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Asignaturas pendientes

Ahora que Fidel Castro está nuevamente de moda (por su incombustible capacidad de pegar donde más duele y por la ceguera de sus críticos, sus mejores voceros), o quizá solamente por la impecable puesta en escena de la batalla de Santa Clara que debemos a Steven Soderbergh y a Benicio del Toro, conviene recordar otra obra reciente: la imprescindible diatriba contra Hugo Chávez que publicó Enrique Krauze.
El mexicano se pregunta en El poder y el delirio: "¿Qué explica la tenaz persistencia del mito revolucionario? (...) Tras la liberación de Europa del Este, la desaparición de la Unión Soviética y el ascenso, no menos sorprendente, de la economía de mercado en China, la izquierda radical latinoamericana se ha rehusado a debatir la inmensa significación de estos hechos. Si estas tres mutaciones no modificaron sus ideas, es razonable pensar que nada las hará cambiar. Ningún dato contrario la perturba, porque para probar su credo recurre siempre al territorio irrefutable del futuro".
La herencia marxista, sobre todo castrista, no pudo nunca ser repartida del todo en la región, por nuestra incapacidad autocrítica, cierto, pero también por la ceguera de las dictaduras que en los 60 y 70 recurrieron a la barbarie más innoble para destruir a jóvenes a los que había que combatir con ideas democráticas, no desapareciéndolos o torturándolos.
Por eso aún sentimos nostalgia cuando vemos a Benicio del Toro, o escuchamos en el iPod aquellas frases certeras, que combinaban amor, sexo y revolución, ¡si hasta los estudiantes antichavistas cantan a Violeta Parra en sus campañas!
Krauze ve en la expansión continental "bolivariana" antes que una necesidad ideológica, la rémora de esa herencia. Castro, y por supuesto Guevara, quisieron denodadamente exportar la revolución (y sin petrodólares, por lo que es tan relativo el fin del influjo chavista sólo a raíz de la disminución del precio del crudo). Recordemos sólo como ejemplo las dos primigenias invasiones cubanas a Venezuela; las experiencias guerrilleras en Bolivia (la del Che, pero también la de Teoponte); la influencia que pudo tener en la radicalización de Allende su presencia infinita en Chile; o la inmolación grandilocuente y sangrienta del ERP y de Montoneros.
Krauze se arriesga a decir de Chávez -quien ganó un referéndum el domingo para poder reelegirse en forma indefinida- que "es un venerador de héroes, pero no es un héroe. Nunca ha sido un héroe. Admiró al Che, pero no cayó en la selva, fusil en mano y muerte crística, enfrentando al imperialismo. Admiró a Allende, pero no estuvo dispuesto a defender a toda costa su legítima Presidencia (…) ha admirado siempre a Bolívar, pero no ha (…) liberado ningún pueblo. Ha admirado siempre a Castro, pero su frustrada toma del Palacio de Miraflores no fuel el Moncada y menos la Sierra Maestra". Chávez ha querido siempre ser un héroe, pero ha elegido dos competidores inalcanzables: Bolívar y Fidel.
Pero, cree el mexicano, no hay reino compartido. "Debe matarlos simbólicamente (o devorarlos) para reinar a su anchas. Pero en ese mismo acto de soberbia, como Edipo, perderá la Luz".
Si alguna lección podemos sacar de todo lo ocurrido en estos días en Venezuela, pero también en Cuba, es la incapacidad que hemos tenido de realizar el parricidio que nos corresponde. Según Krauze, Chávez quizá se anime y así se inmole, pero en eso será más valiente que todos nosotros. La Latinoamérica del presente no saldrá adelante sin ello… y si no conjuga el socialismo y la libertad. Esas son nuestras asignaturas pendientes.

Publicado en Ideas y Debates de La Tercera, 18 de febrero de 2009

Diez años, año diez

La noche del lunes, cuando se festejaban los 10 años de gobierno del venezolano Hugo Chávez, una multitud bajo la tormenta gritaba casi en estado de delirio que "Chávez no se va". El mayor pastor electrónico que hayamos conocido a este lado de América, haciendo de nuevo su trabajo.
Flanqueado por los presidentes de Nicaragua y Bolivia, desgranando bajo la lluvia uno de esos discursos que leerán quienes cuenten su historia. Abogando por el Socialismo del siglo XXI y citando a diestra y siniestra a Bolívar, por supuesto, pero también a Churchill y a Walt Whitman. Como dice Bastenier: "Socialismo será todo aquello que Chávez diga que es socialismo".
Y él dice que es apenas una brizna de hierba a la que el viento del pueblo empuja. "Mi vida no vale nada -afirma-, sólo importa el amor al pueblo", llevando la revolución a su mayor abstracción historicista y a su principal error: no se ama una entelequia colectiva, sino a los individuos de carne y hueso.
A pesar de todo esto, cuando se habla del gobierno de Hugo Chávez, no se debe perder de vista esos 40 años de un modelo excluyente y corrupto que hizo implosión a finales de los 90, y del que él surge y es consecuencia. Frente a lo cual, como dice Teodoro Petkoff, "Chávez… habló de los pobres, los sacó de debajo de la alfombra y los colocó sobre la mesa".
El problema, sin embargo, es que en los últimos años construyó un país similar al de la Venezuela saudí previa a él mismo, condenando a quienes quiso redimir al asistencialismo y a la dependencia de las fluctuaciones del crudo, perdiendo en el camino cierto sentido de la estética y de las magnitudes, sobre todo a nivel internacional.
Porque Chávez se siente cómodo en el mundo (aunque no sea igual a la inversa), y no es sólo "la conducción a escala internacional de la reinvención de la izquierda", como dice Ramonet, o quien niega sus propios principios al aliarse con el fundamentalismo iraní; tampoco nada más que el creador de la revolución bolivariana (un término casi posmoderno que da cabida a todo); o el dueño del dinero, lo que hoy apenas es un tópico; sino también una forma de entender la comunicación y la política, una que nos retrotrae al primer peronismo, cuando Argentina, al igual que hasta hace poco Venezuela, podía "tirar manteca al techo" y construir su particular versión de la democracia populista. En ese sentido, la procedencia y la constante invocación a las Fuerzas Armadas de Perón y Chávez no son una casualidad.
Al igual que no lo es la forma en que éste último se multiplica en las regiones donde viven los pobres de su país y en los países a los que considera aliados; ahí ha construido la infraestructura para que todos repitan la misma letanía y aprendan el mito fundacional, que puede variar en la forma, pero que en esencia se refiere al héroe en comunión, sea con los descamisados, los pobres o los indígenas.
Visto así, el Alba es uno de sus grandes éxitos, no por Petroamérica, sino por la presencia permanente de Morales, Correa y otros presidentes a su lado… y de Telesur, el costado pragmático de una revolución que 10 años después aún busca reinventarse sin éxito.
Es que desde 1999 hasta hoy, lo único que pervive intacto es el uso de la iconografía castrista y esa necesidad primaria de cambiar hasta el lenguaje (los franceses y rusos, en su momento, se animaron incluso con el calendario). Quizá por eso ésta fue la conmemoración del "Año Diez de la Revolución" y no la celebración de los "Diez Años de la Revolución". Una sutil y decisiva diferencia.

Publicado en Ideas y Debates de La Tercera, 04 de febrero de 2009

Exponen:
Carlos Ominami
Senador PS
Presidente Honorario de la Fundación Chile 21

Alejandro Navarro
Senador PS

Sergio Molina
Master en Ciencias Políticas
Ex Director de Comunicación del Gobierno de Bolivia

Yun - Tso Lee
Doctor en Ciencias Políticas y académico de la Universidad del Desarrollo

Modera:
Marcel Oppliger Periodista
Sub editor de Opinión de La Tercera

Invita:
Eugenio Guzmán
Decano Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo

María de Los Ángeles Fernández
Directora Ejecutiva Fundación Chile 21
Día:
jueves 13 de diciembre de 2007
Lugar:
Sala de Rectoría, Campus San Carlos de Apoquindo, Av. La Plaza 700, Las Condes
Hora:
11:30 AM

Apuntes sobre Venezuela IV

Ahora bien, quedan muchos años por delante, nadie descarta que Chávez haga un nuevo referéndum y que incluso gane (en 10 años ganó 10 elecciones: hay pocos con esas credenciales), pero su retórica expansionista y su preocupación por el mundo debieran moderarse, lo cual permitirá mayor autonomía de países a los cuales respiraba de cerca, y será un suspiro de alivio para aquellos que sin poder distanciarse (por su peso específico y su ingente cantidad de dólares), tenían que sonreír ante sus desplantes.
Los cheques de popularidad tienen fondos limitados, una lección que todos los políticos debieran aprender, porque mientras las reglas del juego sean iguales para todos, las batallas serán por imaginarios, y para dirimirlas está la democracia.
Muchas aristas a la hora de sacar cuentas. Que alegres no deberían ser ni para una oposición venezolana, boliviana o ecuatoriana que sigue dividida, que en muchos casos es premoderna y autoritaria (más aún que el propio Chávez); ni, por supuesto, para el chavismo continental que ha perdido esa sensación de invulnerabilidad que otorga el poder cuando uno cree que es eterno, aunque la historia siempre esté ahí presente para reírse de esas desmesuras.

Apuntes sobre Venezuela III

Otro dato que no se debe pasar por alto es la escalada retórica chavista de las últimas semanas que llegó al paroxismo los días previos a la elección. Los ciudadanos comunes y corrientes aquí y en la quebrada del ají, amamos la tranquilidad, las buenas maneras y la paz. Frente a la política de la crispación (como bautizan los españoles al enfrentamiento político extremo), sabiamente los ciudadanos inoculan dosis de humildad a sus gobernantes, veamos sino al Presidente del Ecuador, otro de los considerados aliados de Chávez, quien mantuvo un bajo perfil casi exagerado.

Apuntes sobre Venezuela II

Los ciudadanos no votan por decenas de propuestas difíciles de tragar incluso para los especialistas, sino por una o dos ideas, por una promesa redentora. En eso, los venezolanos, los bolivianos o los norteamericanos son exactamente iguales: no les interesa la política más allá de lo que implica para su vida cotidiana. Es probable incluso afirmar que el resultado hubiera sido distinto si otro hubiera sido el caballito de batalla chavista. Por el contrario, si actualmente hay una convicción contemporánea (sobre todo en un continente marcado por las dictaduras) es en la necesidad de la alternancia en el poder, la democracia es el verdadero fantasma que recorre Latinoamérica.
Parte de esta lección rápidamente fue aprendida por Evo Morales por ejemplo, quien plantea ahora que en el referéndum boliviano se vote la Constitución por un lado, y la reelección indefinida por separado (claro, si se llega a destrabar la polarización que mantiene a varias regiones en huelga de hambre, a los prefectos viajando por el mundo pidiendo mediación internacional y a la sociedad más dividida que nunca).

Apuntes sobre Venezuela I

Cierto que las victorias tienen muchos padres y las derrotas son huérfanas (Evo Morales declaró reiteradamente del domingo para acá que Venezuela no ejercía ninguna influencia en Bolivia); o que es sencillo analizar lo que ya ocurrió pero lo difícil es prever lo qué pasará mañana (veamos sino las opiniones triunfalistas incluso de aquellos venezolanos que llamaban a la abstención hasta hace unas semanas porque el proceso estaba viciado de antemano).
Ahora bien, sin ánimo de parecer aguafiestas, agregaría al profuso análisis de estos días que la derrota de Hugo Chávez obedece sobre todo a sus propios errores antes que a los aciertos de la oposición o de la comunidad internacional. Convengamos que el propio Presidente venezolano fue quien agrupó a sus oponentes detrás de una sola consigna unificadora (no a la reelección indefinida), cuando éstos ni soñaban con un 3 de diciembre de fanfarria.

La derrota de Chávez, una lección para Bolivia

La derrota de Hugo Chávez es una buena noticia para la democracia (no tanto por el resultado final sino por la lección de civismo de oficialistas y opositores venezolanos), y también para Bolivia en tanto hará pensar con mayor detenimiento a los sectores más integristas del gobierno de Evo Morales sobre la conveniencia de aprobar a como de lugar su proyecto constitucional sin consensos previos.
Agrupar a todas las fuerzas opositoras detrás de una sola idea (que el propio chavismo entregó en bandeja), unificarlos en definitiva, es una de las principales lecciones que puede sacar del proceso venezolano el gobierno boliviano; la unidad y la claridad en propuestas democráticas integradoras, la que pueden aprender los opositores bolivianos.
Está claro que el principal escollo de Hugo Chávez fue la reelección indefinida (la propuesta más impresentable de todas las que planteó últimamente en su escalada retórica que no dejó títere con cabeza).
Morales debería comprender que ese tipo de propuestas no hacen más que exacerbar los ánimos y coartar la sana alternancia en el poder (que sabiamente contemplaba la anterior Constitución boliviana).
Finalmente, creer que el poder es eterno o que los cheques de respaldo y popularidad que otorga la población tienen fondos ilimitados son otras de las enseñanzas de la jornada del domingo 2 de diciembre.
En el fondo una dosis de humildad para Chávez que seguramente todos sus aliados tendrán en cuenta a la hora de sacar cuentas.

Canapés y choripanes

Si bien algunos salían cansados y menos eufóricos de lo que uno podría pensar (“no sé por qué no vino más gente”, decían), había unos pocos en el estadio de Ñuñoa que se frotaban las manos porque recién comenzaba su trabajo, buena parte de ellos eran periodistas.
Cierto que la Cumbre paralela fue apenas una sombra de los otrora gloriosos actos que la izquierda hacía en Chile y ni siquiera se acercó a uno de los conciertos de música de los muchos que pueblan Santiago por estos días, pero, fiel a la globalización, a Chávez le importa menos quiénes van al estadio que cuántos lo verán por televisión.
Por eso habla por teléfono con Fidel, ¿importa mucho si fue verdadera la conversación o apenas una puesta en escena monumental? Muy poco.
Al verlo, nadie puede discutir la capacidad de Chávez para conmover o para exudar todo el carisma que sus poros apenas contienen. El venezolano hace lo necesario para ser protagonista, su personalidad lo empuja a actuar incluso más allá del personaje, a caricaturizarse. Pero eso es previsible. Recordemos que el jueves pasado el único tema que les interesaba a los cientos de periodistas que se habían dado cita en Santiago era el rumor de que Chávez no vendría a Chile. Creó expectativa, vino… y nadie salió defraudado.
El Rey, en cambio, actuó imprevisiblemente y, al enojarse, se convirtió en el jefe de la campaña bolivariana, porque Chávez es en tanto haya otro dispuesto a enfrentarlo y, en ese juego, uno de los principales comunicadores de nuestro tiempo, el que mejor intuye la lógica de los medios, triunfa. La dignidad es para la política seria y para las reuniones a puerta cerrada, no para los flashes y, cuando los roles se confunden, ocurren episodios como éstos.

Jorge Edwards (en una columna en El País) advertía a Chávez sobre la idiosincrasia chilena y lo que le podía pasar si no se moderaba y hablaba más de lo necesario. Pero Chávez se dirige a un público más vasto que el chileno, y lo hace para fijar su propia agenda continental. ¿O usted escuchó que alguien le preguntara por la represión a las manifestaciones en Venezuela o por la reelección indefinida? Su mayor virtud es hacer que los demás jueguen en su cancha discursiva y esta vez nada menos que su majestad aceptó el desafío.
En el día de la inauguración, se convocó a un grupo de periodistas a una reunión off the record y a celebrar con canapés la diversidad de la región. Mientras esperábamos, uno de los miembros de la comitiva del entrevistado nos decía que hacía mucho frío en la ceremonia inaugural y que para combatirlo se había tenido que tomar tres pisco sour al hilo. Los asesores de Chávez deben beber como todos nosotros pero prefieren no mostrarse en público después de hacerlo.
A esta altura nadie sabe cuáles fueron las conclusiones de la Cumbre. Ese el principal problema de una reunión que está más preocupada de la ritualidad de las cenas y las libaciones que de la comunicación a la opinión pública. Chávez, por el contrario, prefiere su propia agenda, un buen escándalo y algunos discursos encendidos. Incluso Morales optó por jugar al fútbol antes que comer con sus colegas.
El problema es enojarse con ellos por su forma de ejercer la política (que es más moderna de lo que nos imaginamos), y no por las consecuencias de otras acciones, más importantes que ésas, en sus propios países. Pero, puestos a guardar las formas, de aquéllo ni siquiera se habla.
Tiene razón Edwards: en Chile el episodio le costó caro a Chávez, pero hay otros millones de personas en Latinoamérica que ven TV, y si les dan a elegir entre los canapés del Sheraton y los choripanes del estadio, se quedarán con lo que mejor los representa. Comprender esa fórmula ha sido el secreto del éxito de Hugo Chávez.
(Publicado en La Tercera el 13 de noviembre de 2007)

El nuevo imperialismo


El abandono de la región (o de su patio trasero, para usar lenguaje preglobalizador) es uno de los menos difundidos "éxitos" del gobierno neoconservador de Bush y una paradoja de la que no se ha escrito lo suficiente.
Pero lo que podría ser motivo de celebración, porque permite una relación menos vertical con la primera potencia del mundo, apenas si es un cambio de dueño para algunos países latinoamericanos.
Es que la llegada de nuevos actores (Irán, por ejemplo) y la parálisis de otros (Brasil, entre ellos) están reconfigurando el mapa regional y permitiendo que ciertos pescadores ganen en río revuelto.
En ese sentido, no es arriesgada la hipótesis de que Venezuela se está convirtiendo para algunos países en un "nuevo imperialismo" si nos atenemos a las connotaciones que tuvo el término antaño: dependencia extranjera, concentración económica, influencia ideológica, en fin, la etapa superior del capitalismo al decir de Lenin, y por tanto su cara más decrépita.
Cierto que son pocos los gobiernos que han aceptado al nuevo patrón, pero es una fuerza respetable en la oposición de casi todos: el más reciente fichaje es el ex sacerdote Fernando Lugo, quien acaba de adherir al "socialismo siglo XXI" y que se vislumbra como el candidato que puede destronar a los colorados en el Paraguay. De ahí la competencia desatada entre las fuerzas progresistas del continente para llevar agua a su molino: Últimamente en las reuniones regionales de la izquierda, por ningún motivo se cruzan los brasileños del PT con los chavistas venezolanos.
Ahora bien, Bolivia es el mejor ejemplo para medir la influencia del nuevo imperialismo: Para discutir la deteriorada situación política que está a punto de llevar al fracaso a la Asamblea Constituyente, Evo viajó a Caracas la semana pasada. Fue cuando Chávez parafraseó al Che Guevara y ofreció "uno, dos, cien Vietnam, si la oligarquía tocaba a Morales". A cambio, el Presidente boliviano le concedió a Chávez la mitad de la segunda reserva de hierro del continente. Días después Bolivia iniciaba relaciones diplomáticas con la teocracia iraní (un aliado fundamental de Chávez) y, como guinda de la torta, imponía visa a los norteamericanos.
Ésta es la última y más vistosa escaramuza de un enfrentamiento con los EEUU que tiene motivos tan variados como el papel que juega USAID, la cantidad de coca existente en el país y ahora la extradición del ex presidente Sánchez de Lozada refugiado en Washington.
Pero esta relación esquizofrénica con los norteamericanos y la subordinación a Venezuela tiene otras consecuencias (para no hablar de turismo o inversiones, y deprimirnos): Los enviados de Chávez en Bolivia exigen a cambio de sus petrodólares, radicalización política y acallar a la oposición porque -marxistas al fin-, quieren agudizar las contradicciones y pisar el acelerador del proceso revolucionario. Como buenos imperialistas creen que los países y las sociedades reaccionan todas por igual.
Olvidan que no es posible replicar modelos, o por lo menos no sin el petróleo y la chequera de Chávez. O quizá sí, pero con las consecuencias que estamos viendo en Bolivia: ingobernabilidad, anomia y desintegración paulatina.

¿A la cama con Chávez o con Bush?



Siempre que se escribe sobre Hugo Chávez existe el peligro en caer en simplificaciones. Hace unos días el New York Times le dedicaba un editorial y lo acusaba de utilizar "retórica orwelliana"; y hace unos años The Economist llegó a afirmar que "muy pocos creen que sea un segundo Fidel Castro". Y esto para hablar sólo de la prensa más seria del mundo.
En 1999 García Márquez escribió sobre sus múltiples personalidades: "Me estremeció la inspiración de que había conversado con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país, Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más".
Esa doble personalidad, cercana a un thriller de Hollywood (o a una novela caribeña), es la que genera desconcierto. En Latinoamérica siempre hubo políticos corruptos, mesiánicos, populistas y de todas las formas y calibres imaginables, pero a lo más se podía asociar un par de adjetivos a uno de ellos; pocas veces fue posible, como ahora, unirlos todos (y muchos más) sin equivocarnos.
Es fácil acusar a Chávez de ser un autócrata vinculado a un gobierno antimoderno como el de Irán; nadie duda de las intenciones que tuvo al silenciar el principal canal opositor ni de que ahora quiere perpetuarse en el poder; pero quedarnos sólo con esa argumentación es reduccionista, al igual que pensar que los casi nueve mil millones de dólares que comprometió para este año a países latinoamericanos es ayuda honesta y desinteresada (o sólo parte de su política de agitación y propaganda).
¿Agradecerán los latinoamericanos un caballo que tiene dientes como las latas de sardina en Pisco, los sobornos al ejército boliviano o los maletines de dólares en Argentina, pero que también ha permitido redefinir el mapa energético sudamericano y financiar obras de infraestructura y hasta economías nacionales?
¿Adherirán a Chávez por esos dólares que aunque pase por el filtro de la corrupción y el despilfarro, llega a regiones donde el Estado brilla por su ausencia, la pobreza es endémica y las instituciones están quebradas?
Difícil responder a estas preguntas. De cualquier forma, todas ellas no hacen más que confirmar que el de Chávez es el más importante liderazgo regional en Latinoamérica, a pesar incluso de Brasil. ¿Entre la promesa de etanol verde para el futuro, y los petrodólares contantes y sonantes del gris presente, hay alternativas?
También sirven para atisbar otras profundidades, Chávez está construyendo un liderazgo cuya identidad y razón de ser surgen a partir de la crítica a su Némesis: George Bush. La política neoconservadora norteamericana no sólo ha fracasado sino que, paradójicamente, ha terminado con la doctrina Monroe, aquella que establecía que la única potencia en el continente era EEUU. El que abandona la región (y no se pone) deja el campo fértil para estas tempestades.
Hace un tiempo que Venezuela subsidia el 50 por ciento del valor de la micro para gente pobre en Londres. Su alcalde, Ken Livingstone, ante las criticas de que una ciudad rica no debería aceptar dinero de un país donde el 40% vive en la indigencia, respondió: "Prefiero irme a la cama con Chávez que con Bush, como lo hace el gobierno británico". Y uno puede imaginar que eso (aunque quizá menos retórico) debe estar pasando por la cabeza de muchos latinoamericanos.

La libertad "negativa"

En busca de lo que a sus ojos es políticamente correcto, varios gobernantes han manifestado su intención de controlar a los medios y limitar la libertad de expresión, sea porque creen que quienes la ejercieron tuvieron actitudes antidemocráticas (como afirma Hugo Chávez), o porque la utilizaron para mentir como aducen Rafael Correa y Evo Morales.
El caso venezolano es el más extremo: El fin de la concesión de la frecuencia de Radio Caracas Televisión se justifica con el argumento de que este medio fue cómplice del fallido golpe de Estado contra Chávez. Con el condimento de que todos quienes critican la medida son denostados ideológicamente (como se hizo con el congreso chileno).
En Bolivia, Evo Morales amenaza con nacionalizar un periódico porque a través de sus páginas se "miente", episodio éste que es parte de la pugna casi novelesca entre medios y gobierno, la cual que se ha desarrollado hasta ahora dentro de los límites de la convivencia democrática (aunque después de la decisión de Chávez es difícil descartar que Bolivia no siga sus pasos).
Finalmente, en Ecuador, Rafael Correa quiere regular a la prensa porque considera que tiene una relación "incestuosa con el capital financiero", las decisiones al respecto, dijo, las tomaría después de la pulseada electoral en la que está inmerso.
¿Es lícito poner límites a la libertad de expresión como sostienen estos Presidentes? Para muchos, limitarla no nos protege contra los abusos o la violencia (los que serían fines "positivos"), y eso, por supuesto, en el caso de que los deseos de Chávez, Morales y Correa fueran bien intencionados, y los tres quisieran el fin de los golpes de Estado o buscaran la verdad (lo que cualquiera podría poner en duda argumentando que su objetivo más bien es acallar a la oposición).
Es que a la vez que populistas, los tres gobiernos andinos son profundamente antiliberales porque creen que ese no es el camino para alcanzar bienestar y equidad social… Y tienen razón.
Al contrario de lo que se piensa, el liberalismo no es una utopía que busca que todos progresemos o seamos iguales (un anhelo "positivo"), sino apenas la conservación de un mínimo de libertades. Este concepto de libertad "negativa" pertenece a Isaiah Berlin, el gran pensador liberal del siglo XX. Para Berlin, el liberalismo es escéptico, no concibe al poder como un medio para obtener la felicidad o la igualdad sino como un instrumento para proteger a los ciudadanos y defender sus libertades.
Cierto, la mayoría de nosotros consideramos que estos gobiernos no pueden obligar a un medio a cerrar, inclusive si éste hubiera defendido un golpe de Estado (en tanto no haya incitación a la violencia, lo cual incumbe a la justicia). Tampoco que sean expropiados, aún si hubieran mentido a la población (lo que compete a la autorregulación de los medios y no al Estado).
Pero convengamos también que prohibir cualquier tipo de discurso, aún si se lo hace por un bien superior (sea la igualdad o la tan manoseada verdad), es asumir como propio el mismo razonamiento antiliberal de Chávez y Morales. Permitirlos todos, aún los más extremos, discriminadores o díscolos, es políticamente incorrecto, pero ese es el precio que hay que pagar por la libertad.

La liturgia de la reelección

Evo Morales lo dijo como al pasar, anunció elecciones para el 2008 (tres años antes de que culmine su periodo constitucional), y desató la vorágine.
No es difícil encontrar los motivos para que tomara esta decisión, además del más obvio: Bolivia sigue la misma trayectoria que la revolución bolivariana, lo que incluye Asamblea Constituyente para perpetuarse en el poder, y refundación del Estado).
También hay que buscar las razones en que la campaña electoral cohesiona a cualquier partido político, y hoy el MAS está enfrascado en una dura lucha intestina por espacios de poder (días después del anuncio, hasta los más díscolos se plegaron a la idea de que Morales tiene derecho a reelegirse hasta el 2018).
Además, la promesa de una nueva elección permite patear para adelante las notables deficiencias de gestión que ha demostrado su administración (luego de los discursos fundacionales llega la hora del trabajo cotidiano… después de los revolucionarios están los técnicos, y ahí la estructura oficialista pisa en falso). Casualmente Morales pateó el tablero cuando se incrementaba una seguidilla de denuncias que afectaban la línea de flotación de su gobierno: Irregularidades en la "nacionalización" petrolera, prebendas para obtener espacios en la administración pública, miles de emigrantes estafados en los aeropuertos que huyen del sueño refundacional indígena, y un largo etcétera.
Es muy pronto todavía para saber si esta iniciativa se impondrá finalmente. Por lo pronto el Vicepresidente, Alvaro García Linera, llama a la calma, sobre todo ahora que su situación no es de las mejores, y cuando muchos dudan que acompañe a Evo en otra lid electoral. El nuevo círculo de hierro, en cambio, está fascinado, pero es conciente de que parte de la clase media que confió en el proyecto original -precisamente gracias a García Linera- comienza a preocuparse por el giro que están tomando las cosas. Por eso discuten la posibilidad de permitir el sufragio desde los 16 años o que los emigrantes voten en sus países de residencia (aproximadamente la tercera parte de la población total). Estos votos, mayoritariamente oficialistas, sumados a los sólidos números actuales de quienes viven en Bolivia, son excesivos… abrumadoramente excesivos incluso para el más pesimista de los seguidores de Morales, y aún si la oposición no se hubiera declarado derrotada de antemano.
Aunque parezca mentira, la eliminación de las garantías, los contrapesos y los procedimientos democráticos que impiden a los gobernantes la perpetuación en el poder son los temas más racionales que discute las Asamblea Constituyente. Paralelamente a ellos, hay otras lindezas antológicas: La modificación de los símbolos patrios (otro símil chavista), obligar a la Coca-Cola a que no utilice la primera parte de su marca; legalizar la justicia por mano propia; o instaurar un cuarto poder por encima de los tres clásicos que nos legó Montesquieu.
Sueños afiebrados que reproducen la mayoría de los 255 constituyentes en liturgias paganas multitudinarias que se repiten de pueblo en pueblo y que son convocadas para escuchar la voz de Dios en algunos casos, o para desatar la pasión pugilística de los bolivianos en otros.

Socialismo siglo XXI

Una de las más conocidas fábulas de Samaniego sostiene que "con varios ademanes horrorosos / Los montes de parir dieron señales? y después con bramidos espantosos? un ratoncillo fue lo que parieron". Menos prosaicos que Samaniego, contemporáneos nuestros como Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa navegando entre aquellos montes y éstos partos, han declarado el nacimiento del "socialismo del siglo XXI".
Socialismo, eso sí, lleno de contradicciones que, lo menos, violentan el dogma ideológico. Es que Hugo Chávez puede hablar de Lenin mientras sostiene a la Virgen María, mientras Rafael Correa afirma que "hace algunos años el icono era Bill Gates pero hoy ha sido reemplazado por Eloy Alfaro" (un ex Presidente liberal ecuatoriano).
Para estos presidentes, el "socialismo siglo XXI" sería el camino para renegar del neoliberalismo (hay que reconocerles que esa política fracasó y no respondió a los problemas de la región); implicaría nuevas relaciones con los EEUU (suspendiendo los TLC); convocar a asambleas constituyentes (para entronizar la reelección cuantas veces sea necesario); y la nacionalización empresas (más bien la creación de compañías mixtas, con los privados como socios minoritarios). Como se ve, nada nuevo bajo el sol pero sí muchas palabras acerca de él.
Por eso, el discurso contiene además, un programa futurista más cercano al socialismo utópico de Saint Simon (o a la moralina de Samaniego) que al positivismo marxista. Entre otras cosas la creación de ciudades comunales que se autogobiernen; nuevos poderes del Estado (aparte de los tres clásicos que ya conocemos; en Venezuela hay cinco); o la imposición de la justicia comunitaria por sobre el derecho romano (el castigo por una violación se reduciría al destierro en Bolivia).
Pero si la letra todo lo aguanta, incluso ahí hay límites. Por eso la visita de uno de los líderes de la teocracia iraní (aquella que duda de la existencia de la shoá, de la feminidad y del libre albedrío) no sólo causó desconcierto sino también división entre la izquierda de la región: Por un lado los mencionados cultores del sincretismo ideológico y, por el otro, los representantes progresistas de la real politik: Néstor Kirchner (quien no fue a la posesión de Correa por la disputa que tiene Argentina con Irán por el atentado antisemita de 1994); y Lula da Silva (quien hizo acto de presencia por unas pocas horas para no cederle del todo el liderazgo regional a Hugo Chávez).
Cada uno puede pensar como quiera, el único problema es que de vez en cuando mete la cola el principio de realidad, y entonces los acuerdos con Ahmadineyad son leídos con mucha más preocupación que condescendencia; lo mismo que ocurre cuando el mundo deja de escuchar los discursos utópicos y mira las tradicionales acciones antidemocráticas que creíamos olvidadas en la región (como la clausura de medios de comunicación en Venezuela o la persecución a la prensa y a la oposición que en estos días conmocionan a Bolivia).
En el siglo XXI las fronteras ideológicas pueden ser más etéreas y gaseosas que en el siglo XX, pero el autoritarismo y el viaje a Latinoamérica de un jugador de ligas mayores, siguen leyéndose como antaño.

Sergio Molina Monasterios Politólogo, analista de Imaginaccion Consultores

Una Guerra Fría criolla

En su acepción moderna, informan las enciclopedias, el término Guerra Fría fue acuñado en 1947 por un consejero del presidente Roosevelt, pero quien lo popularizó -cuándo no- fue un periodista: el famoso Walter Lippmann. En 1991, con la desintegración de la Unión Soviética, el asunto parecía haberse superado, pero el discurso sobre el azufre de Hugo Chávez, y otros datos más reveladores que esa anécdota, como la empantanada discusión en Naciones Unidas para elegir a un representante por Latinoamérica al Consejo de Seguridad, producen un déjà vu que da escalofríos.
Si bien la casi segura renuncia de Venezuela a la candidatura puede considerarse una derrota de su política exterior, ésta es relativa, en tanto logró con ella y otras acciones, posicionarse en el mundo entero como uno de los líderes más fogosos contra George Bush, lo que hoy por hoy no es malo en mucho más de la mitad del planeta.
Lo que no era previsible es que planteara su retirada dejando una bomba de tiempo detrás (lo que demuestra que además de fogoso es creativo), con la sospecha bien fundada de que los gobiernos que respaldaron a Venezuela seguirían en la peligrosa lógica del siglo XX: El enfrentamiento entre dos bloques, supuestamente de "izquierda" uno (el suyo) y "pronorteamericano" el otro (el que se le oponga),
Venezuela afirmó llegó a afirmar que sostendría una candidatura de consenso que, a su entender, debería ser la de Bolivia, lo cual no parece muy probable por dos motivos: el primero y fundamental porque difícilmente Evo Morales pueda considerarse "no alineado" (para continuar con la terminología setentista) y el segundo, sólo para la estadística, porque Evo ni siquiera ha nombrado un nuevo Embajador ante la ONU.
Eso sí, los bolivianos nunca antes fuimos tan famosos ni provocamos tantas discusiones como en estos meses. Si algo hay que agradecerle al gas, a Evo Morales y, por supuesto, a Hugo Chávez, es que a partir de ellos Bolivia es un país que comienza a figurar en el mapa mental de cierta elite que antes la asociaba únicamente a golpes de Estado y a deportes de altura. El problema es que la influencia de Chávez, que había comenzado con helicópteros e inteligencia y que hace poco se tradujo en pactos militares para controlar "crisis internas", hoy es incondicionalidad en política exterior. Eso, lamentablemente, hace poco probable que Bolivia obtenga un derecho que le corresponde como a cualquier otro país.
Por el contrario, la retirada venezolana parecería tratarse del clásico leninista "Wun paso atrás dos adelante", y mal haríamos los bolivianos en jugar de tontos útiles en una pelea a la que no nos han llamado. Alguien escribió que Chávez puede decir y ofrecer cualquier cosa, el problema es que a veces sus oyentes son presidentes.
El chavismo, que ha reemplazado exitosamente al castrismo, merece preocupación, pero no tanto la de chilenos o peruanos como ha ocurrido últimamente, sino de los propios bolivianos, aquéllos que tendrán que pagar en el futuro las consecuencias que tendrá la sumisión actual de sus gobernantes. Como ahora, que se pagan otras, únicamente que donde dice Venezuela habría que poner EE.UU. (sólo para seguir con esa sangrienta dicotomía del pasado).

El Virrey y Sor Juana

La multitudinaria manifestación que convocó el Presidente argentino el 25 de mayo, plagada de símbolos caros a la liturgia peronista e íconos culturales como Mercedes Sosa o las Madres de Plaza de Mayo. La no menos masiva reunión en Shinahota (un pueblo del chapare boliviano en el cual en los '80 se podía comprar cocaína al menudeo), entre Evo Morales, Hugo Chávez y Carlos Lague para iniciar la campaña electoral oficialista. El poderoso surgimiento de Ollanta Humala como líder de la oposición en el Perú, y long-plays televisivos como "Aló Presidente" interpretados por Hugo Chávez, son muestras indiscutibles de la fortaleza del populismo. Las grandes movilizaciones (si descontamos las campañas electorales) y este tipo de liderazgos no eran parte del panorama político regional de los últimos años, acostumbrada como estaba más a ponencias de economistas que a discursos encendidos de plaza pública.
Pero la simpatía por los marginados y discriminados, cuando es unilateral y se hace dogma, puede trocarse en una perversión similar a la que combate. Hugo Chávez muestra en su relación con Latinoamérica grandes dosis de un racismo similar al norteamericano, donde siempre se dudó de otra capacidad de autodeterminación que no fuera la suya y donde prima un etnocentrismo casi místico.
Cuando Chávez apoya a Humala incinerando sus posibilidades electorales, o cuando se viste de indio en el Chapare boliviano (él, un militar de los llanos, extrovertido y dicharachero), no muestra la elegancia que ese poncho confiere a un adusto líder campesino ni las sutilezas florentinas que caracterizan la política exterior peruana.
Ésta, una cuestión estética, se convierte en beligerancia ética si además del discurso y el disfraz, Chávez utiliza todos los mecanismos de poder a su alcance para imponer su visión del mundo.
En Argentina, Néstor Kirchner le tuvo que poner a su disposición un estadio lleno de gente para que denostara la Cumbre de Mar del Plata (poco antes había comprado muchos millones de dólares en bonos de la deuda, y el argentino le debía parte de su estabilidad económica); en Perú, como afirma Álvaro Vargas Llosa, tiene un proyecto de largo plazo en el que esta elección es una simple eventualidad y, en Bolivia, además de diseñar la nacionalización de los hidrocarburos, comprometió cientos de millones de dólares.
Chávez impulsa un discurso antiimperialista plagado de referencias a las guerras de independencia del siglo XIX y a la gesta libertaria de los fundadores de nuestros países, pero lo que se puede soportar en el discurso (la letra lo aguanta todo), se trastoca en racismo virreinal cuando el venezolano desprecia la institucionalidad de los países que visita, sólo permite que su policía y ejército lo custodien o cuando obliga a que las credenciales de los periodistas tengan que ser visadas por la embajada de su país (como ocurrió en Bolivia). Y si esto podría considerarse expresión de su personalidad maniaca, se torna peligroso intervencionismo si se le suma el envío de armamento y tropas, además del deseo no reprimido de crear un ejército latinoamericano.
En el venezolano hay un desprecio sistemático hacia las instituciones democráticas y la soberanía, fiel reflejo de la distorsión que siempre tuvo la izquierda marxista sobre asuntos como éste o a la relación entre la "vanguardia revolucionaria" y la clase obrera. La ideología chavista, que ha reemplazado exitosamente al castrismo, es populista y estatista en lo político-económico, pero profundamente marxista en lo cultural, sólo que intercambiando obreros por indios y partido por dólares.
Claro está, Chávez puede hacer lo que quiera, sobre todo en su país; el problema no es tanto él sino quienes no le impiden ?democráticamente? actuar a su antojo. Decía una vieja poesía feminista: "¿Cuál es de más culpar, / aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?", Chávez y Morales, si se consideran revolucionarios, deberían leer a Sor Juana Inés de la Cruz.

Los Cuatro Mosqueteros

Hay demasiadas caras de sorpresa con la medida decretada por Evo Morales para creer que todas son sinceras. Era poco probable que el presidente boliviano no cumpliera con una de las dos grandes promesas electorales que hizo. La primera ?una asamblea constituyente? está en marcha, y es otro de los motivos que tuvo para no dilatar más su segunda decisión histórica: la nacionalización de los hidrocarburos.
Lo que sí desconcertó a la región entera fue la oportunidad (y en política la forma muchas veces es tan importante como el fondo): La militarización; el secreto con que se tomó la medida (el Día D lo llamó un ministro y esa fue la única filtración); la reunión de gabinete en la madrugada... una puesta una escena digna del siglo XXI, para una medida que tiene cierto dejà vu del XX.
Como se trata de la tercera nacionalización que hay en Bolivia, la frase que inmediatamente viene a la mente es marxista: La historia se repite primero como tragedia y después como farsa; pero Morales parecería inmune a esas advertencias porque sabe que la negociación con las empresas petroleras será exitosa.
Alguien afirmaba que el gas lamentablemente no está en Suiza. Los petroleros saben tratar con teocracias fundamentalistas, dictaduras sangrientas, regímenes socialistas y capitalistas tejanos. Han sobrevivido en África y Asia, ¿por qué no habrían de hacerlo en Bolivia?
Muchos anticipan las escenas del próximo capítulo: previsiblemente refunfuño de las empresas, firma de nuevos contratos y el congelamiento de las inversiones por seis meses. Pero nada muy dramático en una industria donde el umbral de alarma es mucho más alto que lo normal.
Lo que sorprendió más fue que Morales no tuviera la gentileza de informar a los dos principales socios de Bolivia: Brasil y Argentina, y prefiriera hacerlo a vecinos más lejanos: Cuba y Venezuela. Un ministro argentino se quejaba de que en estos casos se avisa por lo menos 15 minutos antes. Lula, dolido, llamó a Néstor Kirchner para quejarse de que se había enterado por el periódico.
Tenía motivos para estar molesto. A diferencia de Argentina que apenas importa el 4% de lo que consume, más de la mitad del gas que necesita Brasil proviene de Bolivia. Además, el brasileño no está dispuesto a enfrentar una reelección presidencial con las relaciones internacionales tan deterioradas, un MERCOSUR en crisis, una América el Sur caótica y su liderazgo regional puesto en duda. Lejanos están los días en que Evo lo llamaba hermano mayor, o en que Chávez lo tenía en cuenta.
Por eso convocó a una reunión de emergencia a Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Evo Morales, la segunda en menos de un mes. La primera, hace escasas dos semanas (sin Bolivia), fue porque el venezolano se había reunido con los socios pequeños del MERCOSUR, lo que molestó a Brasil y Argentina. En ese entonces Lula y Kirchner le insinuaron a Chávez que se abstuviera de tratar asuntos que consideran sólo de su incumbencia; luego del rapapolvo, lo abrazaron y los tres dieron el visto bueno al Gasoducto del Sur, un proyecto faraónico que unirá a sus países.
La cumbre de emergencia convocada para hoy en las Cataratas del Iguazú será esta vez para llamar la atención a Morales. Servirá también para renegociar precios del gas (Brasil y sobre todo Argentina pagan mucho menos que el precio internacional), y para invitar a Bolivia a integrarse al mega gasoducto. Esta vez Chávez se reirá de quienes lo reprendieron hace sólo 15 días: En la nacionalización boliviana hay una notoria presencia suya, lo que demuestra que Venezuela ya tiene un pie en el sur del continente.
Es que a medida que sube el precio del crudo, o que el Time afirma que es el latinoamericano más influyente, Chávez eleva la voz y ni siquiera Lula y Kirchner pueden detenerlo.
Nuevamente los "tres mosqueteros" (como se auto-definieron) en una cumbre a la que invitaron a un cuarto, quien demostró ?a diferencia de la novela? que puede hermanarse con uno y desafiar a duelo a dos de ellos sin que se le muevan las cejas. Lo de todos para uno, uno para todos es demasiado retro, incluso para Morales.

Cumbre Lula-Kirchner-Chávez (informe)

Resumen ejecutivo

Finalizó la reunión entre Lula, Kirchner y Chávez, una cita de emergencia por el conflicto que se suscitó la semana pasada cuando el venezolano se encontró en Asunción con Evo Morales, Nicanor Duarte Frutos y Tabaré Vásquez. Esta ?cumbre paralela el MERCOSUR? molestó a Brasil y Argentina, que son responsables ante Washington de moderar a Venezuela.
En la cumbre trilateral, Lula y Kirchner le "hicieron saber" a Chávez que preferían que moderara su participación y sus opiniones públicas en temas del sur del continente.
Una de las conclusiones más visibles de la reunión es el visto bueno al Gasoducto del Sur, un proyecto que unirá Puerto Ordaz con el Río de la Plata ?a través de Brasil?, de unos 8.000 kilómetros de extensión y que demandará una inversión estimada de 25.000 millones de dólares.
Los tres mandatarios coincidieron en invitar a Bolivia en la construcción del gasoducto. Bolivia ha manifestado que se trata de un bluff inviable y que es una forma de presión para negociar los precios del gas.
El proyecto significa además que Brasil se convertirá de hecho en el coordinador de la integración física de América del Sur.


Antecedentes

Ayer finalizó la reunión entre Luiz Inacio da Silva y Néstor Kirchner, a la que se sumó al final Hugo Chávez. Se trata de la cuarta reunión trilateral en un año entre estos presidentes.

La entrevista entre Lula y Kirchner tuvo como trasfondo el enfrentamiento entre Argentina y Uruguay por la instalación de dos plantas de celulosa en territorio uruguayo que los argentinos consideran contaminantes. La crisis de las papeleras provocó en Uruguay un debate sobre la conveniencia de permanecer en el MERCOSUR, un tema que también fue puesto en cuestión por Paraguay.

Pero sobre todo, fue una cumbre de emergencia por el conflicto que se suscitó la semana pasada cuando Chávez se reunió en Asunción esta vez con Evo Morales, Nicanor Duarte Frutos y Tabaré Vásquez, los dos últimos socios menores del MERCOSUR.

Esta "cumbre paralela" no sólo molestó a Lula y Kirchner que no fueron invitados, sino que sirvió para confirmar que Chávez tiene la intención de influir de forma determinante en la región. En esa oportunidad se habló de un gasoducto que no tocaría territorio argentino y brasileño y se defenestró a la Comunidad Andina de Naciones (con declaraciones explosivas de Hugo Chávez y Evo Morales en su contra, dolidos como están por la firma de un TLC entre Colombia y Perú con EEUU).

Finalmente, Chávez afirmó en ese entonces que "si el MERCOSUR tiene que morir para que nazca una verdadera integración, entonces que muera", lo que sonó bien a Duarte Frutos y Tabaré Vásquez. Asimismo, se consolidó el deseo chavista de ingresar plenamente al bloque del MERCOSUR (prefiere estar cerca de una alianza cuyo volumen comercial se arrima a los 150 mil millones de dólares, mientas que los países andinos intercambiaron en el 2005 apenas 9 mil millones).

La cumbre trilateral

La reunión trilateral que concluyó ayer se hizo para contrarrestar este explosivo escenario y fue comandada por el propio Lula. Brasil está molesto porque percibe que Chávez comienza a cuestionarle el liderazgo regional y que es una presencia disolvente en América latina.

Lula no está dispuesto a dejar que un MERCOSUR en crisis y una América el Sur desarticulada sea el balance presentado como resultado de su política exterior después de cuatro años de gobierno. Tampoco quiere tener que enfrentar el escenario electoral con la disyuntiva de respaldar a los empresarios paulistas frente a Evo Morales que, a raíz de la influencia caraqueña, está en una fuerte disputa no sólo con Petrobras sino con otras empresas brasileñas, a las que les exige seguir el modelo venezolano (asociación obligatoria de la empresa estatal con los privados para la explotación petrolera). Eso es considerado por Lula como una intromisión de Chávez en parte de su espacio natural de influencia.

Lula le dijo a Chávez en la cumbre que deje de alentar a Morales en su agresiva política contra Petrobras. Según el relato de un funcionario argentino presente en la sala le pidió: "Quisiera que hablaras con Evo. No entiendo por qué está actuando contra nosotros".

El factor Chávez

Actualmente el venezolano parece escapárseles de las manos incluso a los que considera sus amigos y a quienes junto con él llama los tres mosqueteros: Brasil y Argentina. Estos países son los responsables ante Washington de moderarlo, pero hay motivos de preocupación: Los escarceos de Chávez con Irán (defiende el programa atómico de los ayatolás); su deseo de tener un espacio transitorio en el Consejo de Seguridad de la ONU; su salida de la CAN; y ahora su presencia activa en el MERCOSUR, complican la ya de por sí agitada agenda de sur del continente.

Caracas además, actúa ambivalentemente: Dejó la CAN pero alienta proyectos de integración energética con Colombia. Hace lo mismo con Uruguay y Bolivia, y al mismo tiempo fue el país que más bonos de la deuda adquirió al gobierno de Kirchner alejándolo de cualquier circunstancial ahogo financiero.

El presidente colombiano Alvaro Uribe que se reunió hace unos días con Lula le recomendó a Chávez que "mejore su alterado diálogo político" con Washington porque "afecta a toda la región".
Celso Amorim, canciller brasileño, confirmó que en la trilateral Lula había intentado mediar de parte de Uribe, para que Venezuela no abandone la CAN, pero que el intento no resultó. "La CAN no está en crisis. Está muerta", dijo Chávez.


El MERCOSUR

En la cumbre trilateral Kirchner y Lula le reprocharon a Chávez que hubiera participado en la reunión de Asunción con el espíritu de cuestionar la falta de impulso de la Argentina y Brasil al desarrollo de los otros miembros del MERCOSUR. Fuentes del gobierno brasileño y de la comitiva argentina confirmaron a medios de ambos países que Lula y Kirchner le "hicieron saber" a Chávez que preferían que moderara su participación y sus opiniones públicas en temas del sur del continente.

Un miembro de la comitiva argentina consideró que la reunión fue "un éxito y un alivio". ¿Por qué? "Un éxito porque avanzamos con el plan del gasoducto. Y un alivio porque desbaratamos el MERCOSUR paralelo de Asunción".

Es que existe un problema real para una cumbre de todos los presidentes del MERCOSUR: Kirchner y Tabaré Vázquez no podrían reunirse en las actuales circunstancias. Kirchner, presidente pro témpore del MERCOSUR, se niega a convocar a una reunión de cancilleres para tratar el corte del puente de Gualeguaychú-Fray Bentos, que Uruguay pidió hace más de 15 días. Por el contrario, el presidente argentino decidió llevar el problema de las papeleras al tribunal internacional de La Haya.

Chávez fue el único presidente que asistió a las dos reuniones del MERCOSUR, la de Asunción y la de San Pablo. ¿Es Venezuela un miembro pleno del MERCOSUR? No, según los juristas y diplomáticos. Debería firmar antes, formalmente, su respeto a la democracia y a los derechos humanos y su compromiso de destruir eventuales armas de destrucción masiva. Son los reglamentos del MERCOSUR.

El gasoducto

Hay quienes creen que la inserción de Argentina y del propio Brasil en el mundo no se dará sino a través de un TLC con Estados Unidos, ellos pronostican que el MERCOSUR no soportará la negociación por el gas con Bolivia, por las papeleras con Uruguay, por la lluvia de productos brasileños o por la tentación de Uruguay y Paraguay por un TLC (lo que implicaría además otra ruptura de Chávez).

Sin embargo, para otros el futuro del MERCOSUR pasa por la integración energética. Así se puede sumar a Venezuela, que quiere entrar al bloque, y a Bolivia, que quiere industrializar su gas.

Por ello, una de las conclusiones más visibles de la reunión trilateral es el visto bueno y la viabilidad que ven los tres presidentes al Gasoducto del Sur, un proyecto faraónico que unirá Puerto Ordaz (Venezuela) con el Río de la Plata -a través de Brasil-, que tendrá unos 8.000 kilómetros de extensión y demandará una inversión estimada entre 20 y 25.000 millones de dólares (financiamiento del que nadie ha hablado todavía y que es el primer escollo de este proyecto).

El 27 de julio empezarán los estudios de factibilidad en materia tecnológica y ambiental para hacer el emprendimiento. Los estudios tecnológicos los hará Venezuela, y los análisis del impacto ambiental quedarán a cargo de Brasil porque el trazado recorrerá casi 6 mil kilómetros de territorio brasileño.

El ministro de Planificación argentino, Julio de Vido (el más importante auxiliar de Kirchner), expresó que los tres mandatarios "coincidieron en invitar a Bolivia en la construcción del gasoducto". La futura incorporación de Bolivia a la iniciativa fue confirmada por Chávez "Hablamos de la incorporación de Bolivia a la construcción del gasoducto y pretendemos integrar al resto de los países en una red que se va a conectar e interconectar con varios tramos que ya están construidos, al tiempo que generará al menos un millón de puestos de trabajo", aseguró el venezolano en declaraciones a la prensa tras el encuentro.

Por su parte, Marco Aurelio García (asesor internacional de Lula) resaltó que "ni la Argentina ni Brasil son rehenes del gas boliviano" y resumió el miedo de Brasil: "El problema es que los miembros (del MERCOSUR) dejen de considerar el bloque como un espacio atractivo".

Bolivia ha manifestado que el Gasoducto del Sur es un bluff imposible de realizar y que es una forma de presión de Brasil y Argentina para negociar en mejores condiciones la compra de gas boliviano.

Brasil convocará a una reunión para septiembre de todos los presidentes de América del Sur para invitarlos a sumarse al plan. Un mes antes, prevén presentar los detalles del trazado y la financiación, además de mandar misiones conjuntas a los demás países para explicarles la idea. De esa forma, Brasil hizo énfasis en que el proyecto está en manos de la Argentina, Brasil y Venezuela y que el resto de los países se integrarán "en forma gradual".

Con la confirmación en la reunión de que el gasoducto es financiera y técnicamente viable, Brasil encontró la razón para erigirse en el coordinador de la integración física de América del Sur. Lo podrá hacer con Venezuela, cuya integración al proyecto podrá servir como un moderador de las reivindicaciones de Morales sobre las condiciones de abastecimiento de gas, tanto para Brasil como para la Argentina. Ingresando el gas venezolano en la región, el poder de Morales se atenúa.