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Ensayo sobre la ceguera

Las segundas partes nunca son buenas dice un conocido refrán respecto al cine. Por supuesto que las excepciones van desde El Padrino a Batman pero hay demasiadas constantes como para desconfiar de la sabiduría popular, tanto que Hollywood ya no las hace (o hace tres de una sola vez para que nadie discuta).
Lo mismo pasa con el poder, es demasiado atractivo y seductor como para soltarlo sin pataleo, entonces se fuerza la jugada: si se permite un solo periodo, se busca el segundo; si hay dos, vayamos por el tercero. El deseo de reelección infinita corroe a los políticos cualquiera sea el color de su pelaje: Leonel Fernández en República Dominicana, Alvaro Uribe en Colombia, para no hablar de los K, Lula o Hugo Chávez.
En Bolivia, tras los resultados del referendo revocatorio, el Gobierno ha emprendido una operación que permitiría no sólo el tan ansiado desempate a través de otro referéndum en diciembre próximo, esta vez para la aprobación de una nueva Constitución (a la cual Vargas Llosa calificaría cuando menos de utopía arcaica); sino también autorizando —cuándo no— la reelección, de forma que el único líder boliviano de proyección nacional e internacional y a quien nadie puede hacer frente, continúe en el cargo. Es que si los resultados son iguales o parecidos a los del referéndum revocatorio, el 2009 se convocaría a nuevas elecciones y, a partir de ahí, el límite para Evo Morales sería el 2019.
Escenario probable porque después de los abrumadores resultados de aquel domingo de agosto (aciago para la oposición), ésta se encuentra difusa y confusa: sean los partidos de derecha que en un error que les costará su viabilidad futura propiciaron el mismísimo referéndum en el que fueron masacrados; sea la oposición regional que se encuentra en estado de apronte y radicalizada producto del aislamiento y del cerco geográfico oficialista que comienza a asfixiarlos… y a un enemigo herido y apaleado hay que darle una salida, por honor pero también por astucia: uno nunca sabe cuán peligroso puede ser en el futuro; no entender esa máxima política le cobrará la cuenta a Morales en algún momento. Por ahora la oposición acorralada comienza a enarbolar la tesis de “un país dos sistemas”, como si esto fuera viable o posible.
De todas formas, la convocatoria al referéndum por la nueva Constitución y por la reelección es una decisión arriesgada porque no es lo mismo votar por la continuidad de un Presidente democrático que por una doctrina ideológica que regirá la vida de millones de bolivianos en el largo plazo; pero además porque ha sido convocado por decreto supremo y no por ley como manda la Constitución vigente, poniendo en duda su legalidad, lo cual acaba de ser reiterado por la máxima autoridad electoral que se niega a organizarlo.
Falta mucho aún y nada está dicho, pero Evo Morales, cebado por el triunfo y dispuesto a imponer su hegemonía a la Media Luna parece haber fondeado el diálogo y el consenso, aquellos que le reclamaban los analistas y políticos del mundo entero. Ya lo escribía de forma inmejorable M.A. Bastenier en El País refiriéndose a la ceguera de la oposición y del oficialismo: “no sabemos si están condenados a entenderse, pero sí que si no se entienden, están condenados”.

Publicado en La Tercera el 4 de septiembre de 2008

El teflón Morales

A pesar de sus errores de principiante que son reflejados en caracteres catastróficos por los medios; de las nacionalizaciones inverosímiles (la última, el proyecto de estatizar los fondos de pensiones afectando a la clase media); y hasta de las voces alarmistas y exageradas sobre la influencia y billetera de Hugo Chávez, Evo Morales demostró ser un líder incombustible, un teflón al que nada se le pega.
Pocos presidentes en el mundo pueden fanfarronear con números como los que obtuvo en el referéndum del domingo pasado. Una votación del 63% luego de desgastantes dos años y medio de ejercicio en el poder (casi 10 puntos por encima de lo logrado el 2005); cifras arriba del 85% en el área rural; ciudades como El Alto con el 90% de los votos; y pueblos altiplánicos donde arañó el 100%.
Resultados de ese calibre no puede atribuirse únicamente a los errores de la oposición (que los hubo y muchos, entre ellos no hacer campaña); ni tampoco sólo a que Morales representa genuinamente lo que sienten y piensan los bolivianos (a esas pulsiones sociales que los definen: algo autoritarias y socialistas, algo premodernas), sino también a que es un liderazgo que excede por mucho lo político y que no puede ser explicado solamente bajo esos términos: genera complicidades mucho más complejas, solidaridades étnicas profundas en un país predominantemente indígena.
Pero dicho esto, no se puede subestimar el otro lado de la medalla de un referéndum que no sólo planteaba la revocatoria presidencial sino además la de autoridades regionales. Así, en cuatro de los nueve departamentos en los que se divide Bolivia se votó de manera rotunda contra Morales y también con porcentajes superiores a los de la elección pasada.
Por tanto no hubo esa reconfiguración de la correlación de fuerzas tan ansiada por los ideólogos recalcitrantes del oficialismo y la mayoría de los liderazgos regionales claves continúan en manos opositoras. Pero como las elecciones no se ganan ni se pierden sino que se explican, no faltará en uno y otro bando, quien quiera acomodar la realidad a sus deseos.
En cualquier caso, el resultado es una inyección de adrenalina para el gobierno, la confirmación de que la agenda nuevamente está en sus manos y de que su siguiente parada es la aprobación de una nueva Constitución, más nacionalizaciones y el empeño redentor en un socialismo indigenista sin que la oposición político-partidaria (en crisis terminal); o la oposición cívico-regional (algo más organizada), puedan detenerlo por el momento.
El “patria o muerte, venceremos” de Morales al terminar su discurso de triunfo en la plaza Murillo de La Paz es un dato del incremento de la polarización que vendrá en el futuro —y que opaca el tibio llamado al diálogo que hizo minutos antes—; lo mismo que la sediciosa demanda de un golpe de Estado del Alcalde de Santa Cruz.
Pero si Evo Morales revalidó su popularidad con esa contundencia y si los prefectos opositores en su mayoría se mantienen en sus cargos, la pregunta lógica es ¿para qué sirvió el referéndum? No hay muchas respuestas para ello: el deseo —antes que la certeza— de un desempate imposible; o la confirmación de aquella versión de la frase de Lampedusa atribuida a Víctor Paz Estenssoro, el líder político más importante del siglo XX: “En Bolivia pasa todo, pero, al final, no pasa nada”. Es que las sobredosis, aún las de política, son otra forma de evasión.
(Publicado en La Tercera el 13 de agosto de 2008)

El inobjetable triunfo de Evo Morales


El teflón

En otras circunstancias (o en otro lugar) que un Presidente no pueda recibir a sus invitados extranjeros por no controlar su territorio; que luego de dos muertos a balazos trepen a una treintena las víctimas caídas durante su mandato; que enfrente una rebelión regional sin precedentes condimentada por una masiva huelga de hambre; en fin, todo aquello que ocurrió en Bolivia esta semana, se hubiera traducido en una disminución dramática de su popularidad; quizá la declaración de estado de conmoción interna; y, qué duda cabe, habría generado frases célebres y sesudos análisis sobre su continuidad.
Nada de eso ocurre con Evo Morales. A pesar de sus errores de principiante que son reflejados en caracteres catastróficos por los medios; de las nacionalizaciones inverosímiles (la última, el proyecto de estatizar los fondos de pensiones y los ahorros individuales) y hasta de la sempiterna influencia y billetera de Hugo Chávez, Evo Morales sigue vivito y coleando, incombustible, un teflón al que nada se le pega y que será ratificado holgadamente en el referéndum del próximo domingo. Según la ley, necesita algo más del 46 por ciento para mantenerse en el cargo y las encuestas, aún las más pesimistas, sitúan su votación diez puntos por encima de ese porcentaje (las más optimistas veinte).
Un resultado de ese calibre (de confirmarse) no puede atribuirse únicamente a los errores de la oposición (que los hubo y muchos, entre ellos no hacer campaña) o a su racismo endémico en un país predominantemente indígena; ni tampoco sólo a que Morales representa genuinamente lo que sienten y piensan los bolivianos (a esas pulsiones sociales que los definen: algo autoritarias y socialistas, algo premodernas), sino también a que es un liderazgo que excede por mucho lo político y que no puede ser explicado solamente bajo esos términos: genera complicidades mucho más complejas.
En cualquier caso, el referéndum del domingo será una inyección de adrenalina para el gobierno, la confirmación de que la agenda nuevamente está en sus manos y de que su siguiente parada es la aprobación de una nueva Constitución, más nacionalizaciones y el empeño redentor en un socialismo indigenista sin que la oposición político-partidaria (en crisis terminal); o la oposición cívico-regional (algo más organizada pero que no se repondrá con facilidad si pierde a algunos de sus cuadros este domingo), puedan hacer nada.
Eso sí, difícilmente el próximo lunes habrá esa reconfiguración total de la correlación de fuerzas tan ansiada por los ideólogos más recalcitrantes del oficialismo, y la mayoría o por lo menos la mitad de los liderazgos regionales continuarán en manos opositoras.
Pero si Evo Morales revalida su popularidad con la contundencia con la que las encuestas lo prevén y si los prefectos en su mayoría se mantienen en sus cargos, la pregunta lógica es ¿para qué sirve este referéndum? No hay muchas respuestas para ello, quizá apenas el deseo —antes que la certeza— de un desempate imposible.

Referéndum revocatorio III

El referéndum revocatorio no resolverá nada.

Apenas la ratificación de las heridas y problemas que dividen Bolivia... O nuestra particular (e infinita) capacidad para postergar la resolución de los problemas siempre con un más imaginativo volador de luces, o una apuesta mayor en la ruleta en la que se ha convertido la política boliviana.

El referéndum revocatorio fue inicialmente esgrimido por el propio gobierno en noviembre pasado para "redefinir la correlación de fuerzas", pero las encuestas hicieron que diera marcha atrás y se olvidara de la idea. A fin de cuentas todo iba a quedar igual, sólo que con mayor legitimidad para los Prefectos.

El hecho de que ahora sea la oposición quien lo plantee, obedece a la misma lógica: hay quienes consideran que pueden lograr la revocatoria del mandato de Evo Morales, obnubilados como están en la victoria del domingo pasado... con más adrenalina que sensatez y olvidándose que Bolivia es ancha y ajena.

Esperan reproducir la derrota que le infringió la oposición a Hugo Chávez en el referéndum venezolano de diciembre pasado y que le impidió la reelección. ¿Quién sabe? Es difícil hacer pronósticos. Lo concreto es que ni la pregunta es la misma ni los procesos boliviano y venezolano pueden ser comparados.

El gobierno no esperaba que después de perder la iniciativa política en las últimas semanas, la situación continuara igual luego del referéndum autonómico. Se equivocó. Apenas es reactivo ante hechos políticos ya consumados. Ese es el principal golpe que le dio Santa Cruz, como lo demuestra la pelea que tuvo con la Iglesia Católica porque el Cardenal fue a votar (¿cómo pueden ser tan infantiles?).

Por eso era tan difícil para el oficialismo hacer lo que era más sensato: decir que el referéndum no resuelve nada y que sólo será un derroche de recursos sin sentido. Pero puestos a ver quién es el más macho...

Unos enceguecidos por la victoria del domingo, pensando que lo ocurrido en Santa Cruz es lo que ocurre en todo el país... Otros incapaces de reconocer que algo ha cambiado a raíz de lo ocurrido ese día...

En fin, que estamos (y disculpen la expresión) entre el moco y la baba.

Referéndum revocatorio III

El referéndum revocatorio no resolverá nada.

Apenas la ratificación de las heridas y problemas que dividen Bolivia... O nuestra particular (e infinita) capacidad para postergar la resolución de los problemas siempre con un más imaginativo volador de luces, o una apuesta mayor en la ruleta en la que se ha convertido la política boliviana.

El referéndum revocatorio fue inicialmente esgrimido por el propio gobierno en noviembre pasado para "redefinir la correlación de fuerzas", pero las encuestas hicieron que diera marcha atrás y se olvidara de la idea. A fin de cuentas todo iba a quedar igual, sólo que con mayor legitimidad para los Prefectos.

El hecho de que ahora sea la oposición quien lo plantee, obedece a la misma lógica: hay quienes consideran que pueden lograr la revocatoria del mandato de Evo Morales, obnubilados como están en la victoria del domingo pasado... con más adrenalina que sensatez y olvidándose que Bolivia es ancha y ajena.

Esperan reproducir la derrota que le infringió la oposición a Hugo Chávez en el referéndum venezolano de diciembre pasado y que le impidió la reelección. ¿Quién sabe? Es difícil hacer pronósticos. Lo concreto es que ni la pregunta es la misma ni los procesos boliviano y venezolano pueden ser comparados.

El gobierno no esperaba que después de perder la iniciativa política en las últimas semanas, la situación continuara igual luego del referéndum autonómico. Se equivocó. Apenas es reactivo ante hechos políticos ya consumados. Ese es el principal golpe que le dio Santa Cruz, como lo demuestra la pelea que tuvo con la Iglesia Católica porque el Cardenal fue a votar (¿cómo pueden ser tan infantiles?).

Por eso era tan difícil para el oficialismo hacer lo que era más sensato: decir que el referéndum no resuelve nada y que sólo será un derroche de recursos sin sentido. Pero puestos a ver quién es el más macho...

Unos enceguecidos por la victoria del domingo, pensando que lo ocurrido en Santa Cruz es lo que ocurre en todo el país... Otros incapaces de reconocer que algo ha cambiado a raíz de lo ocurrido ese día...

En fin, que estamos (y disculpen la expresión) entre el moco y la baba.

Referéndum revocatorio II

Si el Presidente de la República y el Vicepresidente de la República fueran revocados en su gestión, el Presidente de la República convocará a elecciones generales, por un nuevo período constitucional, en un plazo de 90 a 180 días, desde la emisión del cómputo oficial emitido por la Corte Nacional Electoral, en el marco de la normativa electoral vigente.

Los Prefectos que fueran revocados en su gestión, cesarán en sus funciones, el cargo será declarado vacante y conforme dispone la Constitución Política del Estado, el Presidente de la República designará al Prefecto que ejercerá funciones hasta tanto se designe al nuevo Prefecto como resultado del proceso eleccionario correspondiente.

Referéndum revocatorio

I. Se revocará la gestión del Presidente de la República y del Vicepresidente de la República si el resultado del Referéndum por el NO a la pregunta establecida en el Artículo 5 de la presente Ley, alcance a un porcentaje superior a cincuenta y tres, setecientos cuarenta por ciento (53,740%) y una votación superior a 1.544.374 votos.
II. Se revocará la gestión de los Prefectos de Departamento si el resultado del Referéndum por el NO a la pregunta establecida en el Artículo 6 de la presente Ley, alcance a porcentajes y votaciones superiores a las obtenidas en las elecciones de 18 de diciembre de 2005, de acuerdo a la siguiente tabla de resultados: Prefecto de La Paz, 361.055 votos (37.988%); Prefecto de Chuquisaca, 66.999 votos (42.306%); Prefecto de Pando 9.958 votos (48.032%); Prefecto de Beni, 46.842 votos (44.637%); Prefecto de Santa Cruz, 299.730 votos (47.877%); Prefecto de Oruro, 63.630 votos (40.954%); Prefecto de Potosí, 79.710 votos (40.690%); Prefecto de Tarija, 64.098 votos (45.646%); Prefecto de Cochabamba, 246.417 votos (47.641%).

(Fuente: La Ley de Referéndum Revocatorio de Mandato Popular)

El referendo cruceño y el costo de frenar a Evo

Por Fernando Molina, especial para Infolatam

Alrededor del 85 por ciento de los cruceños (según datos extraoficiales) acaba de aprobar un Estatuto Autonómico que, en teoría, les permitirá darse un completo auto-gobierno, sólo subordinado al Estado nacional en materia de defensa, moneda y relaciones exteriores. Si se aplicara plenamente, este Estatuto pondría a Santa Cruz en una situación similar a la del País Vasco dentro de España, incluso en cuanto al tratamiento de los impuestos nacionales como tributos locales de los cuales coparticipa el gobierno nacional.
Sin embargo, los efectos prácticos de esta abrumadora votación, que por otra parte todo el mundo esperaba, seguramente serán escasos, por lo menos en el terreno administrativo. El referendo se efectuó sin un claro respaldo legal y sin la aquiescencia de las autoridades nacionales, que durante varias semanas dudaron entre reprimirlo o, como sucedió al final, permitir su realización y desconocer sus resultados. Para el presidente Evo Morales y buena parte de los bolivianos del occidente del país, las atribuciones que pretende darse Santa Cruz son desmedidas e inaceptables. Por eso los seguidores de Morales en la capital de este Departamento y en la casi colindante Montero, así como en los pueblos de Yapacaní y San Julián –mayoritariamente habitados por inmigrantes del oeste– organizaron protestas e impidieron la votación en el cuatro por ciento de la mesas de sufragio, según la Corte Departamental Electoral. Por otra parte, resulta difícil que las autoridades cruceñas puedan usar las facultades que les concede el Estatuto aprobado, ya que la mayoría de las instituciones de gobierno que deberían comenzar a manejar, comenzando con el Servicio de Impuestos, tienen un carácter nacional. Desgajar la parte cruceña de estas instituciones requerirá de tiempo, de fondos y de la colaboración de La Paz, por lo que no es probable a corto plazo. Más factible resulta que, de aquí en adelante, los cruceños se aboquen a elegir la Asamblea Departamental que, según el Estatuto, debe funcionar como organismo legislativo. También se espera que en las próximas semanas otros tres departamentos efectúen sus propios referendos autonómicos –también rechazados por el gobierno–, aunque poniendo en consideración en ellos estatutos más moderados que los de Santa Cruz.
De este modo Bolivia, una vez más, gasta una gran cantidad de energías y de recursos –que por supuesto no tiene– en movilizaciones simbólicas, en demostraciones de fuerza, en complicadas y onerosas movidas ajedrecísticas dentro de una lucha que ya dura ocho años por evitar que se produzca una nueva revolución populista en el país (que ya ha vivido varias y sin embargo, o más bien por eso mismo, es el más pobre de Sudamérica). La lucha autonomista que encabeza Santa Cruz es el medio de la oposición para detener o por lo menos desviar el ímpetu redistribuidor y revanchista del gobierno de Evo Morales, que desde La Paz pretende construir un Estado justiciero y a la vez autoritario, a imitación del que gobierna Hugo Chávez en Venezuela. Hace menos de una semana, este proceso dio un nuevo fruto: la nacionalización “a la mala” de cuatro empresas petroleras y la principal compañía telefónica, acción que retiró la palabra empeñada por el Estado boliviano con compañías españolas, inglesas, norteamericanas, alemanas e italianas.
Sin embargo, el medio elegido por la oposición, aunque hasta ahora bastante eficiente, es peligroso porque alienta pasiones regionales que siempre han tensionado a Bolivia y que aquí no existe ningún Estado fuerte capaz de atenuar. La resistencia regional está frenando a Evo Morales, sí, pero al costo de –también ella– relativizar las leyes, debilitar las instituciones y despertar demonios (como el odio contra La Paz y contra los indígenas) cuya existencia explica buena parte de la historia de fracasos y de pobreza de Bolivia.

Bolivia: hagan sus apuestas

Bolivia es el paraíso del juego, y los políticos, ludópatas compulsivos. Por eso pocos se sorprenden de que estén prohibidos los casinos o de que ante la perdida de iniciativa oficialista por el referéndum autonómico de Santa Cruz, la reacción fuera escalar el conflicto para retomar la agenda política.
Evo Morales optó por nacionalizar empresas petroleras (sobre lo cual había acuerdos previos porque el negocio alcanza para todos); e intentar nuevamente expropiar ENTEL (lo único que puede considerarse una patada al tablero).
Y la mala costumbre cunde: en los últimos días todos quienes siguen de cerca la política en la región apuestan sobre lo que pasará después de un referéndum que concentra la preocupación máxima de organismos como la OEA que desde hace semanas tratan de encontrar alternativas de diálogo y enfrentan la paradoja de que una de las partes (los movimientos regionales) quiere esperar hasta después del 4 de mayo para negociar con más fuerza, y la otra (el gobierno) quiere hacerlo antes por el mismo motivo.
¿Habrá estado de sitio? ¿Guerra civil, acaso? ¿Balcanización, división? Y, en ese caso, ¿quién se quedará con qué? Los más irresponsables incluso arriesgan el número de muertos que en días más enlutarán Bolivia.
La respuesta que se puede arriesgar a estos interrogantes es no: el lunes la lucha continuará en el campo simbólico (a la boliviana, claro está), con violencia esporádica como hasta ahora, pero sin definición de ningún tipo. Se trata de un proceso de largo aliento en el que se cierra un ciclo del Estado que nació después de la Revolución del ‘52 sin que nadie sepa a ciencia cierta qué vendrá después.
El referéndum del domingo es un momento culminante pero no definitivo: se vota por un estatuto autonómico parecido al español que fue redactado para hacer frente a la Constitución indigenista que el gobierno quiso aprobar y que hoy todos dan por desahuciada; se vota contra las medidas de desgaste económico (prohibición de exportaciones de aceite y recorte de recursos); pero por sobre todo se vota en adhesión o rechazo al gobierno.
Pero no nos engañemos, este proceso ha generado que Santa Cruz, el departamento económicamente más importante, el más rico, el más moderno (pero también el que tiene dirigentes más racistas y reaccionarios), esté a punto de consumar un acto que tendrá consecuencias para el futuro político y administrativo de Bolivia. El clivaje regional —al igual que el indígena que permitió la victoria de Morales hace dos años—, ahonda el empate catastrófico boliviano convirtiéndolo en un problema de seguridad nacional para todos los países de la región, incluido Chile.
El gobierno ha reaccionado con distintas estrategias para frenar al referéndum, conciente que le será adverso numérica y políticamente: la nacionalización es una de ellas, pero también bautizándolo como una “encuesta cara”, lo que significa que lo desconocerá pero permitirá que se lleve a cabo pacíficamente.
Por su parte, los cruceños saben que, una vez aprobado, el estatuto autonómico será poco más que papel en tanto no haya un acuerdo nacional o una Constitución que lo respalde y permita ponerlo en marcha.
Por eso, sea cual sea la correlación de fuerzas que arroje el referéndum del domingo (y los otros tres en preparación en regiones tan importantes como Tarija, donde se encuentra la riqueza gasífera del Chaco), el lunes Bolivia volverá a esa anomalía permanente a la que comienza a acostumbrarse, sin resolver la crisis estatal que la aqueja desde hace ocho años esperando la siguiente apuesta de los jugadores. Claro está, con un crupier cada vez más deteriorado, deprimido y agónico… pero aún entero.


Coordinador Observatorio de Política Regional Chile 21
(Publicado en La Tercera el domingo 4 de mayo de 2008)

Preguntitas

Referéndum revocatorio

UNO
Para Evo Morales: ¿Usted está de acuerdo con la continuidad del proceso de cambio liderado por el presidente Evo Morales Ayma y el vicepresidente Álvaro García Linera?

Para los prefectos: ¿Usted está de acuerdo con la continuidad de las políticas, las acciones y la gestión del Prefecto del Departamento?

Será suceptibilidad mía, pero algo extraño produce leer ambas preguntas, ¿verdad?

DOS
Según el proyecto del gobierno, para lograr la revocatoria se debe obtener “una votación superior al porcentaje de la votación obtenida en la última elección, y un número de votos superior al total obtenido en la última elección”.

Esto significa que a nivel nacional no es suficiente el 50% más uno... y que a nivel departamental es necesario menos del 50% (por los porcentajes obtenidos por el Presidente y los prefectos en las elecciones del 2005).
No sólo eso. Además se necesita obtener más votos que en esa ocasión (en caso de que se llegue al porcentaje necesario pero hubiera menor participación electoral, votos en blanco, etc.).

En el caso del Presidente se necesitaría un voto más de 1.544.374 y, además, que ese número sea superior al 53,74% del total.

Complicado, ¿verdad?

¿Referéndum revocatorio en Bolivia?

"Les propongo a los prefectos conservadores y no conservadores, a los nueve prefectos del país someternos juntos a un referéndum revocatorio, que el pueblo diga si están con el cambio o no están con el cambio, que el pueblo diga si están con el modelo neoliberal, con la privatización, con las subastas de nuestros recursos naturales, de nuestras empresas o no. No hay por qué tenerle miedo al pueblo", afirmó Evo Morales en un mensaje a la nación.

La búsqueda de una solución política, qué duda cabe, cualquiera que ésta sea, siempre será mejor que el enfrentamiento y el empate catastrófico al que estamos condenados.
De cualquier forma, este salto para adelante propuesto por el Presidente implica tantos riesgos que es difícil contabilizarlos (para no ingresar en una discusión sobre la legalidad de la medida, lo que sería inconducente; o sobre el deseo del gobierno de que la revocatoria sea por un porcentaje mayor al obtenido en las elecciones pasadas, por tanto, en su caso, la necesidad de que quienes se opongan a él saquen 55% y no de 51% para revocar su mandato).
Entre esos riesgos destacan la negativa de la oposición a aceptar el referéndum en tanto no se detenga la aprobación a marchas forzadas de una Constitución de la que pocos saben y sobre la que muchos especulan. Encima, la sanción final se realizaría la próxima semana en Lauca Ñ, territorio cocalero, lo que incluso siendo indulgentes pone en riesgo su legitimidad al ser una zona a la que no puede acceder la oposición. Quizá la pregunta más pertinente no sea dónde se realizarán las sesiones de la Asamblea Constituyente, sino porque no se pueden hacer en gran parte del territorio nacional: el Estado, cada vez más débil (a contrapelo de lo que el propio gobierno propugna) ni siquiera puede controlar su territorio, un elemento constitutivo de la estatalidad.
Evo, además, enfrenta la posibilidad de ser derrotado en algunos departamentos. ¿Qué ocurriría en ese caso? ¿Qué legitimidad tendrían las decisiones del gobierno nacional donde gane la revocatoria? Ese el peligro de departamentalizar el referéndum, lo que Morales considera imprescindible porque también es conciente de que algunos de los prefectos podrían perder en esta vuelta. Pero la oposición no son sólo los prefectos; los cívicos, entidades poco democráticas si las hay, algunas organizaciones sociales y todas las corporativas no formarán parte de esta consulta y seguirán siendo una piedra en el zapato para el gobierno).
En cualquier caso, al margen de la afirmación de principios que se debe hacer sobre cualquier expresión que consolide y profundice la democracia, como el referéndum, quizá el problema principal sea que el gobierno se esté jugando por una carta fuerte pero elusiva y sigue sin encontrar una solución política al verdadero problema que aqueja Bolivia: La Constitución, las autonomías y la inclusión indígena. ¿O pensará que con esta decisión la aprobación de la Constitución no sufrirá más demoras? Evo Morales no es ingenuo y, sin duda, decidió su movida en función al tiempo que le puede otorgar para aprobarla. Medidas como ésta puede que se lo permitan, sin que eso signifique que realmente crea en ellas. La tradicional doble moral política: es bueno si me conviene, malo si no.
La única esperanza que queda es que falta poco para la Navidad y los carnavales. Generalmente los bolivianos en épocas así enfundamos las espadas y festejamos pacíficamente, pobre consuelo el mío, pero todo vale a la hora de ganar tiempo hasta encontrar una solución que nos permita vivir en armonía, crecer y mejorar nuesta calidad de vida. ¿O nos hemos olvidado que esas son las cosas realmente importantes?