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Asignaturas pendientes

Ahora que Fidel Castro está nuevamente de moda (por su incombustible capacidad de pegar donde más duele y por la ceguera de sus críticos, sus mejores voceros), o quizá solamente por la impecable puesta en escena de la batalla de Santa Clara que debemos a Steven Soderbergh y a Benicio del Toro, conviene recordar otra obra reciente: la imprescindible diatriba contra Hugo Chávez que publicó Enrique Krauze.
El mexicano se pregunta en El poder y el delirio: "¿Qué explica la tenaz persistencia del mito revolucionario? (...) Tras la liberación de Europa del Este, la desaparición de la Unión Soviética y el ascenso, no menos sorprendente, de la economía de mercado en China, la izquierda radical latinoamericana se ha rehusado a debatir la inmensa significación de estos hechos. Si estas tres mutaciones no modificaron sus ideas, es razonable pensar que nada las hará cambiar. Ningún dato contrario la perturba, porque para probar su credo recurre siempre al territorio irrefutable del futuro".
La herencia marxista, sobre todo castrista, no pudo nunca ser repartida del todo en la región, por nuestra incapacidad autocrítica, cierto, pero también por la ceguera de las dictaduras que en los 60 y 70 recurrieron a la barbarie más innoble para destruir a jóvenes a los que había que combatir con ideas democráticas, no desapareciéndolos o torturándolos.
Por eso aún sentimos nostalgia cuando vemos a Benicio del Toro, o escuchamos en el iPod aquellas frases certeras, que combinaban amor, sexo y revolución, ¡si hasta los estudiantes antichavistas cantan a Violeta Parra en sus campañas!
Krauze ve en la expansión continental "bolivariana" antes que una necesidad ideológica, la rémora de esa herencia. Castro, y por supuesto Guevara, quisieron denodadamente exportar la revolución (y sin petrodólares, por lo que es tan relativo el fin del influjo chavista sólo a raíz de la disminución del precio del crudo). Recordemos sólo como ejemplo las dos primigenias invasiones cubanas a Venezuela; las experiencias guerrilleras en Bolivia (la del Che, pero también la de Teoponte); la influencia que pudo tener en la radicalización de Allende su presencia infinita en Chile; o la inmolación grandilocuente y sangrienta del ERP y de Montoneros.
Krauze se arriesga a decir de Chávez -quien ganó un referéndum el domingo para poder reelegirse en forma indefinida- que "es un venerador de héroes, pero no es un héroe. Nunca ha sido un héroe. Admiró al Che, pero no cayó en la selva, fusil en mano y muerte crística, enfrentando al imperialismo. Admiró a Allende, pero no estuvo dispuesto a defender a toda costa su legítima Presidencia (…) ha admirado siempre a Bolívar, pero no ha (…) liberado ningún pueblo. Ha admirado siempre a Castro, pero su frustrada toma del Palacio de Miraflores no fuel el Moncada y menos la Sierra Maestra". Chávez ha querido siempre ser un héroe, pero ha elegido dos competidores inalcanzables: Bolívar y Fidel.
Pero, cree el mexicano, no hay reino compartido. "Debe matarlos simbólicamente (o devorarlos) para reinar a su anchas. Pero en ese mismo acto de soberbia, como Edipo, perderá la Luz".
Si alguna lección podemos sacar de todo lo ocurrido en estos días en Venezuela, pero también en Cuba, es la incapacidad que hemos tenido de realizar el parricidio que nos corresponde. Según Krauze, Chávez quizá se anime y así se inmole, pero en eso será más valiente que todos nosotros. La Latinoamérica del presente no saldrá adelante sin ello… y si no conjuga el socialismo y la libertad. Esas son nuestras asignaturas pendientes.

Publicado en Ideas y Debates de La Tercera, 18 de febrero de 2009

Diez años, año diez

La noche del lunes, cuando se festejaban los 10 años de gobierno del venezolano Hugo Chávez, una multitud bajo la tormenta gritaba casi en estado de delirio que "Chávez no se va". El mayor pastor electrónico que hayamos conocido a este lado de América, haciendo de nuevo su trabajo.
Flanqueado por los presidentes de Nicaragua y Bolivia, desgranando bajo la lluvia uno de esos discursos que leerán quienes cuenten su historia. Abogando por el Socialismo del siglo XXI y citando a diestra y siniestra a Bolívar, por supuesto, pero también a Churchill y a Walt Whitman. Como dice Bastenier: "Socialismo será todo aquello que Chávez diga que es socialismo".
Y él dice que es apenas una brizna de hierba a la que el viento del pueblo empuja. "Mi vida no vale nada -afirma-, sólo importa el amor al pueblo", llevando la revolución a su mayor abstracción historicista y a su principal error: no se ama una entelequia colectiva, sino a los individuos de carne y hueso.
A pesar de todo esto, cuando se habla del gobierno de Hugo Chávez, no se debe perder de vista esos 40 años de un modelo excluyente y corrupto que hizo implosión a finales de los 90, y del que él surge y es consecuencia. Frente a lo cual, como dice Teodoro Petkoff, "Chávez… habló de los pobres, los sacó de debajo de la alfombra y los colocó sobre la mesa".
El problema, sin embargo, es que en los últimos años construyó un país similar al de la Venezuela saudí previa a él mismo, condenando a quienes quiso redimir al asistencialismo y a la dependencia de las fluctuaciones del crudo, perdiendo en el camino cierto sentido de la estética y de las magnitudes, sobre todo a nivel internacional.
Porque Chávez se siente cómodo en el mundo (aunque no sea igual a la inversa), y no es sólo "la conducción a escala internacional de la reinvención de la izquierda", como dice Ramonet, o quien niega sus propios principios al aliarse con el fundamentalismo iraní; tampoco nada más que el creador de la revolución bolivariana (un término casi posmoderno que da cabida a todo); o el dueño del dinero, lo que hoy apenas es un tópico; sino también una forma de entender la comunicación y la política, una que nos retrotrae al primer peronismo, cuando Argentina, al igual que hasta hace poco Venezuela, podía "tirar manteca al techo" y construir su particular versión de la democracia populista. En ese sentido, la procedencia y la constante invocación a las Fuerzas Armadas de Perón y Chávez no son una casualidad.
Al igual que no lo es la forma en que éste último se multiplica en las regiones donde viven los pobres de su país y en los países a los que considera aliados; ahí ha construido la infraestructura para que todos repitan la misma letanía y aprendan el mito fundacional, que puede variar en la forma, pero que en esencia se refiere al héroe en comunión, sea con los descamisados, los pobres o los indígenas.
Visto así, el Alba es uno de sus grandes éxitos, no por Petroamérica, sino por la presencia permanente de Morales, Correa y otros presidentes a su lado… y de Telesur, el costado pragmático de una revolución que 10 años después aún busca reinventarse sin éxito.
Es que desde 1999 hasta hoy, lo único que pervive intacto es el uso de la iconografía castrista y esa necesidad primaria de cambiar hasta el lenguaje (los franceses y rusos, en su momento, se animaron incluso con el calendario). Quizá por eso ésta fue la conmemoración del "Año Diez de la Revolución" y no la celebración de los "Diez Años de la Revolución". Una sutil y decisiva diferencia.

Publicado en Ideas y Debates de La Tercera, 04 de febrero de 2009

Ese aura de invencibilidad

¿Qué habrá ocurrido para que los personajes más rutilantes de la región hayan desaparecido del firmamento mediático o, por lo menos, para que éste se haya nublado y comenzado a serles adverso?
Hugo Chávez que era la estrella de cuanto acontecimiento ocurriera, uno de los pocos actores latinoamericanos a nivel mundial, aquel que se codeaba con los grandes protagonistas de la política internacional (negociaba con Putin, convocaba a Ahmadinejad, abrazaba a Castro), ha disminuido su protagonismo dramáticamente. El otrora acertadísimo político omnipresente, el influyente líder continental hoy se equivoca una vez tras otra como si fuera un principiante en la política.
Evo Morales, uno de los cuadros sociales más lúcidos que han tenido los sectores indígenas en el continente, aupado en los hombros de millones que lo aclamaban y a los que representaba por su asertividad política, hoy se debate en contradicciones no sólo diarias sino horarias, y a una pérdida de autoridad que le impide pisar gran parte de su territorio (lo cual no quita relevancia a otros asuntos de diván como ese en el que un ministro chileno le regala al presidente boliviano “20 Poemas de Amor” y no cualquiera de las otras obras de Neruda, pero ese es otro tema).
Y, finalmente, la Argentina de los Kirchner, aquella que se había levantado de las cenizas milagrosamente se desmorona de nuevo, enfrentadas la “patria soyera” con la “patria peronista”, en un duelo que para sus protagonistas parecería definitivo, y lo definitivo —se sabe— es triste y solitario, pero sobre todo no es político (los héroes de la novela negra pueden ser derrotados, los políticos no).


Se ha escrito mucho sobre la justicia histórica que significaría este declive mediático de izquierda para dar paso a otros líderes antes opacados y que hoy cobran relevancia porque apostaron por una economía sólida, abierta al mundo, de libre mercado, etc., etc. (verbigracia Brasil, Colombia, México, Chile), pero ese análisis está bien para los procesos de largo plazo y para los juicios de la historia, y nosotros apenas escribimos artículos en el periódico.
Quizá la cosa sea más simple y ramplona, y no tenga que ver con lo bien o mal que hagan las cosas esos países (o no solamente); como alguien dijo tan acertadamente alguna vez: “la política es más rasca de lo que parece”.
Luego del plebiscito en el que Chávez fue derrotado; posterior a los referéndums autonómicos en Bolivia en los que Morales perdió; asumida la conciencia machista de que Cristina Fernández es un flanco más débil que el de su esposo; en fin, después de todo eso, parecería que el aura de invencibilidad que rodeaba a estos líderes se vino abajo, y a partir de ahí el despeñadero (dejaron de ser obras de arte, apenas meras reproducciones).
Pasó su “momentum”, un término muy usado en el marketing político que se puede resumir como esa etapa en la que todo le sale bien a uno y mal al oponente. Todos los políticos lo buscan (y que coincida con el día de las elecciones), por supuesto también los presidentes… y quizá los que hemos mencionado lo consigan, ¿quién sabe? A Chávez le toca tener algún acierto, a Morales alguna victoria electoral, a los Kirchner saber que el centro también existe… entonces volveremos a discutir largamente sobre la izquierda continental, sus divisiones y su protagonismo.
Por eso aquéllos que la dan por muerta y enterrada deberían ser más cuidadosos: que algunos líderes de izquierda se hayan desmoronado no quiere decir que sus ideas no tengan adeptos, y en la política pura y dura, lejos del marketing y de la TV, de eso trata.

Coordinador del observatorio de política regional de Chile 21

La hora de la verdad

La escalada llegó a su clímax el lunes pasado: Alvaro Uribe agregaba gasolina al incendio denunciando vínculos de Venezuela y Ecuador con las FARC y de que éstas querían construir bombas de destrucción masiva (¿?), con el peor sentido de la oportunidad del que se tenga memoria; y Ecuador rompía relaciones diplomáticas con Colombia, invocando la columna vertebral del derecho internacional. Entonces se pusieron en tensión todos los mecanismos diplomáticos bilaterales y multilaterales de la región y la atención se concentró sobre la OEA.
Brasil, por supuesto, fue el que más rápido actuó, no sólo por la responsabilidad que tiene debido a su peso específico sino también por las buenas relaciones que mantiene con todos los involucrados. Propuso que ésta sea la instancia de resolución del impasse (guardándose a sí mismo y a otros países para el peor e improbable escenario de que la escalada se profundice) y José Miguel Insulza expresó “su apoyo entusiasta” a la iniciativa.
En resumen, como sostienen los más veteranos diplomáticos de la región, éste es un conflicto hecho a medida para que la OEA muestre su justa dimensión y para saber si sus críticos tienen o no razón (a quienes avalan lo acontecido en el pasado: la guerra de Las Malvinas o la de Centroamérica, por ejemplo, donde ésta brilló por su ausencia).
Así, se puso nuevamente en el tapete uno de los temas que siempre rondan los análisis en situaciones de crisis como éstas: la vigencia de una de las organizaciones regionales más antiguas del mundo, precisamente cuando Latinoamérica se tensiona merced a la ideología y a las fuertes disputas por un liderazgo que cada vez se hace más elusivo y fragmentario.
En este conflicto y en el otro que estallará próximamente (los referéndum convocados en Bolivia en dos meses más), se juega la paz en la región en un caso, y la continuidad del sistema democrático en el otro; pero no sólo eso.
Y aquí no hablamos de la vigencia de la institución, que nadie duda de ella, porque vendrá de capa caída pero ha pasado por crisis más graves en las últimas décadas y, ya se sabe, en el multipolarizado mundo actual son ellas las que deben perdurar; sino, sobre todo acerca de la vara con la que se medirá la gestión de José Miguel Insulza en el futuro.
Si la OEA participa activamente en la resolución del largo y tenso diferendo que se avecina entre Ecuador, Venezuela y Colombia; y además tiene una participación ecuánime y proactiva en Bolivia, estas crisis pueden ser la oportunidad (disculpen el cliché), que Insulza estaba esperando.
Porque, convengamos, hay otro escenario posible, si la OEA se muestra ineficiente, los países más poderosos, a la cabeza de Brasil (y al que ayer se sumó Chile), tendrán que intervenir directamente para aplacar ambos incendios: convocando a un grupo como el de Contadora para Centroamérica en el caso ecuatoriano-colombiano; o interviniendo con Argentina en el caso de Bolivia.
En descargo de Insulza y sus hombres habrá que decir que en los últimos años América Latina se ha convertido en un polvorín, y que quizá la crisis de la OEA no se deba sólo a las personas que la manejan sino a los mecanismos que la sostienen y que se muestran insuficientes para enfrentar los nuevos desafíos regionales. Para poner un ejemplo, la ONU tiene la discutible resolución 1373 de su Consejo de Seguridad sobre las obligaciones de los Estados respecto a los grupos terroristas, pero algo es algo.
Lo cual no es óbice para decir que, cuando la historia se nos pone al frente, los hombres tienen la obligación de aceptar el envite, o por lo menos de intentarlo, aunque fracasen en ello, porque uno los juzga a la larga más por omisión que por acción. Ese es el gigantesco desafío que hoy se enfrenta.

Exponen:
Carlos Ominami
Senador PS
Presidente Honorario de la Fundación Chile 21

Alejandro Navarro
Senador PS

Sergio Molina
Master en Ciencias Políticas
Ex Director de Comunicación del Gobierno de Bolivia

Yun - Tso Lee
Doctor en Ciencias Políticas y académico de la Universidad del Desarrollo

Modera:
Marcel Oppliger Periodista
Sub editor de Opinión de La Tercera

Invita:
Eugenio Guzmán
Decano Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo

María de Los Ángeles Fernández
Directora Ejecutiva Fundación Chile 21
Día:
jueves 13 de diciembre de 2007
Lugar:
Sala de Rectoría, Campus San Carlos de Apoquindo, Av. La Plaza 700, Las Condes
Hora:
11:30 AM

Apuntes sobre Venezuela III

Otro dato que no se debe pasar por alto es la escalada retórica chavista de las últimas semanas que llegó al paroxismo los días previos a la elección. Los ciudadanos comunes y corrientes aquí y en la quebrada del ají, amamos la tranquilidad, las buenas maneras y la paz. Frente a la política de la crispación (como bautizan los españoles al enfrentamiento político extremo), sabiamente los ciudadanos inoculan dosis de humildad a sus gobernantes, veamos sino al Presidente del Ecuador, otro de los considerados aliados de Chávez, quien mantuvo un bajo perfil casi exagerado.

Apuntes sobre Venezuela II

Los ciudadanos no votan por decenas de propuestas difíciles de tragar incluso para los especialistas, sino por una o dos ideas, por una promesa redentora. En eso, los venezolanos, los bolivianos o los norteamericanos son exactamente iguales: no les interesa la política más allá de lo que implica para su vida cotidiana. Es probable incluso afirmar que el resultado hubiera sido distinto si otro hubiera sido el caballito de batalla chavista. Por el contrario, si actualmente hay una convicción contemporánea (sobre todo en un continente marcado por las dictaduras) es en la necesidad de la alternancia en el poder, la democracia es el verdadero fantasma que recorre Latinoamérica.
Parte de esta lección rápidamente fue aprendida por Evo Morales por ejemplo, quien plantea ahora que en el referéndum boliviano se vote la Constitución por un lado, y la reelección indefinida por separado (claro, si se llega a destrabar la polarización que mantiene a varias regiones en huelga de hambre, a los prefectos viajando por el mundo pidiendo mediación internacional y a la sociedad más dividida que nunca).

Apuntes sobre Venezuela I

Cierto que las victorias tienen muchos padres y las derrotas son huérfanas (Evo Morales declaró reiteradamente del domingo para acá que Venezuela no ejercía ninguna influencia en Bolivia); o que es sencillo analizar lo que ya ocurrió pero lo difícil es prever lo qué pasará mañana (veamos sino las opiniones triunfalistas incluso de aquellos venezolanos que llamaban a la abstención hasta hace unas semanas porque el proceso estaba viciado de antemano).
Ahora bien, sin ánimo de parecer aguafiestas, agregaría al profuso análisis de estos días que la derrota de Hugo Chávez obedece sobre todo a sus propios errores antes que a los aciertos de la oposición o de la comunidad internacional. Convengamos que el propio Presidente venezolano fue quien agrupó a sus oponentes detrás de una sola consigna unificadora (no a la reelección indefinida), cuando éstos ni soñaban con un 3 de diciembre de fanfarria.

Venezuela : 10 elecciones en 10 años

Presidenciales
Resultados de Hugo Chávez
1998 56,2%
2000 59,7%
2006 62,8%

Referéndum
Resultados del oficialismo
1999 87,85% (Convocatoria a una Asamblea Constituyente).
1999 81,7% (Reforma a la Constitución)
1999 62% (Referéndum sindical).
2004 59% (Referéndum revocatorio de su mandato).
2004 Elecciones para gobernadores y alcaldes en las que ganó el oficialismo.
2005 79% (Elecciones Asamblea Nacional/ ausencia de oposición y abstención 75%).
2007 49,3% (Reforma a la Constitución / derrota de Chávez / 44% de abstención).

(Con datos de Clarín e Internet)

La derrota de Chávez, una lección para Bolivia

La derrota de Hugo Chávez es una buena noticia para la democracia (no tanto por el resultado final sino por la lección de civismo de oficialistas y opositores venezolanos), y también para Bolivia en tanto hará pensar con mayor detenimiento a los sectores más integristas del gobierno de Evo Morales sobre la conveniencia de aprobar a como de lugar su proyecto constitucional sin consensos previos.
Agrupar a todas las fuerzas opositoras detrás de una sola idea (que el propio chavismo entregó en bandeja), unificarlos en definitiva, es una de las principales lecciones que puede sacar del proceso venezolano el gobierno boliviano; la unidad y la claridad en propuestas democráticas integradoras, la que pueden aprender los opositores bolivianos.
Está claro que el principal escollo de Hugo Chávez fue la reelección indefinida (la propuesta más impresentable de todas las que planteó últimamente en su escalada retórica que no dejó títere con cabeza).
Morales debería comprender que ese tipo de propuestas no hacen más que exacerbar los ánimos y coartar la sana alternancia en el poder (que sabiamente contemplaba la anterior Constitución boliviana).
Finalmente, creer que el poder es eterno o que los cheques de respaldo y popularidad que otorga la población tienen fondos ilimitados son otras de las enseñanzas de la jornada del domingo 2 de diciembre.
En el fondo una dosis de humildad para Chávez que seguramente todos sus aliados tendrán en cuenta a la hora de sacar cuentas.

Viva la democracia

Venezuela va a las urnas y, si no hay una eventualidad poco probable (fraude por ejemplo), nuevamente celebraremos una fiesta de la democracia.
Respetemos el resultado (sea favorable o desafavorable a Hugo Chávez), porque se habrá expresado la voluntad popular y de eso se trata todo esto. Nada más, pero tampoco nada menos.

Rituales políticos y discriminación

En unos días más los presidentes de Iberoamérica se reunirán en una cumbre que se prepara hace meses, que ya ha producido muchos encuentros interministeriales y, sobre todo, de la que no sabemos casi nada. Como siempre lo único importante será el instante en que los jefes de Estado, todos juntos, discutan a solas los temas que realmente les importan. Además, por supuesto, de la Cumbre paralela que ya es parte del decorado, sin olvidar la lista de asistentes, de los faltones y de los colados.

Antaño, la presencia de Fidel Castro podía significar su éxito o fracaso (los reyes son figura puesta porque la Cumbre la organiza España), hoy ese espacio ha sido llenado por otros líderes carismáticos. Imagínese la Cumbre sin la presencia de Hugo Chávez: podría ser sustanciosa pero le faltaría sal y pimienta.
Quizá una explicación para la expectación que levanta donde quiera que vaya el venezolano es que se ha apropiado de elementos centrales de la comunicación política moderna: La mediatización y espectacularización de la política (por ejemplo su programa “Aló Presidente”, ubicuo y desterritorializado y con un claro sentido global); y los rituales políticos tradicionales que inserta en una gramática simbólica y trascendente (los actos y mítines donde hace referencia a la nación, la patria, al hombre nuevo, etc.).
Cuando llegue a Santiago, Chávez participará en dos de estos rituales: la Cumbre Iberoamericana, y la Cumbre por la Amistad e Integración de los Pueblos que organiza la izquierda. Ahora bien, protagonizarlos no da credenciales progresistas, y esta es la segunda idea que quería comentar.

Fijémonos sino en lo que dijo el venezolano en uno de sus espectáculos de prestidigitación política más recientes: “Si la oligarquía logra derrocar o asesinar a Evo, el Gobierno venezolano, los venezolanos, no nos vamos a quedar de brazos cruzados… sería entonces… el Vietnam de las ametralladoras, de la guerra”.
En una lectura lineal hasta podría evocarse en estas palabras la solidaridad y el internacionalismo revolucionario, a un Chávez que quiere “ser como el Che” y sacrificar su vida por la causa; nadie podría estar más de acuerdo con él en la defensa de la democracia boliviana. Pero si uno escarba nota que las suyas no parecen las palabras de un igual, de un camarada (ni siquiera las de un cómplice).
Como le gusta reiterar, Chávez se la pudo cuando hubo un golpe en su país, en cambio Evo lo necesita. Si existe una plan de desestabilización, los venezolanos podrían conjurarlo, los bolivianos no. Pobrecitos, necesitan ayudan incluso para ser felices, hay que obligarlos a ser libres.
“Evo no es un bruto”, afirmó Chávez para mostrarle su solidaridad, pero la ironía es que al decir esa frase se encuadra en un discurso discriminador. ¡Qué diferencia con otros presidentes que discrepan con Morales pero que lo consideran igual a ellos!
Por eso cuando los revolucionarios de toda laya asistan a la USACH a ver a los personajes de esta historia, no deberían perder de vista la perspectiva: mucha ritualidad de izquierda, mucho espectáculo, pero a la hora de la política, la visión de Chávez sobre los bolivianos es más racista que la de los fantasmas que dice combatir.

(columna publicada en el periódico La Tercera de Chile el 24 de octubre de 2007)

Irán en América Latina: La gira de Ahmadineyad

El presidente iraní, famoso entre otras cosas por negar el Holocausto u oponerse al Estado de Israel, está de visita en Latinoamérica. Esta semana llega a Venezuela y Bolivia y nadie duda de que su presencia ensombrecerá aún más el ya oscuro escenario latinoamericano.
Ahmadineyad no viene a participar de una reunión global como lo hizo en Nueva York, o a manifestar sus convicciones como en la charla que impartió en la Universidad de Columbia (y que habla muy bien de esa institución), sino para establecer vínculos cada vez más estrechos y permanentes con ambos países, que contemplan desde inversiones hasta cooperación en programas energéticos, y gatillan su ingreso en un conflicto mundial del que se habían mantenido al margen.





Actualmente Irán es una de las principales preocupaciones políticas y de seguridad internacional: Francia no dudó hace unas semanas en decir que había que estar preparado para lo peor (la guerra) con ese país, y se han publicado extensos artículos sobre los planes bélicos de EEUU (junto a una crítica detallada de cada uno de ellos, sobre todo porque incluyen todas las opciones posibles, entre ellas la nuclear, pero en los cuales brillan por su ausencia la moderación y el sentido común).
No hay que olvidar, además, que la visita complica el panorama regional porque Irán está fuertemente enfrentado a Argentina por el atentado terrorista contra la AMIA (una asociación judía), que costó la vida a 85 personas en 1994. Ayer nuestros vecinos decidieron llevar el caso ante la ONU, lo cual incrementará una escalada diplomática entre ambos países que ya tuvo perlas como las declaraciones del representante iraní en Buenos Aires quien dijo hace unos días que si ocurre lo que ocurrió “muchos países entenderán que Argentina está a favor de la guerra”.
Por tanto, el flirteo de Venezuela y Bolivia (dos naciones cercanas a la Argentina), con Irán no puede ser entendido sino como parte de una estrategia de expansión y liderazgo continental que está construida sin importar nada más que la oposición a los EEUU.
Y de los dos, Venezuela lejos se lleva la mejor parte, convirtiéndose para países como Bolivia en un "nuevo imperialismo" (o si se quiere en uno alternativo) si nos atenemos a las connotaciones que tuvo el término antaño: dependencia económica, influencia ideológica, en fin, la etapa superior del capitalismo al decir de Lenin, y por tanto su cara más decrépita.
Es que a medida que la influencia de Chávez crece, Bolivia se aleja de los EEUU y aprueba delicias como la imposición de visa a los norteamericanos, incrementa la producción de coca o critica duramente la cooperación de USAID acusándola hasta de conspirar en su contra.
Este clivaje esquizofrénico entre Venezuela y EEUU es el motivo para que este jueves Morales reciba a Ahmadineyad e inicie por primera vez relaciones diplomáticas con una teocracia fundamentalista que tiene antecedentes tan funestos en este lado del mundo.
No es raro, entonces, que los norteamericanos comiencen a preocuparse en serio, tanto, que su embajador en Bolivia pidió a Evo Morales rechazar el programa nuclear iraní, entre otras cosas porque los persas patrocinan el terrorismo. Adivinen cuál fue la respuesta que recibió.

El nuevo imperialismo


El abandono de la región (o de su patio trasero, para usar lenguaje preglobalizador) es uno de los menos difundidos "éxitos" del gobierno neoconservador de Bush y una paradoja de la que no se ha escrito lo suficiente.
Pero lo que podría ser motivo de celebración, porque permite una relación menos vertical con la primera potencia del mundo, apenas si es un cambio de dueño para algunos países latinoamericanos.
Es que la llegada de nuevos actores (Irán, por ejemplo) y la parálisis de otros (Brasil, entre ellos) están reconfigurando el mapa regional y permitiendo que ciertos pescadores ganen en río revuelto.
En ese sentido, no es arriesgada la hipótesis de que Venezuela se está convirtiendo para algunos países en un "nuevo imperialismo" si nos atenemos a las connotaciones que tuvo el término antaño: dependencia extranjera, concentración económica, influencia ideológica, en fin, la etapa superior del capitalismo al decir de Lenin, y por tanto su cara más decrépita.
Cierto que son pocos los gobiernos que han aceptado al nuevo patrón, pero es una fuerza respetable en la oposición de casi todos: el más reciente fichaje es el ex sacerdote Fernando Lugo, quien acaba de adherir al "socialismo siglo XXI" y que se vislumbra como el candidato que puede destronar a los colorados en el Paraguay. De ahí la competencia desatada entre las fuerzas progresistas del continente para llevar agua a su molino: Últimamente en las reuniones regionales de la izquierda, por ningún motivo se cruzan los brasileños del PT con los chavistas venezolanos.
Ahora bien, Bolivia es el mejor ejemplo para medir la influencia del nuevo imperialismo: Para discutir la deteriorada situación política que está a punto de llevar al fracaso a la Asamblea Constituyente, Evo viajó a Caracas la semana pasada. Fue cuando Chávez parafraseó al Che Guevara y ofreció "uno, dos, cien Vietnam, si la oligarquía tocaba a Morales". A cambio, el Presidente boliviano le concedió a Chávez la mitad de la segunda reserva de hierro del continente. Días después Bolivia iniciaba relaciones diplomáticas con la teocracia iraní (un aliado fundamental de Chávez) y, como guinda de la torta, imponía visa a los norteamericanos.
Ésta es la última y más vistosa escaramuza de un enfrentamiento con los EEUU que tiene motivos tan variados como el papel que juega USAID, la cantidad de coca existente en el país y ahora la extradición del ex presidente Sánchez de Lozada refugiado en Washington.
Pero esta relación esquizofrénica con los norteamericanos y la subordinación a Venezuela tiene otras consecuencias (para no hablar de turismo o inversiones, y deprimirnos): Los enviados de Chávez en Bolivia exigen a cambio de sus petrodólares, radicalización política y acallar a la oposición porque -marxistas al fin-, quieren agudizar las contradicciones y pisar el acelerador del proceso revolucionario. Como buenos imperialistas creen que los países y las sociedades reaccionan todas por igual.
Olvidan que no es posible replicar modelos, o por lo menos no sin el petróleo y la chequera de Chávez. O quizá sí, pero con las consecuencias que estamos viendo en Bolivia: ingobernabilidad, anomia y desintegración paulatina.

Socialismo siglo XXI

Una de las más conocidas fábulas de Samaniego sostiene que "con varios ademanes horrorosos / Los montes de parir dieron señales? y después con bramidos espantosos? un ratoncillo fue lo que parieron". Menos prosaicos que Samaniego, contemporáneos nuestros como Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa navegando entre aquellos montes y éstos partos, han declarado el nacimiento del "socialismo del siglo XXI".
Socialismo, eso sí, lleno de contradicciones que, lo menos, violentan el dogma ideológico. Es que Hugo Chávez puede hablar de Lenin mientras sostiene a la Virgen María, mientras Rafael Correa afirma que "hace algunos años el icono era Bill Gates pero hoy ha sido reemplazado por Eloy Alfaro" (un ex Presidente liberal ecuatoriano).
Para estos presidentes, el "socialismo siglo XXI" sería el camino para renegar del neoliberalismo (hay que reconocerles que esa política fracasó y no respondió a los problemas de la región); implicaría nuevas relaciones con los EEUU (suspendiendo los TLC); convocar a asambleas constituyentes (para entronizar la reelección cuantas veces sea necesario); y la nacionalización empresas (más bien la creación de compañías mixtas, con los privados como socios minoritarios). Como se ve, nada nuevo bajo el sol pero sí muchas palabras acerca de él.
Por eso, el discurso contiene además, un programa futurista más cercano al socialismo utópico de Saint Simon (o a la moralina de Samaniego) que al positivismo marxista. Entre otras cosas la creación de ciudades comunales que se autogobiernen; nuevos poderes del Estado (aparte de los tres clásicos que ya conocemos; en Venezuela hay cinco); o la imposición de la justicia comunitaria por sobre el derecho romano (el castigo por una violación se reduciría al destierro en Bolivia).
Pero si la letra todo lo aguanta, incluso ahí hay límites. Por eso la visita de uno de los líderes de la teocracia iraní (aquella que duda de la existencia de la shoá, de la feminidad y del libre albedrío) no sólo causó desconcierto sino también división entre la izquierda de la región: Por un lado los mencionados cultores del sincretismo ideológico y, por el otro, los representantes progresistas de la real politik: Néstor Kirchner (quien no fue a la posesión de Correa por la disputa que tiene Argentina con Irán por el atentado antisemita de 1994); y Lula da Silva (quien hizo acto de presencia por unas pocas horas para no cederle del todo el liderazgo regional a Hugo Chávez).
Cada uno puede pensar como quiera, el único problema es que de vez en cuando mete la cola el principio de realidad, y entonces los acuerdos con Ahmadineyad son leídos con mucha más preocupación que condescendencia; lo mismo que ocurre cuando el mundo deja de escuchar los discursos utópicos y mira las tradicionales acciones antidemocráticas que creíamos olvidadas en la región (como la clausura de medios de comunicación en Venezuela o la persecución a la prensa y a la oposición que en estos días conmocionan a Bolivia).
En el siglo XXI las fronteras ideológicas pueden ser más etéreas y gaseosas que en el siglo XX, pero el autoritarismo y el viaje a Latinoamérica de un jugador de ligas mayores, siguen leyéndose como antaño.

Sergio Molina Monasterios Politólogo, analista de Imaginaccion Consultores

¿El fin de un sueño integrador?

El enfrentamiento entre Venezuela y Colombia y las declaraciones de grueso calibre vertidas entre autoridades bolivianas y peruanas parecería señalar el fin de uno de los acuerdos de integración más antiguos del continente: la Comunidad Andina de Naciones (CAN) de la que forman parte Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y Venezuela (Chile se retiró en 1976). Ahora bien, se sabe como comienzan estas cosas pero nunca cómo terminan, y quizá la sangre no llegue al río.

Todo comenzó hace unos días cuando Venezuela y Bolivia alzaron el grito al cielo en oposición a los Tratados de Libre Comercio que firmaron Colombia y Perú con los EEUU. Hugo Chávez sostiene que si se suspenden esos TLC revisará su decisión de abandonar la CAN, pero es poco probable que Colombia o Perú cambien de opinión, o Ecuador, que también ha dicho que firmará un Tratado con los norteamericanos en los próximos meses.

Bolivia en esto (como en muchas otras cosas) sigue a Venezuela estrechamente, no sólo en acciones sino en discursos: lo que afirma Chávez en "Aló Presidente" es lo mismo que Morales se esfuerza en decir a los bolivianos en sus intervenciones públicas, como lo demostraron ambos la semana pasada a raíz de este episodio.

Para Chávez los problemas que tuvo el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) significaron un cambio en la estrategia norteamericana que ahora propugna TLC bilaterales (como el firmado por Chile) en lugar de un acuerdo global. Las disputas entre Venezuela y los EEUU son harto conocidas, a ellas hay que sumarles los menos mediáticos encontronazos entre Morales y el país el Norte por el tema de la coca y el retiro de visas a funcionarios de su gobierno.

Pero el enojo de Morales no sólo se debe a razones ideológicas, sino porque Bolivia es, junto a Venezuela, el país más afectado por el TLC colombiano ya que significará que pierda a su principal comprador de soya (100 millones de dólares anuales); además se trata de un producto que es una de las principales exportaciones del díscolo departamento de Santa Cruz con el que viene enfrentado desde el inicio de su gobierno.

Sin embargo, la apuesta de Morales es arriesgada porque el comercio de Bolivia con todo los países de la CAN representa la nada despreciable cifra de 450 millones de dólares que, para una economía de las dimensiones de la boliviana, es significativa. Ya los exportadores bolivianos han afirmado que sería una locura perder este mercado, como está ocurriendo con el norteamericano si Bolivia no renueva al ATPDEA (un acuerdo excepcional de libre comercio que favorece a países productores de droga); en su reemplazo Morales está embarcado en la búsqueda de un "Tratado de Comercio entre los Pueblos", similar a la "Diplomacia de los Pueblos" que quiere ejercitar con Chile.

Finalmente, Venezuela busca trasladar al MERCOSUR toda la discusión de integración comercial, y Bolivia plantea realizar una simbiosis entre éste, la CAN y la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Pero el MERCOSUR que miran Chávez y Morales tampoco está en su mejor momento, son muy fuertes los desacuerdos entre Argentina y Uruguay a raíz de la construcción de papeleras así como las disputas comerciales entre Brasil y Argentina. Lo cual augura que cuando Venezuela ingrese de forma plena habrá más de un problema, ya que no sólo tiene fuentes energéticas sino que está dispuesto a insertarlo en una feroz discusión ideológica y a poner sobre sus hombros a países más chicos que forman parte del acuerdo como el propio Uruguay, Paraguay y, cómo no, Bolivia.

Se trata pues de un "chenko" total (como dicen los andinos cuando las cosas están muy enrevesadas), y una pequeñísima muestra del panorama que enfrenta la integración regional, a la que Chile quiere mirar con especial atención en los próximos años, precisamente el país que apostó a los TLC individuales con mayor éxito y en los que basa su modelo exportador.

Bolivia, tan lejos de Dios

Hace unos meses un altísimo funcionario del gobierno de Chile preguntó a un grupo de sus colaboradores cuál era la forma más eficaz de acercarse a Evo Morales: Marco Aurelio García, concluyeron los asistentes a esa reunión.
Precisamente fue García, asesor internacional de Lula da Silva, quien ayer salió a desmentir a su Presidente que había apoyado públicamente a Evo Morales en una reunión que sostuvo con Néstor Kirchner.
La historia es larga. Lula fue determinante para el giro que convirtió a Morales de dirigente sindical poderoso pero sin chances reales de acceder al gobierno, en un político con proyección internacional. En una reunión el 2002 ?que Morales consiguió por intermedio de García?, Lula le aconsejó que debía seguir su ejemplo, ?des-sindicalizarse? y abrir el abanico político.
El apoyo de Brasil a Evo (a diferencia del de Venezuela, más previsible), proviene de un gigante que no puede descuidar a Bolivia porque tiene inversiones por 1.800 millones de dólares y es responsable de casi el 40% de su PIB, pero ?sobre todo? porque compra energía a esa nación. Un caso parecido al de Argentina que obtiene gas boliviano a precio preferencial (y que cuenta con más de un millón de bolivianos dentro de sus fronteras).
Ambos mandatarios tienen olfato suficiente para saber por dónde soplan los vientos, por lo que las palabras de Lula suenan más a profecía que a simple acto fallido. Si Morales es Presidente lo hará con una legitimidad que difícilmente obtendrá Jorge Quiroga, su inmediato contendor; ?Tuto? ?desesperado por el giro internacional que ha tomado la campaña? jura que no le importa quién gobierne en otros países (a despecho de su esposa: una norteamericana hija de un aristócrata congresista republicano). Pero el brete es de difícil resolución para Quiroga: en Bolivia la elección no es directa (al Presidente lo elige el parlamento entre las dos primeras minorías), y las posibilidades de que el tercero en discordia, el empresario Samuel Doria Medina, apoye a Quiroga si sale segundo, son más bien lejanas. Uno de los colaboradores más cercanos de Doria Medina le dijo a El Mercurio que si Evo ganaba no habría más remedio que votar por él en el Congreso: ?Cuestión de sobre vivencia política?, afirmó.
Si bien todos siguen muy de cerca el proceso, EEUU es el que se muestra más desorientado y protagonizó hace unos días una de las maniobras más bizarras de las que se tenga memoria: Ordenó a las FFAA bolivianas que se deshicieran de 25 misiles, los únicos con los que contaba, para que ?en una eventualidad que solamente ellos podrían confirmar?, no apunten en dirección equivoca.
Si bien Brasil y Argentina (con el ruego y beneplácito americano) harán esfuerzos porque Evo se modere, como en el Aprendiz de Brujo de Walt Disney las fuerzas desatadas son demasiado poderosas para pensar que sólo su liderazgo podrá controlarlas. Hace varios años que en Bolivia se ha abierto una caja que, al igual que la de Pandora, sólo guarda dentro la esperanza.
El final está abierto y las apuestas son altas: empresas petroleras que no quieren nacionalización, regiones asustadas donde el portugués es la segunda lengua, elites incapaces de incluir a las grandes mayorías indígenas, e izquierdistas que sueñan con un Che resucitado (el New York Times tituló más o menos así una nota para que sus lectores tuvieran alguna referencia sobre ese extraño país mediterráneo, tan cerca de Brasil, de Venezuela y de los Estados Unidos y tan lejos de Dios).

* Sergio Molina Monasterios es analista internacional de Imaginacción Consultores