren soberanía para Bolivia

El 33% de los chilenos no quieren darle a Bolivia una salida soberana al mar ni beneficios económicos para exportar sus productos. Sin embargo, el 13% cree que un corredor o una franja de territorio es viable, y el 47% sostiene que hay que dar a los bolivianos beneficios económicos para exportar sus productos.
Estos son algunos de los resultados de la Encuesta Bicentenario Adimark - Universidad Católica que se centró en los cambios culturales de la sociedad chilena.
Si quiere ver la encuesta completa pinche aquí:
Encuesta Bicentenario Adimark Universidad Católica

Réquiem para Evo Morales

Algunos imaginaron que Evo Morales por su extracción racial y política traería estabilidad, inclusión y desarrollo para Bolivia, que después de tres gobiernos débiles y cercados por sus propias contradicciones, Morales iba a ser finalmente quien barajara y diera de nuevo las cartas que le tocaron a Bolivia en suerte.
10 meses después, las razones estructurales del mal endémico boliviano no se han modificado y ni siquiera la buena performance económica y la disminución de la pobreza (en los últimos dos años el PIB per cápita pasó de menos de 900 a 1.000 dólares) han logrado superar el paradigma que los intelectuales bolivianos califican como "rentismo" y que Morales no ha querido modificar. Esto es, considerar al Estado con una gran vaca lechera a la que se puede ordeñar inmisericordemente.
El "rentismo" ha llevado a los mineros a enfrentarse violentamente por los yacimientos de estaño de Huanuni y a una futura nacionalización de la minería.
Pero una nacionalización que, según Álvaro García Linera (el intérprete de Morales para que nadie se preocupe más de lo que debiera), "respetará la inversión privada local y extranjera, mantendrá la presencia de las cooperativas y también de los mineros medianos y chicos". Nuevamente el modelo fracasado de la nacionalización de los hidrocarburos o, como dicen en las calles para referirse a esta ambivalencia que no expropia pero tampoco se juega por el libre mercado: Ni chicha ni limonada.
La muerte de los mineros marca el fin de una relativa tranquilidad durante la cual los bolivianos esperaron a ver qué tenía para ofrecerles el gobierno y, además, obliga a Morales a tomar otra determinación quizá más importante que la propia nacionalización: Todos los cooperativistas de Huanuni (más de 4.000) que se enfrentaron a los sindicalizados, serán contratados por la empresa minera estatal, y se les dará salarios más altos que el promedio nacional.
Los bolivianos comprueban, una vez más, que sólo por la fuerza es posible obtener mejores condiciones de vida. Hace poco el sociólogo Roberto Laserna publicó -en base a una profunda investigación de los conflictos sociales- que mientras más permisivo es el gobierno con ellos, aceptándolos como forma legítima de gestión, éstos se tornan más numerosos e intensos.
Es previsible, entonces, que otros sectores sigan el ejemplo de Huanuni, lo que agravaría la ingobernabilidad hasta grados mayores que los del pasado cercano porque, a diferencia de lo que ocurría con Sánchez de Lozada, la alternativa electoral que significaba el MAS ya no estará presente.
El "rentismo" nacionalizador junto al deterioro institucional (que tiene su máxima expresión en la trabada Asamblea Constituyente) no auguran nada bueno en el mediano y largo plazo. En el peor de los casos hiperinflación como la del gobierno de izquierda de la UDP (1982-1985), más violencia regional y fratricida, y un deterioro creciente de los grados de convivencia y ciudadanía.
"Sin embargo, -se puede leer en Pulso, la más seria revista boliviana- el futuro no está escrito ni hay "maldiciones" que anulen la libertad de los pueblos. Todavía depende de los bolivianos. Todavía es posible parar".

Un convenio militar polémico: El acuerdo entre Bolivia y Venezuela ha generado una dura oposición de Chile y Perú

El acuerdo militar entre Venezuela y Bolivia ha desatado en Chile y Perú no sólo revuelo sino reacciones adversas de todo tipo: desde discursos nacionalistas hasta llamados a la reflexión y a la hermandad latinoamericana.
En Chile, si bien la presidenta Michelle Bachelet se encargó de poner paños fríos al asunto afirmando que se trata de una decisión soberana de Bolivia, también mostró su preocupación y mandó a redactar un comunicado en el que sostiene que espera "transparencia de las actividades militares en los países vecinos para fortalecer la confianza mutua".
Pero para la derecha chilena -que controla la mitad del Congreso y tiene fuerte presencia en sectores claves de la economía, la cultura y la política-, el acuerdo es inadmisible porque pone en peligro la defensa y la seguridad nacional de su país. Los argumentos se basan en algunos incisos del acuerdo, que estarían redactados de forma que podrían dar a entender que Venezuela colaborará militarmente con Bolivia en caso de algún conflicto con países limítrofes (léase Chile), y denuncian que Chávez podría construir bases militares bolivianas en las fronteras que separan nuestro país de su territorio (sin embargo, según lo que anunció el gobierno de Morales, las bases previstas se instalarán sólo en Puerto Quijarro y en Riberalta). Finalmente, recuerdan que Venezuela adquirió mil millones de dólares en armamento ruso, por lo que temen que parte de ese contingente vaya a Bolivia.

Una discusión caliente

Mientras tanto, la discusión en los medios chilenos y la liturgia de los expertos se suceden diariamente con un festín de argumentos que sorprenderían a cualquier observador desprevenido.
Para entender este rebrote nacionalista no sólo hay que remontarse a la larga tradición de desencuentros entre Chile y Bolivia; tampoco basta con pensar que recién termina septiembre, el mes en que se celebran las efemérides patrias chilenas (lo más parecido a un carnaval folclórico que sucede en este país, y que permite bucear en su rico pasado cultural pero donde también prima la euforia nacionalista y el consumismo desatado). Para comprender este asunto hay que enmarcarlo dentro de lo que está sucediendo en la política interna chilena.
Por estos días suscita enormes debates entre los líderes de opinión el voto chileno para renovar al representante de Latinoamérica en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cargo para el que se postula Venezuela, apoyado por países como Brasil y Argentina, además obviamente de Bolivia. El otro candidato es Guatemala, país al que respaldan, entre otros, los norteamericanos, y México. EEUU incluso llegó a advertir que la elección de un venezolano en el Consejo de Seguridad sería otro paso más en el deterioro del sistema de Naciones Unidas.
Si bien el Partido Socialista Chileno se alineó con Venezuela, la oficialista Democracia Cristiana (el principal socio de la coalición de gobierno), ha llegado a decir que habrá un antes y un después en la Concertación si Bachelet apoya a Venezuela.
La Presidenta aún no ha tomado una decisión pero está obligada a hacerlo en los próximos días, luego de meses en los que pensó que el tiempo decantaría las aguas sin saber que en realidad las encresparía.
¿Qué tiene que ver todo esto con los acuerdos entre Venezuela y Bolivia? Que para los que quieren que Bachelet vote por Guatemala (o se abstenga), el acuerdo militar de nuestro país con el de Chávez es un argumento de oro a su favor porque confirmaría la mala predisposición del militar hacia los chilenos.

¿Carrera armamentista?

Hay que decir, sin embargo, que los sectores más cuerdos del Congreso, del oficialismo y de la sociedad, afirman que hay una sobre reacción de la derecha, azuzada por algunos medios de comunicación, y que el acuerdo es similar a otros firmados por Chile.
Sostienen que en los argumentos de algunos de sus compatriotas hay cierta dosis de hipocresía. Primero porque el país que más gastó en armamento en los últimos años es Chile (más de dos mil millones de dólares); y segundo, porque mantiene una Ley Reservada del Cobre aprobada por Augusto Pinochet, a través de la cual se destina el 10% de los ingresos estatales de ese metal a las Fuerzas Armadas, lo que es mucho, pero mucho dinero, y que ha permitido que tengan hoy uno de los ejércitos más poderosos, modernos y mejor armados de la región.
Finalmente, porque Chile tiene 19 convenios militares con otros tantos países, entre ellos uno que firmó con Sudáfrica esta misma semana y otros con Guatemala, Nicaragua, Perú EEUU, Argentina, Ecuador, Gran Bretaña y un gran etc. En total Chile tiene 55 acuerdos de defensa, desde acuerdos de intenciones, hasta convenios de construcción de armamento con 25 países distintos.
Claro que a este enrarecido clima no ayudan declaraciones como las del embajador venezolano en Bolivia quien afirmó que su país estaba dispuesto a derramar su sangre por la causa boliviana (léase la del gobierno de Evo Morales) por lo que si alguien tiene que tener miedo al acuerdo no son chilenos ni peruanos sino los propios bolivianos, sobre todo aquéllos que se animen a ser opositores a nuestro propio caudillo.



RECUADRO

Alan García preocupado

Perú también se ha sentido "ofendido" por el acuerdo con Venezuela. Tanto que su presidente, Alan García, afirmó que percibe un cambio en las relaciones con Bolivia. "¿Qué tiene que ver un tercer país en el establecimiento de bases entre dos países que siempre han sido hermanos? Nos sentimos cercanos a Bolivia y de pronto, que se hable de establecer bases militares es un cambio? (y Perú) tiene que responder a un cambio, pero no vamos a responder de manera militar".
La preocupación de los peruanos se explica por sus naturales e históricas disputas con Bolivia respecto a Chile, pero también porque el panorama político internacional viene bastante complicado para García. Existe la posibilidad de que en Ecuador -un país que está en disputa constante con Perú-, gane la elección presidencial Rafael Correa, un chavista confeso.
Si Correa ganara la elección, dos de las principales fronteras peruanas estarán gobernadas por partidarios del principal enemigo de Alan García, el teniente coronel Hugo Chávez, cuyo candidato en Perú, Ollanta Humala casi le arrebata su segundo periodo presidencial.

Mentira, mentirita

1. Shelagh y Jonathan Routh afirman, en un libro que publicaron hace unos años, que es verdadero un supuesto Codex Romanoff (así llaman los especialistas a algunos de los pocos escritos que se conocen de Leonardo dispersos en varios lugares del mundo), que habría estado escondido en el Hermitage ruso.
Algo similar ocurrió en la década del cincuenta en la Biblioteca Nacional de Madrid donde, al desempolvar viejos papeles sin clasificar, se encontraron tesoros invaluables del hombre más importante del Renacimiento (el Codex Madrid).
Pues bien, este supuesto nuevo Codex trata exclusivamente de cocina, un asunto que Leonardo cultivó apasionadamente. Hay antecedentes al respecto: se sabe que Leonardo fue maestro de banquetes, que le gustaba comer bien y que fue jefe de cocineros de una taberna sin mucho éxito. Incluso se afirma que es el creador de la nouvelle cuisine por su histeria minimalista. Pues bien, "Notas de Cocina de Leonardo da Vinci", dice reproducir el supuesto Codex Romanoff y relata suculentas recetas de la época basándose en hechos reales y en otros inventados, de tal forma que al terminar de leer el libro uno no sabe qué es verdad y qué no (ése quizá su mayor atractivo).
2. En una curiosa definición de Chile, alguien tuvo la ocurrencia de sostener que se trataba de un país de mentiras porque nada hace referencia a su nombre: Isla Negra, por ejemplo (el hermoso lugar que Pablo Neruda eligió para construir su casa y su pulsión enfermiza por coleccionar), no es una Isla y tampoco es Negra, apenas un pueblito entre otros a lo largo de la extensa costa marítima chilena. En ese país las fuentes de soda son restaurantes y un sandwich de jamón y queso se llama Barros Jarpa.
3. En la Argentina la gente creyó que podía vivir como en el primer mundo y que un peso valía igual que un dólar. Pero el mejor chiste de todos los que porteños y provincianos fueron capaces de creerse es el que dice que el sistema bancario es sólido y está del lado de la gente. Ja. Cuando escuche la palabra banquero ponga su mano en la cartuchera.
4. En Bolivia también somos de creernos grandes mentiras, por ejemplo ésa de que la Policía está para servir y proteger en lugar de asaltar y matar (en una calle oscura, entre un maleante y un patrullero, ¿a quién prefiere?); o esa otra ficción autóctona que proclama que todos somos iguales ante la ley. Ja de nuevo.
Vengo de un lugar donde todo es mentira, lo cual sin ser solipsista no debería importarnos. Un graffiti que apareció recientemente señala: el problema no es que nos mientan sino que les creamos. Touché.
5. Por eso nos aferramos a ficciones y mitologías que podemos controlar, mentiras piadosas con final feliz conocido de antemano y no puñaladas falsas y dolorosas por la espalda.
Como están las cosas en el mundo, ¿por qué no creer en Gandalf o en el Codex Romanoff?, asuntos más amables que policías que son ladrones, revolucionarios burócratas y el vuelo de los peces, que así me dijeron era el reino del revés donde dos y dos suman tres.

La historia que pudo ser y no fue

La primicia periodística lanzada por La Tercera el domingo pasado sobre las negociaciones para intercambiar gas y electricidad entre Chile y Bolivia ha tenido amplias y curiosas repercusiones, dando razón a Carlos Fuentes quien sostiene que ?en política los secretos son a voces y sólo las voces son secretas?.
Es que la negociación contemplaba un sistema nada novedoso en la política energética de Evo Morales. Varios de sus colaboradores consideran que el gas debe ser vendido con valor agregado o industrializado, por ello impulsaron este acercamiento con Chile, y tratos como el que están cerrando con una empresa india para explotar en Santa Cruz una de las reservas de hierro más grandes del continente y entregar gas a cambio; o proyectos similares para una mina en el Occidente y para una planta de polietileno en la frontera con Brasil.
La negociación fracasó por el lado boliviano porque este sector tiene fuertes disputas con aquellos que lo acusan de haber ?secuestrado y burocratizado? al Presidente (la salida del Ministro de Hidrocarburos por presión de Petrobras hay que leerla en ese contexto), y porque hoy la negociación con Chile está lejos de las prioridades de supervivencia política del gobierno dado que la popularidad de Morales descendió del 81% en mayo, al 52% en septiembre.
Pelea que también ocasiona que el gobierno sea incapaz de mantener una línea monolítica en su política exterior. Así, en medio de la negociación secreta, el Canciller boliviano llegó a decir que la política de gas por mar estaba superada, lo que fue desmentido 24 horas después por uno de sus colegas, luego de la presión pública y privada de quienes luchan militantemente contra cualquier acercamiento a Chile que no diga acceso al mar con soberanía en la primera página.
Los retruécanos verbales de Choquehuanca, que recientemente llegó a decir que en adelante no hablaría respecto a ninguna negociación (previsor y temeroso de filtraciones como las que publicó La Tercera), no hacen más que confirmar que pese a que cree que sus intuiciones son geniales, suenan ante los países vecinos como las de un ingenuo, sobre todo si hace referencia a proyectos tan delicados que no sólo necesitan viabilidad política, sino ingeniería técnica y financiera, y mucha suerte.
Por su parte, la Cancillería chilena no quiso inmiscuirse y prefirió mirar para otro lado (sobre todo hacia el Perú), quitando el piso imprescindible al asunto. El argumento de que este es un tema entre privados suena hueco: En Chile, cualquier cosa que tenga que ver con el gas y con negociaciones con Bolivia trasciende largamente al ámbito político y gubernamental.
Una lástima. Seis meses atrás, con gobiernos recién estrenados, más de uno se animó a escribir que era el momento para que ambos países resolvieran sus problemas; que dos outsiders de la política (por procedencia cultural y de género) eran una esperanza frente a políticos clásicos. Ahí nos equivocamos todos.
Quienes no lo hicieron fueron algunos emprendedores que siguen buscando alternativas imaginativas, muy riesgosas pero menos ideológicas y más baratas. Un puede apostar que el entendimiento entre Chile y Bolivia provendrá de ideas como ésta. Quizá entonces los funcionarios de ambos países les presten la atención que merecen.

Yo

Soy boliviano de nacimiento, viví en Argentina por ocho años, parte de mi niñez la pasé en México y ahora estoy en Chile... Quizá por eso me siento extranjero vaya donde vaya, lo que es una sensación extraña y reconfortante.

Trabajo en Imaginaccion Consultores en Santiago, pero prefiero dedicarme a otras pasiones (mi hijo Ismael, la literatura y la política, por ejemplo).

Hace años escribí un libro que se llamó "La Columna Robada" (de ahí el nombre de este blog, que es su continuación necesaria).

Colaboro con el periódico La Tercera de Chile y la revista Pulso de Bolivia, por eso muchas de las cosas que lean acá se publicarán días después en esos medios.

Ahhh... me olvidaba, Me gusta el fútbol y cocinar (aunque hago las dos cosas regularmente y no me destaco mucho en ninguna).

Mesías (Chávez como Tom cuando el bulldog lo atrapa)

Según la religión que a uno le guste, el Mesías ya vino (se sacrificó por nosotros y bla bla, bla bla), o está por venir (y aún ni pinta por lo que se sabe); pero que es uno, único, santo, y sólo es un dogma que se comparte entre ambas, sin ambages. Y, ya se sabe, con la mística no hay que meterse (ni con la teología ni la metafísica ni con la mujer de un amigo, que en eso hay que creer o reventar). Pues bien, hay quienes sueñan que pueden hacerse a los Mesías, machos machotes de lo mesiánico (hermosa palabra que comparten sociólogos y políticos, castas ambas que se aman, que se odian, tan igualitas que asustan).
Yo por ejemplo, una vez quise ser Mesías, quise enamorar a una dama con efluvios espirituales y miradas matadoras (hasta que entendí que es mejor el intercambio de fluidos (tibios y calientes, espesos, húmedos y pegajosos)... pero esa es otra historia, una historia machista y obscena); o que se podía sacar buenas notas en la universidad sólo con discusiones políticas (aquí viene la lección moral sobre el estudio, pero ésa también es otra cosa y también es aburrida).
Pues bien, todos hemos querido ser Mesías en algún momento: el que mata con una bomba y se cree poseedor de vida y muerte; o el que cree que lo que dice es correcto, la verdad y la realidad (aunque Perón decía que la única verdad es la realidad, y alguien le argumentó que la realidad es la única verdad, que no es lo mismo pero es igual).
Es también un gran error pensar que los Mesías son solamente religiosos (o músicos), hay Mesías y Mesías. Los de saco y corbata y los desnudos; los que son hombres y las mujeres; Mesías de derecha y de izquierda; Mesías para todos los gustos.
Fue un Mesías Sharon y otro Arafat (Bush, el más grande de todos), es un Mesías Fidel y el Che y, qué duda cabe, Mesías se cree Chávez y así le va.
Cuando el asunto es privado, vaya y pase: A quién le importa que uno tenga el ego inflado, que su autoestima esté por todo lo alto y se considera tan pero tan importante que las demás quedan reducidos a un poroto. Si mi verdad es la verdad, allá yo con el solipsismo, que no hago daño a nadie y lo máximo que pueden hacerme es enterrarme en un psiquiátrico.
Pero cuando el Mesías se mete con los demás, cuidémonos, que Chávez hasta es simpático para la izquierda, para los izquierdistas y los izquierdizantes, que hasta lo defienden y lo quieren y lo extrañan (aunque lo hayan querido voltear la derecha, gringos y ramas anexas y a uno lo subleven esos asuntos). Pero también convengamos que se le ocurrió clausurar medios, poner francotiradores en las azoteas y disparar a quemarropa en lo más parecido a una dictadura que podamos concebir (pero, ya se sabe, dictadura es sólo de derecha); aunque la izquierda, los izquierdistas y los izquierdizantes no quieran reconocer que cuando es blanco y líquido es leche (y si la dejas mucho tiempo al sol se agría).
El Mesías venezolano se desmorona, se nos viene abajo como historieta, como Tom cuando el bulldog lo atrapa. Se viene abajo porque su formación militar le cuadriculó la vida y, nobleza obliga, porque se animó con quien no debía y, está visto, no podía.

Freaks

Exhibir gente deforme o anormal tuvo muchos nombres. En el siglo XIX se le decía "Show de Rarezas" o "Hall de Curiosidades Humanas", pero a comienzos del XX se popularizaron los términos "freakshow" y especialmente "sideshow".
Los freaks más exhibidos y famosos de toda la historia fueron Chang y Eng, los siameses (oriundos de Siam) que dieron nombre a la forma en que nacieron, y que se casaron con un par de hermanas para tener 21 hijos (uno cerraba los ojos mientras el otro amaba en silencio cuentan en su biografía).
En la universidad islámica de Nablus, se realizó, meses atrás, la primera exposición de arte terrorista de la que se tenga memoria. La fiesta corrió a cargo del grupo Hamas. Entre reconstrucciones de la pizzería que volaron en Israel, pasando por el homenaje a un shaid (mártir islámico), había de todo. A través de un agujero hecho en un tabique, se podían ver repisas con los efectos personales (kefías ?pañuelo árabes? o cartas de despedida) y las fotos o retratos de los shaídes, con un fusil en la mano derecha y el Corán en la izquierda.
Hubo quien dijo que el atentado del 11 de septiembre fue la mayor obra de arte del siglo (por eso de que el arte es, en sí mismo, una forma de destrucción simbólica). Varios fotógrafos hicieron enormes exposiciones sobre el fatídico día (en Bolivia, sin ir lejos, se publicaron por lo menos cuatro reportajes retratándolo).
El gobierno de Polonia sostiene que casi medio millón de personas visita cada año los campos de concentración y exterminio de Auschwitz I y Auschwitz II?Birkenau. Abiertos al público en julio de 1947 con el nombre de "Monumento del martirio del pueblo polaco y otras naciones", son un testimonio del holocausto sufrido por judíos, gitanos y comunistas, pero cada vez más parecen paradores turísticos.
La pasión enfermiza por exhibir la muerte se refleja en museos guerreros como el del Pacífico, donde hay fusiles antiguos y uniformes que alguna vez empuñaron y vistieron ilustre y desconocidos soldados que ahora son poco más que arena en el desierto. Producto de otras guerras (las del hombre contra la ciencia), en el Museo Tiwanacota se pueden apreciar cráneos con agujeros y calaveras destrozadas por obra de algún instrumento de trepanación, además de momias en distintos colores y tamaños (juro haber visto la de un niño).
En Sevilla está exhibida la cabeza de una vaca que parió a un toro que pasó a la historia por atravesar a uno de los más grandes matadores españoles. El asesinato de la madre obedeció a razones profilácticas: que nunca más engendre un ternero que pueda causar tanto dolor entre los fanáticos.
En los noticieros de televisión la muerte y la sordidez son los protagonistas por excelencia (hasta People+Art ha hecho un programa sobre grandes incestos y asesinos taquilleros). La semana pasada un niño con la boca monstruosamente crecida; ésta el recuento monótono de los muertos en un accidente.
Exhibicionismo y voyeurismo, categorías que no sirven para clasificar sino para complacernos: O vemos (esa desgracia ajena que podría ser la nuestra), o nos miran (si somos deformes, si morimos, si nos matan).
Desde que se inventó la televisión freaks somos todos.

Tiempos de guerra

Corren tiempos de guerra y todo lo demás parece intrascendente (el café de la mañana, el cine de los domingos, el beso casto de buenas noches), las pocas cosas que hacen llevadero nuestro destino, que le dan sentido. Las anécdotas cotidianas son insignificantes frente al drama épico de la matanza, del bombardeo (probable), de la invasión posible, frente al planificado arte de la destrucción. O, aún peor, la soberbia de la intromisión en nuestra vida privada, el espionaje absurdo, el fin de la libertad individual.
Alguien dirá: ¿cómo pueden ser importantes nuestras vidas si otras miles ya no existen (las exterminaron) y muchas más desaparecerán en pocos días cuando se eleve al cielo el humo acre de la batalla? ¿Será posible vivir en una burbuja y alegar que estamos tan lejos del mundo? ¿Será posible no participar militantemente (no criticar la barbarie) y ser dignos al mismo tiempo?
El mundo está a punto de entrar en guerra (tarda porque está fuera de forma), el mundo está a punto de estallar en mil pedazos, uno por cada muerto en Occidente, uno por cada muerto en Oriente. ¿Cuál es la actitud ética, la actitud responsable?, ¿sobre qué debemos escribir? ¿Quién lo sabe? Es fácil llenarse la boca sobre la paz y la dignidad del hombre cuando no esperamos un avión en la oficina ni una bomba en nuestras calles, cuando sabemos que todos volveremos a casa esta noche, cuando nuestros niños escuchan, al despertar, dulces canciones de cuna y no sordas ráfagas de ametralladora.
El mundo está en guerra y las falanges se pertrechan en cuevas y portaaviones, se alistan los combatientes en el desierto y en el mar: el show debe continuar y lo aplaudiremos en nuestra sala, frente a un televisor a colores. Los pájaros de la muerte (civiles y militares) graznan de placer, ya mueven sus entumecidas alas, esperan el prime rate, la hora pico, la cerveza y las pipocas.
Corren tiempos mezquinos: los de una guerra que no es ideológica ni religiosa (nunca lo han sido, nunca lo son). Corren tiempos de guerra sin enemigo: un grupo de fanáticos al frente, delincuentes y asesinos, incapaces de elevarse a la altura de la más insignificante de sus víctimas (nadie debería rebajarse a su condición, disminuirse, corromperse como lentamente lo estamos haciendo al darles un status que no les corresponde). La guerra es demasiado importante para que valga la pena desperdiciarla en ellos.
¿La guerra es el preludio de tiempos de paz o la continuación de una, muy larga, que comenzó hace siglos, cuando Caín mató a su hermano y selló nuestro destino? (todo lo demás es tecnología y ya vimos para lo que sirve).
Nadie critica la guerra, nadie se anima (nadie la quiere). Rechacemos la guerra por inútil (desde el lugar en el que estemos), salvemos lo poco que queda (el café de la mañana, el cine de los domingos, el beso casto de buenas noches), castiguemos a los culpables, cooptemos a los inocentes. Oremos por la paz que todos queremos. La paz que nadie espera.

El empate catastrófico

Bolivia es un país apasionante, no sólo por su gente y su geografía sino porque es capaz de tener discusiones encarnizadas y grandes movilizaciones sociales por asuntos más bien oscuros y metafísicos. Hoy esas disputas se dan por el sistema de votación de la Asamblea Constituyente. Esto es, no por sus contenidos sino por su hermenéutica.
Vayamos por partes. Si bien la ley aprobada por el Congreso establece que las decisiones de la Asamblea Constituyente deben tomarse por dos tercios, el gobierno considera que la mayoría absoluta (51% de los votos) basta y sobra (quizá porque posee lo segundo pero no lo primero).
Para superar el impasse, el oficialismo decidió declararla "originaria", lo que significa que tiene potestad para desconocer toda legislación anterior a ella (desde la Independencia a la fecha) y, por tanto, su propia Ley constitutiva.
Tamaña voltereta jurídica motivó que la semana pasada se convocara a una huelga que paralizó a la mitad del país y que permitió que los halcones de ambos bandos (del oficialismo, pero también de la oposición) se impongan por sobre sectores más conciliadores, que son menos pero que también los hay. Evo Morales, ante la disyuntiva de continuar con el enfrentamiento o buscar el consenso, aún no sabe qué hacer e intenta escapar hacia delante postergando el debate y viajando lejos del país.
Lo dicho hasta ahora resume otro capítulo del clásico empate catastrófico boliviano, aquel que se produce entre unas masas fuertes y bien organizadas ahora en el poder, y una elite débil, racista y excluyente.
Empate que permite prever la continuidad de la inestabilidad política que sacude a Bolivia hace años y que hizo un pequeño paréntesis en estos primeros meses de una gestión que parecía la encargada de cerrarla, pero que -contrariando las esperanzas de todos- está desperdiciando la oportunidad histórica de pactar consensos políticos de largo plazo con sectores medios e independientes que, sin formar parte del núcleo duro de Morales, al principio miraban con simpatía al primer Presidente indígena elegido mayoritariamente.
A raíz de este episodio, vuelve a surgir en ciertos círculos políticos e intelectuales la discusión sobre una posible balcanización de Bolivia. Y aunque nadie puede darse el lujo de pronosticar el futuro, hablar de balcanización parece una exageración.
Si bien existe esa idea entre pequeños grupos marginales, no hay en la actualidad movimientos sociales que la planteen seriamente. Por otra parte, están ausentes fuerzas extranjeras dispuestas a intervenir en un proceso secesionista porque generaría un escenario regional tan complejo que ningún país está dispuesto a enfrentar. Finalmente, este tema sigue siendo intocable para el ejército, con lo cual las fuerzas centrípetas pueden evitarlo, no sólo con el espíritu de la ley sino a través de la materialidad de la fuerza.
Por tanto, ni la estabilidad política anhelada ni la balcanización indeseable, más bien tablas; lo que cada día parece confirmar más la tesis de que Bolivia es un país arrebatador pero que sufre a causa de un Estado fallido que le impide encontrar su verdadero lugar en el mundo.

Presidente de la Sofofa: "Deberíamos haber dejado salida al mar"

Fragmento del artículo de Tamara Busch publicado en El Mercurio el sábado 2 de septiembre de 2006

(Bruno Philippi, titular de la Sofofa, la principal organización empresarial de Chile, afirmó en un taller de la Fundación Chile 21), en relación con el tema marítimo pendiente con Bolivia dijo: "Yo creo que a los bolivianos siempre les deberíamos haber dejado salida al mar. Y si uno mira el tratado, efectivamente lo que estaba pensado era que tarde o temprano había que darles la salida y, seguramente, estaba pensado más temprano que tarde. Al final, la mediterraneidad de Bolivia la va a cobrar el mundo completo y nosotros vamos a tener que darla".
Como solución, él plantea dejar que compren tierras en el norte, precisando que lo único malo sería que quedara un camino que impidiera el paso de chilenos hacia el otro lado. "El ideal sería hacerlo en la frontera con Perú, como fue el acuerdo original. Yo les devolvería los documentos a Perú y, de pasada, les entregaría el Huáscar para que lo saquen a tierra y hagan un museo, porque no podemos seguir haciendo un monumento de una victoria que no existe".

El Instituto Poynter

Muy recomendable visitar el blog del Instituto Poynter, sobre todo para quienes nos dedicamos al periodismo y la información.
Me llamó la atención que te permite utilizar una "herramienta de ética" (que sirve para recibir asesoramiento sobre inquietudes éticas y que es atendida por profesionales especializados).
Como ellos mismos dicen: una escuela de periodistas, futuros periodistas y profesores de periodistas. Un espacio para buscar la excelencia.

Agresión a constituyentes del MAS

El entrabamiento y la falta de perspectivas parecen marcar el rumbo de la Asamblea Constituyente... o por lo menos así parece demostrarlo la imposibilidad de alcanzar consensos entre fuerzas políticas, las pugnas mayorías vs. minorías, las dificultades para aprobar un reglamento que satisfaga a todos, las propuestas peregrinas de redactar dos constituciones, etc. etc.
A pesar de ello y de todas las discrepancias que uno pueda tener respecto a la conducción de la Constituyente, es inadmisible que dos representantes del MAS hayan sido agredidos verbal y físicamente por sectores sociales movilizados.
Si bien todos tienen derecho a protestar en el marco de la ley, no se pueden realizar acciones que atenten contra las libertades personales de ningún ciudadano.
Uno puede no estar de acuerdo con el MAS, con su gestión de gobierno o con el Presidente Morales, pero debe demostrarlo en el marco del respeto a las ideas y de la discusión política democrática.

La Tercera vs El Mercurio y su discusión en blogs especializados

La competencia despiadada entre La Tercera y El Mercurio en Chile es el tema de moda en algunos blogs especializados, todo a raíz de un excelente reportaje de Miguel Paz "Golpe a golpe: La Tercera versus El Mercurio" publicado en la revista Caras.
Sobre éste y otros temas, les recomiendo que lean el blog Antimedios de Arturo Arriagada; El Medio Blog de Angélica Bulnes y los Wewblogs universitarios de la Universiad Católica.
Allí encontrarán una buena aproximación a lo que se hace en Chile en blogs donde se discuten temas mediáticos.

A propósito de la Asamblea Constituyente en Bolivia

Si bien el alcance de la Asamblea Constituyente es una entelequia que se irá dilucidando con el tiempo, se sabe que el oficialismo tiene 137 de los 255 representantes, o sea una mayoría holgada pero no los dos tercios requeridos para la aprobación de la nueva Constitución; por eso, en lugar de buscar el consenso, lucha porque todas las decisiones se tomen por mayoría simple.
Muchos analistas consideran que la Constituyente puede ser una oportunidad para generar mayor participación e inclusión social y terminar con la hegemonía de una elite que fue incapaz de resolver los problemas más elementales de las grandes mayorías excluidas.
En ese sentido, una encuesta de Naciones Unidas sostiene que los bolivianos rechazan cualquier cambio a los colores de la enseña patria, el himno nacional o los límites departamentales, pero a la vez se inclinan por modificar el contenido social de la Constitución, sobre todo en áreas como la salud y la educación. Además, el 50 por ciento cree que la Carta Magna debe ser modificada sólo en parte, y un 35 por ciento cree que el cambio debe ser total.
O sea, ni tanto ni tan poco.
Sobre estos temas vale la pena visitar el blog Asamblea Constituyente de Bolivia, un espacio donde se discute este tema.

Proyecto de software libre en idiomas originarios

Copio a continuación algunos párrafos de un proyecto que me pareció atractivo.
Si quieren verlo completo, colaborar o trabajar en él, háganlo en la Biblioteca de las Indias Electrónicas


"Claroline es la plataforma de formación online más extendida de Iberoamérica. Nacida en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), no sólo es una excelente plataforma tecnológica, además es software libre: cualquiera puede usarlo, mejorarlo y modificarlo libremente. Claroline forma parte del procomún digital universal, no está sometida a patentes, derechos de explotación ni pago de royalties.
De todas las lenguas de la comunidad iberoamericana Claroline ha sido traducida a las dos más extendidas: español y portugués. Sin embargo todavía no lo ha sido a las lenguas nativas americanas que como el guaraní, el quechua o el aymara, son la lengua materna de millones de nuestros conciudadanos.
En la Biblioteca de las Indias hacemos nuestro el manifiesto Ubuntu. Pensamos que el software debería ser gratuito, las herramientas deberían poder usarse por cada cual en su lengua materna e independientemente de cualquier discapacidad, debiendo tener además, libertad para personalizar y modificar los programas del modo que más les convenga. Así que nos disponemos a poner nuestro granito de arena para hacer esto realidad con tu ayuda.
Este es un proyecto muy sencillo. Su objetivo es traducir el software y dejar esa traducción al dominio público para que cualquiera pueda usarlo y se integre a la distribución oficial y libre de Claroline.
Queremos tener lista la traducción en noviembre al quechua, el aymara y el guaraní. El equipo de traductores se repartirá el fondo final obtenido de aquí al uno de noviembre, a partes iguales. La dotación inicial asegura pues que como mínimo cada uno de ellos recibirá 100 euros".

Evolatría y sopa

Una de las innumerables fotos del ex Presidente boliviano René Barrientos Ortuño encabezaba la mesa durante los almuerzos dominicales de mi infancia. En ella se lo ve tomando un cóctel de singani y riendo de alguna ocurrencia ya perdida en el tiempo. Pero no es una foto aristocrática, ni mucho menos: retrata un humilde solar campesino, uno de esos lugares donde se sentía a gusto el autoproclamado "General del pueblo" y quien se convirtió a fuerza de imágenes como ésa, en uno de los líderes más carismáticos de los que se tenga recuerdo en la historia contemporánea de Bolivia.
El caso de Barrientos es curioso: En 1964, siendo Vicepresidente, derrocó a Víctor Paz Estenssoro, luego cogobernó junto a Alfredo Ovando (quien años después nacionalizaría el petróleo), derrotó al Che Guevara, fue elegido presidente "democrático" y murió en un accidente de helicóptero del que aún hoy se tejen conjeturas.
Barrientos también es famoso porque fue autor de lo que se llamó el "pacto militar-campesino", y al igual que Evo Morales, también inauguró una Asamblea Constituyente, redactó una nueva Constitución e hizo desfilar a miles de campesinos junto a las Fuerzas Armadas a paso de ganso. Los dos afirmarían después que eran hechos inéditos en la historia y ninguno tendría razón porque ese tipo de puesta en escena les antecede y les sobrevivirá, de igual forma que el culto a la personalidad al que políticos y militares fatuos son tan afectos. Por eso no resulta descabellado afirmar que las huellas del futuro de Bolivia hay que encontrarlas sobre todo en su pasado autoritario, en momentos como ese en el que Barrientos era amo y señor de vidas y haciendas.
Hace unos días Morales fue noticia nuevamente por la impresión de un juego de estampillas con su foto, la declaración de su casa natal como monumento histórico y otras iniciativas aún más graciosas y menos comentadas: El deseo de convertir la whipala multicolor (y símbolo del movimiento gay) en enseña patria o el afán por crear un cuarto poder del Estado y rebautizar plazas y calles. Además de otros hechos más sustanciales: La fuerte polarización entre oriente y occidente que está cobrando un cariz espinoso y violento, el desconocimiento de las minorías en la Asamblea Constituyente y el pozo sin fondo en el que ha caído la nacionalización por la incapacidad y las sospechas de corrupción que envuelven a YPFB.
Es que la casa y un sello postal vayan y pasen, sobre todo porque serán circuito turístico y reliquia para filatelistas (como lo fue la famosa "chompa", esa vez para fetichistas varios), pero ello, sumado a la amenaza a las instituciones democráticas o el peligro de enfrentamientos regionales, sea en nombre de la revolución o del "pachakuti", son un cóctel tan explosivo como el que tomaba Barrientos en ese solar ya inexistente y bucólico al que quieren retornar algunos sectores milenaristas y que están desdibujando un gobierno legítimo como pocos.
No hay que olvidar que si hay cosas que siempre van de la mano son la idolatría y el autoritarismo, el culto a la personalidad y la conculcación de libertades. Porque, se sabe, si es líquida, caliente y se sirve a mediodía es sopa. "Chairo" quizá (con charqui de cordero, chuño y mote), pero sopa al fin.

Sergio Molina Monasterios es boliviano, politólogo y analista de Imaginaccion Consultores.

Los cinco desafíos de América Latina para José Miguel Insulza

El Secretario General de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, detalló los que a su juicio son los cinco principales desafíos de la región en el marco del seminario "América Latina en la Encrucijada" (Proyectamérica y Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica).
En primer lugar el crecimiento ("el resto sólo es música", dijo), y por tanto estabilidad.
Si un empresario tuviera que escoger un país donde invertir, ejemplificó, elige primero una democracia estable, después -lamentablemente- una autocracia estable y, finalmente, una democracia inestable).
En segundo lugar el combate contra la pobreza ligado estrechamente a disminuir la desigualdad y a luchar contra la discriminación (sobre todo en un continente donde las mayorías son afro americanas e indígenas... además de ser pobres).
En tercer lugar la integración, pero asumiendo los problemas reales que ésta tiene. No habrá integración, sostuvo, sin que cada país ceda algo, sin entregar soberanía de algún tipo.
Hoy ningún gobierno está dispuesto a supeditar parte de sus decisiones, por ejemplo, a una entidad supranacional o a ser integrante de un mecanismo de solución de controversias.
Por otra parte, la integración cuesta y alguien tiene que pagar la cuenta. Al respecto recordó nuevamente la experiencia europea que implicó que algunos países grandes y ricos pagaran a países más pequeños y pobres. El problema en América Latina, enfatizó, es que no hay disposición a asumir los costos inevitables que trae la integración.
Otro desafío que debe enfrentar la región es el combate al crimen. Sugirió que ya no hay violencia política en América Latina o que ésta se ha reducido sustancialmente, en cambio, se ha incrementado en forma exponencial el narcotráfico, las pandillas, el lavado de dinero, etc.
Finalmente, destacó que hay cierto consenso respecto a que el mercado por sí solo no resuelve los problemas de la gente, es común escuchar que se necesita que el Estado asuma otro rol si se quiere pensar en forma optimista sobre el futuro de la región. En ese contexto, dijo que el quinto desafío es la gobernabilidad. Entre millones de latinoamericanos existe la sensación de que la democracia no está resolviendo sus problemas más apremiantes, lo cual es muy grave porque implica una desconfianza profunda en las instituciones.
La democracia, finalizó, tiene que resolver temas de calidad, transparencia y eficacia, elementos que van a determinar el futuro de América Latina. La democracia, cree Insulza, ya no está sujeta a la amenaza de un golpe de Estado o de una insurrección armada sino a que la gente común y corriente no soporte más al gobierno que tiene.

Los hombres y mujeres más influentes del gobierno boliviano

Estoy haciendo una informal y breve encuesta sobre los cinco o seis hombres o mujeres más importantes del gobierno de Bolivia (después de Evo Morales, por supuesto).
El que quiera colaborar sólo tiene que poner el nombre e informar por qué cree que el(la) elegido(a) tiene esa influencia o detenta tanto poder.

Asamblea Constituyente: El experimento revolucionario

El 6 de agosto próximo no sólo será recordado por los bolivianos como otro aniversario patrio, sino como el día en que comenzará a sesionar la Asamblea Constituyente y -según Evo Morales- la "refundación" del país y el inicio de la segunda independencia de la República.
El tema genera acaloradas discusiones en Bolivia. Desde el cambio de los colores de la bandera o de la letra del himno nacional; hasta el deseo de que la elección de los diputados en circunscripciones indígenas sea en asambleas (y no por votación universal) o que la justicia comunitaria sea incorporada al Código Penal, occidental y recién reformado que se tenía hasta ahora.
Cuentan que cuando el imperio español comenzaba su declive, el Consejo de Indias discutió por años sobre la inmaculada concepción de la Virgen en lugar de pensar en lo que hacían sus competidores. Algo similar ocurre en Bolivia: El diálogo se está tornando metafísico mientras las oportunidades que genera el buen desempeño económico y el incremento de las exportaciones pasan por sus costados sin hacerle mella, a diferencia de todos sus vecinos sin excepción.
Si bien el alcance de la Asamblea Constituyente es una entelequia que se irá dilucidando con el tiempo, en asuntos más terrenales la discusión es otra. El oficialismo tiene 137 de los 255 representantes, o sea una mayoría holgada pero no los dos tercios requeridos para la aprobación de la nueva Constitución; por eso, en lugar de buscar el consenso, lucha porque todas las decisiones se tomen por mayoría simple. Además, los representantes del MAS sostienen que quieren una Constitución que reconozca un Estado pluricultural con hegemonía indígena, la modificación de la división geográfica del país y, por supuesto, la reelección del Presidente de la República. Esto significa para muchos opositores, centralismo y etnocentrismo con tufo racista; la apertura de la única Caja de Pandora que en Bolivia continúa cerrada: Los límites territoriales, con lo cual, si son ciertos los trascendidos, los halcones de Morales buscan disminuir el poder de Santa Cruz; y, finalmente, perpetuación en el poder para continuar con el modelo venezolano.
Pero también analistas más serios consideran que la Constituyente puede ser una oportunidad para generar mayor participación e inclusión social y terminar con la hegemonía de una elite que fue incapaz de resolver los problemas más elementales de las grandes mayorías excluidas.
En ese sentido, una reciente encuesta de Naciones Unidas sostiene que los bolivianos rechazan cualquier cambio a los colores de la enseña patria, el himno nacional o los límites departamentales, pero a la vez se inclinan por modificar el contenido social de la Constitución, sobre todo en áreas como la salud y la educación. Además, el 50 por ciento cree que la Carta Magna debe ser modificada sólo en parte, y un 35 por ciento cree que el cambio debe ser total.
O sea, ni tanto ni tan poco, sabiduría popular que le dicen, además de algo de cordura que siempre hace falta y rechazo a esos trágicos ensayos maximalistas y "refundacionales" de los que están llenos los libros de historia.

El ave fénix del sur

El MERCOSUR es lo más parecido a un paciente bipolar que pueda describir un psiquiatra: Desfallece y renace con tanta facilidad como el ser mitológico aquél, y se revitaliza sólo dos meses después de haberse visto agonizante. En eso es la institución más auténticamente latina que pueda encontrarse en el mercado (como andina era la CAN y de ahí su destino trágico).
Pero esta capacidad de renacimiento también lleva a dudar de su consistencia y generar pesimistas análisis de políticos de toda la gama democrática, para quienes el ingreso de Hugo Chávez al bloque es casi el contagio de un virus terminal; estas opiniones tienen sólidas y detalladas justificaciones, sin duda, pero hay que agregar a ellas que con el ingreso de los venezolanos, el MERCOSUR agrupa actualmente casi el 80% del PBI de América del Sur y que, además, si es cierta la disposición de México de integrarse, se convertirá en uno de los mecanismos de integración más importantes del mundo sólo por su peso específico antes que por sus (des) aciertos políticos o económicos.
Los próximos seis meses, el MERCOSUR atravesará una nueva etapa, menos ciclotímica esta vez, porque estará bajo la presidencia brasileña, y seguramente entonces Lula centrara su atención en el tema energético y en la incorporación plena de Bolivia al bloque. Si bien es cierto que el brasileño puede no ser el más feliz de los presidentes luego del acuerdo con Cuba o del ingreso de Venezuela (pergeñado en su integridad durante la presidencia de la Argentina), firmó ambos cheques en un guiño a sus electores de izquierda a meses de tener que renovar credenciales democráticas. Más adelante tendrá tiempo para imponer la cordura y moderar la retórica.
Por tanto es apresurado pensar que alguno de sus países miembros no seguirá apostando con todas sus fuerzas al MERCOSUR, o que Brasil pueda (o deje de ser) su actor principal. Como antaño y en el futuro, las decisiones importantes del bloque pasarán por ese país... en acuerdo con la Argentina, eje que es su razón de ser, y que difícilmente pueda ser desplazado por otro (uno caraqueño, por ejemplo), si éste se encuentra engrasado y en sintonía (y parece que lo estará por varios años más según todas las encuestas electorales).
Ahora bien, la complejidad del escenario no radica en la retórica de izquierda simbolizada en ese Fidel Castro ya en decadencia plena, preso de un autoritarismo senil que lo asemeja a un rock star antes que a un político (y, se sabe, a las estrellas se les permite todo porque sólo afectan la vida de sus fanáticos); sino en las variables políticas y sociales incorporadas el fin de semana pasado a la ya de por sí difícil dimensión económica que también tuvo sus bemoles: El reconocimiento de las asimetrías entre países; la integración de Bolivia, Paraguay, y Uruguay a los proyectos energéticos de los tres grandes del bloque; y la casi segura creación de un banco de financiamiento regional.
Variables entonces que pueden hacer morir al MERCOSUR varias veces más en el futuro, pero que no evitarán que renazca como parte ineludible de la integración regional, más aún si EEUU continúa con el foco puesto a muchos miles de kilómetros de distancia.

Cumbre borrascosa

Si algo nos enseña la situación política internacional, es que no hay nada más saludable que el diálogo. Sobre todo si éste deja de lado los discursos circulares y auto referentes y comienza a tener una semántica común.
Que por primera vez haya una agenda compartida entre Chile y Bolivia es un cambio cualitativo que satisface a ambas partes. A Chile porque mantiene la discusión en el marco bilateral y según lo acordado previamente, y a Bolivia porque ahora la cuestión marítima y el agua -clave para Potosí y el norte chileno-, están nuevamente en el tapete. De ahora en adelante la cuestión se centrará en énfasis e interpretaciones pero no en significados... y, por supuesto, en enfrentar adecuadamente a los fastidiosos duendecillos de la contingencia.
Hoy lo que deja sin dormir a los bolivianos es la Asamblea Constituyente y los conflictos regionales por autonomía, lo que puede conducir a un escenario de confrontación interna según los pesimistas o a uno de reconciliación nacional como afirman los más optimistas.
En Chile también hay fuertes ruidos de interferencia. La política exterior de Michelle Bachelet está en entredicho para tirios y troyanos sobre todo después de las dificultades que enfrenta su gobierno con el de Néstor Kirchner. Ergo, lo que podría ser apertura al diálogo con Bolivia es leído por muchos como otra señal de debilidad, acusación que toca la fibra más sensible de la Presidenta, quien sale de una crisis de gabinete y enfrenta duras críticas de sus aliados y de la oposición por no tener un relato global que seduzca a sus ciudadanos.
En una coyuntura así, el peligro está en que se desande lo avanzado con actitudes intransigentes y maximalistas (parte del "huayralevismo" altoperuano que tanto criticaban los intelectuales más lúcidos bolivianos), o golpeando la mesa para dar una señal de autoridad (como gustan hacer algunos políticos chilenos), lo que en asuntos diplomáticos sólo es bien visto por compatriotas y correligionarios.
Si ya la cumbre del MERCOSUR era complicada para Bachelet porque debía discutir el aumento del precio del gas argentino (asunto en el cual Bolivia jugó un papel determinante) y el de los combustibles en zonas fronterizas, hoy su agenda internacional tiene otro frente complejo: el diálogo con Morales y la respuesta que tendrá que dar a sus reiteradas invitaciones para visitar Sucre el 6 de agosto próximo y asistir a la inauguración de la Asamblea Constituyente, el proyecto estrella del Presidente boliviano por refundacional y hegemónico. Invitación a la cual responderá con un sí, lo que podría ser leído en Chile como una concesión innecesaria; o con un no, monosílabo que sería interpretado en La Paz casi como un desplante.
Una Cumbre, entonces, acorde a esta era de diplomacia presidencial, donde -como ocurre en todos los mecanismos regionales de integración- las bilaterales son más importantes que las plenarias, en la que Kirchner y Morales juegan de locales, y en la cual los mandatarios, además de sonreír para la foto, tendrán que demostrar la muñeca que tienen para conducir en caminos de cornisa, ripiosos y escarpados.

Evo: ¿Ronaldinho o Zidane?

Podría decirse de los resultados electorales en Bolivia, que Evo Morales demostró tener una sólida y envidiable caja de ahorros pero que este mes sobregiró su cuenta corriente. Ganó bien y sigue acumulando poder, pero se equivocó al creer que la autonomía regional no era una reivindicación sentida y anhelada por la mitad de los bolivianos.
También, por supuesto, demuestra otro rasgo de sabiduría popular: no se deben firmar cheques en blanco. Eso graficaron los electores cuando cruzaron su voto y apoyaron al gobierno en la mayor parte de las cosas pero no en ésta.
El apabullante voto favor de las autonomías -pese a la campaña del gobierno- en cuatro de nueve departamentos, es señal de que se asumió la descentralización como pérdida de poder para el gobierno central y como forma de democratización y apertura de la sociedad.
Por eso, el plebiscito realizado por exigencia de Santa Cruz, que presentó decenas de miles de firmas para aprobarlo meses atrás, expresa vitalidad republicana, al igual que la Asamblea Constituyente, la que el propio Morales impulsó mucho antes de ser Presidente. El problema está en creer que ambos instrumentos de participación ciudadana (reales y no retóricos) y sus resultados, son antitéticos, o que uno reemplaza al otro.
En ese sentido, Morales tiene una oportunidad histórica: reconocer, aunque no le guste, la demanda autonómica (aprendiendo del modelo español, por ejemplo), y al mismo tiempo aprovechar su mayoría en la Asamblea Constituyente para profundizar la participación en otras áreas de la vida pública a través del pacto, el diálogo y el consenso... o impulsar una en desmedro de la otra, buscando algún resquicio legal para mantener el centralismo e imponer su concepción del mundo pugnando por mantener la hegemonía, que genera y mantiene el poder pero resiente las instituciones.
En ese caso, se olvidaría que democracia también es permitir que cada uno decida sobre sí mismo, sea en su región, en su ciudad o en su vida. En eso consiste. Más que en creer que el Estado central, por más buenas intenciones que tenga, resolverá nuestros problemas.
Morales está ante un disyuntiva histórica, ser el líder que transformó a Bolivia y permitió el desarrollo desde la periferia (nada menos que él, quien proviene de los márgenes no sólo regionales sino sociales y étnicos), o el líder de un gobierno populista que simplemente buscó eternizarse en el poder y del que la historia se acordará como otro esfuerzo fracasado de las mayorías nacionales bolivianas, tan desprotegidas y abandonadas.
Para no ser tan solemnes y utilizar un metáfora futbolística, ser como Ronaldiho para las brasileños de quien esperaban tanto y dio tan poco, o como Zidane para los franceses a quien nadie venía venir pero que de pronto apareció y sorprendió a todos.

La agridulce victoria de Evo Morales

Las elecciones para elegir constituyentes en Bolivia dieron más de una sorpresa.
Si bien el oficialismo mantuvo la votación que había logrado en las presidenciales pasadas y la oposición continúa fragmentada, a diferencia de diciembre de 2005, las expectativas de Morales eran mucho mayores al resultado que finalmente obtuvo; si el MAS esperaba dos tercios de los votos, ayer "apenas" laogró algo más del 50%.
Lo que podría haber sido un plebiscito para confirmar la popularidad de Morales y para ratificar el respaldo a sus políticas, se enfrentó, por culpa del exceso de confianza y de la sensación de que su poder es inagotable y absoluto, a un revés impensado producto de que hace unas semanas tomó una de las decisiones más arriesgadas y quizá más equivocadas de su gestión.
Es que no sólo se votó para elegir constituyentes sino que se realizó un referéndum para aprobar o rechazar las autonomías departamentales, una reivindicación cara a las regiones no occidentales de Bolivia y que representa no sólo a las élites sino que es un anhelo mayoritario de quienes viven en la periferia del país.
Morales equivocadamente identificó esa demanda con las de la oligarquía y, en lugar de apoyarla, como prometió en un principio, o abstenerse como dijo después, decidió oponerse a ella, y hasta amenazó con desconocer el carácter vinculante de la consulta.
Pese a ello, en cuatro de las nueve regiones bolivianas triunfó abrumadoramente la votación por el Sí. Este traspié gubernamental llevó a los voceros de gobierno a hacer malabarismos verbales para justificar que su desazón no era tal.
Estaba claro, sin embargo, que no esperaban un apoyo tan contundente a la autonomía, sobre todo si éste se ha dado en lugares como Santa Cruz y Tarija, dos departamentos claves por su importancia económica y energética.
Si el gobierno antes de la elección incluso amenazó con desconocer los resultados, anoche se cuidaba de decirlo públicamente porque sintió el golpe y sabe que puede jugar con fuego pero no tan cerca del incendio en un país que siempre vive al borde del abismo y que tiene una disputa regional sólo parecida a la que vivió en el siglo XIX y que convirtió a La Paz en capital de la República en desmedro e Sucre.
De tal forma, la Asamblea Constituyente se verá envuelta no sólo en pugnas ideológicas de variados colores, sino en disputas regionales que si uno mira la historia, son más difíciles de resolver y más traumáticas.
La voluntad democrática de los bolivianos que concurrieron a las urnas, desechando la abstención que tanto temían los analistas, y el cruce de su voto (muchos apoyaron al gobierno en la Constituyente, pero votaron contra él en el referéndum) demuestra su talante democrático, lo que hará más difícil el camino hacia el modelo chavista y plebiscitario de la política en el que está embarcado el régimen.
Es, en resumen, un triunfo de la democracia porque nuevamente en Bolivia llegó la hora de las alianzas y los pactos en busca de los dos tercios de los constituyentes, por ejemplo, para que se apruebe la reelección presidencial que tanto seduce a los asesores del primer mandatario boliviano y a él mismo.
A primera vista parecería que el poder de Morales se vio consolidado apero ayer sufrió más de lo que esperaba y, se sabe, la política es muchas cosas, pero también es cuestión de expectativas.

El ruido y las nueces

Hay más ruido que nueces en las críticas desatadas alrededor de la visita de miembros del Congreso chileno a Bolivia. Las reuniones a las que asistieron los parlamentarios, la firma de una nota conjunta, las entrevistas, los enviados especiales, fueron interpretadas en Bolivia como señales de acercamiento y voluntad de diálogo, pero nadie es tan ingenuo como para creer que una declaración de buenas intenciones pueda modificar escenarios.
Esta visita no es la primera de una autoridad chilena a Bolivia en los últimos años, ni será la última: Diputados, alcaldes y funcionarios viajan constantemente y expresan sus opiniones, a veces de forma personal, a veces oficialmente, de ahí que al referirse a éste los medios bolivianos lo dimensionaran en su justa medida: Fue noticia, pero nadie estimó que cambiaría el curso de las negociaciones.
El ruido alrededor del tema contrasta con la poca importancia que se le ha dado a un asunto de mucha mayor trascendencia: La negociación entre Argentina y Bolivia por la exportación de gas. Ese acuerdo que firmarán en los próximos días los presidentes de ambos países tendrá un ingrediente ofensivo. Señalará, una vez más, que el gas boliviano no debe reexportarse a Chile porque el gobierno boliviano cree (o dice creer) que esto es posible, y que obtendrá concesiones territoriales través de él.
Si ya de por sí es inadmisible que Argentina pague menos de lo que le cobra a Chile por el mismo producto, también lo es el componente antichileno del nuevo contrato. Tan inadmisible como la reacción chauvinista que desató la visita de los legisladores concertacionistas y el tono de escándalo que se le ha dado al tema en las últimas horas. Ambas cosas, lo saben bien los diplomáticos, no le hace bien a un proceso de acercamiento que recién comienza, muy empinado y espinoso, y que ya de por sí muchos comparan con el Sísifo mitológico antes que con algún tratado de diplomacia internacional exitosa.
El viaje de los congresistas fue una sumatoria de buenas voluntades y, si bien es cierto que de ellas está plagado el camino al infierno, parecería que quienes lo critican obedecen más a la lógica de la política interna y la coyuntura nacional, antes que a la seriedad que siempre caracterizó a las relaciones exteriores chilenas. Sea de parte del gobierno que no asume una agenda conjunta con el Congreso y que tiene una curiosa tendencia a controlar la información y la vida pública, sea de parte de la oposición que ante la ausencia de agenda propia busca crear un incidente ficticio para conseguir precisamente esto: que yo y otros columnistas estemos escribiendo una nota sobre el tema.

Humala y Evo: Nombres inolvidables y distintos

¿Será similar la oposición de Ollanta Humala a la que hizo Evo Morales en su momento? Difícil preverlo, pero nadie descarta un escenario agorero como ese, respaldados en el triunfo del peruano en primera vuelta, su juventud (43), un partido en formación y un respaldo contundente en las zonas más deprimidas del Perú. Ahora bien, como se ha escrito bastante sobre las coincidencias entre ambos políticos, centrémonos más bien en sus diferencias.
Paradójicamente, la intervención extranjera jugó distinto para Morales el 2002 que para Humala el 2006. El boliviano recibió un espaldarazo impensado de los EEUU cuando su embajador llamó a no votar por él. En el caso de Humala la presencia de Chávez lo perjudicó ostensiblemente y si la ficción es lícita en este análisis, hasta podría haberle costado la victoria.
El movimiento cocalero del que se nutrió Morales en sus inicios se origina en mineros despedidos que se trasladaron al trópico llevando consigo sus formas de organización (el sindicato, la asamblea, etc.) las que se amalgamaron con estructuras tradicionales andinas. A su vez, esos mineros devenidos cocaleros son los que conjugaron su marxismo iniciático con el indigenismo; así, el desprecio ideológico que sentían hacia los campesinos se convirtió en admiración y luego simbiosis.
En el caso de Humala, al margen de juicios morales, el etnocacerismo de sus orígenes es principalmente una postura intelectual antes que un movimiento con raigambre popular, algo similar a lo que fue en su momento el famoso sendero que había que recorrer para iluminarse; por eso quizá la moderación de Humala en las últimas semanas (incluso renegó de la xenofobia y sexismo de su familia), y lo difícil que es definirlo ideológicamente sin utilizar clichés de moda como populismo. Por ello, a simple vista parecería no tener un proyecto hegemónico de largo plazo.
Además, si bien ambos representan geográfica y étnicamente sectores aymaras y quechuas, el occidente, donde se concentra la fortaleza de Morales, es desde 1899 el eje económico y político de Bolivia, de forma que la clase media emergente no indígena ubicada en Santa Cruz es la más rebelde contra el centralismo occidental. En el Perú el Estado se estructura alrededor de Lima y la costa del Pacífico, precisamente los únicos lugares donde Humala fue derrotado. En ambos países la relación entre el centro y la periferia es distinta.
Finalmente, un dirigente sindical y un militar, aunque ambos tengan liderazgos mesiánicos, ostentan formaciones distintas: horizontal y deliberativa en un caso, vertical y autoritaria en el otro. El surgimiento de Humala se parece más al que tuvo Fujimori o Toledo en su momento, movimientos explosivos de duración variable, sin proyección política y destino imprevisible.
Sin embargo, estas son puras especulaciones. Los individuos cumplen en la historia papeles que ni ellos mismos imaginan. Lo que ocurra en el Perú dependerá mucho de lo que hagan Alan García y el propio Humala, de sus decisiones y sabiduría y, por supuesto, del entorno económico e internacional de los próximos años. O, lo que es lo mismo pero no es igual, de la capacidad que tengan nuestras sociedades para entender que generación de riqueza no es igual a expoliación y que sin inclusión económica y social posiblemente el destino de buena parte de Latinoamérica será más africano que asiático.

El Virrey y Sor Juana

La multitudinaria manifestación que convocó el Presidente argentino el 25 de mayo, plagada de símbolos caros a la liturgia peronista e íconos culturales como Mercedes Sosa o las Madres de Plaza de Mayo. La no menos masiva reunión en Shinahota (un pueblo del chapare boliviano en el cual en los '80 se podía comprar cocaína al menudeo), entre Evo Morales, Hugo Chávez y Carlos Lague para iniciar la campaña electoral oficialista. El poderoso surgimiento de Ollanta Humala como líder de la oposición en el Perú, y long-plays televisivos como "Aló Presidente" interpretados por Hugo Chávez, son muestras indiscutibles de la fortaleza del populismo. Las grandes movilizaciones (si descontamos las campañas electorales) y este tipo de liderazgos no eran parte del panorama político regional de los últimos años, acostumbrada como estaba más a ponencias de economistas que a discursos encendidos de plaza pública.
Pero la simpatía por los marginados y discriminados, cuando es unilateral y se hace dogma, puede trocarse en una perversión similar a la que combate. Hugo Chávez muestra en su relación con Latinoamérica grandes dosis de un racismo similar al norteamericano, donde siempre se dudó de otra capacidad de autodeterminación que no fuera la suya y donde prima un etnocentrismo casi místico.
Cuando Chávez apoya a Humala incinerando sus posibilidades electorales, o cuando se viste de indio en el Chapare boliviano (él, un militar de los llanos, extrovertido y dicharachero), no muestra la elegancia que ese poncho confiere a un adusto líder campesino ni las sutilezas florentinas que caracterizan la política exterior peruana.
Ésta, una cuestión estética, se convierte en beligerancia ética si además del discurso y el disfraz, Chávez utiliza todos los mecanismos de poder a su alcance para imponer su visión del mundo.
En Argentina, Néstor Kirchner le tuvo que poner a su disposición un estadio lleno de gente para que denostara la Cumbre de Mar del Plata (poco antes había comprado muchos millones de dólares en bonos de la deuda, y el argentino le debía parte de su estabilidad económica); en Perú, como afirma Álvaro Vargas Llosa, tiene un proyecto de largo plazo en el que esta elección es una simple eventualidad y, en Bolivia, además de diseñar la nacionalización de los hidrocarburos, comprometió cientos de millones de dólares.
Chávez impulsa un discurso antiimperialista plagado de referencias a las guerras de independencia del siglo XIX y a la gesta libertaria de los fundadores de nuestros países, pero lo que se puede soportar en el discurso (la letra lo aguanta todo), se trastoca en racismo virreinal cuando el venezolano desprecia la institucionalidad de los países que visita, sólo permite que su policía y ejército lo custodien o cuando obliga a que las credenciales de los periodistas tengan que ser visadas por la embajada de su país (como ocurrió en Bolivia). Y si esto podría considerarse expresión de su personalidad maniaca, se torna peligroso intervencionismo si se le suma el envío de armamento y tropas, además del deseo no reprimido de crear un ejército latinoamericano.
En el venezolano hay un desprecio sistemático hacia las instituciones democráticas y la soberanía, fiel reflejo de la distorsión que siempre tuvo la izquierda marxista sobre asuntos como éste o a la relación entre la "vanguardia revolucionaria" y la clase obrera. La ideología chavista, que ha reemplazado exitosamente al castrismo, es populista y estatista en lo político-económico, pero profundamente marxista en lo cultural, sólo que intercambiando obreros por indios y partido por dólares.
Claro está, Chávez puede hacer lo que quiera, sobre todo en su país; el problema no es tanto él sino quienes no le impiden ?democráticamente? actuar a su antojo. Decía una vieja poesía feminista: "¿Cuál es de más culpar, / aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?", Chávez y Morales, si se consideran revolucionarios, deberían leer a Sor Juana Inés de la Cruz.

La revolución estudiantil globalizada

Miles de estudiantes secundarios en las calles, más de 100 colegios "tomados" y una huelga de 24 horas que paralizó la educación en todos sus niveles fueron la noticia más importante que conmovió esta semana a la sociedad chilena y que hace recordar lo ocurrido en Francia hace unos meses.
Muchos las consideran las movilizaciones más importantes en los últimos 30 años, pero con un ingrediente inédito: apoyo ciudadano militante, simpatía de los medios de comunicación e inmovilidad del gobierno de Michelle Bachelet (sumado a una represión excesiva a las manifestaciones y descoordinación y una serie de imprecisiones en la negociación).
En una sociedad conservadora y con poca movilidad social, la clase media es conciente de que sólo si sus hijos tienen una educación de calidad hay alguna posibilidad de que su situación económica mejore en el futuro. Este convencimiento de la importancia que tiene la educación para quienes no nacieron en cuna de oro es un dato importante a la hora de evaluar las acciones que se desarrollan en las calles de Santiago.
Lo que en un principio comenzó como una tradicional protesta estudiantil por reivindicaciones sectoriales como el pasaje estudiantil y el no pago de la PSU (Prueba de Selección Universitaria que determina si se podrá estudiar en una universidad pública tradicional), termina con millones de chilenos pidiendo calidad educativa; la revisión de la ley que rige el sistema educacional; las desventajas de la municipalización; así como la pertinencia de la aplicación de la jornada escolar completa. Todo ello en base a una sola certeza: la crisis en la que se encuentra la educación pública junto a la competitividad son los problemas más serios que tiene Chile.
Los estudiantes de colegios municipalizados y que reciben subvención estatal, y sus aliados momentáneos (profesores, universitarios, padres de familia e Incluso algunos colegios privados que se adhirieron al paro), llegaron a movilizar a más de 600 mil personas, entregando en las calles sonrisas, pidiendo contribuciones económicas y escribiendo carteles creativos como "no se olvide que antes de vaca fue ternero" o "la educasion es un derexo".
Pero lo más destacable es el nuevo tipo de movilización que nació en los liceos e institutos más tradicionales y mejor evaluados del país.
Se trata de la primera generación nacida íntegramente en democracia y que siente el desafío de superar a sus padres (generación mítica en cierto sentido que luchó contra la dictadura de Augusto Pinochet, vivió el exilio, recuperó la democracia, ganó elecciones y ahora gobierna), grupo generacional que se distancia cada vez más de la problemática que enfrentan los jóvenes, quienes sospechan que sin educación no podrán insertarse al orden que crearon sus antecesores. No plantean el fin del sistema sino que éste se haga cargo de ellos.
Es parte del nuevo escenario que atraviesa la sociedad chilena, acostumbrada a los equilibrios políticos y a administrar eficientemente la escasez, pero que hoy atraviesa una etapa en la que el excedente por los altos precios del cobre, significa desafíos que podrían resumirse en la administración eficiente e inteligente de la abundancia.
En este contexto estos movimientos emergentes se insertan en el proceso de globalización pero estallan a nivel local: sin organizaciones estructuradas, actuando a través de en redes horizontales, sin liderazgos tradicionales, y más cercano a los class actions de consumidores que a una huelga de sindicatos; más movimiento que partido; utilizando tecnologías de la información para interactuar y organizarse (celulares, mensajes de texto, Internet, etc.).
Movimientos, además, preocupados por los medios de comunicación porque culturalmente están intrínsecamente ligados a ellos, a los cuales consideran fundamentales para su éxito ("tomas" realizadas en horario estelar, pautas de vocería que envidiaría cualquier político, cuñas cortas para aparecer en el bloque de noticias, etc.).
Protestas que no adhieren a ninguna ideología concreta, incluso varios de los líderes más visibles han manifestado simpatía por partidos de derecha (oposición), pero los más son independientes, sin partido alguno.
Es la explosión de la sociedad informacional (con sus ventajas y desequilibrios) en la que Chile se sumerge a medida que la economía crece y se integra al mundo. Ya no sólo es el uso de Internet (el país más avanzado en este aspecto en Latinoamérica), ni la masificación de los celulares, sino la forma en que estas tecnologías son apropiadas y utilizadas por los ciudadanos, no desde una perspectiva maximalista como en décadas pasadas sino para sumar individualidades con otra racionalidad.