Este libro contiene los aportes e intervenciones de intelectuales que buscan soluciones al diferendo que enfrentan Chile y Bolivia. Son un esfuerzo sincero y sin complejos por cuadrar el círculo —de ahí el título del texto—, utilizando las herramientas que puede aportar el siglo xxi para superar los traumas del pasado decimonónico.
En la primera parte del libro, se encuentran las ponencias inéditas y especialmente elaboradas para el taller internacional realizado por la Fundación Felipe Herrera, que tuvo como objetivo la discusión de algunas de las principales propuestas y fórmulas que en los últimos años han hecho diversos especialistas, intelectuales y políticos de Chile y Bolivia.
En la segunda parte se han recopilado documentos sobre la historia de las negociaciones entre las dos naciones desde la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1904. Se incluyen también documentos sobre las conversaciones recientes, así como su posterior ruptura una vez que Bolivia decidió presentar una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, y la respuesta que dio Chile públicamente en junio de 2014.
Convengamos que la situación no podría estar peor.
Probablemente por varios años viviremos inmersos en un juicio con resultados
por demás inciertos, sobre todo para Bolivia, que parece haberse olvidado del
fin y celebra los medios (Morales, que ya iba a ser reelecto, seguramente lo
será con un porcentaje aún mayor: no sólo es capaz de poner un satélite en el
cielo sino de enfrentar a Chile, nada menos).
En Chile se restriegan las manos los que prefieren
un juicio a la política y la negociación, porque en eso, en el farragoso
papeleo, en la investigación erudita, hay pocos servicios exteriores más
especializados en América Latina.
Estamos en una “no-relación” (menos divertida que
los “no-cumpleaños” del Sombrerero Loco de Alicia pero igual de desquiciada),
que se simboliza en que Chile quiere hablar de todo menos del mar, y Bolivia es
monotemática. En un escenario así valdría abandonar toda esperanza… o aprender
del pasado reciente.
En primer lugar, del fallo en el caso de Perú contra
Chile. Si dejamos de lado el nacionalismo ramplón, convengamos que fue positivo
para ambos: afianzará y permitirá una mejor relación en el largo plazo y eso es
mucho más valioso en el siglo XXI que lo supuestamente perdido.
En segundo lugar, la política de cuerdas separadas.
Un cúmulo de acciones que resultaron exitosas porque permitieron tener una
relación de relativa normalidad con Perú en momentos en los cuales el conflicto
podía haber escalado de forma insospechada. Los críticos de la cuerdas
separadas no piensan en lo que hubiera pasado si el azar oprimía un gatillo.
En tercer lugar, los elementos básicos de una
negociación. Para que resulte, todos deben ceder: Bolivia debe comprender que
Chile no tiene por qué entregar territorio sin obtener algo similar a cambio
(y, sobre todo, que no existe una justicia divina por encima de la legalidad
internacional).
Pero también Chile tiene que asumir(se): fue el
vencedor de la Guerra del Pacífico y es un país más rico y desarrollado, lo
cual le otorga derechos pero también obligaciones y entre ellas está la de
encapsular la demanda… unilateralmente, porque a Bolivia sólo le interesa
discutir del mar y a Chile de cualquier otra cosa. En resumen, si Chile no
lo hace, Bolivia no lo pide.
Y claro que hay forma: ¿cómo puede ser que dos
países limítrofes, con un incesante intercambio comercial, no tengan un vuelo
directo entre sus capitales, o que el ferrocarril Arica-La Paz no funcione
adecuadamente; o que no haya una partida presupuestaria destinada únicamente a
la cooperación con Bolivia en materias que no tengan que ver ni con la política
ni la diplomacia? ¿Cómo no garantizar, además, que el libre tránsito y las
facilidades que se le otorgan a Bolivia y que son imprescindibles para su
relacionamiento con el mundo, funcionen por sobre el estándar?
¿Que este encapsulamiento unilateral de la demanda
podría verse como una señal de debilidad o una concesión a la argumentación boliviana?
Eso sería subestimar la inteligencia de los jueces: ser buen vecino, buscar relaciones
cooperativas con una nación adversaria y tenaz, no es señal de debilidad sino
de fortaleza.
Publicado en La Tercera el domingo 20 de abril de 2014
Analista
político boliviano-chileno, profesor de la UDP
Nota publicada en La Segunda el 19 de febrero de 2014
Para entender los motivos que llevaron al
presidente Morales a presentar la demanda boliviana contra Chile ante La Haya y
a actuar como lo hace, se debe recordar que siempre miró de cerca el proceso
judicial entre Chile y Perú del que se ha hablado hasta el cansancio en estas
mismas páginas. También en Bolivia ese fallo ha desatado todo tipo de análisis,
y muchos sostienen que es favorable
simplemente porque los jueces citaron las negociaciones de Charaña y porque
demostraría que la política exterior chilena no es invencible.
Sin embargo, hay quienes somos más escépticos.
En primer lugar porque otorga certezas que antes no se tenían y, a la larga, consolidará
aún más una relación que deja a Bolivia aislada y con poca capacidad de
negociación. Además, el “triunfo” peruano permite reconciliar a esa sociedad
con uno de sus principales fantasmas: la derrota permanente frente a su
adversario poderoso. No debe olvidarse que Perú ha dado muestras constantes del
poco interés que tiene en un acuerdo entre Chile y Bolivia. Una parte de su
pretensión ante La Haya tenía ese sentido implícito.
Además difícilmente podrá replicarse entre
Chile y Bolivia el escenario de las “cuerdas separadas” toda vez que se
multiplican las voces discordantes con esta política y porque a los bolivianos
lo único que les interesa es la cuestión marítima. Encapsular la demanda,
entonces, parece poco realista.
Finalmente, es muy pronto para afirmar que el
fallo podría significar una revisión de los fundamentos de la política exterior
chilena con sus vecinos (“pelear con dos de tres no es precisamente
edificante”, sostienen), por el contrario, quizá sigan prevaleciendo quienes
hacen de la defensa del statu quo una cuestión de fe.
En cualquier caso, Morales no sólo estará
presente en la toma de mando de la presidenta Bachelet, sino que espera ese día
con expectación, al igual que las señales que
se irán entregando en estos meses, las cuales serán analizadas con
detenimiento para ver si es posible restituir una confianza perdida hace ya varios
años o si la relación se reducirá a tribunales de justicia y declaraciones
beligerantes (para lo cual hay ganas, recursos ilimitados y buenos abogados).
Por tanto y dado que Bolivia no retirará su
demanda, la primera pregunta que deberá formularse el nuevo gobierno es:
¿dialogar con Bolivia sobre el mar mientras hay una demanda pendiente o recluir
la relación bilateral a los tribunales?
Vaya disyuntiva. Por lo pronto lo único que
sabemos es que Bolivia está dispuesta a que el Presidente Piñera se convierta
en el chivo enviado al desierto a expiar las culpas de unos y otros.
“Voilà un cas difficile.”Dessin de Chappatte paru dans International Herald Tribune, Paris.
Au-delà des frontières vénézuéliennes, la disparition du président Hugo Chávez va se répercuter sur l’idéologie politique de la région. Son décès prive la gauche latino-américaine d’une figure de proue, de l’homme qui a incarné sur le continent le “socialisme du XXIe siècle” en quatorze années de pouvoir.
“Hugo Chávez représentait la continuité des caudillos qui ont gouverné l’Amérique latine au XXe siècle, que ce soit Juan Domingo Perón en Argentine, Getúlio Vargas au Brésil [président de 1934 à 1945 et de 1951 à 1954] ou Angel Victor Paz Estenssoro en Bolivie [élu quatre fois président]. En ce sens, Hugo Chávez était un grand ambassadeur de ce courant, et, en tant que tel, on aurait difficilement pu trouver des conditions plus propices au développement d’un leadership tel que celui qu’il a construit et maintenu pendant quinze ans”, explique Sergio Molina Monasterios, un spécialiste en communication politique.
Si, au Venezuela, on sait très bien qui reprendra le flambeau du chavisme, celui qui, en tant que militaire, encourageait une lutte régionale contre le “capitalisme sauvage” de “l’empire américain” semble irremplaçable pour le reste du continent.
Les dirigeants de gauche en Amérique latine – notamment Evo Morales (Bolivie), Rafael Correa (Equateur), Cristina Fernández de Kirchner (Argentine), José “Pepe” Mujica (Uruguay), Daniel Ortega (Nicaragua) et Raúl Castro (Cuba) – resteront fidèles non au chef militaire mais à la figure mythique que deviendra Hugo Chávez, une image qui sera bien plus accommodante et plus consensuelle, même si d’un point de vue symbolique c’est la même chose, prévoit Sergio Molina Monasterios.
Bien sûr, le Venezuela doit se préoccuper de sa situation économique et politique intérieure, mais les dirigeants de la région s’attendent à ce que la diplomatie bolivarienne, qui a bénéficié à de nombreux gouvernements qui soutenaient le pays, perde du terrain.
Cependant, Sergio Molina Monasterios estime qu’il serait extrêmement réducteur de penser que l’influence d’Hugo Chávez sur le continent sud-américain était uniquement due à son portefeuille. Le pays qui pourrait souffrir le plus de la disparition du comandante est sûrement Cuba, qui, grâce à sa relation avec le Venezuela, obtenait 115 000 barils de pétrole par jour contre les services de 44 000 Cubains exerçant pour la plupart des professions médicales.
“La composante idéologique et politique de la diplomatie bolivarienne ainsi que sa portée dans la région ne doivent pas être minimisées à l’heure où il s'agit de comprendre l’ampleur et l’influence que le chavisme pourrait conserver à l’avenir”, poursuit Sergio Molina Monasterios. Certes, il est trop tôt pour prédire qui héritera du trône, mais plusieurs dirigeants seraient intéressés par le poste. Seul le temps, toutefois, nous dira si c’est possible et si ces candidats ont les capacités requises. L’influence politique et idéologique du Venezuela dans la région restera considérable, “surtout dans le cadre des processus politiques les plus idéologiques et les plus enracinés, pour lesquels la figure symbolique d’Hugo Chávez demeurera présente. Néanmoins, cela dépendra avant tout de la direction qu’empruntera la politique intérieure vénézuélienne et des événements qui se dérouleront au cours des prochains mois au Venezuela”, conclut Sergio Molina Monasterios.
Sabido es que la política exterior no es la principal
preocupación electoral en tiempos de paz en ninguna parte, y Chile no es la
excepción. No es extraño entonces leer sólo algunos párrafos sobre el tema en
los principales programas de Gobierno de los candidatos hoy en disputa.
Lo que si llama la atención es que en esas pocas líneas se
nombre casi de refilón el principal problema hoy y en el futuro: los diferendos
con Perú y Bolivia.
No faltará quien argumente que esto se debe a que Chile tiene
una política de Estado al respecto y que no habrá grandes variantes a lo que ha
venido haciendo en los últimos años. Con Perú cierto consenso en que las
relaciones se encaminarán después del fallo de La Haya y que las relaciones
económicas nunca fueron tan buenas como ahora; con Bolivia esgrimir la
intangibilidad de los tratados y dejar caer el peso de la responsabilidad sobre
ese país.
El programa de Gobierno de Michelle Bachelet enfatiza esos
tópicos: plantea retomar el diálogo con Bolivia iniciado en 1999 y el clima de
confianza mutua alcanzado durante su anterior gobierno así como la plena
normalización de las relaciones diplomáticas. Lo que más llama la atención, sin
embargo, es que el tema está en el acápite “defensa” y no en el de “relaciones
exteriores”.
Evelyn Matthei es aún más escueta y en breves líneas reafirma
su vocación americanista, la continuidad de la política exterior del actual
gobierno y, fiel al estilo tradicional de su sector, se preocupa en el efecto que
la seguridad exterior o las relaciones internacionales pueden tener en una
economía ampliamente globalizada como la chilena.
Marco Enríquez Ominami es el que más referencias tiene sobre
los vecinos y América Latina. Sobre Perú afirma que la brecha entre confianza
económica y desconfianza política tiene que cerrarse progresivamente y,
respecto a Bolivia, reclama un acto de generosidad de Chile y encontrar
soluciones concretas, útiles y factibles.
A este análisis de
los programas electorales debemos sumar otros datos. La encuesta Bicentenario
recientemente publicada (PUC-GFK/Adimark) muestra que, a juicio de los
encuestados, los chilenos se consideran “excepcionales” y no se sienten parte
de América Latina. Aún más, entre el 2006 y el 2013 sistemáticamente todos los
años ascendió el porcentaje de chilenos que creen que a Bolivia no debiera
dársele nada (del 33% a un mayoritario 56%) y, en ese mismo lapso de tiempo, bajó
del 47% al 29% el porcentaje de los chilenos que están de acuerdo con darle a
Bolivia beneficios económicos para que ocupen puertos chilenos.
En ese clima de opinión no es extraño que los programas
presidenciales de quienes más posibilidades tienen de llegar a La Moneda le den
tan poca importancia a la región.
Por tanto es difícil pensar que durante el próximo gobierno,
gane quien gane, haya grandes modificaciones en las orientaciones en política
exterior. Hacia Perú el deseo de que después de La Haya se normalice la relación;
y, sobre Bolivia, la convicción de que se trata de un tema de seguridad, y
diálogo sin ofrecer nada a cambio.
Nadie con una mínima dosis de realismo puede pensar que
estos sean temas sencillos: pero llama la atención que no se ensayen otras
alternativas y se planteen programas de largo plazo, de cooperación y
desarrollo que permitan generar otro tipo de relaciones que las erigidas en
base a la confrontación. Y para hacerlo, para construirlas, y a pesar de la
resistencia que tenga a las veleidades de la opinión pública, Chile tiene la
responsabilidad mayor, por su interés nacional, su peso específico y su
proyección futura.
(Publicado en La Tercera el 7 de noviembre de 2013)
Se ha
escrito mucho y bien sobre los escenarios que se abren luego de la muerte de
Hugo Chávez pero quisiéramos agregar un par de interrogantes que creemos
pertinentes a la hora de entender el futuro que se abre en la región a partir
del deceso del venezolano.
Convengamos
que el liderazgo y la personalidad de Hugo Chávez serán muy difíciles de
reemplazar. Sus características eran únicas en circunstancias también únicas
para América Latina y, como se ha dicho hasta el cansancio, tampoco es posible
entenderlo sin mirar la historia larga venezolana y las circunstancias que
permitieron su llegada al poder.
Pero a la vez, Chávez es la continuidad del liderazgo caudillista del que el
siglo XX latinoamericano ha estado plagado, veamos sino a Perón, Vargas, Paz
Estenssoro y el largo etcétera de caudillos que tenía similares
características. Esto es, hubo mucho de nuevo y mucho de lo ya conocido en su
ejercicio del poder.
El
caudillismo ha sido indisoluble a la región en el pasado, en ese sentido,
Chávez fue un gran representante de esa corriente latinoamericana mesiánica propia
del siglo XX más que un líder del siglo XXI, por tanto, difícilmente se puedan conjurar
condiciones similares para el surgimiento de un liderazgo como el que Chávez
supo construir y mantener durante tres lustros.
Primera
conclusión entonces, Chávez, como líder del siglo XX será cada vez más difícil
de encontrar en el siglo XXI.
Ahora bien,
a nivel global es muy difícil que alguien pueda reemplazar la enorme figura del
caudillo venezolano. Por lo pronto tendremos varios que seguramente querrán
ocupar su espacio, el tiempo dirá si esto es posible y si alguien tiene la
capacidad para hacerlo. Difícilmente Correa o Morales puedan hacerlo, por sus
características y, por supuesto, por el peso específico de estos países en
relación con Venezuela. En todo caso, seguirán siendo afines, ya no al caudillo
sino a la figura mítica que se construirá en torno a su figura.
La segunda
interrogante que habría que planteas es cómo se verá afectada Bolivia si cesa o
disminuye el apoyo económico de Venezuela.
Es un dato
de la causa que Venezuela tendrá que atender con carácter prioritario su severa
crisis económica y política mirando más hacia adentro que hacia la “gran patria
latinoamericana”, por lo que la diplomacia bolivariana seguirá teniendo
importancia pero sin los recursos con los que contó Chávez en su momento.
Ahora bien,
sería de un reduccionismo extremo pensar que la influencia del venezolano se debía
solamente a su billetera. Hay un componente ideológico y político que no se
debe despreciar a la hora de comprender el fenómeno que desató en estos años y que
se debe atender a la hora de medir la influencia que pueda seguir teniendo el
chavismo en el futuro.
En el caso
boliviano, Venezuela es su segundo acreedor, Bolivia importa diésel de ese país
y es un mercado alternativo al norteamericano para las exportaciones textiles
bolivianas.
Pero, sobre
todo, el dinero venezolano permitía financiar el programa “Bolivia cambia, Evo
Cumple”, a través del cual discrecionalmente se entregaba dinero a proyectos de
infraestructura, emprendimientos agrícolas, postas, escuelas, etc. (se habla de
una inversión de casi 4.000 proyectos de infraestructura en áreas rurales). En
este programa, Evo Morales era el encargado personal de distribuir los recursos
sin pasar por los controles administrativos del Estado y llegó a entregar
cheques directamente a las autoridades locales afines a su partido.
Dicho todo
eso, no se debe olvidar que la economía boliviana pasa por un momento de
bonanza inédito en su historia, sus exportaciones, sobre todo minerales y de
hidrocarburos, han permitido un crecimiento sostenido en los últimos años que
no se verá afectado sustancialmente por lo que ocurra en su relación con
Venezuela.
No es el
caso de la relación económica que Venezuela estableció con otros países como Cuba,
donde la dependencia es mucho mayor y más compleja de resolver en caso de ser
suspendida.
En tercer
lugar, quisiéramos dejar planteado el interrogante de si el proyecto político
de Evo Morales se verá menoscabado en tanto dependería de Venezuela para
concretarse y si algún líder latinoamericano puede retomar el liderazgo de la
revolución bolivariana en la región.
Acá es quizá donde más se notará la ausencia de Chávez. Morales tenía a Chávez
y no a Lula (como se pensó en algún momento) como la figura a quien se debía
admirar y emular. Las bases simbólicas de la refundación estatal boliviana
tienen su impronta: nueva constitución, nueva institucionalidad, nuevo
relacionamiento entre poderes estatales, hasta las modificaciones simbólicas en
el nombre del país, el escudo, la bandera, etc.
Sin olvidar que el proceso político boliviano difiere del venezolano por la forma
en que se construyó el poder en un inicio: de abajo hacia arriba en un caso,
con un golpe de Estado en el otro, diferencia que fue sustancial en su momento
y que sigue presente aunque morigerada con el paso de los años, podemos prever
un incremento de la orfandad política de Morales ya mellada por sus
vacilaciones y giros autoritarios de los últimos años. Lo cual no quiere decir
que deje de ser popular y la única alternativa política viable en la Bolivia
actual.
Finalmente, ¿es posible que un próximo gobierno chavista mantenga la misma
influencia política e ideológica en la región? En el futuro inmediato
posiblemente sí. La influencia de Venezuela, seguirá siendo importante, sobre
todo en procesos políticos más ideologizados y consolidados como el boliviano en
los cuales la figura simbólica de Chávez seguirá presente. Pero todo dependerá
del rumbo que deparen los acontecimientos de los próximos meses dentro de la
propia Venezuela.
Participación en CNN para hablar sobre la libertad de expresión en la región y la arremetida del Presidente ecuatoriano contra los medios de comunicación críticos a su persona y su gobierno.
Fernando
Molina es uno de esos contados iluminados que alguien riega con
mezquidad en el mundo. Que uno de ellos haya caído por estos lados tuvo
que haber ocurrido o como gesto de desdén contra este pueblo desgraciado
de origen o por error del tirano muevefichas de este tablero esférico.
Pero cayó acá cerca, como cae un pedazo de roca del espacio. Una rareza.
Y
privilegió, el déspota, a otro puñado de vecinos de desierto con su
amistad. Yo me cuento entre ellos, desde las madrugadas olor a tinta
fresca de la vieja La Razón miraflorina de La Paz. Muchas madrugadas y
una que otra noche de Socavón solmateano. ¿O era al revés?
Hoy me
enteré que fue galardonado con el Premio Internacional de Periodismo Rey
de España en el apartado Iberoamericano. Y tendría que haberle buscado
para brindar con él por su galardón. Pero no lo hice. Y tengo dos
razones: La primera, que Santa Cruz y La Paz están aún muy lejos una de
otra, y léase en todos los sentidos; y segundo, que Fernando no bebe ni
para brindar. De hecho, ya lo imagino en Madrid, de pie, incómodo en un
traje elegante, con sus lentes descansando en mitad de nariz, con una
copa levantada, mirando fijamente no sé si al Rey Juan Carlos o a Alex
Grijelmo, nervioso y tímido como casi todos los días, e impaciente por
no saber donde dejar su copa de champán y buscar una de agua.
Así
que lo busqué en Facebook. Pero no tiene cuenta. Cómo iba a tenerla! El
autócrata regador de excepcionales no necesariamente los hace afines a
las redes sociales. Lo cual, en su caso, es una tontería, porque
Fernando es un incansable y entretenido conversador.
En fin, ya lo
buscaré en mi próximo sobrevuelo por La Paz. Eso es lo que apenas logro
hacer últimamente para pena mía. Mientras tanto, comparto con nuestros
amigos comunes esta alegría de saber a nuestro Fer Molina cada vez más
grande.
Y una precisión final. Creo en Dios, pero en realidad no
creo que haya tal tirano administrador de fichas. Fernando, el
intelectual, escritor y periodista de 24 horas es la prueba. Él se hizo.
Me contaron que una vez lo encontraron duchándose con una mano, y con
la otra mano sostenía un libro que leía ansioso. Y no es un mito. Varios
de ustedes también han escuchado esta historia en voz de quien lo
sorprendió en medio del vapor, cuando él vivía en Calacoto.
Fernando es nuestro orgullo. Sus amigos lo queremos mucho. (JCR)
Fernando Molina
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Con este artículo (publicado en Página Siete) el escritor Fernando Molina ganó el Premio Iberoamericano de Periodismo
el 12 de enero de 2012
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Las principales
contribuciones de Hispanoamérica al pensamiento mundial son las del inicio, aquellas
que resultaron de su conformación histórica. Aunque de Hispania habían salido
figuras descollantes como Séneca e Isidoro de Sevilla, y España había tenido a
Alfonso el Sabio, quien inició una tradición literaria y científica que el mismo
año del viaje de Colón daría a luz la “Gramática” de Nebrija, ninguno de estos
antecedentes puede compararse con lo que este viaje provocaría en la conciencia
europea.
Los descubridores navegaron
en pos de reinos de los que tenían pocas referencias reales, pero sobre los que
habían fabulado por siglos. Se toparon con los paisajes americanos, que en su grandiosidad
resultaban en sí mismos “ideales”, es decir, como sacados de su imaginación.
Concluyeron entonces que los sueños concebidos por su cultura se habían hecho
realidad, que había un lugar en la Tierra en el que las criaturas mentales de sus
letrados estaban provistas de corporalidad.
El anuncio que de ello hicieron al mundo conmocionó
a sus clases intelectuales y, por lenta decantación, cambió la cosmovisión europea.
Al oeste había un lugar en que los ríos eran tales que merecerían nombres como “Madre
de Dios”; donde era posible, adentrándose en unas selvas densas y calurosas como
los delirios de un afiebrado o trasponiendo montañas altas como nunca antes se vio,
encontrar un rosario de maravillas: fuentes de la juventud, ciudades de oro o
esmeraldas, tierras sin carestía, tribus que vivían en absoluta desnudez y pureza.
El espacio donde era posible situar geográficamente a California, el país de las
amazonas.
Por muy efímera e
insustancial que fuera cada una de ellas, estas ideas en conjunto crearon el
hábito de pensar en América como la tierra de promisión, el lugar donde se haría
efectivo el proyecto de una nueva humanidad.
En los siguientes siglos
este nuevo mundo comprobaría su feracidad: sería pródigo en “frutos naturales”
y planes de reforma social. Algunos de éstos fueron teóricos, como las utopías
de los pensadores del siglo XVI, que se
inspiraron en los informes de los cronistas americanos. Otros, en cambio, eran prácticos:
el perfectamente detallado ordenamiento colonial de América, que fue el primer diseño
racional de una sociedad histórica; y el también inédito comunismo teocrático que
pusieron en marcha los jesuitas en las misiones de Paraguay y Moxos.
Estos experimentos,
en tanto precoces anticipaciones de los que ejecutarían siglos después jacobinos,
bolcheviques y fascistas, marcaron el inicio de una de las corrientes
fundamentales y más prolongadas del pensamiento occidental: la “política de la
fe” en la aptitud de una organización generada por la razón para lograr la
felicidad colectiva.
De este modo la
colonización de América originó una tendencia que después, circularmente,
terminaría inspirando los movimientos políticos americanos. Dice Uslar Pietri
que América le ofreció al mundo la idea de que es posible ser feliz en la
tierra, con toda la potencia política que tal visión tiene. Y luego (añadamos) se
hizo adicta a ella.
Junto con lo bueno
que implica esta renovada confianza en las propias fuerzas vino también lo malo:
la megalomanía. ¿No han engendrado
siempre, los grandes proyectos de ingeniería social, catástrofes de dimensiones
igualmente colosales?
En cualquier caso,
sólo por ignorancia o frivolidad es posible convertir el hecho hispanoamericano
en un mero saqueo de recursos o en un simple genocidio. Fue esto, pero no sólo
esto. Lo que no necesariamente implica que fuera más positivo. Pero sí más
–muchísimo más– complejo.
La mentalidad
pragmática de los anglosajones les permitió colonizar parte de Asia y África de
una forma puramente instrumental: sin la pretensión de crear nada nuevo.
Buscaban incrementar su poder sobre obedientes y segregadas masas de súbditos.
Un Garcilaso de la Vega, cronista descendiente de incas, o un Andrés de Santa
Cruz, general descendiente de incas, o un Vicente Pazos Kanki, cura y
periodista aymara, todos ellos leales a la Corona española en algún momento de
sus vidas, no encuentran parangón en el contexto de la colonización
anglosajona.
Los españoles fueron mucho más ambiciosos. Además
de oro, la plata y las especias, pretendieron expandir el reino de Dios,
pastorear hombres, darle carnalidad a las utopías, encontrar los sitios
legendarios y, sobre todo, refundar España en los nuevos territorios, mediante
una vastísima operación que dio origen al Derecho y la administración de Indias
y a las principales ciudades latinoamericanas, de México a Buenos Aires. Al
hacerlo y por tener que hacerlo valoraron de otra manera (no menos cruel, pero
sí más comprometida) las culturas que se les enfrentaban activa o pasivamente, y
por eso terminaron mestizándose intensamente con ellas.
Hubo más sangre (literal
y metafóricamente hablando) en esta forma de proceder que en la otra.
Pero con lo malo
también vino lo bueno. No solo los utopistas y sus descendientes sacaron
conclusiones teóricas del descubrimiento de la anomalía americana. Y tampoco,
pese a lo que suele creerse, no sólo los europeos “no españoles” contribuyeron
a la modernización ideológica que provocó el 12 de octubre de 1492. Un
precedente poco recordado en el ámbito latinoamericano es el de la Escuela de
Salamanca, compuesta por brillantes jesuitas españoles que además de registrar
el prodigio, derivaron importantes conclusiones de él. Observando a los
indígenas, que para algunos estaban situados en la mitológica “edad de oro”, así
como la conducta de sus propios compatriotas, llegaron a la conclusión de que
conocer a Jesús no bastaba para actuar rectamente, y que desconocerlo no
obligaba a la maldad. Pusieron así el primer escalón que conduciría a la ética
moderna, basada en la capacidad individual de decidir y no en una influencia sobrenatural
llamada “gracia” (en la que, en cambio, los protestantes creían ciegamente).
Véase aquí otra
contribución del encuentro entre españoles e indígenas: tan estupenda como el
barroco y tan importante como el utopismo. Por cierto, es exactamente lo
contrario de éste último. Así es Hispanoamérica: simultánea ilusión y
desencanto, al mismo tiempo el veneno y su antídoto.
Agencia EFE.- El periodista y escritor boliviano Fernando Molina fue distinguido hoy con el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en el apartado Iberoamericano por su artículo "Pensar Hispanoamérica: el inicio".
En el artículo, el autor mantiene la tesis de que las principales contribuciones de Hispanoamérica al pensamiento mundial son aquellas que produjo su mismo descubrimiento y que se incorporaron al pensamiento occidental: la posibilidad de ser feliz en la tierra.
El autor mantiene que, sin obviar los errores de la colonización y su crueldad, algunos españoles religiosos o intelectuales pusieron los cimientos de la ética moderna basada en la capacidad individual de decidir.
"Este artículo logra desmitificar la idea que se ha venido enraizando en América Latina y, sobre todo, en las islas del Caribe, que trata de desnaturalizar la más trascendente epopeya del siglo XV: el descubrimiento del Nuevo Mundo", según el jurado de la XXIX edición de los premios, que convocan anualmente la Agencia Efe y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Molina, nacido en La Paz en 1965, ha sido reportero y editor del diario "La Razón", subdirector del diario "La Prensa", director de los semanarios "Nueva Economía" y "Pulso" y actualmente se desempeña como editorialista de "Página Siete".
Asimismo, es autor de los libros "La conjura contra el hechicero - Franz Tamayo para el indianismo boliviano" (2010), "El pensamiento boliviano sobre los recursos naturales" (2009) y "Evo Morales y el retorno de la izquierda nacionalista (2006).
El Premio Internacional de Periodismo Rey de España en el apartado Iberoamericano está dotado con 9.000 euros (unos 11.500 dólares) y una escultura de bronce del artista Joaquín Vaquero Turcios.
Los premios serán entregados en primavera por el rey Juan Carlos I, en una ceremonia en Madrid.
En la pasada edición, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, en el apartado Iberoamericano, fue concedido a la periodista argentina Diana Fernández Irusta por su reportaje "Aún testigos", relacionado con la Guerra Civil que vivió España entre 1936 y 1939.
Las noticias sobre los bajos índices de popularidad de Evo Morales, la deriva patética en la que ha entrado el tratamiento del tema marítimo, sin olvidar las elecciones de autoridades judiciales en octubre próximo que han dado paso a una “jugosísima” campaña electoral, campaña que no es tal, y en la que la oposición no se pone de acuerdo ni siquiera para votar nulo.
En fin, que tan variada carga informativa dejó poco tiempo para discutir otro asuntos de igual o mayor importancia: una Ley de Telecomunicaciones que transformará el mapa mediático boliviano en los próximos años y confirmará lo que ha sido el mayor logro hasta el momento de Morales: la construcción de un aceitado aparato de comunicación y propaganda que, aupado por los legítimos deseos y los ineludibles derechos de inclusión de las mayorías bolivianas y sustentando por políticas redistributivas nacionalistas, inflaman los sentimientos solidarios en gran parte del mundo.
En sus artículos más polémicos, la mentada Ley de Telecomunicaciones permitirá redistribuir el espectro radioeléctrico en tres tercios: uno para los medios privados, otro para las organizaciones sociales y el último para el Estado. Asimismo, sostiene que en casos de seguridad o conmoción, desastres o amenazas externas, serán permitidas las escuchas telefónicas.
Si es grave que el gobierno de Morales, o de cualquier otro signo o adscripción política, tenga dos tercios de las frecuencias (considerando el tercio del Estado y el de los movimientos sociales); permitir los “pinchazos” telefónicos en base a situaciones tan difusas como interesadas, entra en contradicción incluso con la Constitución que fue aprobada contra viento y marea el 2009, conculcando derechos básicos de los ciudadanos.
Ahora bien, lo más preocupante de la futura nueva Ley es que se enmarca no sólo en una tendencia internacional (Ecuador, Venezuela y Argentina viven situaciones similares), sino que es parte de una serie de otras normas que pretenden entrometerse de manera frontal en la labor de los periodistas, profesión que no será la más digna (en Bolivia ni en muchas partes), pero que es imprescindible para el sustento democrático. Por ejemplo la flamante Ley contra el Racismo, tan encomiable como su título reza, permite hasta la clausura de un medio o la cárcel para un periodista si difunden contenidos racistas. Cierto que la libertad de expresión no es un derecho absoluto y es pasible a limitaciones, pero aquí la discrecionalidad de la sanción es más riesgosa que la falta misma.
De forma que la necesidad de que el Estado evite la concentración mediática, la imprescindible lucha contra la discriminación o, para ir más allá inclusive, la necesidad de democratizar la comunicación (una utopía a la que adscribo), son rasurados para ingresar a un formato que busca imponer a como dé lugar un discurso único. Esa la contradicción vital de todos aquellos que a pesar de sus buenas intenciones buscan, en el afán de imponer su legítima forma de pensar, limitaciones a las de otros. Al fin de cuentas el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
Si vemos la historia larga de la relación bilateral entre Chile Y Bolivia (y de confirmarse lo que parece un hecho), se podría afirmar que hemos vuelto a la normalidad, que estos años de acercamiento entre Evo Morales y tres presidentes chilenos no fueron más que una paréntesis en una relación siempre tensa y distante que obedece a lógicas diferentes e incomprendidas.
Con excepción de algunos guiños y acercamientos, como en el interregno de Pinochet y Banzer (y ahora, durante éste periodo que los historiadores bautizarán de alguna manera), en el último medio siglo estuvieron ausentes las relaciones diplomáticas entre ambos países, se llevaron hasta el paroxismo sus diferencias y, al mismo tiempo, se profundizó en una forma sin precedentes la distancia (existente desde siempre) tanto en lo económico como en lo institucional.
Volver a la normalidad, entonces, implica que Bolivia retomará los escenarios internacionales (que son muchos y variados a lo largo del año), para reclamar un acceso útil, libre y soberano al mar con argumentaciones diversas, sean económicas, culturales o políticas; frente a lo cual Chile pedirá la palabra inmediatamente después para decir que no existen problemas limítrofes pendientes, que hay plenas garantías de acceso marítimo para Bolivia a través de territorio y puertos chilenos y que se trata de un asunto bilateral (un discurso que saben como si fuera un mantra todos los diplomáticos a ambos lados de la frontera).
¿Existe alguna diferencia hoy en relación lo que fue la norma antaño? ¿Hay un caso jurídico para presentar ante tribunales internacionales? Sobre el tema se discutirá largamente en los próximos meses y conoceremos opiniones muy distintas según cuál sea el país de donde provengan. Por mi parte, siempre tuve la certeza de que no hay nada más subjetivo y político que el derecho.
La lógica de Morales
No debe olvidarse que Morales actúo con una lógica sindical (él es un sindicalista): puso un ultimátum (el 23 de marzo) y, al no recibir una respuesta afirmativa, impuso una medida de fuerza (multilateralizar el tema). Ahora bien, la lógica sindical no es igual a la política, ni que decir con la diplomática: las relaciones internacionales tienen sus tiempos, sus códigos, sus formas. En el peor de los casos, podría haber hecho lo mismo pero con la solemnidad y el respeto que ameritaba (a l fin y al cabo somos y seguiremos siendo vecinos); en cualquier caso, no en un discurso en una plaza pública.
Lo cual lleva a otra conclusión relevante, Morales actuó con la cabeza caliente, ensoberbecido al calor de la multitud y de la fecha: era 23 de marzo y todos los 23 de marzo los bolivianos nos ponemos sentimentales y hasta nos deprimimos. No hay otra explicación para las contradicciones flagrantes entre las declaraciones vertidas horas antes y el discurso mismo; amén de las entrevistas y las columnas que llamaba a la calma y que plagaron los medios de ambos países en estos días, mostrando una ofensiva diplomática en esa dirección.
¿Fue una decisión consensuada en Bolivia? Buena parte del Gobierno y la Cancillería no tuvieron un papel relevante, y ni hablar de la oposición que nunca fue tomada en cuenta. Morales conduce la política exterior junto a algunos de sus asesores más estrechos, lo cual fue evidente, por ejemplo, con las desinteligencias sobre el destino del Cónsul boliviano en Chile o con el nombramiento del nuevo Vicecanciller, y por supuesto, ahora.
¿Fue la utilización de la política externa en asuntos internos? Ni duda cabe. Morales atraviesa su año más difícil y no encuentra la forma de revertir el descontento que generan algunas de sus medidas recientes, sobre todo en el ámbito económico que es donde se cuecen las habas más tiernas. El nacionalismo antichileno siempre ha sido una fórmula exitosa en Bolivia, ¿por qué no ahora? (Eso sí, en descargo de Morales convengamos que no hay gobierno en el mundo que no lo haga. Pensar que la diplomacia no tiene que ver con la política cotidiana es de una ingenuidad extrema).
En Chile por otra parte, parece una profecía autocumplida. En los últimos años los sectores más reacios a un entendimiento con Bolivia (que son transversales y no responden a un solo color político) constantemente advirtieron que el acercamiento no conduciría a ninguna parte. Seguramente hoy celebran haber sido tan certeros.
Perú, el otro interesado
Lo que es una extraña coincidencia si tenemos en cuenta al otro país interesado en este tema: Perú. Porque convengamos que si hubo festejos ayer fue en Torre Tagle. Nuevamente más interrogantes: ¿cómo se comportarán Perú y Bolivia en el futuro? ¿Qué grado de coordinación o de distanciamiento tendrán ambos países? ¿Cómo actuará el nuevo Presidente peruano (y quién será éste, luego de una elección cada vez más complicada)?
Finalmente, la pregunta más difícil de todas: ¿qué nos queda?
En mi opinión, trabajar incansablemente para que el diálogo no se rompa, para que vuelvan las aguas a su cauce y para que prime la racionalidad. Insistir en que se busquen los consensos y no las diferencias. En definitiva, tratar de recuperar la confianza que se había conseguido hasta ahora.
Sobre todo, evitar el chauvinismo y aquietar las pasiones nacionalistas que tan rápidamente inflaman el alma de ambos pueblos. Ojalá los políticos que nos gobiernan en ambos lados de la frontera tengan la prestancia para evitar los excesos.
Ya habrá en el futuro quienes asuman el desafío de resolver este diferendo y que apuesten por soluciones imaginativas que, sin satisfacer plenamente a ninguno de los dos países, permitan una reconciliación y un reencuentro que hoy parece tan distante.
Especialista en comunicación política. Codirector del Observatorio Sudamérica XXI de la Universidad Diego Portales.
Ha sido asesor de los gobiernos de Bolivia y Chile. Fue responsable de las campañas de difusión y comunicación interna y externa de diversas instituciones públicas, privadas y organismos internacionales.
Fue director de comunicación de la Ley de Participación Popular en Bolivia.
Como consultor de “Imaginaccion Consultores” en Chile trabajó para varias de empresas líderes, y desarrolló diversas investigaciones cualitativas y encuestas de opinión pública.
Ha colaborado en el diseño y visibilización de la política indígena en Chile a lo largo de los dos últimos años.
Es autor de varios libros sobre comunicación, descentralización y desarrollo local.
Es columnista del periódico La Tercera de Chile, la revista Pulso de Bolivia y del programa de televisión “En qué mundo vives” del canal 24 Horas de TVN.
Fue profesor del Postgrado de Comunicación Política de la Universidad de Chile, y de Comunicación Estratégica de la UNIACC; actualmente es docente en la UDP.
"Quien tiene un secreto, tiene alma. Y quien tiene alma, puede pecar. Así que la exposición que la Biblioteca Nacional de Francia acoge desde hoy (4 de diciembre) es, en cierto modo, una exposición de pecado". Las fotografías que se ven a continuación son de esa exposición y fueron tomadas de la página web de El País de España Para ver la nota completa pulse aquí