Movilización por la PAZ: Una iniciativa de Carlos Hugo Molina
www.agora.mundoalreves.com
Carlos Hugo Molina afirma:
"Hace un par de años, como ciudadano en función de un cargo público, propuse una campaña POR LA PAZ. Era un momento de tensión como el que estamos viviendo ahora. La propuesta era muy simple: colocarse en la solapa, en el bolsillo de la camisa, en la blusa, un cintillo blanco cruzado. Fueron solicitados más de 10.000 cintillos por gente de todas las edades y condiciones sociales y culturales. De manera indudable, cada una de las personas que lo utilizó, demostró que quería VIVIR EN PAZ, lejos del dolor y de la muerte. Fue una apuesta que ayudó a sensibilizar. Y en el silencio del cintillo blanco, se multiplicó el grito por la vida.
Propongo una campaña, a partir de los blogs, de las redes de ciudadanía, de los correos electrónicos, de las páginas webs, para que todos los que apostamos vivir en democracia, en justicia y en Verdad, invitemos a los hombres y mujeres de buena voluntad, para demostrar que somos mayoría, silenciosa, pero mayoría. Que sirva para que nos encontremos por la calle, en las plazas, en los mercados, con un abrazo blanco de PAZ. Estamos a prueba. Apostemos por el arcoiris de la vida".
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Tiempos de guerra
Corren tiempos de guerra y todo lo demás parece intrascendente (el café de la mañana, el cine de los domingos, el beso casto de buenas noches), las pocas cosas que hacen llevadero nuestro destino, que le dan sentido. Las anécdotas cotidianas son insignificantes frente al drama épico de la matanza, del bombardeo (probable), de la invasión posible, frente al planificado arte de la destrucción. O, aún peor, la soberbia de la intromisión en nuestra vida privada, el espionaje absurdo, el fin de la libertad individual.
Alguien dirá: ¿cómo pueden ser importantes nuestras vidas si otras miles ya no existen (las exterminaron) y muchas más desaparecerán en pocos días cuando se eleve al cielo el humo acre de la batalla? ¿Será posible vivir en una burbuja y alegar que estamos tan lejos del mundo? ¿Será posible no participar militantemente (no criticar la barbarie) y ser dignos al mismo tiempo?
El mundo está a punto de entrar en guerra (tarda porque está fuera de forma), el mundo está a punto de estallar en mil pedazos, uno por cada muerto en Occidente, uno por cada muerto en Oriente. ¿Cuál es la actitud ética, la actitud responsable?, ¿sobre qué debemos escribir? ¿Quién lo sabe? Es fácil llenarse la boca sobre la paz y la dignidad del hombre cuando no esperamos un avión en la oficina ni una bomba en nuestras calles, cuando sabemos que todos volveremos a casa esta noche, cuando nuestros niños escuchan, al despertar, dulces canciones de cuna y no sordas ráfagas de ametralladora.
El mundo está en guerra y las falanges se pertrechan en cuevas y portaaviones, se alistan los combatientes en el desierto y en el mar: el show debe continuar y lo aplaudiremos en nuestra sala, frente a un televisor a colores. Los pájaros de la muerte (civiles y militares) graznan de placer, ya mueven sus entumecidas alas, esperan el prime rate, la hora pico, la cerveza y las pipocas.
Corren tiempos mezquinos: los de una guerra que no es ideológica ni religiosa (nunca lo han sido, nunca lo son). Corren tiempos de guerra sin enemigo: un grupo de fanáticos al frente, delincuentes y asesinos, incapaces de elevarse a la altura de la más insignificante de sus víctimas (nadie debería rebajarse a su condición, disminuirse, corromperse como lentamente lo estamos haciendo al darles un status que no les corresponde). La guerra es demasiado importante para que valga la pena desperdiciarla en ellos.
¿La guerra es el preludio de tiempos de paz o la continuación de una, muy larga, que comenzó hace siglos, cuando Caín mató a su hermano y selló nuestro destino? (todo lo demás es tecnología y ya vimos para lo que sirve).
Nadie critica la guerra, nadie se anima (nadie la quiere). Rechacemos la guerra por inútil (desde el lugar en el que estemos), salvemos lo poco que queda (el café de la mañana, el cine de los domingos, el beso casto de buenas noches), castiguemos a los culpables, cooptemos a los inocentes. Oremos por la paz que todos queremos. La paz que nadie espera.
Alguien dirá: ¿cómo pueden ser importantes nuestras vidas si otras miles ya no existen (las exterminaron) y muchas más desaparecerán en pocos días cuando se eleve al cielo el humo acre de la batalla? ¿Será posible vivir en una burbuja y alegar que estamos tan lejos del mundo? ¿Será posible no participar militantemente (no criticar la barbarie) y ser dignos al mismo tiempo?
El mundo está a punto de entrar en guerra (tarda porque está fuera de forma), el mundo está a punto de estallar en mil pedazos, uno por cada muerto en Occidente, uno por cada muerto en Oriente. ¿Cuál es la actitud ética, la actitud responsable?, ¿sobre qué debemos escribir? ¿Quién lo sabe? Es fácil llenarse la boca sobre la paz y la dignidad del hombre cuando no esperamos un avión en la oficina ni una bomba en nuestras calles, cuando sabemos que todos volveremos a casa esta noche, cuando nuestros niños escuchan, al despertar, dulces canciones de cuna y no sordas ráfagas de ametralladora.
El mundo está en guerra y las falanges se pertrechan en cuevas y portaaviones, se alistan los combatientes en el desierto y en el mar: el show debe continuar y lo aplaudiremos en nuestra sala, frente a un televisor a colores. Los pájaros de la muerte (civiles y militares) graznan de placer, ya mueven sus entumecidas alas, esperan el prime rate, la hora pico, la cerveza y las pipocas.
Corren tiempos mezquinos: los de una guerra que no es ideológica ni religiosa (nunca lo han sido, nunca lo son). Corren tiempos de guerra sin enemigo: un grupo de fanáticos al frente, delincuentes y asesinos, incapaces de elevarse a la altura de la más insignificante de sus víctimas (nadie debería rebajarse a su condición, disminuirse, corromperse como lentamente lo estamos haciendo al darles un status que no les corresponde). La guerra es demasiado importante para que valga la pena desperdiciarla en ellos.
¿La guerra es el preludio de tiempos de paz o la continuación de una, muy larga, que comenzó hace siglos, cuando Caín mató a su hermano y selló nuestro destino? (todo lo demás es tecnología y ya vimos para lo que sirve).
Nadie critica la guerra, nadie se anima (nadie la quiere). Rechacemos la guerra por inútil (desde el lugar en el que estemos), salvemos lo poco que queda (el café de la mañana, el cine de los domingos, el beso casto de buenas noches), castiguemos a los culpables, cooptemos a los inocentes. Oremos por la paz que todos queremos. La paz que nadie espera.
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