Durante su primera presidencia Gonzalo Sánchez de Lozada le dijo a Ricardo Lagos, que en ese entonces era ministro de Obras Públicas, que el tema marítimo era como Drácula: podía morir en una película, pero, por cualquier motivo, aún el más inesperado, en la siguiente resucitaba y volvía a buscar, sediento, el cuello de sus víctimas. Si bien en los últimos meses la luz volvió al escenario y él antihéroe por antonomasia se retiró silencioso, nadie tampoco se anima a clavarle la estaca final, definitiva.
En su última actividad internacional (todo un símbolo en esta historia de desencuentros), Ricardo Lagos, ya no ministro de Obras Públicas sino uno de los presidentes más importantes de la historia de Chile, visitó Bolivia y se despidió de su gobierno en el exterior después de reunirse con Evo Morales en un humilde departamento, hablando de lo que no se debía hablar, mientras miles de hombres y mujeres se apropiaban de las plazas para festejar una victoria que consideraban propia.
Con este gesto tan simbólico Ricardo Lagos cerrará una etapa en las relaciones entre ambos países que pudo ser gloriosa pero que en definitiva fue trágica. Una historia donde existieron acercamientos, conatos de lucha, mesas pateadas, el caos en Bolivia e histeria nacionalista, así como también ?hay que reconocerlo? croupiers profesionales, políticos sensatos como el ahora ex Presidente Eduardo Rodríguez, y el propio Lagos (nunca resignado a sufrir una derrota que considera personal), quienes se animaron a levantar las cartas del suelo, barajar y dar de nuevo.
Un problema cultural
En cierto sentido la mediterraneidad boliviana no solamente es un problema económico (-0,7% anual del PIB para los países sin puertos, según Jeffrey Sachs), sino un problema cultural tan profundo como un iceberg y también así de peligroso. El hecho de haber sido confinado a las montañas y la selva pesa trágicamente en la historia y en la idiosincrasia boliviana. Al mismo tiempo que en la de Chile, los triunfos militares y económicos son componentes esenciales para entender la forma de mirarse a sí mismos.
En determinadas circunstancias esa sensibilidad es el catalizador del ?antichilenismo? boliviano y de sus pulsiones más perversas; y también, en el otro lado de este círculo vicioso, de esta serpiente que se muerde la cola, fermento de la xenofobia de algunos sectores retrógrados de la sociedad chilena que reparten sus odios entre peruanos y bolivianos de forma indiscriminada.
La simbología del poder
Lagos puede estar frustrado por no haber podido resolver esta encrucijada, pero no es menor el esfuerzo que hizo para propiciar el escenario que deja luego de su visita y despedida. En él hay una nueva Presidenta (la primera mujer), que quizá tenga la sensibilidad e imaginación suficiente, o la que ha faltado; y un Presidente (el primer indio), que ha moderado su discurso hasta sorprender por la seriedad con que hace referencia al tema marítimo.
Sin embargo, es temerario hacer pronósticos sobre lo que ocurrirá en los próximos meses: ¿Bachelet enfrentará los fantasmas del nacionalismo decimonónico chileno siendo mujer o quizá por ello? ¿Morales capeará el temporal de quienes cifran sus esperanzas en él como si fuera un nuevo Mesías que redimirá las injusticias de cinco siglos, donde se inscribe en letras cursivas la Guerra de Pacífico? Nadie sin una bola de cristal (o que no sea un charlatán) es capaz de responder estas preguntas: tienen tantas variables que ni los propios protagonistas son capaces de conocerlas o preverlas.
Por lo pronto hay esperanzas. Esperanzas en que Morales mantenga su postura y considere las relaciones con Chile como prioritarias y parte de una política de Estado donde la ?cualidad marítima boliviana? sea un factor preponderante pero no determinante; y, sobre todo, en que la política interna no se contamine con las relaciones internacionales. Y, finalmente, esperanzas en que la primera presidenta de la historia de Chile pueda trasladar su visión de gobierno ciudadano alejado de las elites, a la política exterior de forma que se piense en el futuro en función de los intereses de ambos pueblos y no a las tradiciones de las cancillerías.
Pero quedemos con la imagen del domingo. Ese día, viendo la teatralidad y el ceremonial de la posesión de Morales y la sencillez de su juramento, una niña de ojos verdes preguntó a su madre si ella también era india.
Responder a esta pregunta ha marcado a fuego a los bolivianos. En este caso la madre contestó: ?todos tenemos algo de indios?; pero podría haber dicho ?no digas estupideces? e incluso haberla golpeado.
En la respuesta qué eligió se encuentra alguna clave. La realidad ?dicen? es un reino disparatado, pero también, como lo han querido los pueblos de ambos países, es una construcción donde hay espacio para la soberanía, y donde al final, como en todas las buenas películas siempre se encuentra una estaca para atravesar el pecho del vampiro.
La cuadratura del círculo
Cuando el Presidente Ricardo Lagos viaje a Bolivia este domingo se encontrará con un país distinto al que conoció en sus últimas dos visitas o quizá con el mismo, parafraseando a un líder de su talla, el ex presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro, quien decía que en su país "pasa de todo y no pasa nada".
Conocedor de los bolivianos como pocos (fue lo que De Gaulle a los franceses), Paz Estenssoro jamás quiso profundizar más de la cuenta en la relación bilateral chileno boliviana porque --decía-- "uno sabe cuando se mete en esos problemas pero no cuándo podrá salir".
Lagos terminará su mandato como el Presidente que más veces visitó Bolivia en las últimas décadas: Asistió al entierro de Hugo Banzer (un personaje amado y odiado pero trascendental en la vida política boliviana), estuvo en la Cumbre Iberoamericana de Santa Cruz (días después del derrocamiento de Gonzalo Sánchez de Lozada, donde conocería a Carlos Mesa en una reunión que terminó en Monterrey a los gritos), y ahora se animará con el Presidente más legítimo del último periodo democrático pero también con el líder indígena que deja sin sueño a buena parte del continente.
Sin duda que Lagos ha sido el que más puso en esta relación neurótica y quien intentó resolverla con más afán que éxito (también es uno de los pocos que siente su fracaso como una frustración personal), pero su talante, capacidad y deseos de ingresar a la historia no fueron suficientes.
Es que las relaciones entre Chile y Bolivia se parecen mucho a la de esas parejas que se aman y a la vez se odian, que se detestan y quieren dejar de verse, pero aunque lo intentan no pueden. No sólo el hecho definitivo de la geografía sino una historia estrecha de desencuentros son los datos con los que la realidad hace jugar a los políticos de ambos países.
Chile es una coartada para Bolivia, y más de una vez la política interna y externa se confundieron haciendo que predomine el racismo por sobre la racionalidad política, pero también en el ánimo chileno prevalece un nacionalismo decimonónico previsible y retrógrado. Los extremos siempre terminan tocándose.
Por eso la visita de Lagos es una de las señales más importantes que pueda dar el gobierno chileno al boliviano, es también un símbolo del término de su mandato y el deseo de pasar la posta a la Presidenta electa sin la agitación internacional que caracterizó al suyo (aunque esto linde más con los deseos que con la compleja realidad que enfrenta hoy América Latina).
Bachelet parecería con más dificultades para resolver el problema que las que tuvo Lagos porque embarcarse en tamaña empresa con una mirada distinta a la tradicional, en un gobierno de sólo cuatro años, puede ser malinterpretado como una señal de debilidad. Ni qué decir en el caso de Morales.
Pero también es cierto que un liderazgo que se aleje de la lógica confrontacional masculina puede ser lo que necesiten ambos países. Sólo el tiempo lo dirá. Eso sí, ¿quién negará el atractivo que tiene que dos outsiders de la política (una mujer en un mundo de hombres y un indígena en un mundo de blancos) sean los llamados a resolver la cuadratura del círculo?
Sergio Molina Monasterios es analista de Imaginaccion Consultores
Conocedor de los bolivianos como pocos (fue lo que De Gaulle a los franceses), Paz Estenssoro jamás quiso profundizar más de la cuenta en la relación bilateral chileno boliviana porque --decía-- "uno sabe cuando se mete en esos problemas pero no cuándo podrá salir".
Lagos terminará su mandato como el Presidente que más veces visitó Bolivia en las últimas décadas: Asistió al entierro de Hugo Banzer (un personaje amado y odiado pero trascendental en la vida política boliviana), estuvo en la Cumbre Iberoamericana de Santa Cruz (días después del derrocamiento de Gonzalo Sánchez de Lozada, donde conocería a Carlos Mesa en una reunión que terminó en Monterrey a los gritos), y ahora se animará con el Presidente más legítimo del último periodo democrático pero también con el líder indígena que deja sin sueño a buena parte del continente.
Sin duda que Lagos ha sido el que más puso en esta relación neurótica y quien intentó resolverla con más afán que éxito (también es uno de los pocos que siente su fracaso como una frustración personal), pero su talante, capacidad y deseos de ingresar a la historia no fueron suficientes.
Es que las relaciones entre Chile y Bolivia se parecen mucho a la de esas parejas que se aman y a la vez se odian, que se detestan y quieren dejar de verse, pero aunque lo intentan no pueden. No sólo el hecho definitivo de la geografía sino una historia estrecha de desencuentros son los datos con los que la realidad hace jugar a los políticos de ambos países.
Chile es una coartada para Bolivia, y más de una vez la política interna y externa se confundieron haciendo que predomine el racismo por sobre la racionalidad política, pero también en el ánimo chileno prevalece un nacionalismo decimonónico previsible y retrógrado. Los extremos siempre terminan tocándose.
Por eso la visita de Lagos es una de las señales más importantes que pueda dar el gobierno chileno al boliviano, es también un símbolo del término de su mandato y el deseo de pasar la posta a la Presidenta electa sin la agitación internacional que caracterizó al suyo (aunque esto linde más con los deseos que con la compleja realidad que enfrenta hoy América Latina).
Bachelet parecería con más dificultades para resolver el problema que las que tuvo Lagos porque embarcarse en tamaña empresa con una mirada distinta a la tradicional, en un gobierno de sólo cuatro años, puede ser malinterpretado como una señal de debilidad. Ni qué decir en el caso de Morales.
Pero también es cierto que un liderazgo que se aleje de la lógica confrontacional masculina puede ser lo que necesiten ambos países. Sólo el tiempo lo dirá. Eso sí, ¿quién negará el atractivo que tiene que dos outsiders de la política (una mujer en un mundo de hombres y un indígena en un mundo de blancos) sean los llamados a resolver la cuadratura del círculo?
Sergio Molina Monasterios es analista de Imaginaccion Consultores
Apuntes sobre las elecciones en Chile
Las elecciones, transcurrieron en normalidad casi absoluta (hubo un solo incidente de consideración cuando un senador de la derecha fue agredido en un popular local de votación), y la similitud de los programas económicos de ambos candidatos, así como del planteamiento de equidad social, muestran una fortaleza del sistema democrático y del modelo económico envidiable en comparación con la mayor parte de los países de América Latina. Dato que no es menor, sobre todo ahora que varios países de la región muestran altos grados de incertidumbre e inestabilidad, embarcados como están en procesos eleccionarios similares al chileno pero con pronóstico mucho más incierto.
Fue una elección, además, en la que se enfrentaban dos candidatos de vertientes ideológicas distintas pero que representaban a estamentos democráticos de la sociedad y donde no había un representante de la derecha pinochetista ligada al gobierno militar (1973-1989).
Una elección con dos características básicas
El triunfo de la Sra. Michelle Bachelet implica la continuidad de la concertación en el gobierno (será su cuarto mandato consecutivo) que, al concluir este periodo, sumará 20 años y será la coalición de gobierno democrática más larga de la historia de Chile y una de las más largas en el mundo.
Será también el gobierno que conduzca a los chilenos hacia el bicentenario (2010) y que trate de cumplir una de las grandes promesas que hizo la clase política en su conjunto: tener indicadores de país desarrollado para ese entonces.
En esta ocasión el mandato presidencial será solamente por cuatro años, lo que lo convierte en el más corto del periodo democrático, todo lo cual puede ser determinante a la hora de dictar políticas, pero también será un gobierno con mayoría parlamentaria relativamente holgada, lo que le da una gobernabilidad tampoco vista antes.
La Sra. Bachelet llegó a esta elección con un triunfo de la Concertación en las parlamentarias de diciembre pasado del 52% de los votos, un gobierno con casi un 60% de popularidad, una oposición dividida y una situación económica envidiable. Como dicen en algunos analistas, con una situación tan favorable la epopeya hubiera sido que ganara Sebastián Piñera y la tragedia destructiva que perdiera Michelle Bachelet. Sin embargo, ocurrió lo previsto y se impuso la cultura de la Concertación, parte indisoluble de la cultura política chilena.
Pese a todos estos indicadores, la elección fue menos holgada de lo que muestran los números y el actual Presidente de la República, Ricardo Lagos, tuvo que jugar un rol muy activo para colaborar con el triunfo de la candidata oficialista. Tanto que la oposición lo acusó de intervencionismo estatal y algunos analistas compararon a su gobierno con el PRI mexicano. Las denuncias ahora están en las instancias legales pertinentes y el gobierno sostiene que, en el marco de la ley, tiene derecho a pedir que haya continuidad de su gestión.
El futuro de la Alianza por Chile
La diferencia entre ambos contendores fue de aproximadamente siete puntos porcentuales, diferencia que, al ser más amplia de lo previsto, permite una mayor autonomía de la Presidente electa para formar gobierno. Clave para su triunfo fue el apoyo de la izquierda extraparlamentaria (5%), sobre todo del Partido Comunista, partido que llamó a votar por ella en segunda vuelta. Pero la Sra. Bachelet también logró obtener votación que en la primera vuelta electoral correspondió a Joaquín Lavín (el otro candidato de la derecha en esa instancia), quienes comulgaban más con lo que representaba Bachelet que con el sesgo empresarial y elitista de Sebastián Piñera.
La oposición, alejada del gobierno por 20 años, e incapaz de ganar una elección, entra así en una crisis profunda que los analistas coinciden, debe implicar más una mirada para dentro que hacia afuera.
Si bien esperaba esta derrota, también soñaba con que fuera con una distancia menor, en este caso obtuvo 2,2 puntos menos que Joaquín Lavín contra Ricardo Lagos el 2000 y solo se impuso en una de las cuatro regiones donde planificó ganarle a la candidata oficialista. Piñera (dueño de una fortuna personal valuada en más de mil millones de dólares con inversiones en diversas áreas pero sobre todo en aeronáutica, a través de Lan), dimensionó adecuadamente la magnitud de la derrota y visitó a la Sra. Bachelet para reconocer su triunfo, mantuvo un tono moderado, habló de nueva coalición de centro derecha y anunció que continuará en la política y que se dedicará al servicio público. Su votación expresa una sólida resistencia al proyecto de la Concertación que no es para nada despreciable.
Entre los primeros análisis sobre el futuro de este conglomerado político, un periodista que lo conoce de cerca sostiene que ?entrarán en periodo de autocrítica y reflexión, se demostró que se acabaron los liderazgos naturales, que los candidatos de derecha en el futuro tienen que ser legitimados con primarias y que para sobrevivir debe sumar liderazgos jóvenes?.
Se trata del ambiente más adverso de la derecha en los últimos 50 años.
La estabilidad de la economía
Pese a ser una candidata que encarna la tradición de izquierda del Partido Socialista, en lo económico la Sra. Bachelet optó por acercarse al sector más liberal de la Concertación y se rodeó de asesores que son respetados por todos los estamentos empresariales y políticos chilenos, de forma que los mercados reaccionaron sin grandes movimientos y no hubo reacciones significativas lo cual demuestra la estabilidad y la normalidad en el que se desarrollaron los comicios y la previsibilidad de los resultados.
Esta estabilidad puede ser fácilmente comprobada con las cifras macroeconómicas. La economía cierra el 2005 con una expansión del 6%, con un PIB sobre los 110 mil millones de dólares y un PIB per cápita sobre los siete mil dólares.
El precio del cobre alcanzó este año su precio record (167 centavos por libra) y el 2006 se esperan precios similares. El superávit fiscal fue de 4,5% del PIB, y en el presupuesto 2006 se destinó 300 millones de dólares de libre disponibilidad par el próximo gobierno. Las exportaciones sumaron un record de 39.536 millones y la tasa de inversión llego al 29,7% del PIB, el nivel histórico más alto del país.
Ahora bien, hubo algunas dificultades como el dólar que tuvo una fuerte caída este año, cerró en $512 (en el 2002 había llegado a $751), lo que ha motivado reclamos para que intervenga el Banco Central, y la inflación que llegó al 3,7% el nivel más alto desde 2000.
El primer discurso
En su primer discurso ante los simpatizantes que celebraban su triunfo, la Sra. Bachelet anunció un sistema de protección social y un nuevo estilo de hacer política. Hizo hincapié en la inclusión social (será un gobierno de todos los chilenos, dijo), y se comprometió a cumplir sus promesas de campaña, entre ellas la paridad de género en el gabinete y la inclusión de caras nuevas en los cargos de mayor responsabilidad.
La tarea de conformación del próximo gobierno comenzará por el nombramiento de su gabinete, etapa donde si bien tiene un amplio margen de maniobra, también implica responder a los partidos políticos, imprescindibles para su triunfo, sobre todo en la última fase de la campaña, ya que si bien se trata de una candidatura ciudadana producto de las encuestas más que del aparato político (y por sobre el propio interés de éstos), sin ellos su triunfo hubiera sido mucho más difícil o podría habérsele escapado.
El programa de gobierno
El programa de gobierno de la Sra. Bachelet cuesta 6.000 millones y para financiarlo necesita un crecimiento de 5,5%, un precio del cobre de 0,99 la libra y mantener el IVA en 19%.
Entre sus hitos más importantes, está una reforma provisional, loa creación de un millón de empleos, la atención preescolar de niños de cero a tres años de los hogares del 40% mas pobre, la creación de 20.000 cupos en pre-kinder y la habilitación de 800 salas cunas.
Ese plan tiene una primera etapa para los primeros 100 días, 36 compromisos que significan subir las pensiones mínimas a un millón de jubilados y garantizar el acceso automático a pensión asistencial a todo adulto mayor.
Algunos temores
En la elección de diciembre pasado fue la primera vez en la que el oficialismo logra mayoría en ambas cámaras, lo cual, junto a las sospechas de intervencionismo estatal y los 20 años en el poder, ha sido criticado como una concentración excesiva de poder.
Todo lo cual se suma a una supuesta izquierdización del parlamento, debido a la asunción de figuras de la izquierda más confrontacional y que han anunciado proyectos de ley para reformar las ISAPRES (el sistema privado de salud), legislación en temas bioéticos, un Fondo Nacional para la Pesca Artesanal, y la eliminación del IVA a los libros, además, de reformas tributarias, aunque esto último es muy poco probable.
Sin embargo, la mayor parte de los analistas considera que no habrá señales que pongan en riesgo el sistema pero que sí afectarán a ciertos sectores corporativos de la sociedad.
En cualquier caso, es parte del escenario que enfrentará la Sra. Bachelet, quien será escrutada muy de cerca por los medios de comunicación por su condición de heredera política de la Concertación pero, sobre todo, por ser la primera mujer en asumir ese cargo, con todo lo que ello implica.
Fue una elección, además, en la que se enfrentaban dos candidatos de vertientes ideológicas distintas pero que representaban a estamentos democráticos de la sociedad y donde no había un representante de la derecha pinochetista ligada al gobierno militar (1973-1989).
Una elección con dos características básicas
El triunfo de la Sra. Michelle Bachelet implica la continuidad de la concertación en el gobierno (será su cuarto mandato consecutivo) que, al concluir este periodo, sumará 20 años y será la coalición de gobierno democrática más larga de la historia de Chile y una de las más largas en el mundo.
Será también el gobierno que conduzca a los chilenos hacia el bicentenario (2010) y que trate de cumplir una de las grandes promesas que hizo la clase política en su conjunto: tener indicadores de país desarrollado para ese entonces.
En esta ocasión el mandato presidencial será solamente por cuatro años, lo que lo convierte en el más corto del periodo democrático, todo lo cual puede ser determinante a la hora de dictar políticas, pero también será un gobierno con mayoría parlamentaria relativamente holgada, lo que le da una gobernabilidad tampoco vista antes.
La Sra. Bachelet llegó a esta elección con un triunfo de la Concertación en las parlamentarias de diciembre pasado del 52% de los votos, un gobierno con casi un 60% de popularidad, una oposición dividida y una situación económica envidiable. Como dicen en algunos analistas, con una situación tan favorable la epopeya hubiera sido que ganara Sebastián Piñera y la tragedia destructiva que perdiera Michelle Bachelet. Sin embargo, ocurrió lo previsto y se impuso la cultura de la Concertación, parte indisoluble de la cultura política chilena.
Pese a todos estos indicadores, la elección fue menos holgada de lo que muestran los números y el actual Presidente de la República, Ricardo Lagos, tuvo que jugar un rol muy activo para colaborar con el triunfo de la candidata oficialista. Tanto que la oposición lo acusó de intervencionismo estatal y algunos analistas compararon a su gobierno con el PRI mexicano. Las denuncias ahora están en las instancias legales pertinentes y el gobierno sostiene que, en el marco de la ley, tiene derecho a pedir que haya continuidad de su gestión.
El futuro de la Alianza por Chile
La diferencia entre ambos contendores fue de aproximadamente siete puntos porcentuales, diferencia que, al ser más amplia de lo previsto, permite una mayor autonomía de la Presidente electa para formar gobierno. Clave para su triunfo fue el apoyo de la izquierda extraparlamentaria (5%), sobre todo del Partido Comunista, partido que llamó a votar por ella en segunda vuelta. Pero la Sra. Bachelet también logró obtener votación que en la primera vuelta electoral correspondió a Joaquín Lavín (el otro candidato de la derecha en esa instancia), quienes comulgaban más con lo que representaba Bachelet que con el sesgo empresarial y elitista de Sebastián Piñera.
La oposición, alejada del gobierno por 20 años, e incapaz de ganar una elección, entra así en una crisis profunda que los analistas coinciden, debe implicar más una mirada para dentro que hacia afuera.
Si bien esperaba esta derrota, también soñaba con que fuera con una distancia menor, en este caso obtuvo 2,2 puntos menos que Joaquín Lavín contra Ricardo Lagos el 2000 y solo se impuso en una de las cuatro regiones donde planificó ganarle a la candidata oficialista. Piñera (dueño de una fortuna personal valuada en más de mil millones de dólares con inversiones en diversas áreas pero sobre todo en aeronáutica, a través de Lan), dimensionó adecuadamente la magnitud de la derrota y visitó a la Sra. Bachelet para reconocer su triunfo, mantuvo un tono moderado, habló de nueva coalición de centro derecha y anunció que continuará en la política y que se dedicará al servicio público. Su votación expresa una sólida resistencia al proyecto de la Concertación que no es para nada despreciable.
Entre los primeros análisis sobre el futuro de este conglomerado político, un periodista que lo conoce de cerca sostiene que ?entrarán en periodo de autocrítica y reflexión, se demostró que se acabaron los liderazgos naturales, que los candidatos de derecha en el futuro tienen que ser legitimados con primarias y que para sobrevivir debe sumar liderazgos jóvenes?.
Se trata del ambiente más adverso de la derecha en los últimos 50 años.
La estabilidad de la economía
Pese a ser una candidata que encarna la tradición de izquierda del Partido Socialista, en lo económico la Sra. Bachelet optó por acercarse al sector más liberal de la Concertación y se rodeó de asesores que son respetados por todos los estamentos empresariales y políticos chilenos, de forma que los mercados reaccionaron sin grandes movimientos y no hubo reacciones significativas lo cual demuestra la estabilidad y la normalidad en el que se desarrollaron los comicios y la previsibilidad de los resultados.
Esta estabilidad puede ser fácilmente comprobada con las cifras macroeconómicas. La economía cierra el 2005 con una expansión del 6%, con un PIB sobre los 110 mil millones de dólares y un PIB per cápita sobre los siete mil dólares.
El precio del cobre alcanzó este año su precio record (167 centavos por libra) y el 2006 se esperan precios similares. El superávit fiscal fue de 4,5% del PIB, y en el presupuesto 2006 se destinó 300 millones de dólares de libre disponibilidad par el próximo gobierno. Las exportaciones sumaron un record de 39.536 millones y la tasa de inversión llego al 29,7% del PIB, el nivel histórico más alto del país.
Ahora bien, hubo algunas dificultades como el dólar que tuvo una fuerte caída este año, cerró en $512 (en el 2002 había llegado a $751), lo que ha motivado reclamos para que intervenga el Banco Central, y la inflación que llegó al 3,7% el nivel más alto desde 2000.
El primer discurso
En su primer discurso ante los simpatizantes que celebraban su triunfo, la Sra. Bachelet anunció un sistema de protección social y un nuevo estilo de hacer política. Hizo hincapié en la inclusión social (será un gobierno de todos los chilenos, dijo), y se comprometió a cumplir sus promesas de campaña, entre ellas la paridad de género en el gabinete y la inclusión de caras nuevas en los cargos de mayor responsabilidad.
La tarea de conformación del próximo gobierno comenzará por el nombramiento de su gabinete, etapa donde si bien tiene un amplio margen de maniobra, también implica responder a los partidos políticos, imprescindibles para su triunfo, sobre todo en la última fase de la campaña, ya que si bien se trata de una candidatura ciudadana producto de las encuestas más que del aparato político (y por sobre el propio interés de éstos), sin ellos su triunfo hubiera sido mucho más difícil o podría habérsele escapado.
El programa de gobierno
El programa de gobierno de la Sra. Bachelet cuesta 6.000 millones y para financiarlo necesita un crecimiento de 5,5%, un precio del cobre de 0,99 la libra y mantener el IVA en 19%.
Entre sus hitos más importantes, está una reforma provisional, loa creación de un millón de empleos, la atención preescolar de niños de cero a tres años de los hogares del 40% mas pobre, la creación de 20.000 cupos en pre-kinder y la habilitación de 800 salas cunas.
Ese plan tiene una primera etapa para los primeros 100 días, 36 compromisos que significan subir las pensiones mínimas a un millón de jubilados y garantizar el acceso automático a pensión asistencial a todo adulto mayor.
Algunos temores
En la elección de diciembre pasado fue la primera vez en la que el oficialismo logra mayoría en ambas cámaras, lo cual, junto a las sospechas de intervencionismo estatal y los 20 años en el poder, ha sido criticado como una concentración excesiva de poder.
Todo lo cual se suma a una supuesta izquierdización del parlamento, debido a la asunción de figuras de la izquierda más confrontacional y que han anunciado proyectos de ley para reformar las ISAPRES (el sistema privado de salud), legislación en temas bioéticos, un Fondo Nacional para la Pesca Artesanal, y la eliminación del IVA a los libros, además, de reformas tributarias, aunque esto último es muy poco probable.
Sin embargo, la mayor parte de los analistas considera que no habrá señales que pongan en riesgo el sistema pero que sí afectarán a ciertos sectores corporativos de la sociedad.
En cualquier caso, es parte del escenario que enfrentará la Sra. Bachelet, quien será escrutada muy de cerca por los medios de comunicación por su condición de heredera política de la Concertación pero, sobre todo, por ser la primera mujer en asumir ese cargo, con todo lo que ello implica.
Mujeres chilenas
Hay un refrán (xenófobo, sexista y avergonzante) que dice: "Desconfía del hombre peruano, de la justicia boliviana y de las mujeres chilenas". Es parte de nuestras pulsiones más perversas y autodestructivas.
Las mujeres chilenas demostraron en estos días lo equivocados que están quienes repiten el tonto estribillo. En Santiago, el domingo por la noche, miles de ellas tomaron las calles vestidas con la banda presidencial que vendían a "una luquita" (dos dólares) los avispados comerciantes callejeros, siempre a la vanguardia de las tendencias y la moda.
Jóvenes y viejas, gordas y flacas, ricas y pobres, todas radiantes, coincidían en las calles para demostrar al mundo lo que significaba que una mujer encabezara su gobierno. Sin importar la ideología o el partido político sino la solidaridad de género: tradicionalmente votantes conservadoras, las mujeres chilenas esta vez votaron masivamente por la Concertación y le dieron el triunfo a Michelle Bachelet. Solidaridad que, en broma, preocupa a los hombres, muchos de los cuales escribieron cartas a los periódicos preocupados porque ahora será "ella" la que mande en la casa. Las Ultimas Noticias el periódico de mayor venta en Chile tituló el lunes bajo una foto de Bachelet sonriente: "Michelle la lleva".
Días antes de la elección, en el cierre de campaña, un conocido analista político decía: "es muy loco que entre estas 200 mil personas la mayoría sean mujeres".
Los voceros de la derecha que no interpreta la cultura política chilena como lo hace la Concertación (una máquina aceitada a la perfección en ese sentido), sostuvo que había ido tanta gente porque había muchos "extranjeros" (en referencia a Miguel Bosé, Ana Belén y Víctor Manuel, cantantes españoles siempre fieles a la Concertación); pero ninguno entendió que más del 90% de los que asistieron al acto no escucharon nada (porque el sistema de sonido era muy malo) y vieron mucho menos (por la escasez de pantallas gigantes para tanta gente, que sorprendió hasta a los organizadores), sin embargo estaban ahí: mujeres con guaguas, mujeres solas, mujeres casadas, mujeres separadas, entre choripanes y cuchuflís, sucias algunas, "pitucas" otras, una mujer con cartera y vestido de marca a lado de la obrera que tenía un niño gordo y risueño en brazos, ensuciándose mutuamente, desconfiando. Es cierto que en estas postales hay mucho de fantasía y que la desigualdad y la pobreza son trans-genéricas, pero hay momentos en los que uno cree que quizá el mundo tenga solución. Uno de ellos fue ver la alegría en Jacky, una empleada doméstica que trabaja en Providencia (y vive a dos horas de ahí), que decía: "Dónde sino, estaría hoy. Hoy hay que estar aquí".
Que una mujer separada, con tres hijos de dos padres distintos, torturada por la dictadura y encima de todo ello, agnóstica, sea la presidenta de Chile merece frases como las de Jacky.
Bachelet es una mujer que despierta admiración, no sólo por su consecuencia ideológica sino por una vida marcada por la adversidad y por el desencuentro que nunca la amilanaron ni la derrotaron, un ejemplo para todas esas mujeres que antes de tiempo se dejan ganar por la vida (o por el marido) y piensan que no pueden solas.
Hija de un militar encarcelado por traición a la patria durante el gobierno de Pinochet, torturado y asesinado; años después ella y su madre serían también detenidas y torturadas para luego escapar al exilio en Alemania Oriental. Militante socialista, vivió la traición muy de cerca, cuando su compañero sentimental fue torturado y entregó información valiosa sobre su entorno a los militares.
Bachelet había estudiado medicina y volvió a Chile en los ochenta, todavía durante el gobierno militar para ocuparse de niños pobres y de hijos de desaparecidos. Luego de cargos menores y un intento de hacer política sin mucho éxito, fue rescatada por el presidente Ricardo Lagos que la nombró Ministra de Salud con el objetivo de terminar con las colas del sistema en sus tres primeros meses en el cargo. No lo logró, mejoró radicalmente el sistema, pero las colas seguían; por eso presentó su renuncia y Lagos la rechazó.
Después vendría la consagración pública al ser nombrada ministra de defensa y subir a un tanque mientras los militares (los sacrosantos militares chilenos) la veían y saludaban con la mano en la gorra. No hay ambiente más masculino que el del ejército, ni donde se exprese la autoridad y el orden de forma más directa y allí estaba ella a pesar de haber sido torturada, un símbolo de la democratización de la sociedad chilena con quien supo sintonizar plenamente, representaba el cierre del círculo virtuoso de la reconciliación.
La noche del domingo rodeada por su madre y dos de sus hijas (rodeada solamente de mujeres) dijo: "¿Quien lo hubiera pensado amigas y amigos?, ¿quién lo hubiera pensado?, ¿quién hubiera pensado que Chile elegiría como Presidente a una mujer?.. Demostráremos que una nación puede volverse más próspera sin perder su alma. Que se puede crear riqueza sin contaminar el aire que respiramos o el agua que bebemos, trabajaré por todos los chilenos, por todos ustedes. A partir de este mismo instante sus esperanzas son las mías, sus anhelos son mis anhelos".
La multitud la miraba y deliraba cantando: "ya van a ver, ya van a ver, cuando las mujeres lleguemos al poder". El lunes por la mañana en las oficinas todas comentaban el hecho, algunas se abrazaban, otras solamente sonreían, eran todas cómplices de uno de los hechos más importantes que vivió la sociedad chilena en los últimos años y que demuestra la profunda y dolorosa transformación que está viviendo. Los hombres, bien gracias, apenas espectadores.
Uno nunca sabe qué va a pasar o si el futuro tendrá algo de postal o de documental en blanco y negro. Pero el país donde hace apenas cincuenta años no había voto femenino, donde hombres y mujeres votan en mesas separadas y donde hay una tradición machista excesiva, ahora está gobernada por una mujer. Las cosas están cambiando en Latinoamérica y se expresan en símbolos como éste.
Las mujeres chilenas demostraron en estos días lo equivocados que están quienes repiten el tonto estribillo. En Santiago, el domingo por la noche, miles de ellas tomaron las calles vestidas con la banda presidencial que vendían a "una luquita" (dos dólares) los avispados comerciantes callejeros, siempre a la vanguardia de las tendencias y la moda.
Jóvenes y viejas, gordas y flacas, ricas y pobres, todas radiantes, coincidían en las calles para demostrar al mundo lo que significaba que una mujer encabezara su gobierno. Sin importar la ideología o el partido político sino la solidaridad de género: tradicionalmente votantes conservadoras, las mujeres chilenas esta vez votaron masivamente por la Concertación y le dieron el triunfo a Michelle Bachelet. Solidaridad que, en broma, preocupa a los hombres, muchos de los cuales escribieron cartas a los periódicos preocupados porque ahora será "ella" la que mande en la casa. Las Ultimas Noticias el periódico de mayor venta en Chile tituló el lunes bajo una foto de Bachelet sonriente: "Michelle la lleva".
Días antes de la elección, en el cierre de campaña, un conocido analista político decía: "es muy loco que entre estas 200 mil personas la mayoría sean mujeres".
Los voceros de la derecha que no interpreta la cultura política chilena como lo hace la Concertación (una máquina aceitada a la perfección en ese sentido), sostuvo que había ido tanta gente porque había muchos "extranjeros" (en referencia a Miguel Bosé, Ana Belén y Víctor Manuel, cantantes españoles siempre fieles a la Concertación); pero ninguno entendió que más del 90% de los que asistieron al acto no escucharon nada (porque el sistema de sonido era muy malo) y vieron mucho menos (por la escasez de pantallas gigantes para tanta gente, que sorprendió hasta a los organizadores), sin embargo estaban ahí: mujeres con guaguas, mujeres solas, mujeres casadas, mujeres separadas, entre choripanes y cuchuflís, sucias algunas, "pitucas" otras, una mujer con cartera y vestido de marca a lado de la obrera que tenía un niño gordo y risueño en brazos, ensuciándose mutuamente, desconfiando. Es cierto que en estas postales hay mucho de fantasía y que la desigualdad y la pobreza son trans-genéricas, pero hay momentos en los que uno cree que quizá el mundo tenga solución. Uno de ellos fue ver la alegría en Jacky, una empleada doméstica que trabaja en Providencia (y vive a dos horas de ahí), que decía: "Dónde sino, estaría hoy. Hoy hay que estar aquí".
Que una mujer separada, con tres hijos de dos padres distintos, torturada por la dictadura y encima de todo ello, agnóstica, sea la presidenta de Chile merece frases como las de Jacky.
Bachelet es una mujer que despierta admiración, no sólo por su consecuencia ideológica sino por una vida marcada por la adversidad y por el desencuentro que nunca la amilanaron ni la derrotaron, un ejemplo para todas esas mujeres que antes de tiempo se dejan ganar por la vida (o por el marido) y piensan que no pueden solas.
Hija de un militar encarcelado por traición a la patria durante el gobierno de Pinochet, torturado y asesinado; años después ella y su madre serían también detenidas y torturadas para luego escapar al exilio en Alemania Oriental. Militante socialista, vivió la traición muy de cerca, cuando su compañero sentimental fue torturado y entregó información valiosa sobre su entorno a los militares.
Bachelet había estudiado medicina y volvió a Chile en los ochenta, todavía durante el gobierno militar para ocuparse de niños pobres y de hijos de desaparecidos. Luego de cargos menores y un intento de hacer política sin mucho éxito, fue rescatada por el presidente Ricardo Lagos que la nombró Ministra de Salud con el objetivo de terminar con las colas del sistema en sus tres primeros meses en el cargo. No lo logró, mejoró radicalmente el sistema, pero las colas seguían; por eso presentó su renuncia y Lagos la rechazó.
Después vendría la consagración pública al ser nombrada ministra de defensa y subir a un tanque mientras los militares (los sacrosantos militares chilenos) la veían y saludaban con la mano en la gorra. No hay ambiente más masculino que el del ejército, ni donde se exprese la autoridad y el orden de forma más directa y allí estaba ella a pesar de haber sido torturada, un símbolo de la democratización de la sociedad chilena con quien supo sintonizar plenamente, representaba el cierre del círculo virtuoso de la reconciliación.
La noche del domingo rodeada por su madre y dos de sus hijas (rodeada solamente de mujeres) dijo: "¿Quien lo hubiera pensado amigas y amigos?, ¿quién lo hubiera pensado?, ¿quién hubiera pensado que Chile elegiría como Presidente a una mujer?.. Demostráremos que una nación puede volverse más próspera sin perder su alma. Que se puede crear riqueza sin contaminar el aire que respiramos o el agua que bebemos, trabajaré por todos los chilenos, por todos ustedes. A partir de este mismo instante sus esperanzas son las mías, sus anhelos son mis anhelos".
La multitud la miraba y deliraba cantando: "ya van a ver, ya van a ver, cuando las mujeres lleguemos al poder". El lunes por la mañana en las oficinas todas comentaban el hecho, algunas se abrazaban, otras solamente sonreían, eran todas cómplices de uno de los hechos más importantes que vivió la sociedad chilena en los últimos años y que demuestra la profunda y dolorosa transformación que está viviendo. Los hombres, bien gracias, apenas espectadores.
Uno nunca sabe qué va a pasar o si el futuro tendrá algo de postal o de documental en blanco y negro. Pero el país donde hace apenas cincuenta años no había voto femenino, donde hombres y mujeres votan en mesas separadas y donde hay una tradición machista excesiva, ahora está gobernada por una mujer. Las cosas están cambiando en Latinoamérica y se expresan en símbolos como éste.
La guitarra de Evo Morales
En las zonas que circundan el Lago Titikaka el azul es tan intenso, que el monocorde tono del adobe apenas lo contrasta. Pero no son los colores predominantes sino la ausencia de ellos lo que llama la atención. Por ejemplo, la del rojo furioso de Jorge Quiroga que en un intento desesperado al final de su campaña echó mano a la iconografía marxista sin resultado alguno, o la del naranja de Samuel Doria Medina que perdió hasta en Mecapaca donde tiene una fastuosa casa de fin de semana rodeada de chozas de campesinos a los cuales regaló alcantarillado, agua potable y litros de pintura.
Morales tuvo en todos esos lugares más del 60% de respaldo, y cerca de Cochabamba ?donde comenzó su carrera política?, hay poblaciones en las que el color azul del MAS logró la totalidad de los sufragios. En los barrios más ricos y excluyentes de La Paz, si uno tiene paciencia, puede ver a muchos blancos verbalizando con más rabia que antes su desprecio a los indios, mientras los campesinos responden con una sonrisa enigmática pensando que incluso allí su candidato a diputado ganó cómodamente.
Iván Arias, un experto en temas indígenas, sostiene que es posible que se esté construyendo una nueva hegemonía que romperá el empate histórico de los últimos años; el voto a Morales ?dice? se divide entre el esperanzado que cree que es un nuevo Mesías y el desesperado de la clase media, compuesta de votantes díscolos que coquetearon con Sánchez de Lozada, fueron seducidos luego por Carlos Mesa y que ahora se sumergen desnudos en el vendaval indígena.
En los cafés de La Paz uno de los principales temas de conversación son los nombres que se barajan para los ministerios claves, algunos sienten escalofríos cuando los escuchan y otros muestran cara de póquer; la realidad ?dicen? es una construcción disparatada, tanto como los rumores que afirman que Cuba y Venezuela se disputan encarnizadamente la reorganización de los servicios de inteligencia.
Mientras esos murmullos se escuchan (?mal intencionados y mentirosos?, explica un dirigente del MAS, ?son rumores, no hagas caso?, dice la canción), la posición oficial de tirios y troyanos es la de esperar. Scott McClellan, portavoz de la Casa Blanca, afirmó hace dos días que ?la relación (con Bolivia) se basará en su compromiso con la democracia?; lo cual quiere decir en buen cristiano: ?Veamos qué pasa y después hablamos?. Las primeras señales no han gustado a los americanos (subirse a un avión enviado por Fidel Castro junto a sesenta de sus colaboradores, o decirle a Chávez que siente que su gabinete está en Venezuela). Sin embargo, Evo todavía no se ha reunido con Lula, que quizá recomiende aspirinas para la resaca del triunfo.
Tampoco comenzó a gobernar. En Washington hacen bailes de gala y se puede ver a los presidentes electos bailando eufóricos en celebración de su triunfo, Evo, más simple, prefiere abrazarse con sus amigos y evitar la corbata. Gracias a Dios hay distancias culturales insalvables, aunque en buena parte del continente siga vigente ese refrán que dice ?otra cosa es con guitarra?.
* Sergio Molina Monasterios es analista de Imaginaccion Consultores
Morales tuvo en todos esos lugares más del 60% de respaldo, y cerca de Cochabamba ?donde comenzó su carrera política?, hay poblaciones en las que el color azul del MAS logró la totalidad de los sufragios. En los barrios más ricos y excluyentes de La Paz, si uno tiene paciencia, puede ver a muchos blancos verbalizando con más rabia que antes su desprecio a los indios, mientras los campesinos responden con una sonrisa enigmática pensando que incluso allí su candidato a diputado ganó cómodamente.
Iván Arias, un experto en temas indígenas, sostiene que es posible que se esté construyendo una nueva hegemonía que romperá el empate histórico de los últimos años; el voto a Morales ?dice? se divide entre el esperanzado que cree que es un nuevo Mesías y el desesperado de la clase media, compuesta de votantes díscolos que coquetearon con Sánchez de Lozada, fueron seducidos luego por Carlos Mesa y que ahora se sumergen desnudos en el vendaval indígena.
En los cafés de La Paz uno de los principales temas de conversación son los nombres que se barajan para los ministerios claves, algunos sienten escalofríos cuando los escuchan y otros muestran cara de póquer; la realidad ?dicen? es una construcción disparatada, tanto como los rumores que afirman que Cuba y Venezuela se disputan encarnizadamente la reorganización de los servicios de inteligencia.
Mientras esos murmullos se escuchan (?mal intencionados y mentirosos?, explica un dirigente del MAS, ?son rumores, no hagas caso?, dice la canción), la posición oficial de tirios y troyanos es la de esperar. Scott McClellan, portavoz de la Casa Blanca, afirmó hace dos días que ?la relación (con Bolivia) se basará en su compromiso con la democracia?; lo cual quiere decir en buen cristiano: ?Veamos qué pasa y después hablamos?. Las primeras señales no han gustado a los americanos (subirse a un avión enviado por Fidel Castro junto a sesenta de sus colaboradores, o decirle a Chávez que siente que su gabinete está en Venezuela). Sin embargo, Evo todavía no se ha reunido con Lula, que quizá recomiende aspirinas para la resaca del triunfo.
Tampoco comenzó a gobernar. En Washington hacen bailes de gala y se puede ver a los presidentes electos bailando eufóricos en celebración de su triunfo, Evo, más simple, prefiere abrazarse con sus amigos y evitar la corbata. Gracias a Dios hay distancias culturales insalvables, aunque en buena parte del continente siga vigente ese refrán que dice ?otra cosa es con guitarra?.
* Sergio Molina Monasterios es analista de Imaginaccion Consultores
El poder de la democracia
Nunca antes un Presidente en Bolivia fue elegido así, nunca antes las esperanzas de los pobres y de los indígenas se encarnaron de esa forma. El triunfo de Evo Morales, por su contundencia, por haber sido una elección polarizada entre dos contendientes ideológicamente distintos, por haber sido nacional (tuvo una votación impresionante en Santa Cruz) es, sin duda, histórico. El único referente cercano es quizá el 10 de octubre de 1982 cuando se recuperó la democracia.
Bolivia siempre camina al filo de la cornisa, pero actos democráticos como el del domingo reafirman que es un país que pese a sus dificultades logra evitar la caída. En medio de todos los análisis negativos que se harán sobre el futuro (que sigue siendo muy incierto), es relevante consignar este dato.
No hay que olvidar, sin embargo, que altos dirigentes del MAS anunciaron esa misma noche que se realizarían asambleas populares para elegir a los ministros, mientras que el vicepresidente electo, Álvaro García Linera, decía que ?tiende las manos a los derrotados para que se sumen a esta revolución democrática?, al tiempo que prometía gobernar sin discriminar a ningún sector. Entre ambos extremos gobernará Morales.
Una prueba de fuego: la Constituyente
En meses más habrá una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución en temas como la tenencia de la tierra y la propiedad de los hidrocarburos. Habrá que ver cuál será el camino que tomará Evo: si el que señala García Linera o él de quienes consideran que el indigenismo marxista han llegado para retornar a una sociedad tribal ideal en la que no había clases sociales (y que en realidad jamás existió).
Es también una prueba de la correlación de fuerzas internacional porque la Constituyente es el mismo camino que eligió Hugo Chávez para imponer su modelo de gobierno. En cualquier caso la racionalidad política de Lula y Kirchner puede ser determinante a la hora de determinar el rumbo de Bolivia. Lula es fundamental en la vida política de Evo y probablemente será su mejor consejero.
De cualquier forma, al margen de la importancia del gas en esta elección o de las relaciones con sus vecinos, millones de bolivianos están esperanzados a que algo cambiará en sus vidas y que serán tenidos en cuenta por primera vez. Ese deseo cultural y casi metafísico difiere de la política que apenas es el arte de lo posible (o que es economía concentrada, como decía Lenin). No olvidemos cómo terminó el primer gobierno democrático boliviano en 1985: inmolándose para evitar el quiebre del orden institucional y responsable de la peor hiperinflación que se haya conocido. Si Evo logra superar esa amenaza que es la gran sombra de la izquierda en los últimos 20 años, quizá no logre crecimiento y desarrollo pero sí comenzar un proceso de inclusión social que todos debemos celebrar, aunque no sea suficiente para satisfacer las altísimas expectativas de millones bolivianos que creen que por fin ha llegado su hora.
* Sergio Molina Monasterios es analista internacional de Imaginacción Consultores
Bolivia siempre camina al filo de la cornisa, pero actos democráticos como el del domingo reafirman que es un país que pese a sus dificultades logra evitar la caída. En medio de todos los análisis negativos que se harán sobre el futuro (que sigue siendo muy incierto), es relevante consignar este dato.
No hay que olvidar, sin embargo, que altos dirigentes del MAS anunciaron esa misma noche que se realizarían asambleas populares para elegir a los ministros, mientras que el vicepresidente electo, Álvaro García Linera, decía que ?tiende las manos a los derrotados para que se sumen a esta revolución democrática?, al tiempo que prometía gobernar sin discriminar a ningún sector. Entre ambos extremos gobernará Morales.
Una prueba de fuego: la Constituyente
En meses más habrá una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución en temas como la tenencia de la tierra y la propiedad de los hidrocarburos. Habrá que ver cuál será el camino que tomará Evo: si el que señala García Linera o él de quienes consideran que el indigenismo marxista han llegado para retornar a una sociedad tribal ideal en la que no había clases sociales (y que en realidad jamás existió).
Es también una prueba de la correlación de fuerzas internacional porque la Constituyente es el mismo camino que eligió Hugo Chávez para imponer su modelo de gobierno. En cualquier caso la racionalidad política de Lula y Kirchner puede ser determinante a la hora de determinar el rumbo de Bolivia. Lula es fundamental en la vida política de Evo y probablemente será su mejor consejero.
De cualquier forma, al margen de la importancia del gas en esta elección o de las relaciones con sus vecinos, millones de bolivianos están esperanzados a que algo cambiará en sus vidas y que serán tenidos en cuenta por primera vez. Ese deseo cultural y casi metafísico difiere de la política que apenas es el arte de lo posible (o que es economía concentrada, como decía Lenin). No olvidemos cómo terminó el primer gobierno democrático boliviano en 1985: inmolándose para evitar el quiebre del orden institucional y responsable de la peor hiperinflación que se haya conocido. Si Evo logra superar esa amenaza que es la gran sombra de la izquierda en los últimos 20 años, quizá no logre crecimiento y desarrollo pero sí comenzar un proceso de inclusión social que todos debemos celebrar, aunque no sea suficiente para satisfacer las altísimas expectativas de millones bolivianos que creen que por fin ha llegado su hora.
* Sergio Molina Monasterios es analista internacional de Imaginacción Consultores
Bolivia, tan lejos de Dios
Hace unos meses un altísimo funcionario del gobierno de Chile preguntó a un grupo de sus colaboradores cuál era la forma más eficaz de acercarse a Evo Morales: Marco Aurelio García, concluyeron los asistentes a esa reunión.
Precisamente fue García, asesor internacional de Lula da Silva, quien ayer salió a desmentir a su Presidente que había apoyado públicamente a Evo Morales en una reunión que sostuvo con Néstor Kirchner.
La historia es larga. Lula fue determinante para el giro que convirtió a Morales de dirigente sindical poderoso pero sin chances reales de acceder al gobierno, en un político con proyección internacional. En una reunión el 2002 ?que Morales consiguió por intermedio de García?, Lula le aconsejó que debía seguir su ejemplo, ?des-sindicalizarse? y abrir el abanico político.
El apoyo de Brasil a Evo (a diferencia del de Venezuela, más previsible), proviene de un gigante que no puede descuidar a Bolivia porque tiene inversiones por 1.800 millones de dólares y es responsable de casi el 40% de su PIB, pero ?sobre todo? porque compra energía a esa nación. Un caso parecido al de Argentina que obtiene gas boliviano a precio preferencial (y que cuenta con más de un millón de bolivianos dentro de sus fronteras).
Ambos mandatarios tienen olfato suficiente para saber por dónde soplan los vientos, por lo que las palabras de Lula suenan más a profecía que a simple acto fallido. Si Morales es Presidente lo hará con una legitimidad que difícilmente obtendrá Jorge Quiroga, su inmediato contendor; ?Tuto? ?desesperado por el giro internacional que ha tomado la campaña? jura que no le importa quién gobierne en otros países (a despecho de su esposa: una norteamericana hija de un aristócrata congresista republicano). Pero el brete es de difícil resolución para Quiroga: en Bolivia la elección no es directa (al Presidente lo elige el parlamento entre las dos primeras minorías), y las posibilidades de que el tercero en discordia, el empresario Samuel Doria Medina, apoye a Quiroga si sale segundo, son más bien lejanas. Uno de los colaboradores más cercanos de Doria Medina le dijo a El Mercurio que si Evo ganaba no habría más remedio que votar por él en el Congreso: ?Cuestión de sobre vivencia política?, afirmó.
Si bien todos siguen muy de cerca el proceso, EEUU es el que se muestra más desorientado y protagonizó hace unos días una de las maniobras más bizarras de las que se tenga memoria: Ordenó a las FFAA bolivianas que se deshicieran de 25 misiles, los únicos con los que contaba, para que ?en una eventualidad que solamente ellos podrían confirmar?, no apunten en dirección equivoca.
Si bien Brasil y Argentina (con el ruego y beneplácito americano) harán esfuerzos porque Evo se modere, como en el Aprendiz de Brujo de Walt Disney las fuerzas desatadas son demasiado poderosas para pensar que sólo su liderazgo podrá controlarlas. Hace varios años que en Bolivia se ha abierto una caja que, al igual que la de Pandora, sólo guarda dentro la esperanza.
El final está abierto y las apuestas son altas: empresas petroleras que no quieren nacionalización, regiones asustadas donde el portugués es la segunda lengua, elites incapaces de incluir a las grandes mayorías indígenas, e izquierdistas que sueñan con un Che resucitado (el New York Times tituló más o menos así una nota para que sus lectores tuvieran alguna referencia sobre ese extraño país mediterráneo, tan cerca de Brasil, de Venezuela y de los Estados Unidos y tan lejos de Dios).
* Sergio Molina Monasterios es analista internacional de Imaginacción Consultores
Precisamente fue García, asesor internacional de Lula da Silva, quien ayer salió a desmentir a su Presidente que había apoyado públicamente a Evo Morales en una reunión que sostuvo con Néstor Kirchner.
La historia es larga. Lula fue determinante para el giro que convirtió a Morales de dirigente sindical poderoso pero sin chances reales de acceder al gobierno, en un político con proyección internacional. En una reunión el 2002 ?que Morales consiguió por intermedio de García?, Lula le aconsejó que debía seguir su ejemplo, ?des-sindicalizarse? y abrir el abanico político.
El apoyo de Brasil a Evo (a diferencia del de Venezuela, más previsible), proviene de un gigante que no puede descuidar a Bolivia porque tiene inversiones por 1.800 millones de dólares y es responsable de casi el 40% de su PIB, pero ?sobre todo? porque compra energía a esa nación. Un caso parecido al de Argentina que obtiene gas boliviano a precio preferencial (y que cuenta con más de un millón de bolivianos dentro de sus fronteras).
Ambos mandatarios tienen olfato suficiente para saber por dónde soplan los vientos, por lo que las palabras de Lula suenan más a profecía que a simple acto fallido. Si Morales es Presidente lo hará con una legitimidad que difícilmente obtendrá Jorge Quiroga, su inmediato contendor; ?Tuto? ?desesperado por el giro internacional que ha tomado la campaña? jura que no le importa quién gobierne en otros países (a despecho de su esposa: una norteamericana hija de un aristócrata congresista republicano). Pero el brete es de difícil resolución para Quiroga: en Bolivia la elección no es directa (al Presidente lo elige el parlamento entre las dos primeras minorías), y las posibilidades de que el tercero en discordia, el empresario Samuel Doria Medina, apoye a Quiroga si sale segundo, son más bien lejanas. Uno de los colaboradores más cercanos de Doria Medina le dijo a El Mercurio que si Evo ganaba no habría más remedio que votar por él en el Congreso: ?Cuestión de sobre vivencia política?, afirmó.
Si bien todos siguen muy de cerca el proceso, EEUU es el que se muestra más desorientado y protagonizó hace unos días una de las maniobras más bizarras de las que se tenga memoria: Ordenó a las FFAA bolivianas que se deshicieran de 25 misiles, los únicos con los que contaba, para que ?en una eventualidad que solamente ellos podrían confirmar?, no apunten en dirección equivoca.
Si bien Brasil y Argentina (con el ruego y beneplácito americano) harán esfuerzos porque Evo se modere, como en el Aprendiz de Brujo de Walt Disney las fuerzas desatadas son demasiado poderosas para pensar que sólo su liderazgo podrá controlarlas. Hace varios años que en Bolivia se ha abierto una caja que, al igual que la de Pandora, sólo guarda dentro la esperanza.
El final está abierto y las apuestas son altas: empresas petroleras que no quieren nacionalización, regiones asustadas donde el portugués es la segunda lengua, elites incapaces de incluir a las grandes mayorías indígenas, e izquierdistas que sueñan con un Che resucitado (el New York Times tituló más o menos así una nota para que sus lectores tuvieran alguna referencia sobre ese extraño país mediterráneo, tan cerca de Brasil, de Venezuela y de los Estados Unidos y tan lejos de Dios).
* Sergio Molina Monasterios es analista internacional de Imaginacción Consultores
Debates y encuestas: la peligrosa tentación oligárquica
Quizá no haya nada que simbolice mejor la distancia entre los políticos y los ciudadanos que la serie de opiniones, entrevistas y artículos que ha generado el último debate electoral.
Están los que aducen que este tipo de encuentros va en desmedro de una discusión más profunda, olvidándose que es precisamente este formato lo que permite su universalidad: ¿se imagina cuántos lo habrían visto si la cosa hubiera sido más técnica o sin control de tiempo? Todo el que estudió filosofía política sueña con volver al ágora ateniense donde se podía discutir sin ningún límite ni requisito (si no trabajabas, por supuesto, que la filosofía era para los que no tenían esa odiosa costumbre de ensuciarse las manos), pero han pasado algunas cosas desde entonces (se inventaron los medios, por ejemplo, o se acuñaron conceptos como marketing y telepolítica).
Es cierto que el debate dejó mucho que desear como sostiene la opinión mayoritaria (todos queríamos más), y sería sensato que en las siguientes semanas se busque el justo medio entre los deseos de ambos comandos (para seguir con los griegos: ya Aristóteles alertaba contra los temerarios y los cobardes y optaba por los valientes). Pero no podemos olvidar el dato más relevante: ¿hay signo de madurez democrática mayor para una sociedad que 40 puntos de rating sin sangre ni golpes bajos?
Las críticas al debate también han sido dirigidas contra las encuestas, no faltó quien dejó de hacerlas públicas porque perjudicaban a un candidato con el que simpatizaba, o el que dijo que haberlas realizado después del debate iba en contra de la formación de una opinión conciente y por tanto habría que regularlas (¿prohibirlas?).
Restringir la libertad de quien quiere medir telefónicamente los resultados del debate es absurdo, pero, más peligroso aún, implica una postura oligárquica: si un político puede decir quién ganó o perdió inmediatamente después del debate, como vimos hasta el cansancio, ¿porque no cualquier persona entrevistada por teléfono?
Desde la década de los 30, cuando los diarios y revistas lanzaron las primeras encuestas de opinión (que sirvieron primero para predecir resultados políticos y recién luego para los negocios), no hay un solo movimiento o frase que digan o hagan los políticos americanos que no haya sido testeada previamente. Los discursos, los énfasis, los temas, etc., son definidos y modificados en función de encuestas y grupos focales. Todo se mide y, además, se mide en tiempo real, de forma que se pueda conocer hasta los más imperceptibles movimientos en la opinión pública, lo que permite hacer ajustes inmediatos a la estrategia de campaña. ¿Por qué nos extraña que esto ocurra en Chile?
Eso sí, los que respondieron a los sondeos seguramente desconocían los manuales de campaña electoral que manejan al dedillo los estrategas de los comandos: si usted siguió alguna vez una elección en EEUU habrá notado que inmediatamente después de que termina algún discurso, un vocero de su oponente marca los puntos flacos, los olvidos y las mentiras. Eso es lo que los americanos denominan ?respuesta rápida? (dicen que es muy útil para evitar que se sedimenten unilateralmente algunos conceptos en la opinión pública). Así actuaron los militantes de ambas fracciones, pero la de Alvear sin duda fue el que tuvo más éxito en la faena.
A todos los demás, los que sólo miramos atentamente la televisión, nos queda estar atentos por si suena el teléfono y esperar ?ojala? que sea algún oscuro encuestador preguntando nuestra humilde opinión.
* Sergio Molina M. es cientista político y trabaja en Imaginacción Consultores.
Están los que aducen que este tipo de encuentros va en desmedro de una discusión más profunda, olvidándose que es precisamente este formato lo que permite su universalidad: ¿se imagina cuántos lo habrían visto si la cosa hubiera sido más técnica o sin control de tiempo? Todo el que estudió filosofía política sueña con volver al ágora ateniense donde se podía discutir sin ningún límite ni requisito (si no trabajabas, por supuesto, que la filosofía era para los que no tenían esa odiosa costumbre de ensuciarse las manos), pero han pasado algunas cosas desde entonces (se inventaron los medios, por ejemplo, o se acuñaron conceptos como marketing y telepolítica).
Es cierto que el debate dejó mucho que desear como sostiene la opinión mayoritaria (todos queríamos más), y sería sensato que en las siguientes semanas se busque el justo medio entre los deseos de ambos comandos (para seguir con los griegos: ya Aristóteles alertaba contra los temerarios y los cobardes y optaba por los valientes). Pero no podemos olvidar el dato más relevante: ¿hay signo de madurez democrática mayor para una sociedad que 40 puntos de rating sin sangre ni golpes bajos?
Las críticas al debate también han sido dirigidas contra las encuestas, no faltó quien dejó de hacerlas públicas porque perjudicaban a un candidato con el que simpatizaba, o el que dijo que haberlas realizado después del debate iba en contra de la formación de una opinión conciente y por tanto habría que regularlas (¿prohibirlas?).
Restringir la libertad de quien quiere medir telefónicamente los resultados del debate es absurdo, pero, más peligroso aún, implica una postura oligárquica: si un político puede decir quién ganó o perdió inmediatamente después del debate, como vimos hasta el cansancio, ¿porque no cualquier persona entrevistada por teléfono?
Desde la década de los 30, cuando los diarios y revistas lanzaron las primeras encuestas de opinión (que sirvieron primero para predecir resultados políticos y recién luego para los negocios), no hay un solo movimiento o frase que digan o hagan los políticos americanos que no haya sido testeada previamente. Los discursos, los énfasis, los temas, etc., son definidos y modificados en función de encuestas y grupos focales. Todo se mide y, además, se mide en tiempo real, de forma que se pueda conocer hasta los más imperceptibles movimientos en la opinión pública, lo que permite hacer ajustes inmediatos a la estrategia de campaña. ¿Por qué nos extraña que esto ocurra en Chile?
Eso sí, los que respondieron a los sondeos seguramente desconocían los manuales de campaña electoral que manejan al dedillo los estrategas de los comandos: si usted siguió alguna vez una elección en EEUU habrá notado que inmediatamente después de que termina algún discurso, un vocero de su oponente marca los puntos flacos, los olvidos y las mentiras. Eso es lo que los americanos denominan ?respuesta rápida? (dicen que es muy útil para evitar que se sedimenten unilateralmente algunos conceptos en la opinión pública). Así actuaron los militantes de ambas fracciones, pero la de Alvear sin duda fue el que tuvo más éxito en la faena.
A todos los demás, los que sólo miramos atentamente la televisión, nos queda estar atentos por si suena el teléfono y esperar ?ojala? que sea algún oscuro encuestador preguntando nuestra humilde opinión.
* Sergio Molina M. es cientista político y trabaja en Imaginacción Consultores.
Marketing cultural: la inexplorada relación entre la empresa y el arte
Cayo Mecenas vivió alrededor de 100 años antes de nuestra era. Fue un noble romano que pasó a la historia no por ayudar a que Octavio Augusto alcanzara el poder o por su papel como ministro imperial y diplomático, sino por sus simpatías artísticas y porque se rodeaba de literatos a los que protegía y en los que invirtió parte de su fortuna. Su apellido se popularizó enormemente y aún hoy sirve para definir a aquellos que apoyan desinteresadamente el arte y la cultura.
¿Qué hubiera sido de Virgilio, el más grande poeta romano, sin Mecenas? No hubiera existido la Eneida, por ejemplo, a la que dedicó diez años de su vida sin tener preocupaciones económicas. Se dice que Virgilio, a punto de morir, pidió que destruyeran su obra maestra porque aún necesitaba tres años para concluirla (por suerte Augusto no le hizo caso y podemos conocerla, es otro al que se la debemos).
Sin Mecenas quizá no se hubiera escrito la Divina Comedia porque Dante veneraba al poeta latino y lo convirtió en el guía de sus fantasías (¿se acuerda de la canción de Silvio Rodríguez: ??yo quiero que Virgilio me lleve al infierno??). En fin, sin Mecenas la cultura occidental sería hoy mucho menos de lo que es. Sin él hubiéramos perdido todos.
El mecenazgo resurgió en el Renacimiento (renació como la cultura clásica en su conjunto) y se mantuvo con altibajos hasta hoy, de forma que los grandes emprendimientos culturales se beneficiaron de una forma o de otra de algún Mecenas que creyó en ellos y se animó a respaldarlos.
El mecenazgo, sin embargo, desde la invención de la marca y el marketing contemporáneo ha cobrado otro carácter y ya no sólo se la considera de una actividad altruista sino también un muy buen negocio: es parte de lo que en comunicaciones se denomina marketing cultural.
La versatilidad del marketing
Se sabe, hay infinitas formas de emplear las comunicaciones y el marketing para el desarrollo de una marca. Hoy está de moda el marketing viral (distribución de anuncios hecho por los propios internautas por la calidad y originalidad del producto); el endomarketing (actividades con sus propios empleados); el marketing de relacionamiento; el marketing directo; el placement; etc.; etc. Una de estas denominaciones es la de Marketing cultural, presente hace muchos años en nuestro medio pero reducido al patrocinio de actividades culturales más por simpatías, inclinaciones o hobby de los accionistas de una compañía que como parte de un plan global de publicidad y marketing.
En general se trata de la ejecución de acciones que utilizan la cultura como vehículo para difundir una marca, un producto o para fijar la imagen de una empresa. Si se emprende una acción de marketing usando como herramienta la cultura, se está haciendo gestión o marketing cultural.
Veamos algunas cifras: el 37% de los CEOs americanos cree que el público es más proclive a apoyar productos o servicios de compañías que apoyan a las artes, y el 83% de los consumidores americanos afirman que tienen una imagen más positiva de las empresas que patrocinan alguna causa que aquellas que no.
El marketing cultural permite diferenciar una marca; diversificar las comunicaciones de una empresa y posicionarla como socialmente responsable; asimismo, obtener impacto económico; motivar a los empleados; lograr venta de productos; buena reputación; reconocimiento y visibilidad de la marca.
Lo importante es que este tipo de acciones se identifiquen con el perfil de la empresa, sus públicos y sus objetivos; que transmitan su visión del mundo y que consideren de forma multidimensional a una persona (no sólo como cliente sino como consumidor de productos culturales).
Las diversas formas del marketing cultural
Ahora bien, el marketing cultural puede tomar, por un lado, la forma de auspicio y patrocinio (las acciones más comunes de inversión en cultura que sirven para satisfacer objetivos comerciales y de imagen); y, por otro, la de mecenazgo también conocido como filantropía empresarial, que se dirige fundamentalmente a respaldar proyectos y artistas en el largo plazo, sin retorno inmediato pero con reconocimiento asegurado, lo que fideliza el respaldo a la marca.
Pero más allá de las definiciones, el apoyo a la cultura por parte de una empresa es una cuestión de actitud (de amor propio y al prójimo).
Sin duda el esfuerzo debe ser racional (hay que evaluar y rentabilizar la inversión), pero también tiene una buena dosis de riesgo (precisamente por lo cual puede ser doblemente satisfactorio).
Lo que se puede afirmar es que ninguno de sus esfuerzos quedará indiferente o, mejor, ¿no le seduce pensar que su apellido podría pasar a la historia por financiar a poetas, dramaturgos, pintoras y bailarines?
Si piensa en el largo plazo, no está mal, verdad.
* Cientista político. Encargado de Estudios de la empresa de comunicación estratégica Imaginacción Consultores
¿Qué hubiera sido de Virgilio, el más grande poeta romano, sin Mecenas? No hubiera existido la Eneida, por ejemplo, a la que dedicó diez años de su vida sin tener preocupaciones económicas. Se dice que Virgilio, a punto de morir, pidió que destruyeran su obra maestra porque aún necesitaba tres años para concluirla (por suerte Augusto no le hizo caso y podemos conocerla, es otro al que se la debemos).
Sin Mecenas quizá no se hubiera escrito la Divina Comedia porque Dante veneraba al poeta latino y lo convirtió en el guía de sus fantasías (¿se acuerda de la canción de Silvio Rodríguez: ??yo quiero que Virgilio me lleve al infierno??). En fin, sin Mecenas la cultura occidental sería hoy mucho menos de lo que es. Sin él hubiéramos perdido todos.
El mecenazgo resurgió en el Renacimiento (renació como la cultura clásica en su conjunto) y se mantuvo con altibajos hasta hoy, de forma que los grandes emprendimientos culturales se beneficiaron de una forma o de otra de algún Mecenas que creyó en ellos y se animó a respaldarlos.
El mecenazgo, sin embargo, desde la invención de la marca y el marketing contemporáneo ha cobrado otro carácter y ya no sólo se la considera de una actividad altruista sino también un muy buen negocio: es parte de lo que en comunicaciones se denomina marketing cultural.
La versatilidad del marketing
Se sabe, hay infinitas formas de emplear las comunicaciones y el marketing para el desarrollo de una marca. Hoy está de moda el marketing viral (distribución de anuncios hecho por los propios internautas por la calidad y originalidad del producto); el endomarketing (actividades con sus propios empleados); el marketing de relacionamiento; el marketing directo; el placement; etc.; etc. Una de estas denominaciones es la de Marketing cultural, presente hace muchos años en nuestro medio pero reducido al patrocinio de actividades culturales más por simpatías, inclinaciones o hobby de los accionistas de una compañía que como parte de un plan global de publicidad y marketing.
En general se trata de la ejecución de acciones que utilizan la cultura como vehículo para difundir una marca, un producto o para fijar la imagen de una empresa. Si se emprende una acción de marketing usando como herramienta la cultura, se está haciendo gestión o marketing cultural.
Veamos algunas cifras: el 37% de los CEOs americanos cree que el público es más proclive a apoyar productos o servicios de compañías que apoyan a las artes, y el 83% de los consumidores americanos afirman que tienen una imagen más positiva de las empresas que patrocinan alguna causa que aquellas que no.
El marketing cultural permite diferenciar una marca; diversificar las comunicaciones de una empresa y posicionarla como socialmente responsable; asimismo, obtener impacto económico; motivar a los empleados; lograr venta de productos; buena reputación; reconocimiento y visibilidad de la marca.
Lo importante es que este tipo de acciones se identifiquen con el perfil de la empresa, sus públicos y sus objetivos; que transmitan su visión del mundo y que consideren de forma multidimensional a una persona (no sólo como cliente sino como consumidor de productos culturales).
Las diversas formas del marketing cultural
Ahora bien, el marketing cultural puede tomar, por un lado, la forma de auspicio y patrocinio (las acciones más comunes de inversión en cultura que sirven para satisfacer objetivos comerciales y de imagen); y, por otro, la de mecenazgo también conocido como filantropía empresarial, que se dirige fundamentalmente a respaldar proyectos y artistas en el largo plazo, sin retorno inmediato pero con reconocimiento asegurado, lo que fideliza el respaldo a la marca.
Pero más allá de las definiciones, el apoyo a la cultura por parte de una empresa es una cuestión de actitud (de amor propio y al prójimo).
Sin duda el esfuerzo debe ser racional (hay que evaluar y rentabilizar la inversión), pero también tiene una buena dosis de riesgo (precisamente por lo cual puede ser doblemente satisfactorio).
Lo que se puede afirmar es que ninguno de sus esfuerzos quedará indiferente o, mejor, ¿no le seduce pensar que su apellido podría pasar a la historia por financiar a poetas, dramaturgos, pintoras y bailarines?
Si piensa en el largo plazo, no está mal, verdad.
* Cientista político. Encargado de Estudios de la empresa de comunicación estratégica Imaginacción Consultores
El empate boliviano: Las minorías activas y la ausencia de liderazgo
En el ajedrez, las tablas significa igualdad de fuerzas: no hay posibilidades de que un jugador se imponga sobre el otro. La situación en Bolivia es semejante y obedece a varias razones históricas, entre ellas, la ausencia de una elite que genere liderazgo y ciertos consensos indispensables en el siglo XXI (economía de mercado, impulso de la iniciativa privada, expansión del mercado interno, etc.).
En el caso boliviano, el empate de fuerzas comenzó a gestarse el año 2000 cuando se manifestó por primera vez la fortaleza del movimiento campesino y la decadencia del sistema político tradicional, lo cual tuvo su correlato simbólico en el tipo de protesta utilizado: el bloqueo de caminos. El empate se dotaba de su instrumento privilegiado.
Sin embargo, la crisis terminal no se desencadenó sino hasta el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, cuando fue derrocado el más importante representante de una hegemonía que había liderado al país durante veintiún años de democracia.
Pero el descalabro no dio paso a una nueva elite fortalecida, capaz de conducir y revitalizar al Estado, sino a la dictadura de minorías activas (sectores representativos de pequeños grupos con un altísimo poder de movilización) que se apoderaron de la vida pública boliviana. De forma que una de estas minorías subsiste en el Parlamento (los restos del sistema político tradicional), otra en el Ejecutivo (sectores sobrevivientes del anterior gobierno, intelectuales de clase media y profesionales liberales); junto a muchas otras repartidas por el país: Los movimientos cívicos de El Alto o el de Santa Cruz; los cocaleros del Chapare, etc. etc. Ninguna de ellas con la capacidad para generar una hegemonía que se imponga democráticamente (tampoco por la fuerza, como es el deseo de algunos), en una muestra infinita de fragmentación del poder.
Empate, entonces, que continuará en el tiempo con el único peligro de que varias de ellas se unifiquen (como la consigna de negarse a exportar gas por Chile en el caso de Sánchez de Lozada). En ese sentido, Mesa está demostrando mejores reflejos políticos, y cede para sobrevivir.
Otros ingredientes que se debe agregar a este complejo escenario son los movimientos cívicos regionales, sobre todo el cruceño, que si bien sigue siendo provinciano y no logra convertirse en referente nacional, es quizá el liderazgo más serio que existe actualmente.
Si la situación se torna insostenible, la alternativa democrática es adelantar las elecciones, una posibilidad que no descarta nadie, y que significaría un nuevo presidente (Evo Morales o algún político ligado a la elite tradicional) con mayor fortaleza que el actual. Sin embargo, Morales ha hecho explícito su deseo de llegar a la presidencia para estatizar los hidrocarburos, lo cual significaría volver a una discusión ya superada en los `70 en Latinoamérica.
En resumen, la situación es cada vez más incierta y es probable que se incremente la espiral de violencia, sin perspectivas de que surja un liderazgo moderno y democrático que reinvente Bolivia y que permita que sus ciudadanos vuelvan a creer y tener esperanzas en sí mismos.
Sergio Molina M. es cientista político. Consultor de la empresa de comunicación estratégica Imaginacción
En el caso boliviano, el empate de fuerzas comenzó a gestarse el año 2000 cuando se manifestó por primera vez la fortaleza del movimiento campesino y la decadencia del sistema político tradicional, lo cual tuvo su correlato simbólico en el tipo de protesta utilizado: el bloqueo de caminos. El empate se dotaba de su instrumento privilegiado.
Sin embargo, la crisis terminal no se desencadenó sino hasta el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, cuando fue derrocado el más importante representante de una hegemonía que había liderado al país durante veintiún años de democracia.
Pero el descalabro no dio paso a una nueva elite fortalecida, capaz de conducir y revitalizar al Estado, sino a la dictadura de minorías activas (sectores representativos de pequeños grupos con un altísimo poder de movilización) que se apoderaron de la vida pública boliviana. De forma que una de estas minorías subsiste en el Parlamento (los restos del sistema político tradicional), otra en el Ejecutivo (sectores sobrevivientes del anterior gobierno, intelectuales de clase media y profesionales liberales); junto a muchas otras repartidas por el país: Los movimientos cívicos de El Alto o el de Santa Cruz; los cocaleros del Chapare, etc. etc. Ninguna de ellas con la capacidad para generar una hegemonía que se imponga democráticamente (tampoco por la fuerza, como es el deseo de algunos), en una muestra infinita de fragmentación del poder.
Empate, entonces, que continuará en el tiempo con el único peligro de que varias de ellas se unifiquen (como la consigna de negarse a exportar gas por Chile en el caso de Sánchez de Lozada). En ese sentido, Mesa está demostrando mejores reflejos políticos, y cede para sobrevivir.
Otros ingredientes que se debe agregar a este complejo escenario son los movimientos cívicos regionales, sobre todo el cruceño, que si bien sigue siendo provinciano y no logra convertirse en referente nacional, es quizá el liderazgo más serio que existe actualmente.
Si la situación se torna insostenible, la alternativa democrática es adelantar las elecciones, una posibilidad que no descarta nadie, y que significaría un nuevo presidente (Evo Morales o algún político ligado a la elite tradicional) con mayor fortaleza que el actual. Sin embargo, Morales ha hecho explícito su deseo de llegar a la presidencia para estatizar los hidrocarburos, lo cual significaría volver a una discusión ya superada en los `70 en Latinoamérica.
En resumen, la situación es cada vez más incierta y es probable que se incremente la espiral de violencia, sin perspectivas de que surja un liderazgo moderno y democrático que reinvente Bolivia y que permita que sus ciudadanos vuelvan a creer y tener esperanzas en sí mismos.
Sergio Molina M. es cientista político. Consultor de la empresa de comunicación estratégica Imaginacción
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