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Visión que hay en Chile sobre otros Presidentes



Encuesta de la empresa de comunicación estratégica y asuntos públicos Imaginaccion Consultores, realizada en octubre de 2006, si quiere más información pinche aquí:

Imaginaccion Consultores

La búsqueda chilena del centro en política internacional

El centro es el punto equidistante de todos los extremos, la aguja del compás que traza un círculo. El problema es que, como todo concepto de la geometría, es relativo, sobre todo cuando se lo quiere trasladar a la política.
Ya Aristóteles alertaba sobre el justo medio: Entre los temerarios y los cobardes, los prudentes; entre un extremo y el otro, la virtud; sin embargo, la sensatez y el sentido común, valores que deberían ser exclusividad de los poderosos según el filósofo, parecerían haberse trasladado a los ciudadanos en este siglo. Veamos sino la encuesta de "Imaginaccion Consultores" de octubre pasado, según la cual los personajes internacionales más desfavorables para los chilenos son Hugo Chávez y George Bush, con casi dos terceras partes de la población en contra y sin distinciones notables.
En cambio, los ciudadanos miran con muy buenos ojos a los presidentes de España, José Luis Rodríguez Zapatero; de Francia, Jacques Chirac; de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva; y el Primer Ministro de Inglaterra, Tony Blair. Elogio del centro político y del consenso, los bienes más preciados de la cultura política chilena contemporánea, pero también de la forma positiva en que esos países se representan en el imaginario social.
Evo Morales, Fidel Castro y Alan García están en el lote del medio (aproximadamente la mitad de la población está en contra de ellos, pero lejos de los porcentajes de Bush y Chávez).
Otros datos curiosos: Las antipatías están repartidas entre hombres y mujeres y, por supuesto, existen las previsibles diferenciaciones por grupo socioeconómico, pero en el caso de Evo Morales son las mujeres las que se muestran más desfavorables hacia el boliviano.
Por otra parte, la visión que hay sobre Néstor Kirchner y Evo Morales parecería contradictoria (por historia y tradición); cuando se pregunta si "a pesar de que nuestros vecinos han demostrado que pueden incumplir sus compromisos, ¿usted cree que Chile debe hacer esfuerzos para comprarles gas o electricidad?" La respuesta, en el caso de Bolivia, indica que hay un 49% que cree que no se debe hacer ningún esfuerzo, pero el porcentaje sube al 56% si se pregunta por la Argentina.
Además, según la encuesta las dos terceras partes de la población creen que Chile está mejor que cualquier otro país de América Latina, y hay un notable 5 sobre 7 para el prestigio de Chile en el mundo.
Ahora bien, el sondeo de "Imaginaccion" se hizo finalizando la enorme discusión mediática sobre la decisión de abstenerse frente a Guatemala y Venezuela, lo cual arroja otra constatación que no es novedosa pero que siempre hay que tener presente si se quiere entender el 55% de respaldo ciudadano que tiene la Presidenta. Cuando se pregunta sobre el problema más importante, la votación en la ONU no tiene ni el 7% de las menciones, los temas relevantes siguen siendo los mismos de siempre (salud, educación, delincuencia, etc.), lo que demuestra cuán alejadas están la agenda partidaria de la pública, la de la oposición y la del gobierno; y, por supuesto, dónde está ubicado el sentido común y el centro político.



Sergio Molina Monasterios trabaja en el área de encuestas de Imaginaccion Consultores y es profesor del magíster de comunicación política de la Universidad de Chile.

Debates y encuestas: la peligrosa tentación oligárquica

Quizá no haya nada que simbolice mejor la distancia entre los políticos y los ciudadanos que la serie de opiniones, entrevistas y artículos que ha generado el último debate electoral.
Están los que aducen que este tipo de encuentros va en desmedro de una discusión más profunda, olvidándose que es precisamente este formato lo que permite su universalidad: ¿se imagina cuántos lo habrían visto si la cosa hubiera sido más técnica o sin control de tiempo? Todo el que estudió filosofía política sueña con volver al ágora ateniense donde se podía discutir sin ningún límite ni requisito (si no trabajabas, por supuesto, que la filosofía era para los que no tenían esa odiosa costumbre de ensuciarse las manos), pero han pasado algunas cosas desde entonces (se inventaron los medios, por ejemplo, o se acuñaron conceptos como marketing y telepolítica).
Es cierto que el debate dejó mucho que desear como sostiene la opinión mayoritaria (todos queríamos más), y sería sensato que en las siguientes semanas se busque el justo medio entre los deseos de ambos comandos (para seguir con los griegos: ya Aristóteles alertaba contra los temerarios y los cobardes y optaba por los valientes). Pero no podemos olvidar el dato más relevante: ¿hay signo de madurez democrática mayor para una sociedad que 40 puntos de rating sin sangre ni golpes bajos?
Las críticas al debate también han sido dirigidas contra las encuestas, no faltó quien dejó de hacerlas públicas porque perjudicaban a un candidato con el que simpatizaba, o el que dijo que haberlas realizado después del debate iba en contra de la formación de una opinión conciente y por tanto habría que regularlas (¿prohibirlas?).
Restringir la libertad de quien quiere medir telefónicamente los resultados del debate es absurdo, pero, más peligroso aún, implica una postura oligárquica: si un político puede decir quién ganó o perdió inmediatamente después del debate, como vimos hasta el cansancio, ¿porque no cualquier persona entrevistada por teléfono?
Desde la década de los 30, cuando los diarios y revistas lanzaron las primeras encuestas de opinión (que sirvieron primero para predecir resultados políticos y recién luego para los negocios), no hay un solo movimiento o frase que digan o hagan los políticos americanos que no haya sido testeada previamente. Los discursos, los énfasis, los temas, etc., son definidos y modificados en función de encuestas y grupos focales. Todo se mide y, además, se mide en tiempo real, de forma que se pueda conocer hasta los más imperceptibles movimientos en la opinión pública, lo que permite hacer ajustes inmediatos a la estrategia de campaña. ¿Por qué nos extraña que esto ocurra en Chile?
Eso sí, los que respondieron a los sondeos seguramente desconocían los manuales de campaña electoral que manejan al dedillo los estrategas de los comandos: si usted siguió alguna vez una elección en EEUU habrá notado que inmediatamente después de que termina algún discurso, un vocero de su oponente marca los puntos flacos, los olvidos y las mentiras. Eso es lo que los americanos denominan ?respuesta rápida? (dicen que es muy útil para evitar que se sedimenten unilateralmente algunos conceptos en la opinión pública). Así actuaron los militantes de ambas fracciones, pero la de Alvear sin duda fue el que tuvo más éxito en la faena.
A todos los demás, los que sólo miramos atentamente la televisión, nos queda estar atentos por si suena el teléfono y esperar ?ojala? que sea algún oscuro encuestador preguntando nuestra humilde opinión.

* Sergio Molina M. es cientista político y trabaja en Imaginacción Consultores.