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Respuesta progresista para la crisis global

Michelle Bachelet Jeria
(Artículo publicado en El País de España el 27 de marzo de 2009)

El mundo enfrenta hoy uno de los desafíos políticos más serios de su historia moderna. Asistimos a la combinación de la peor recesión internacional desde hace más de medio siglo, con una crisis ambiental sin precedentes debido al cambio climático y el calentamiento global, y una crisis de liderazgo político global.
Sin embargo, no estamos ante una situación sin salida. Por el contrario, estamos también ante una oportunidad sin precedentes para cambiar el rumbo de la historia, por lo que somos numerosos los líderes internacionales que nos estamos movilizando, entre los cuales algunos nos reuniremos este fin de semana en Chile para promover una respuesta progresista a la crisis global.
La crisis se debe a que, a pesar de que vivimos en una era de completa interdependencia entre lo nacional y lo global, la comunidad internacional no ha sabido o no ha querido construir los acuerdos necesarios para dar gobernabilidad a la globalización, creyendo que los mercados nacionales y globales podían funcionar sin regulaciones poderosas, o que el mundo podía ser gobernado unilateralmente por la voluntad del más fuerte. De esta manera, el interés privado de unos pocos terminó imponiéndose sobre el interés general de la humanidad.
La crisis puede ser encarada, entonces, como una gran oportunidad para sentar las bases de una segunda etapa de la globalización. Una era marcada por la prosperidad de todos y no sólo de algunos; por la voluntad de concordar y respetar reglas claras, adoptadas multilateral y democráticamente; por mercados más abiertos, dinámicos y vigorosos; con Estados fuertes; una era construida sobre un paradigma económico sustentable.
Por sobre todas las cosas, la crisis nos ofrece una oportunidad histórica para reinstalar la política y lo público en el centro del quehacer internacional. Podemos forjar un nuevo contrato social global, porque el siglo XXI o lo gobernaremos entre todos, o no lo gobernará nadie.
La próxima reunión del G-20 será decisiva en este esfuerzo, pero es necesario un esfuerzo aún más ambicioso. Una respuesta política a la crisis exige un conjunto equilibrado de políticas públicas globales que estabilicen el sistema financiero y reactiven la economía; pero que también prioricen la creación de empleo y eviten un desplome social global fortaleciendo la protección social; que aseguren una recuperación verde, y aceleren el tránsito hacia una economía menos contaminante que detenga el calentamiento global.
De la reunión del G-20 debe resultar una rápida coordinación de las políticas fiscales indispensables para contener el colapso de la demanda mundial. Si no hay coordinación, arriesgamos un empeoramiento de los desequilibrios de cuenta corriente que contribuyeron a la crisis y una creciente demanda por un mayor proteccionismo, lo que profundizaría y prolongaría aún más la recesión. También es necesaria una profunda reforma del Fondo Monetario Internacional, recapitalizarlo y otorgarle una gobernanza más democrática, e inyectar recursos suficientes a los bancos regionales de desarrollo para que sean instrumentos efectivos para enfrentar la crisis en los países que más lo necesitan.
El desplome económico no puede ser seguido por el desplome social. Si no actuamos hoy con una nueva mirada, la crisis profundizará aún más la desigualdad, que la globalización había agudizado en las últimas décadas. No se deben exigir las mismas políticas de ajuste que en décadas anteriores a los países emergentes y en desarrollo, especialmente ante una crisis originada por el mundo desarrollado.
Por el contrario, esta vez es necesario impulsar globalmente políticas contracíclicas que prioricen la creación de empleo y fortalezcan la protección social, y se debe incrementar la cooperación internacional para los países en desarrollo. Es urgente un nuevo ímpetu para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La crisis internacional no puede ser tampoco una excusa para detener o postergar la movilización internacional contra el calentamiento global. Es imperativo alcanzar un acuerdo post-Kyoto en la próxima Conferencia de Copenhague de Naciones Unidas.
Pero podemos ir más allá, si modificamos los enfoques de corto plazo y forjamos un nuevo acuerdo ambiental global que siente las bases para una economía global de bajas emisiones. Si no lo hacemos, retardaremos la adopción de las medidas inevitables que deberán ser adoptados en el futuro a un coste económico, ambiental, social y político considerablemente más alto.
La acción para enfrentar el cambio climático puede y debe ser uno de los componentes centrales de la respuesta global a la crisis. Si un porcentaje importante de los trillones de dólares que están siendo movilizados son dirigidos a inversiones en tecnologías limpias, podremos poner en marcha hoy una respuesta internacional que nos permita, simultáneamente, crear empleo decente para millones de personas, disminuir el riesgo ambiental y reducir la pobreza, así como acelerar el paso hacia sociedades más innovadoras y menos dependientes de los combustibles fósiles. En definitiva, podremos encaminar al mundo hacia una recuperación verde y ahorrarnos décadas de lucha contra el cambio climático.

El fantasma marítimo

Han pasado tantas cosas después, que quizá ya no se recuerde, pero en su último viaje Ricardo Lagos, uno de los presidentes más importantes de la historia de Chile, visitó Bolivia y se despidió de su gobierno luego de reunirse en el departamento del entonces recién ungido Evo Morales.
Todo un gesto con el cual Lagos cerraba una etapa en las relaciones entre ambos países que pudo ser gloriosa, pero que en definitiva tuvo tintes trágicos. En ella, el chileno negoció con cinco presidentes bolivianos distintos, hubo conatos de lucha, caos en Bolivia e histeria nacionalista chilena, así como también —hay que reconocerlo—políticos visionarios, ciudadanos sensatos y croupiers profesionales que se animaron a levantar las cartas del suelo, barajar y dar de nuevo.
La mediterraneidad boliviana no solamente es un problema económico (-0,7 por ciento anual del PIB para los países sin puertos, según Jeffrey Sachs), sino es un problema cultural tan profundo como un iceberg y también así de peligroso. El hecho de haber sido confinado a las montañas y la selva pesa trágicamente en nuestra historia e idiosincrasia. Al mismo tiempo que en la de Chile sus triunfos militares y económicos son componentes esenciales para entender su conservadurismo y la forma que tienen ellos de mirarse a sí mismos.
En determinadas circunstancias, esa sensibilidad es el catalizador del “antichilenismo” boliviano y de sus pulsiones perversas; y, en el otro lado de este círculo vicioso, fermento de la xenofobia y el racismo de los sectores más retrógrados de la sociedad chilena que reparten sus odios entre peruanos y bolivianos de forma indiscriminada.
Hace un tiempo, en Chile, muchos pensaban que Sánchez de Lozada, el pragmático, o Carlos Mesa, el intelectual, eran capaces de enfrentar el problema. Pocos se imaginaron que el primero sería incapaz de concluir su período, o que el segundo terminaría pateando el tablero y promoviendo un plebiscito vinculante en el cual se aprobó la muletilla de ´gas por mar´. A la inversa, ¿quién hubiera creído en ese entonces que el mayor acercamiento entre ambos gobiernos —después del ´abrazo de Charaña´ entre Hugo Banzer y Augusto Pinochet—, lo iba a protagonizar un indígena y una mujer que sacaron de sus mangas sutilezas de políticos florentinos?
Sin embargo, la euforia inicial y exagerada de muchos analistas ha menguado en estos dos últimos años; cuadrar el círculo sigue siendo igual de complicado que antaño, a pesar de la crisis energética chilena… y antes de que se conozca la dramática situación de nuestra industria petrolera.
Al margen de todo ello, aún quedan buenas noticias para celebrar: las relaciones entre Chile y Bolivia son óptimas, la agenda de 13 puntos sigue cumpliéndose, hay gestos y acciones de acercamiento y hasta visitas impensadas para cualquier otra etapa de nuestra historia contemporánea; incluso nadie se vio afectado en demasía por la cantidad de cónsules bolivianos que han pasado por Santiago y la crisis estatal boliviana prefiere no ser discutida en Chile, precisamente para no echar más leña al fuego.
Pero aún así, es temerario hacer pronósticos sobre lo que ocurrirá en los próximos meses: ¿Bachelet enfrentará los fantasmas del nacionalismo decimonónico chileno siendo mujer o quizá por ello? (no se debe olvidar que una mayoría abrumadora de sus compatriotas y no sólo el establishment, rechaza cualquier sesión territorial incluso sin soberanía). ¿Morales capeará el temporal como creen quienes cifran sus esperanzas en él, y redimirá las injusticias de cinco siglos donde se inscribe en letras cursivas la Guerra del Pacífico?
Nadie sin una bola de cristal (o sin ser charlatán) es capaz de responder estas preguntas: tienen tantas variables que ni los propios protagonistas son capaces de conocerlas o preverlas. La única certeza es que cualquier decisión que se tome en el futuro implicará pasar por sobre las opiniones públicas de ambos países y que los dos mandatarios gasten buena parte de la popularidad que les resta en una especie de educación ciudadana sin la cual el statu quo continuará indefinidamente.
Por lo pronto, queda la esperanza; en que Morales mantenga su postura y considere las relaciones con Chile como parte de una política de Estado donde la soberanía marítima ya no es determinante; y, sobre todo, esperanzas (cada vez más lejanas, hay que decirlo) en que la primera presidenta de la historia de Chile pueda trasladar su visión de gobierno ciudadano alejado de las élites, a la política exterior.
Mientas tanto, el mar es y seguirá siendo parte indisoluble de nuestro imaginario, algo así como el personaje de Bram Stoker, aquel que de pronto resucita y vuelve a morder el cuello de todos nosotros, sus víctimas. Eso sí, la realidad es un reino disparatado y quizá, como en una buena película de antaño, nuestros líderes encuentren la estaca definitiva que atraviese el pecho del vampiro. ¿Quién puede saberlo?

(Publicado en el periódico La Razón de Bolivia el 23 de marzo de 2008)

Cumbre borrascosa

Si algo nos enseña la situación política internacional, es que no hay nada más saludable que el diálogo. Sobre todo si éste deja de lado los discursos circulares y auto referentes y comienza a tener una semántica común.
Que por primera vez haya una agenda compartida entre Chile y Bolivia es un cambio cualitativo que satisface a ambas partes. A Chile porque mantiene la discusión en el marco bilateral y según lo acordado previamente, y a Bolivia porque ahora la cuestión marítima y el agua -clave para Potosí y el norte chileno-, están nuevamente en el tapete. De ahora en adelante la cuestión se centrará en énfasis e interpretaciones pero no en significados... y, por supuesto, en enfrentar adecuadamente a los fastidiosos duendecillos de la contingencia.
Hoy lo que deja sin dormir a los bolivianos es la Asamblea Constituyente y los conflictos regionales por autonomía, lo que puede conducir a un escenario de confrontación interna según los pesimistas o a uno de reconciliación nacional como afirman los más optimistas.
En Chile también hay fuertes ruidos de interferencia. La política exterior de Michelle Bachelet está en entredicho para tirios y troyanos sobre todo después de las dificultades que enfrenta su gobierno con el de Néstor Kirchner. Ergo, lo que podría ser apertura al diálogo con Bolivia es leído por muchos como otra señal de debilidad, acusación que toca la fibra más sensible de la Presidenta, quien sale de una crisis de gabinete y enfrenta duras críticas de sus aliados y de la oposición por no tener un relato global que seduzca a sus ciudadanos.
En una coyuntura así, el peligro está en que se desande lo avanzado con actitudes intransigentes y maximalistas (parte del "huayralevismo" altoperuano que tanto criticaban los intelectuales más lúcidos bolivianos), o golpeando la mesa para dar una señal de autoridad (como gustan hacer algunos políticos chilenos), lo que en asuntos diplomáticos sólo es bien visto por compatriotas y correligionarios.
Si ya la cumbre del MERCOSUR era complicada para Bachelet porque debía discutir el aumento del precio del gas argentino (asunto en el cual Bolivia jugó un papel determinante) y el de los combustibles en zonas fronterizas, hoy su agenda internacional tiene otro frente complejo: el diálogo con Morales y la respuesta que tendrá que dar a sus reiteradas invitaciones para visitar Sucre el 6 de agosto próximo y asistir a la inauguración de la Asamblea Constituyente, el proyecto estrella del Presidente boliviano por refundacional y hegemónico. Invitación a la cual responderá con un sí, lo que podría ser leído en Chile como una concesión innecesaria; o con un no, monosílabo que sería interpretado en La Paz casi como un desplante.
Una Cumbre, entonces, acorde a esta era de diplomacia presidencial, donde -como ocurre en todos los mecanismos regionales de integración- las bilaterales son más importantes que las plenarias, en la que Kirchner y Morales juegan de locales, y en la cual los mandatarios, además de sonreír para la foto, tendrán que demostrar la muñeca que tienen para conducir en caminos de cornisa, ripiosos y escarpados.

Ciencia ficción: Evo en Chile, entre la retórica y la realidad

La visita de Evo Morales a Santiago fue uno de los triunfos diplomáticos más importantes de Bolivia en los últimos tiempos. Su presencia mesurada, el parafraseo de Perón con el que sorprendió a todos ("mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar", afirmaba el argentino, y "del mar no se habla, se hace" acertó el boliviano); su moderación cuando había tanta adrenalina en el ambiente como en el Estadio Nacional; y la forma en que logró que se soltaran de lengua hasta los parcos y serios diplomáticos chilenos, mostraron que Evo es un político de fuste.
Dicho esto, la diplomacia entre ambos países tiene algo de arte, otro poco de incertidumbre y mucho de ciencia ficción. Hace un tiempo muchos pensaban que Carlos Mesa era el intelectual capaz de entender en su multidimensionalidad el problema, pero pocos se imaginaron que terminaría pateando el tablero y enfriando las relaciones a temperaturas antárticas; a la inversa, ¿quién hubiera creído en ese entonces que el mayor acercamiento entre ambos gobiernos -desde el "abrazo de Charaña" entre Hugo Banzer y Augusto Pinochet- lo iba a protagonizar un ex dirigente sindical que sacó de la manga sutilezas de político florentino? Aparte de la frase mencionada, Perón (dueño de una retórica que cualquiera envidiaría), también dijo que "la única verdad es la realidad"... y ella nos dice que el Presidente boliviano demostró que tiene más cintura política que todos sus antecesores.
Pero esa realidad también constata que Bolivia está tensando su relación con los EE.UU. al límite (un día antes de reunirse con la secretaria de Estado norteamericana advirtió que Latinoamérica puede convertirse en un segundo Vietnam); que Morales cree que Cuba es una democracia; y que dictó una orden de captura para los gerentes de la segunda petrolera más importante en Bolivia (Repsol), lo que llevó a Antonio Brufau, su máximo ejecutivo, a visitar La Paz, a que haya protestas formales del gobierno español y a que El País publique un editorial donde se critica "el juego del ratón y el gato como trastienda de retóricas declaraciones amistosas (que) sólo contribuye a la confusión".
De moda está entre los políticos el libro de Carlos Fuentes "La silla del Águila" que transcurre en el 2020 cuando Condoleeza Rice es Presidenta de EE.UU. y México no tiene Internet ni teléfonos. En la novela, un híbrido entre la ciencia ficción y el tratado sociológico, se sostiene que "en política los secretos son a voces y que sólo las voces son secretas... mejor dale vueltas a lo que ya sabemos. Allí están los secretos".
¿Qué es lo que sabemos? que Morales es el único con físico suficiente para convencer a la mayoría de los bolivianos de negociar racionalmente con Chile pero que, a diferencia de sus antecesores, el 23 de marzo cuando se conmemore la Guerra del Pacífico en Bolivia, no habrá un acto cívico militar sino manifestaciones populares; se sabe que las leyes prohíben que un gobernante chileno ceda un centímetro de su territorio (por tanto no dará nada sin recibir algo similar a cambio), y se sabe que el gas y el comercio siguen siendo el punto de contacto entre ambos países.
Por suerte no habrá que esperar hasta el 2020 como en la novela para saber cómo se suceden los acontecimientos y comprobar cuánto de ciencia hay en lo que está sucediendo y cuánto de ficción.

La visita de Evo Morales a Chile: El cascabel y el gato

A diferencias de muchos artistas del festival de Viña del Mar, Evo Morales llega a Santiago en su mejor momento. Una encuesta reciente le otorga a su gobierno un índice de confianza de 6,2 puntos, y su calificación personal alcanza 6,5 sobre 10; uno de cada dos encuestados cree que su situación económica mejorará en el futuro; mientras que el 65% de los bolivianos considera que hizo más de lo que se esperaba desde que asumió. La economía también se recupera: la inflación está controlada, el crecimiento continúa en 4%, mientras las exportaciones aumentaron en un 53%.
Internacionalmente la situación es similar. El respaldo de los organismos multilaterales fue condonar parte de la deuda y prometer ayuda adicional; ha sabido establecer buenas relaciones con los países vecinos en su primer mes de gobierno; y el mundo entero valora su procedencia indígena. Éxitos que no pueden subestimarse.
Sólo EEUU tiene una posición ambivalente: junto a declaraciones de amistad y respeto, suspendió la visa de una senadora del MAS y afirma que está esperando señales concretas (en la erradicación de coca y la nacionalización) antes de que su política respecto a Bolivia tome un rumbo definitivo. Ahora bien, Evo ?que ha sido muy cauteloso con la administración Bush? tiene un mullido colchón donde caer si el conflicto se agrava: los petrodólares ofrecidos por Venezuela en tanto incremente su retórica antiimperialista (Hugo Chávez ya fue muy generoso con Argentina. No le costaría nada serlo con una economía muchísimo más pequeña).
Ahora bien, hay que consignar la preocupación de algunos analistas sobre el lado oscuro del gobierno de Evo. Por un lado, el cariz que ha tomado la convocatoria a una Asamblea Constituyente por los pocos representantes regionales (y de otras minorías) que tendrá y por el carácter re-fundacional y teleológico que quiere darle el gobierno (además del deseo explícito de que sea el mecanismo para aprobar la reelección presidencial); y, por otra parte, por las dificultades que el oficialismo ha puesto al referéndum sobre autonomías regionales que reclaman Santa Cruz y otros departamentos. A lo cual hay que sumar una suerte de ?desinstitucionalización? de entidades que ya se consideraban al margen del ?cuoteo? político (Aduanas, Impuestos Internos o la Corte Electoral).
En resumen, algunos de los grandes desafíos que enfrenta Morales son las altas expectativas y el maximalismo popular en temas complejos como gas, tierra y mar que se definirán en la Asamblea Constituyente; el escenario crítico que presentan algunas regiones por el ?ninguneo? del que se sienten objeto; y, finalmente, si optará o no por replicar el modelo venezolano.
Lo que sí está claro es que en el ámbito de las relaciones bilaterales entre Chile y Bolivia no hubo momento más propicio en los últimos años, y que el cuidado con el que se tratan ambos gobiernos se torna casi empalagoso. Es que la elite más lúcida de ambos países sabe que el único que puede ponerle el cascabel al gato, es decir, el único que tiene cintura y espaldas (habilidad y respaldo) para convencer a los bolivianos que se debe negociar racionalmente con Chile es el presidente Morales.

Apuntes sobre las elecciones en Chile

Las elecciones, transcurrieron en normalidad casi absoluta (hubo un solo incidente de consideración cuando un senador de la derecha fue agredido en un popular local de votación), y la similitud de los programas económicos de ambos candidatos, así como del planteamiento de equidad social, muestran una fortaleza del sistema democrático y del modelo económico envidiable en comparación con la mayor parte de los países de América Latina. Dato que no es menor, sobre todo ahora que varios países de la región muestran altos grados de incertidumbre e inestabilidad, embarcados como están en procesos eleccionarios similares al chileno pero con pronóstico mucho más incierto.
Fue una elección, además, en la que se enfrentaban dos candidatos de vertientes ideológicas distintas pero que representaban a estamentos democráticos de la sociedad y donde no había un representante de la derecha pinochetista ligada al gobierno militar (1973-1989).

Una elección con dos características básicas

El triunfo de la Sra. Michelle Bachelet implica la continuidad de la concertación en el gobierno (será su cuarto mandato consecutivo) que, al concluir este periodo, sumará 20 años y será la coalición de gobierno democrática más larga de la historia de Chile y una de las más largas en el mundo.
Será también el gobierno que conduzca a los chilenos hacia el bicentenario (2010) y que trate de cumplir una de las grandes promesas que hizo la clase política en su conjunto: tener indicadores de país desarrollado para ese entonces.
En esta ocasión el mandato presidencial será solamente por cuatro años, lo que lo convierte en el más corto del periodo democrático, todo lo cual puede ser determinante a la hora de dictar políticas, pero también será un gobierno con mayoría parlamentaria relativamente holgada, lo que le da una gobernabilidad tampoco vista antes.
La Sra. Bachelet llegó a esta elección con un triunfo de la Concertación en las parlamentarias de diciembre pasado del 52% de los votos, un gobierno con casi un 60% de popularidad, una oposición dividida y una situación económica envidiable. Como dicen en algunos analistas, con una situación tan favorable la epopeya hubiera sido que ganara Sebastián Piñera y la tragedia destructiva que perdiera Michelle Bachelet. Sin embargo, ocurrió lo previsto y se impuso la cultura de la Concertación, parte indisoluble de la cultura política chilena.
Pese a todos estos indicadores, la elección fue menos holgada de lo que muestran los números y el actual Presidente de la República, Ricardo Lagos, tuvo que jugar un rol muy activo para colaborar con el triunfo de la candidata oficialista. Tanto que la oposición lo acusó de intervencionismo estatal y algunos analistas compararon a su gobierno con el PRI mexicano. Las denuncias ahora están en las instancias legales pertinentes y el gobierno sostiene que, en el marco de la ley, tiene derecho a pedir que haya continuidad de su gestión.

El futuro de la Alianza por Chile

La diferencia entre ambos contendores fue de aproximadamente siete puntos porcentuales, diferencia que, al ser más amplia de lo previsto, permite una mayor autonomía de la Presidente electa para formar gobierno. Clave para su triunfo fue el apoyo de la izquierda extraparlamentaria (5%), sobre todo del Partido Comunista, partido que llamó a votar por ella en segunda vuelta. Pero la Sra. Bachelet también logró obtener votación que en la primera vuelta electoral correspondió a Joaquín Lavín (el otro candidato de la derecha en esa instancia), quienes comulgaban más con lo que representaba Bachelet que con el sesgo empresarial y elitista de Sebastián Piñera.
La oposición, alejada del gobierno por 20 años, e incapaz de ganar una elección, entra así en una crisis profunda que los analistas coinciden, debe implicar más una mirada para dentro que hacia afuera.
Si bien esperaba esta derrota, también soñaba con que fuera con una distancia menor, en este caso obtuvo 2,2 puntos menos que Joaquín Lavín contra Ricardo Lagos el 2000 y solo se impuso en una de las cuatro regiones donde planificó ganarle a la candidata oficialista. Piñera (dueño de una fortuna personal valuada en más de mil millones de dólares con inversiones en diversas áreas pero sobre todo en aeronáutica, a través de Lan), dimensionó adecuadamente la magnitud de la derrota y visitó a la Sra. Bachelet para reconocer su triunfo, mantuvo un tono moderado, habló de nueva coalición de centro derecha y anunció que continuará en la política y que se dedicará al servicio público. Su votación expresa una sólida resistencia al proyecto de la Concertación que no es para nada despreciable.
Entre los primeros análisis sobre el futuro de este conglomerado político, un periodista que lo conoce de cerca sostiene que ?entrarán en periodo de autocrítica y reflexión, se demostró que se acabaron los liderazgos naturales, que los candidatos de derecha en el futuro tienen que ser legitimados con primarias y que para sobrevivir debe sumar liderazgos jóvenes?.
Se trata del ambiente más adverso de la derecha en los últimos 50 años.

La estabilidad de la economía

Pese a ser una candidata que encarna la tradición de izquierda del Partido Socialista, en lo económico la Sra. Bachelet optó por acercarse al sector más liberal de la Concertación y se rodeó de asesores que son respetados por todos los estamentos empresariales y políticos chilenos, de forma que los mercados reaccionaron sin grandes movimientos y no hubo reacciones significativas lo cual demuestra la estabilidad y la normalidad en el que se desarrollaron los comicios y la previsibilidad de los resultados.
Esta estabilidad puede ser fácilmente comprobada con las cifras macroeconómicas. La economía cierra el 2005 con una expansión del 6%, con un PIB sobre los 110 mil millones de dólares y un PIB per cápita sobre los siete mil dólares.
El precio del cobre alcanzó este año su precio record (167 centavos por libra) y el 2006 se esperan precios similares. El superávit fiscal fue de 4,5% del PIB, y en el presupuesto 2006 se destinó 300 millones de dólares de libre disponibilidad par el próximo gobierno. Las exportaciones sumaron un record de 39.536 millones y la tasa de inversión llego al 29,7% del PIB, el nivel histórico más alto del país.
Ahora bien, hubo algunas dificultades como el dólar que tuvo una fuerte caída este año, cerró en $512 (en el 2002 había llegado a $751), lo que ha motivado reclamos para que intervenga el Banco Central, y la inflación que llegó al 3,7% el nivel más alto desde 2000.

El primer discurso

En su primer discurso ante los simpatizantes que celebraban su triunfo, la Sra. Bachelet anunció un sistema de protección social y un nuevo estilo de hacer política. Hizo hincapié en la inclusión social (será un gobierno de todos los chilenos, dijo), y se comprometió a cumplir sus promesas de campaña, entre ellas la paridad de género en el gabinete y la inclusión de caras nuevas en los cargos de mayor responsabilidad.
La tarea de conformación del próximo gobierno comenzará por el nombramiento de su gabinete, etapa donde si bien tiene un amplio margen de maniobra, también implica responder a los partidos políticos, imprescindibles para su triunfo, sobre todo en la última fase de la campaña, ya que si bien se trata de una candidatura ciudadana producto de las encuestas más que del aparato político (y por sobre el propio interés de éstos), sin ellos su triunfo hubiera sido mucho más difícil o podría habérsele escapado.

El programa de gobierno

El programa de gobierno de la Sra. Bachelet cuesta 6.000 millones y para financiarlo necesita un crecimiento de 5,5%, un precio del cobre de 0,99 la libra y mantener el IVA en 19%.
Entre sus hitos más importantes, está una reforma provisional, loa creación de un millón de empleos, la atención preescolar de niños de cero a tres años de los hogares del 40% mas pobre, la creación de 20.000 cupos en pre-kinder y la habilitación de 800 salas cunas.
Ese plan tiene una primera etapa para los primeros 100 días, 36 compromisos que significan subir las pensiones mínimas a un millón de jubilados y garantizar el acceso automático a pensión asistencial a todo adulto mayor.

Algunos temores

En la elección de diciembre pasado fue la primera vez en la que el oficialismo logra mayoría en ambas cámaras, lo cual, junto a las sospechas de intervencionismo estatal y los 20 años en el poder, ha sido criticado como una concentración excesiva de poder.
Todo lo cual se suma a una supuesta izquierdización del parlamento, debido a la asunción de figuras de la izquierda más confrontacional y que han anunciado proyectos de ley para reformar las ISAPRES (el sistema privado de salud), legislación en temas bioéticos, un Fondo Nacional para la Pesca Artesanal, y la eliminación del IVA a los libros, además, de reformas tributarias, aunque esto último es muy poco probable.
Sin embargo, la mayor parte de los analistas considera que no habrá señales que pongan en riesgo el sistema pero que sí afectarán a ciertos sectores corporativos de la sociedad.
En cualquier caso, es parte del escenario que enfrentará la Sra. Bachelet, quien será escrutada muy de cerca por los medios de comunicación por su condición de heredera política de la Concertación pero, sobre todo, por ser la primera mujer en asumir ese cargo, con todo lo que ello implica.

Mujeres chilenas

Hay un refrán (xenófobo, sexista y avergonzante) que dice: "Desconfía del hombre peruano, de la justicia boliviana y de las mujeres chilenas". Es parte de nuestras pulsiones más perversas y autodestructivas.
Las mujeres chilenas demostraron en estos días lo equivocados que están quienes repiten el tonto estribillo. En Santiago, el domingo por la noche, miles de ellas tomaron las calles vestidas con la banda presidencial que vendían a "una luquita" (dos dólares) los avispados comerciantes callejeros, siempre a la vanguardia de las tendencias y la moda.
Jóvenes y viejas, gordas y flacas, ricas y pobres, todas radiantes, coincidían en las calles para demostrar al mundo lo que significaba que una mujer encabezara su gobierno. Sin importar la ideología o el partido político sino la solidaridad de género: tradicionalmente votantes conservadoras, las mujeres chilenas esta vez votaron masivamente por la Concertación y le dieron el triunfo a Michelle Bachelet. Solidaridad que, en broma, preocupa a los hombres, muchos de los cuales escribieron cartas a los periódicos preocupados porque ahora será "ella" la que mande en la casa. Las Ultimas Noticias el periódico de mayor venta en Chile tituló el lunes bajo una foto de Bachelet sonriente: "Michelle la lleva".
Días antes de la elección, en el cierre de campaña, un conocido analista político decía: "es muy loco que entre estas 200 mil personas la mayoría sean mujeres".
Los voceros de la derecha que no interpreta la cultura política chilena como lo hace la Concertación (una máquina aceitada a la perfección en ese sentido), sostuvo que había ido tanta gente porque había muchos "extranjeros" (en referencia a Miguel Bosé, Ana Belén y Víctor Manuel, cantantes españoles siempre fieles a la Concertación); pero ninguno entendió que más del 90% de los que asistieron al acto no escucharon nada (porque el sistema de sonido era muy malo) y vieron mucho menos (por la escasez de pantallas gigantes para tanta gente, que sorprendió hasta a los organizadores), sin embargo estaban ahí: mujeres con guaguas, mujeres solas, mujeres casadas, mujeres separadas, entre choripanes y cuchuflís, sucias algunas, "pitucas" otras, una mujer con cartera y vestido de marca a lado de la obrera que tenía un niño gordo y risueño en brazos, ensuciándose mutuamente, desconfiando. Es cierto que en estas postales hay mucho de fantasía y que la desigualdad y la pobreza son trans-genéricas, pero hay momentos en los que uno cree que quizá el mundo tenga solución. Uno de ellos fue ver la alegría en Jacky, una empleada doméstica que trabaja en Providencia (y vive a dos horas de ahí), que decía: "Dónde sino, estaría hoy. Hoy hay que estar aquí".
Que una mujer separada, con tres hijos de dos padres distintos, torturada por la dictadura y encima de todo ello, agnóstica, sea la presidenta de Chile merece frases como las de Jacky.
Bachelet es una mujer que despierta admiración, no sólo por su consecuencia ideológica sino por una vida marcada por la adversidad y por el desencuentro que nunca la amilanaron ni la derrotaron, un ejemplo para todas esas mujeres que antes de tiempo se dejan ganar por la vida (o por el marido) y piensan que no pueden solas.
Hija de un militar encarcelado por traición a la patria durante el gobierno de Pinochet, torturado y asesinado; años después ella y su madre serían también detenidas y torturadas para luego escapar al exilio en Alemania Oriental. Militante socialista, vivió la traición muy de cerca, cuando su compañero sentimental fue torturado y entregó información valiosa sobre su entorno a los militares.
Bachelet había estudiado medicina y volvió a Chile en los ochenta, todavía durante el gobierno militar para ocuparse de niños pobres y de hijos de desaparecidos. Luego de cargos menores y un intento de hacer política sin mucho éxito, fue rescatada por el presidente Ricardo Lagos que la nombró Ministra de Salud con el objetivo de terminar con las colas del sistema en sus tres primeros meses en el cargo. No lo logró, mejoró radicalmente el sistema, pero las colas seguían; por eso presentó su renuncia y Lagos la rechazó.
Después vendría la consagración pública al ser nombrada ministra de defensa y subir a un tanque mientras los militares (los sacrosantos militares chilenos) la veían y saludaban con la mano en la gorra. No hay ambiente más masculino que el del ejército, ni donde se exprese la autoridad y el orden de forma más directa y allí estaba ella a pesar de haber sido torturada, un símbolo de la democratización de la sociedad chilena con quien supo sintonizar plenamente, representaba el cierre del círculo virtuoso de la reconciliación.
La noche del domingo rodeada por su madre y dos de sus hijas (rodeada solamente de mujeres) dijo: "¿Quien lo hubiera pensado amigas y amigos?, ¿quién lo hubiera pensado?, ¿quién hubiera pensado que Chile elegiría como Presidente a una mujer?.. Demostráremos que una nación puede volverse más próspera sin perder su alma. Que se puede crear riqueza sin contaminar el aire que respiramos o el agua que bebemos, trabajaré por todos los chilenos, por todos ustedes. A partir de este mismo instante sus esperanzas son las mías, sus anhelos son mis anhelos".
La multitud la miraba y deliraba cantando: "ya van a ver, ya van a ver, cuando las mujeres lleguemos al poder". El lunes por la mañana en las oficinas todas comentaban el hecho, algunas se abrazaban, otras solamente sonreían, eran todas cómplices de uno de los hechos más importantes que vivió la sociedad chilena en los últimos años y que demuestra la profunda y dolorosa transformación que está viviendo. Los hombres, bien gracias, apenas espectadores.
Uno nunca sabe qué va a pasar o si el futuro tendrá algo de postal o de documental en blanco y negro. Pero el país donde hace apenas cincuenta años no había voto femenino, donde hombres y mujeres votan en mesas separadas y donde hay una tradición machista excesiva, ahora está gobernada por una mujer. Las cosas están cambiando en Latinoamérica y se expresan en símbolos como éste.

Bolivia, tan lejos de Dios

Hace unos meses un altísimo funcionario del gobierno de Chile preguntó a un grupo de sus colaboradores cuál era la forma más eficaz de acercarse a Evo Morales: Marco Aurelio García, concluyeron los asistentes a esa reunión.
Precisamente fue García, asesor internacional de Lula da Silva, quien ayer salió a desmentir a su Presidente que había apoyado públicamente a Evo Morales en una reunión que sostuvo con Néstor Kirchner.
La historia es larga. Lula fue determinante para el giro que convirtió a Morales de dirigente sindical poderoso pero sin chances reales de acceder al gobierno, en un político con proyección internacional. En una reunión el 2002 ?que Morales consiguió por intermedio de García?, Lula le aconsejó que debía seguir su ejemplo, ?des-sindicalizarse? y abrir el abanico político.
El apoyo de Brasil a Evo (a diferencia del de Venezuela, más previsible), proviene de un gigante que no puede descuidar a Bolivia porque tiene inversiones por 1.800 millones de dólares y es responsable de casi el 40% de su PIB, pero ?sobre todo? porque compra energía a esa nación. Un caso parecido al de Argentina que obtiene gas boliviano a precio preferencial (y que cuenta con más de un millón de bolivianos dentro de sus fronteras).
Ambos mandatarios tienen olfato suficiente para saber por dónde soplan los vientos, por lo que las palabras de Lula suenan más a profecía que a simple acto fallido. Si Morales es Presidente lo hará con una legitimidad que difícilmente obtendrá Jorge Quiroga, su inmediato contendor; ?Tuto? ?desesperado por el giro internacional que ha tomado la campaña? jura que no le importa quién gobierne en otros países (a despecho de su esposa: una norteamericana hija de un aristócrata congresista republicano). Pero el brete es de difícil resolución para Quiroga: en Bolivia la elección no es directa (al Presidente lo elige el parlamento entre las dos primeras minorías), y las posibilidades de que el tercero en discordia, el empresario Samuel Doria Medina, apoye a Quiroga si sale segundo, son más bien lejanas. Uno de los colaboradores más cercanos de Doria Medina le dijo a El Mercurio que si Evo ganaba no habría más remedio que votar por él en el Congreso: ?Cuestión de sobre vivencia política?, afirmó.
Si bien todos siguen muy de cerca el proceso, EEUU es el que se muestra más desorientado y protagonizó hace unos días una de las maniobras más bizarras de las que se tenga memoria: Ordenó a las FFAA bolivianas que se deshicieran de 25 misiles, los únicos con los que contaba, para que ?en una eventualidad que solamente ellos podrían confirmar?, no apunten en dirección equivoca.
Si bien Brasil y Argentina (con el ruego y beneplácito americano) harán esfuerzos porque Evo se modere, como en el Aprendiz de Brujo de Walt Disney las fuerzas desatadas son demasiado poderosas para pensar que sólo su liderazgo podrá controlarlas. Hace varios años que en Bolivia se ha abierto una caja que, al igual que la de Pandora, sólo guarda dentro la esperanza.
El final está abierto y las apuestas son altas: empresas petroleras que no quieren nacionalización, regiones asustadas donde el portugués es la segunda lengua, elites incapaces de incluir a las grandes mayorías indígenas, e izquierdistas que sueñan con un Che resucitado (el New York Times tituló más o menos así una nota para que sus lectores tuvieran alguna referencia sobre ese extraño país mediterráneo, tan cerca de Brasil, de Venezuela y de los Estados Unidos y tan lejos de Dios).

* Sergio Molina Monasterios es analista internacional de Imaginacción Consultores