La competencia despiadada entre La Tercera y El Mercurio en Chile es el tema de moda en algunos blogs especializados, todo a raíz de un excelente reportaje de Miguel Paz "Golpe a golpe: La Tercera versus El Mercurio" publicado en la revista Caras.
Sobre éste y otros temas, les recomiendo que lean el blog Antimedios de Arturo Arriagada; El Medio Blog de Angélica Bulnes y los Wewblogs universitarios de la Universiad Católica.
Allí encontrarán una buena aproximación a lo que se hace en Chile en blogs donde se discuten temas mediáticos.
A propósito de la Asamblea Constituyente en Bolivia
Si bien el alcance de la Asamblea Constituyente es una entelequia que se irá dilucidando con el tiempo, se sabe que el oficialismo tiene 137 de los 255 representantes, o sea una mayoría holgada pero no los dos tercios requeridos para la aprobación de la nueva Constitución; por eso, en lugar de buscar el consenso, lucha porque todas las decisiones se tomen por mayoría simple.
Muchos analistas consideran que la Constituyente puede ser una oportunidad para generar mayor participación e inclusión social y terminar con la hegemonía de una elite que fue incapaz de resolver los problemas más elementales de las grandes mayorías excluidas.
En ese sentido, una encuesta de Naciones Unidas sostiene que los bolivianos rechazan cualquier cambio a los colores de la enseña patria, el himno nacional o los límites departamentales, pero a la vez se inclinan por modificar el contenido social de la Constitución, sobre todo en áreas como la salud y la educación. Además, el 50 por ciento cree que la Carta Magna debe ser modificada sólo en parte, y un 35 por ciento cree que el cambio debe ser total.
O sea, ni tanto ni tan poco.
Sobre estos temas vale la pena visitar el blog Asamblea Constituyente de Bolivia, un espacio donde se discute este tema.
Muchos analistas consideran que la Constituyente puede ser una oportunidad para generar mayor participación e inclusión social y terminar con la hegemonía de una elite que fue incapaz de resolver los problemas más elementales de las grandes mayorías excluidas.
En ese sentido, una encuesta de Naciones Unidas sostiene que los bolivianos rechazan cualquier cambio a los colores de la enseña patria, el himno nacional o los límites departamentales, pero a la vez se inclinan por modificar el contenido social de la Constitución, sobre todo en áreas como la salud y la educación. Además, el 50 por ciento cree que la Carta Magna debe ser modificada sólo en parte, y un 35 por ciento cree que el cambio debe ser total.
O sea, ni tanto ni tan poco.
Sobre estos temas vale la pena visitar el blog Asamblea Constituyente de Bolivia, un espacio donde se discute este tema.
Proyecto de software libre en idiomas originarios
Copio a continuación algunos párrafos de un proyecto que me pareció atractivo.
Si quieren verlo completo, colaborar o trabajar en él, háganlo en la Biblioteca de las Indias Electrónicas
"Claroline es la plataforma de formación online más extendida de Iberoamérica. Nacida en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), no sólo es una excelente plataforma tecnológica, además es software libre: cualquiera puede usarlo, mejorarlo y modificarlo libremente. Claroline forma parte del procomún digital universal, no está sometida a patentes, derechos de explotación ni pago de royalties.
De todas las lenguas de la comunidad iberoamericana Claroline ha sido traducida a las dos más extendidas: español y portugués. Sin embargo todavía no lo ha sido a las lenguas nativas americanas que como el guaraní, el quechua o el aymara, son la lengua materna de millones de nuestros conciudadanos.
En la Biblioteca de las Indias hacemos nuestro el manifiesto Ubuntu. Pensamos que el software debería ser gratuito, las herramientas deberían poder usarse por cada cual en su lengua materna e independientemente de cualquier discapacidad, debiendo tener además, libertad para personalizar y modificar los programas del modo que más les convenga. Así que nos disponemos a poner nuestro granito de arena para hacer esto realidad con tu ayuda.
Este es un proyecto muy sencillo. Su objetivo es traducir el software y dejar esa traducción al dominio público para que cualquiera pueda usarlo y se integre a la distribución oficial y libre de Claroline.
Queremos tener lista la traducción en noviembre al quechua, el aymara y el guaraní. El equipo de traductores se repartirá el fondo final obtenido de aquí al uno de noviembre, a partes iguales. La dotación inicial asegura pues que como mínimo cada uno de ellos recibirá 100 euros".
Si quieren verlo completo, colaborar o trabajar en él, háganlo en la Biblioteca de las Indias Electrónicas
"Claroline es la plataforma de formación online más extendida de Iberoamérica. Nacida en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), no sólo es una excelente plataforma tecnológica, además es software libre: cualquiera puede usarlo, mejorarlo y modificarlo libremente. Claroline forma parte del procomún digital universal, no está sometida a patentes, derechos de explotación ni pago de royalties.
De todas las lenguas de la comunidad iberoamericana Claroline ha sido traducida a las dos más extendidas: español y portugués. Sin embargo todavía no lo ha sido a las lenguas nativas americanas que como el guaraní, el quechua o el aymara, son la lengua materna de millones de nuestros conciudadanos.
En la Biblioteca de las Indias hacemos nuestro el manifiesto Ubuntu. Pensamos que el software debería ser gratuito, las herramientas deberían poder usarse por cada cual en su lengua materna e independientemente de cualquier discapacidad, debiendo tener además, libertad para personalizar y modificar los programas del modo que más les convenga. Así que nos disponemos a poner nuestro granito de arena para hacer esto realidad con tu ayuda.
Este es un proyecto muy sencillo. Su objetivo es traducir el software y dejar esa traducción al dominio público para que cualquiera pueda usarlo y se integre a la distribución oficial y libre de Claroline.
Queremos tener lista la traducción en noviembre al quechua, el aymara y el guaraní. El equipo de traductores se repartirá el fondo final obtenido de aquí al uno de noviembre, a partes iguales. La dotación inicial asegura pues que como mínimo cada uno de ellos recibirá 100 euros".
Evolatría y sopa
Una de las innumerables fotos del ex Presidente boliviano René Barrientos Ortuño encabezaba la mesa durante los almuerzos dominicales de mi infancia. En ella se lo ve tomando un cóctel de singani y riendo de alguna ocurrencia ya perdida en el tiempo. Pero no es una foto aristocrática, ni mucho menos: retrata un humilde solar campesino, uno de esos lugares donde se sentía a gusto el autoproclamado "General del pueblo" y quien se convirtió a fuerza de imágenes como ésa, en uno de los líderes más carismáticos de los que se tenga recuerdo en la historia contemporánea de Bolivia.
El caso de Barrientos es curioso: En 1964, siendo Vicepresidente, derrocó a Víctor Paz Estenssoro, luego cogobernó junto a Alfredo Ovando (quien años después nacionalizaría el petróleo), derrotó al Che Guevara, fue elegido presidente "democrático" y murió en un accidente de helicóptero del que aún hoy se tejen conjeturas.
Barrientos también es famoso porque fue autor de lo que se llamó el "pacto militar-campesino", y al igual que Evo Morales, también inauguró una Asamblea Constituyente, redactó una nueva Constitución e hizo desfilar a miles de campesinos junto a las Fuerzas Armadas a paso de ganso. Los dos afirmarían después que eran hechos inéditos en la historia y ninguno tendría razón porque ese tipo de puesta en escena les antecede y les sobrevivirá, de igual forma que el culto a la personalidad al que políticos y militares fatuos son tan afectos. Por eso no resulta descabellado afirmar que las huellas del futuro de Bolivia hay que encontrarlas sobre todo en su pasado autoritario, en momentos como ese en el que Barrientos era amo y señor de vidas y haciendas.
Hace unos días Morales fue noticia nuevamente por la impresión de un juego de estampillas con su foto, la declaración de su casa natal como monumento histórico y otras iniciativas aún más graciosas y menos comentadas: El deseo de convertir la whipala multicolor (y símbolo del movimiento gay) en enseña patria o el afán por crear un cuarto poder del Estado y rebautizar plazas y calles. Además de otros hechos más sustanciales: La fuerte polarización entre oriente y occidente que está cobrando un cariz espinoso y violento, el desconocimiento de las minorías en la Asamblea Constituyente y el pozo sin fondo en el que ha caído la nacionalización por la incapacidad y las sospechas de corrupción que envuelven a YPFB.
Es que la casa y un sello postal vayan y pasen, sobre todo porque serán circuito turístico y reliquia para filatelistas (como lo fue la famosa "chompa", esa vez para fetichistas varios), pero ello, sumado a la amenaza a las instituciones democráticas o el peligro de enfrentamientos regionales, sea en nombre de la revolución o del "pachakuti", son un cóctel tan explosivo como el que tomaba Barrientos en ese solar ya inexistente y bucólico al que quieren retornar algunos sectores milenaristas y que están desdibujando un gobierno legítimo como pocos.
No hay que olvidar que si hay cosas que siempre van de la mano son la idolatría y el autoritarismo, el culto a la personalidad y la conculcación de libertades. Porque, se sabe, si es líquida, caliente y se sirve a mediodía es sopa. "Chairo" quizá (con charqui de cordero, chuño y mote), pero sopa al fin.
Sergio Molina Monasterios es boliviano, politólogo y analista de Imaginaccion Consultores.
El caso de Barrientos es curioso: En 1964, siendo Vicepresidente, derrocó a Víctor Paz Estenssoro, luego cogobernó junto a Alfredo Ovando (quien años después nacionalizaría el petróleo), derrotó al Che Guevara, fue elegido presidente "democrático" y murió en un accidente de helicóptero del que aún hoy se tejen conjeturas.
Barrientos también es famoso porque fue autor de lo que se llamó el "pacto militar-campesino", y al igual que Evo Morales, también inauguró una Asamblea Constituyente, redactó una nueva Constitución e hizo desfilar a miles de campesinos junto a las Fuerzas Armadas a paso de ganso. Los dos afirmarían después que eran hechos inéditos en la historia y ninguno tendría razón porque ese tipo de puesta en escena les antecede y les sobrevivirá, de igual forma que el culto a la personalidad al que políticos y militares fatuos son tan afectos. Por eso no resulta descabellado afirmar que las huellas del futuro de Bolivia hay que encontrarlas sobre todo en su pasado autoritario, en momentos como ese en el que Barrientos era amo y señor de vidas y haciendas.
Hace unos días Morales fue noticia nuevamente por la impresión de un juego de estampillas con su foto, la declaración de su casa natal como monumento histórico y otras iniciativas aún más graciosas y menos comentadas: El deseo de convertir la whipala multicolor (y símbolo del movimiento gay) en enseña patria o el afán por crear un cuarto poder del Estado y rebautizar plazas y calles. Además de otros hechos más sustanciales: La fuerte polarización entre oriente y occidente que está cobrando un cariz espinoso y violento, el desconocimiento de las minorías en la Asamblea Constituyente y el pozo sin fondo en el que ha caído la nacionalización por la incapacidad y las sospechas de corrupción que envuelven a YPFB.
Es que la casa y un sello postal vayan y pasen, sobre todo porque serán circuito turístico y reliquia para filatelistas (como lo fue la famosa "chompa", esa vez para fetichistas varios), pero ello, sumado a la amenaza a las instituciones democráticas o el peligro de enfrentamientos regionales, sea en nombre de la revolución o del "pachakuti", son un cóctel tan explosivo como el que tomaba Barrientos en ese solar ya inexistente y bucólico al que quieren retornar algunos sectores milenaristas y que están desdibujando un gobierno legítimo como pocos.
No hay que olvidar que si hay cosas que siempre van de la mano son la idolatría y el autoritarismo, el culto a la personalidad y la conculcación de libertades. Porque, se sabe, si es líquida, caliente y se sirve a mediodía es sopa. "Chairo" quizá (con charqui de cordero, chuño y mote), pero sopa al fin.
Sergio Molina Monasterios es boliviano, politólogo y analista de Imaginaccion Consultores.
Los cinco desafíos de América Latina para José Miguel Insulza
El Secretario General de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, detalló los que a su juicio son los cinco principales desafíos de la región en el marco del seminario "América Latina en la Encrucijada" (Proyectamérica y Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica).
En primer lugar el crecimiento ("el resto sólo es música", dijo), y por tanto estabilidad.
Si un empresario tuviera que escoger un país donde invertir, ejemplificó, elige primero una democracia estable, después -lamentablemente- una autocracia estable y, finalmente, una democracia inestable).
En segundo lugar el combate contra la pobreza ligado estrechamente a disminuir la desigualdad y a luchar contra la discriminación (sobre todo en un continente donde las mayorías son afro americanas e indígenas... además de ser pobres).
En tercer lugar la integración, pero asumiendo los problemas reales que ésta tiene. No habrá integración, sostuvo, sin que cada país ceda algo, sin entregar soberanía de algún tipo.
Hoy ningún gobierno está dispuesto a supeditar parte de sus decisiones, por ejemplo, a una entidad supranacional o a ser integrante de un mecanismo de solución de controversias.
Por otra parte, la integración cuesta y alguien tiene que pagar la cuenta. Al respecto recordó nuevamente la experiencia europea que implicó que algunos países grandes y ricos pagaran a países más pequeños y pobres. El problema en América Latina, enfatizó, es que no hay disposición a asumir los costos inevitables que trae la integración.
Otro desafío que debe enfrentar la región es el combate al crimen. Sugirió que ya no hay violencia política en América Latina o que ésta se ha reducido sustancialmente, en cambio, se ha incrementado en forma exponencial el narcotráfico, las pandillas, el lavado de dinero, etc.
Finalmente, destacó que hay cierto consenso respecto a que el mercado por sí solo no resuelve los problemas de la gente, es común escuchar que se necesita que el Estado asuma otro rol si se quiere pensar en forma optimista sobre el futuro de la región. En ese contexto, dijo que el quinto desafío es la gobernabilidad. Entre millones de latinoamericanos existe la sensación de que la democracia no está resolviendo sus problemas más apremiantes, lo cual es muy grave porque implica una desconfianza profunda en las instituciones.
La democracia, finalizó, tiene que resolver temas de calidad, transparencia y eficacia, elementos que van a determinar el futuro de América Latina. La democracia, cree Insulza, ya no está sujeta a la amenaza de un golpe de Estado o de una insurrección armada sino a que la gente común y corriente no soporte más al gobierno que tiene.
En primer lugar el crecimiento ("el resto sólo es música", dijo), y por tanto estabilidad.
Si un empresario tuviera que escoger un país donde invertir, ejemplificó, elige primero una democracia estable, después -lamentablemente- una autocracia estable y, finalmente, una democracia inestable).
En segundo lugar el combate contra la pobreza ligado estrechamente a disminuir la desigualdad y a luchar contra la discriminación (sobre todo en un continente donde las mayorías son afro americanas e indígenas... además de ser pobres).
En tercer lugar la integración, pero asumiendo los problemas reales que ésta tiene. No habrá integración, sostuvo, sin que cada país ceda algo, sin entregar soberanía de algún tipo.
Hoy ningún gobierno está dispuesto a supeditar parte de sus decisiones, por ejemplo, a una entidad supranacional o a ser integrante de un mecanismo de solución de controversias.
Por otra parte, la integración cuesta y alguien tiene que pagar la cuenta. Al respecto recordó nuevamente la experiencia europea que implicó que algunos países grandes y ricos pagaran a países más pequeños y pobres. El problema en América Latina, enfatizó, es que no hay disposición a asumir los costos inevitables que trae la integración.
Otro desafío que debe enfrentar la región es el combate al crimen. Sugirió que ya no hay violencia política en América Latina o que ésta se ha reducido sustancialmente, en cambio, se ha incrementado en forma exponencial el narcotráfico, las pandillas, el lavado de dinero, etc.
Finalmente, destacó que hay cierto consenso respecto a que el mercado por sí solo no resuelve los problemas de la gente, es común escuchar que se necesita que el Estado asuma otro rol si se quiere pensar en forma optimista sobre el futuro de la región. En ese contexto, dijo que el quinto desafío es la gobernabilidad. Entre millones de latinoamericanos existe la sensación de que la democracia no está resolviendo sus problemas más apremiantes, lo cual es muy grave porque implica una desconfianza profunda en las instituciones.
La democracia, finalizó, tiene que resolver temas de calidad, transparencia y eficacia, elementos que van a determinar el futuro de América Latina. La democracia, cree Insulza, ya no está sujeta a la amenaza de un golpe de Estado o de una insurrección armada sino a que la gente común y corriente no soporte más al gobierno que tiene.
Los hombres y mujeres más influentes del gobierno boliviano
Estoy haciendo una informal y breve encuesta sobre los cinco o seis hombres o mujeres más importantes del gobierno de Bolivia (después de Evo Morales, por supuesto).
El que quiera colaborar sólo tiene que poner el nombre e informar por qué cree que el(la) elegido(a) tiene esa influencia o detenta tanto poder.
El que quiera colaborar sólo tiene que poner el nombre e informar por qué cree que el(la) elegido(a) tiene esa influencia o detenta tanto poder.
Asamblea Constituyente: El experimento revolucionario
El 6 de agosto próximo no sólo será recordado por los bolivianos como otro aniversario patrio, sino como el día en que comenzará a sesionar la Asamblea Constituyente y -según Evo Morales- la "refundación" del país y el inicio de la segunda independencia de la República.
El tema genera acaloradas discusiones en Bolivia. Desde el cambio de los colores de la bandera o de la letra del himno nacional; hasta el deseo de que la elección de los diputados en circunscripciones indígenas sea en asambleas (y no por votación universal) o que la justicia comunitaria sea incorporada al Código Penal, occidental y recién reformado que se tenía hasta ahora.
Cuentan que cuando el imperio español comenzaba su declive, el Consejo de Indias discutió por años sobre la inmaculada concepción de la Virgen en lugar de pensar en lo que hacían sus competidores. Algo similar ocurre en Bolivia: El diálogo se está tornando metafísico mientras las oportunidades que genera el buen desempeño económico y el incremento de las exportaciones pasan por sus costados sin hacerle mella, a diferencia de todos sus vecinos sin excepción.
Si bien el alcance de la Asamblea Constituyente es una entelequia que se irá dilucidando con el tiempo, en asuntos más terrenales la discusión es otra. El oficialismo tiene 137 de los 255 representantes, o sea una mayoría holgada pero no los dos tercios requeridos para la aprobación de la nueva Constitución; por eso, en lugar de buscar el consenso, lucha porque todas las decisiones se tomen por mayoría simple. Además, los representantes del MAS sostienen que quieren una Constitución que reconozca un Estado pluricultural con hegemonía indígena, la modificación de la división geográfica del país y, por supuesto, la reelección del Presidente de la República. Esto significa para muchos opositores, centralismo y etnocentrismo con tufo racista; la apertura de la única Caja de Pandora que en Bolivia continúa cerrada: Los límites territoriales, con lo cual, si son ciertos los trascendidos, los halcones de Morales buscan disminuir el poder de Santa Cruz; y, finalmente, perpetuación en el poder para continuar con el modelo venezolano.
Pero también analistas más serios consideran que la Constituyente puede ser una oportunidad para generar mayor participación e inclusión social y terminar con la hegemonía de una elite que fue incapaz de resolver los problemas más elementales de las grandes mayorías excluidas.
En ese sentido, una reciente encuesta de Naciones Unidas sostiene que los bolivianos rechazan cualquier cambio a los colores de la enseña patria, el himno nacional o los límites departamentales, pero a la vez se inclinan por modificar el contenido social de la Constitución, sobre todo en áreas como la salud y la educación. Además, el 50 por ciento cree que la Carta Magna debe ser modificada sólo en parte, y un 35 por ciento cree que el cambio debe ser total.
O sea, ni tanto ni tan poco, sabiduría popular que le dicen, además de algo de cordura que siempre hace falta y rechazo a esos trágicos ensayos maximalistas y "refundacionales" de los que están llenos los libros de historia.
El tema genera acaloradas discusiones en Bolivia. Desde el cambio de los colores de la bandera o de la letra del himno nacional; hasta el deseo de que la elección de los diputados en circunscripciones indígenas sea en asambleas (y no por votación universal) o que la justicia comunitaria sea incorporada al Código Penal, occidental y recién reformado que se tenía hasta ahora.
Cuentan que cuando el imperio español comenzaba su declive, el Consejo de Indias discutió por años sobre la inmaculada concepción de la Virgen en lugar de pensar en lo que hacían sus competidores. Algo similar ocurre en Bolivia: El diálogo se está tornando metafísico mientras las oportunidades que genera el buen desempeño económico y el incremento de las exportaciones pasan por sus costados sin hacerle mella, a diferencia de todos sus vecinos sin excepción.
Si bien el alcance de la Asamblea Constituyente es una entelequia que se irá dilucidando con el tiempo, en asuntos más terrenales la discusión es otra. El oficialismo tiene 137 de los 255 representantes, o sea una mayoría holgada pero no los dos tercios requeridos para la aprobación de la nueva Constitución; por eso, en lugar de buscar el consenso, lucha porque todas las decisiones se tomen por mayoría simple. Además, los representantes del MAS sostienen que quieren una Constitución que reconozca un Estado pluricultural con hegemonía indígena, la modificación de la división geográfica del país y, por supuesto, la reelección del Presidente de la República. Esto significa para muchos opositores, centralismo y etnocentrismo con tufo racista; la apertura de la única Caja de Pandora que en Bolivia continúa cerrada: Los límites territoriales, con lo cual, si son ciertos los trascendidos, los halcones de Morales buscan disminuir el poder de Santa Cruz; y, finalmente, perpetuación en el poder para continuar con el modelo venezolano.
Pero también analistas más serios consideran que la Constituyente puede ser una oportunidad para generar mayor participación e inclusión social y terminar con la hegemonía de una elite que fue incapaz de resolver los problemas más elementales de las grandes mayorías excluidas.
En ese sentido, una reciente encuesta de Naciones Unidas sostiene que los bolivianos rechazan cualquier cambio a los colores de la enseña patria, el himno nacional o los límites departamentales, pero a la vez se inclinan por modificar el contenido social de la Constitución, sobre todo en áreas como la salud y la educación. Además, el 50 por ciento cree que la Carta Magna debe ser modificada sólo en parte, y un 35 por ciento cree que el cambio debe ser total.
O sea, ni tanto ni tan poco, sabiduría popular que le dicen, además de algo de cordura que siempre hace falta y rechazo a esos trágicos ensayos maximalistas y "refundacionales" de los que están llenos los libros de historia.
El ave fénix del sur
El MERCOSUR es lo más parecido a un paciente bipolar que pueda describir un psiquiatra: Desfallece y renace con tanta facilidad como el ser mitológico aquél, y se revitaliza sólo dos meses después de haberse visto agonizante. En eso es la institución más auténticamente latina que pueda encontrarse en el mercado (como andina era la CAN y de ahí su destino trágico).
Pero esta capacidad de renacimiento también lleva a dudar de su consistencia y generar pesimistas análisis de políticos de toda la gama democrática, para quienes el ingreso de Hugo Chávez al bloque es casi el contagio de un virus terminal; estas opiniones tienen sólidas y detalladas justificaciones, sin duda, pero hay que agregar a ellas que con el ingreso de los venezolanos, el MERCOSUR agrupa actualmente casi el 80% del PBI de América del Sur y que, además, si es cierta la disposición de México de integrarse, se convertirá en uno de los mecanismos de integración más importantes del mundo sólo por su peso específico antes que por sus (des) aciertos políticos o económicos.
Los próximos seis meses, el MERCOSUR atravesará una nueva etapa, menos ciclotímica esta vez, porque estará bajo la presidencia brasileña, y seguramente entonces Lula centrara su atención en el tema energético y en la incorporación plena de Bolivia al bloque. Si bien es cierto que el brasileño puede no ser el más feliz de los presidentes luego del acuerdo con Cuba o del ingreso de Venezuela (pergeñado en su integridad durante la presidencia de la Argentina), firmó ambos cheques en un guiño a sus electores de izquierda a meses de tener que renovar credenciales democráticas. Más adelante tendrá tiempo para imponer la cordura y moderar la retórica.
Por tanto es apresurado pensar que alguno de sus países miembros no seguirá apostando con todas sus fuerzas al MERCOSUR, o que Brasil pueda (o deje de ser) su actor principal. Como antaño y en el futuro, las decisiones importantes del bloque pasarán por ese país... en acuerdo con la Argentina, eje que es su razón de ser, y que difícilmente pueda ser desplazado por otro (uno caraqueño, por ejemplo), si éste se encuentra engrasado y en sintonía (y parece que lo estará por varios años más según todas las encuestas electorales).
Ahora bien, la complejidad del escenario no radica en la retórica de izquierda simbolizada en ese Fidel Castro ya en decadencia plena, preso de un autoritarismo senil que lo asemeja a un rock star antes que a un político (y, se sabe, a las estrellas se les permite todo porque sólo afectan la vida de sus fanáticos); sino en las variables políticas y sociales incorporadas el fin de semana pasado a la ya de por sí difícil dimensión económica que también tuvo sus bemoles: El reconocimiento de las asimetrías entre países; la integración de Bolivia, Paraguay, y Uruguay a los proyectos energéticos de los tres grandes del bloque; y la casi segura creación de un banco de financiamiento regional.
Variables entonces que pueden hacer morir al MERCOSUR varias veces más en el futuro, pero que no evitarán que renazca como parte ineludible de la integración regional, más aún si EEUU continúa con el foco puesto a muchos miles de kilómetros de distancia.
Pero esta capacidad de renacimiento también lleva a dudar de su consistencia y generar pesimistas análisis de políticos de toda la gama democrática, para quienes el ingreso de Hugo Chávez al bloque es casi el contagio de un virus terminal; estas opiniones tienen sólidas y detalladas justificaciones, sin duda, pero hay que agregar a ellas que con el ingreso de los venezolanos, el MERCOSUR agrupa actualmente casi el 80% del PBI de América del Sur y que, además, si es cierta la disposición de México de integrarse, se convertirá en uno de los mecanismos de integración más importantes del mundo sólo por su peso específico antes que por sus (des) aciertos políticos o económicos.
Los próximos seis meses, el MERCOSUR atravesará una nueva etapa, menos ciclotímica esta vez, porque estará bajo la presidencia brasileña, y seguramente entonces Lula centrara su atención en el tema energético y en la incorporación plena de Bolivia al bloque. Si bien es cierto que el brasileño puede no ser el más feliz de los presidentes luego del acuerdo con Cuba o del ingreso de Venezuela (pergeñado en su integridad durante la presidencia de la Argentina), firmó ambos cheques en un guiño a sus electores de izquierda a meses de tener que renovar credenciales democráticas. Más adelante tendrá tiempo para imponer la cordura y moderar la retórica.
Por tanto es apresurado pensar que alguno de sus países miembros no seguirá apostando con todas sus fuerzas al MERCOSUR, o que Brasil pueda (o deje de ser) su actor principal. Como antaño y en el futuro, las decisiones importantes del bloque pasarán por ese país... en acuerdo con la Argentina, eje que es su razón de ser, y que difícilmente pueda ser desplazado por otro (uno caraqueño, por ejemplo), si éste se encuentra engrasado y en sintonía (y parece que lo estará por varios años más según todas las encuestas electorales).
Ahora bien, la complejidad del escenario no radica en la retórica de izquierda simbolizada en ese Fidel Castro ya en decadencia plena, preso de un autoritarismo senil que lo asemeja a un rock star antes que a un político (y, se sabe, a las estrellas se les permite todo porque sólo afectan la vida de sus fanáticos); sino en las variables políticas y sociales incorporadas el fin de semana pasado a la ya de por sí difícil dimensión económica que también tuvo sus bemoles: El reconocimiento de las asimetrías entre países; la integración de Bolivia, Paraguay, y Uruguay a los proyectos energéticos de los tres grandes del bloque; y la casi segura creación de un banco de financiamiento regional.
Variables entonces que pueden hacer morir al MERCOSUR varias veces más en el futuro, pero que no evitarán que renazca como parte ineludible de la integración regional, más aún si EEUU continúa con el foco puesto a muchos miles de kilómetros de distancia.
Cumbre borrascosa
Si algo nos enseña la situación política internacional, es que no hay nada más saludable que el diálogo. Sobre todo si éste deja de lado los discursos circulares y auto referentes y comienza a tener una semántica común.
Que por primera vez haya una agenda compartida entre Chile y Bolivia es un cambio cualitativo que satisface a ambas partes. A Chile porque mantiene la discusión en el marco bilateral y según lo acordado previamente, y a Bolivia porque ahora la cuestión marítima y el agua -clave para Potosí y el norte chileno-, están nuevamente en el tapete. De ahora en adelante la cuestión se centrará en énfasis e interpretaciones pero no en significados... y, por supuesto, en enfrentar adecuadamente a los fastidiosos duendecillos de la contingencia.
Hoy lo que deja sin dormir a los bolivianos es la Asamblea Constituyente y los conflictos regionales por autonomía, lo que puede conducir a un escenario de confrontación interna según los pesimistas o a uno de reconciliación nacional como afirman los más optimistas.
En Chile también hay fuertes ruidos de interferencia. La política exterior de Michelle Bachelet está en entredicho para tirios y troyanos sobre todo después de las dificultades que enfrenta su gobierno con el de Néstor Kirchner. Ergo, lo que podría ser apertura al diálogo con Bolivia es leído por muchos como otra señal de debilidad, acusación que toca la fibra más sensible de la Presidenta, quien sale de una crisis de gabinete y enfrenta duras críticas de sus aliados y de la oposición por no tener un relato global que seduzca a sus ciudadanos.
En una coyuntura así, el peligro está en que se desande lo avanzado con actitudes intransigentes y maximalistas (parte del "huayralevismo" altoperuano que tanto criticaban los intelectuales más lúcidos bolivianos), o golpeando la mesa para dar una señal de autoridad (como gustan hacer algunos políticos chilenos), lo que en asuntos diplomáticos sólo es bien visto por compatriotas y correligionarios.
Si ya la cumbre del MERCOSUR era complicada para Bachelet porque debía discutir el aumento del precio del gas argentino (asunto en el cual Bolivia jugó un papel determinante) y el de los combustibles en zonas fronterizas, hoy su agenda internacional tiene otro frente complejo: el diálogo con Morales y la respuesta que tendrá que dar a sus reiteradas invitaciones para visitar Sucre el 6 de agosto próximo y asistir a la inauguración de la Asamblea Constituyente, el proyecto estrella del Presidente boliviano por refundacional y hegemónico. Invitación a la cual responderá con un sí, lo que podría ser leído en Chile como una concesión innecesaria; o con un no, monosílabo que sería interpretado en La Paz casi como un desplante.
Una Cumbre, entonces, acorde a esta era de diplomacia presidencial, donde -como ocurre en todos los mecanismos regionales de integración- las bilaterales son más importantes que las plenarias, en la que Kirchner y Morales juegan de locales, y en la cual los mandatarios, además de sonreír para la foto, tendrán que demostrar la muñeca que tienen para conducir en caminos de cornisa, ripiosos y escarpados.
Que por primera vez haya una agenda compartida entre Chile y Bolivia es un cambio cualitativo que satisface a ambas partes. A Chile porque mantiene la discusión en el marco bilateral y según lo acordado previamente, y a Bolivia porque ahora la cuestión marítima y el agua -clave para Potosí y el norte chileno-, están nuevamente en el tapete. De ahora en adelante la cuestión se centrará en énfasis e interpretaciones pero no en significados... y, por supuesto, en enfrentar adecuadamente a los fastidiosos duendecillos de la contingencia.
Hoy lo que deja sin dormir a los bolivianos es la Asamblea Constituyente y los conflictos regionales por autonomía, lo que puede conducir a un escenario de confrontación interna según los pesimistas o a uno de reconciliación nacional como afirman los más optimistas.
En Chile también hay fuertes ruidos de interferencia. La política exterior de Michelle Bachelet está en entredicho para tirios y troyanos sobre todo después de las dificultades que enfrenta su gobierno con el de Néstor Kirchner. Ergo, lo que podría ser apertura al diálogo con Bolivia es leído por muchos como otra señal de debilidad, acusación que toca la fibra más sensible de la Presidenta, quien sale de una crisis de gabinete y enfrenta duras críticas de sus aliados y de la oposición por no tener un relato global que seduzca a sus ciudadanos.
En una coyuntura así, el peligro está en que se desande lo avanzado con actitudes intransigentes y maximalistas (parte del "huayralevismo" altoperuano que tanto criticaban los intelectuales más lúcidos bolivianos), o golpeando la mesa para dar una señal de autoridad (como gustan hacer algunos políticos chilenos), lo que en asuntos diplomáticos sólo es bien visto por compatriotas y correligionarios.
Si ya la cumbre del MERCOSUR era complicada para Bachelet porque debía discutir el aumento del precio del gas argentino (asunto en el cual Bolivia jugó un papel determinante) y el de los combustibles en zonas fronterizas, hoy su agenda internacional tiene otro frente complejo: el diálogo con Morales y la respuesta que tendrá que dar a sus reiteradas invitaciones para visitar Sucre el 6 de agosto próximo y asistir a la inauguración de la Asamblea Constituyente, el proyecto estrella del Presidente boliviano por refundacional y hegemónico. Invitación a la cual responderá con un sí, lo que podría ser leído en Chile como una concesión innecesaria; o con un no, monosílabo que sería interpretado en La Paz casi como un desplante.
Una Cumbre, entonces, acorde a esta era de diplomacia presidencial, donde -como ocurre en todos los mecanismos regionales de integración- las bilaterales son más importantes que las plenarias, en la que Kirchner y Morales juegan de locales, y en la cual los mandatarios, además de sonreír para la foto, tendrán que demostrar la muñeca que tienen para conducir en caminos de cornisa, ripiosos y escarpados.
Evo: ¿Ronaldinho o Zidane?
Podría decirse de los resultados electorales en Bolivia, que Evo Morales demostró tener una sólida y envidiable caja de ahorros pero que este mes sobregiró su cuenta corriente. Ganó bien y sigue acumulando poder, pero se equivocó al creer que la autonomía regional no era una reivindicación sentida y anhelada por la mitad de los bolivianos.
También, por supuesto, demuestra otro rasgo de sabiduría popular: no se deben firmar cheques en blanco. Eso graficaron los electores cuando cruzaron su voto y apoyaron al gobierno en la mayor parte de las cosas pero no en ésta.
El apabullante voto favor de las autonomías -pese a la campaña del gobierno- en cuatro de nueve departamentos, es señal de que se asumió la descentralización como pérdida de poder para el gobierno central y como forma de democratización y apertura de la sociedad.
Por eso, el plebiscito realizado por exigencia de Santa Cruz, que presentó decenas de miles de firmas para aprobarlo meses atrás, expresa vitalidad republicana, al igual que la Asamblea Constituyente, la que el propio Morales impulsó mucho antes de ser Presidente. El problema está en creer que ambos instrumentos de participación ciudadana (reales y no retóricos) y sus resultados, son antitéticos, o que uno reemplaza al otro.
En ese sentido, Morales tiene una oportunidad histórica: reconocer, aunque no le guste, la demanda autonómica (aprendiendo del modelo español, por ejemplo), y al mismo tiempo aprovechar su mayoría en la Asamblea Constituyente para profundizar la participación en otras áreas de la vida pública a través del pacto, el diálogo y el consenso... o impulsar una en desmedro de la otra, buscando algún resquicio legal para mantener el centralismo e imponer su concepción del mundo pugnando por mantener la hegemonía, que genera y mantiene el poder pero resiente las instituciones.
En ese caso, se olvidaría que democracia también es permitir que cada uno decida sobre sí mismo, sea en su región, en su ciudad o en su vida. En eso consiste. Más que en creer que el Estado central, por más buenas intenciones que tenga, resolverá nuestros problemas.
Morales está ante un disyuntiva histórica, ser el líder que transformó a Bolivia y permitió el desarrollo desde la periferia (nada menos que él, quien proviene de los márgenes no sólo regionales sino sociales y étnicos), o el líder de un gobierno populista que simplemente buscó eternizarse en el poder y del que la historia se acordará como otro esfuerzo fracasado de las mayorías nacionales bolivianas, tan desprotegidas y abandonadas.
Para no ser tan solemnes y utilizar un metáfora futbolística, ser como Ronaldiho para las brasileños de quien esperaban tanto y dio tan poco, o como Zidane para los franceses a quien nadie venía venir pero que de pronto apareció y sorprendió a todos.
También, por supuesto, demuestra otro rasgo de sabiduría popular: no se deben firmar cheques en blanco. Eso graficaron los electores cuando cruzaron su voto y apoyaron al gobierno en la mayor parte de las cosas pero no en ésta.
El apabullante voto favor de las autonomías -pese a la campaña del gobierno- en cuatro de nueve departamentos, es señal de que se asumió la descentralización como pérdida de poder para el gobierno central y como forma de democratización y apertura de la sociedad.
Por eso, el plebiscito realizado por exigencia de Santa Cruz, que presentó decenas de miles de firmas para aprobarlo meses atrás, expresa vitalidad republicana, al igual que la Asamblea Constituyente, la que el propio Morales impulsó mucho antes de ser Presidente. El problema está en creer que ambos instrumentos de participación ciudadana (reales y no retóricos) y sus resultados, son antitéticos, o que uno reemplaza al otro.
En ese sentido, Morales tiene una oportunidad histórica: reconocer, aunque no le guste, la demanda autonómica (aprendiendo del modelo español, por ejemplo), y al mismo tiempo aprovechar su mayoría en la Asamblea Constituyente para profundizar la participación en otras áreas de la vida pública a través del pacto, el diálogo y el consenso... o impulsar una en desmedro de la otra, buscando algún resquicio legal para mantener el centralismo e imponer su concepción del mundo pugnando por mantener la hegemonía, que genera y mantiene el poder pero resiente las instituciones.
En ese caso, se olvidaría que democracia también es permitir que cada uno decida sobre sí mismo, sea en su región, en su ciudad o en su vida. En eso consiste. Más que en creer que el Estado central, por más buenas intenciones que tenga, resolverá nuestros problemas.
Morales está ante un disyuntiva histórica, ser el líder que transformó a Bolivia y permitió el desarrollo desde la periferia (nada menos que él, quien proviene de los márgenes no sólo regionales sino sociales y étnicos), o el líder de un gobierno populista que simplemente buscó eternizarse en el poder y del que la historia se acordará como otro esfuerzo fracasado de las mayorías nacionales bolivianas, tan desprotegidas y abandonadas.
Para no ser tan solemnes y utilizar un metáfora futbolística, ser como Ronaldiho para las brasileños de quien esperaban tanto y dio tan poco, o como Zidane para los franceses a quien nadie venía venir pero que de pronto apareció y sorprendió a todos.
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