Sergio Molina Monasterios (Ed.)

Cuadrar el círculo: las propuestas de solución al conflicto entre Chile y Bolivia
 Este libro contiene los aportes e intervenciones de intelectuales que buscan soluciones al diferendo que enfrentan Chile y Bolivia. Son un esfuerzo sincero y sin complejos por cuadrar el círculo —de ahí el título del texto—, utilizando las herramientas que puede aportar el siglo xxi para superar los traumas del pasado decimonónico.
En la primera parte del libro, se encuentran las ponencias inéditas y especialmente elaboradas para el taller internacional realizado por la Fundación Felipe Herrera, que tuvo como objetivo la discusión de algunas de las principales propuestas y fórmulas que en los últimos años han hecho diversos especialistas, intelectuales y políticos de Chile y Bolivia.
En la segunda parte se han recopilado documentos sobre la historia de las negociaciones entre las dos naciones desde la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1904. Se incluyen también documentos sobre las conversaciones recientes, así como su posterior ruptura una vez que Bolivia decidió presentar una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, y la respuesta que dio Chile públicamente en junio de 2014.


http://www.lom.cl/c8df7a20-b1fc-40f9-89b2-405fbd7d5ea2/Cuadrar-el-c%C3%ADrculo-las-propuestas-de-soluci%C3%B3n-al-conflicto-entre-Chile-y-Bolivia.aspx

¿Qué hacer con Bolivia?

Convengamos que la situación no podría estar peor. Probablemente por varios años viviremos inmersos en un juicio con resultados por demás inciertos, sobre todo para Bolivia, que parece haberse olvidado del fin y celebra los medios (Morales, que ya iba a ser reelecto, seguramente lo será con un porcentaje aún mayor: no sólo es capaz de poner un satélite en el cielo sino de enfrentar a Chile, nada menos).

En Chile se restriegan las manos los que prefieren un juicio a la política y la negociación, porque en eso, en el farragoso papeleo, en la investigación erudita, hay pocos servicios exteriores más especializados en América Latina.

Estamos en una “no-relación” (menos divertida que los “no-cumpleaños” del Sombrerero Loco de Alicia pero igual de desquiciada), que se simboliza en que Chile quiere hablar de todo menos del mar, y Bolivia es monotemática. En un escenario así valdría abandonar toda esperanza… o aprender del pasado reciente.

En primer lugar, del fallo en el caso de Perú contra Chile. Si dejamos de lado el nacionalismo ramplón, convengamos que fue positivo para ambos: afianzará y permitirá una mejor relación en el largo plazo y eso es mucho más valioso en el siglo XXI que lo supuestamente perdido.

En segundo lugar, la política de cuerdas separadas. Un cúmulo de acciones que resultaron exitosas porque permitieron tener una relación de relativa normalidad con Perú en momentos en los cuales el conflicto podía haber escalado de forma insospechada. Los críticos de la cuerdas separadas no piensan en lo que hubiera pasado si el azar oprimía un gatillo.

En tercer lugar, los elementos básicos de una negociación. Para que resulte, todos deben ceder: Bolivia debe comprender que Chile no tiene por qué entregar territorio sin obtener algo similar a cambio (y, sobre todo, que no existe una justicia divina por encima de la legalidad internacional).

Pero también Chile tiene que asumir(se): fue el vencedor de la Guerra del Pacífico y es un país más rico y desarrollado, lo cual le otorga derechos pero también obligaciones y entre ellas está la de encapsular la demanda… unilateralmente, porque a Bolivia sólo le interesa discutir del mar y a Chile de cualquier otra cosa. En resumen, si Chile no lo hace, Bolivia no lo pide. 

Y claro que hay forma: ¿cómo puede ser que dos países limítrofes, con un incesante intercambio comercial, no tengan un vuelo directo entre sus capitales, o que el ferrocarril Arica-La Paz no funcione adecuadamente; o que no haya una partida presupuestaria destinada únicamente a la cooperación con Bolivia en materias que no tengan que ver ni con la política ni la diplomacia? ¿Cómo no garantizar, además, que el libre tránsito y las facilidades que se le otorgan a Bolivia y que son imprescindibles para su relacionamiento con el mundo, funcionen por sobre el estándar?

¿Que este encapsulamiento unilateral de la demanda podría verse como una señal de debilidad o una concesión a la argumentación boliviana? Eso sería subestimar la inteligencia de los jueces: ser buen vecino, buscar relaciones cooperativas con una nación adversaria y tenaz, no es señal de debilidad sino de fortaleza.


Publicado en La Tercera el domingo 20 de abril de 2014
Analista político boliviano-chileno, profesor de la UDP

Bolivia cifra sus esperanzas en La Haya y en Bachelet

 Nota publicada en La Segunda el 19 de febrero de 2014

Para entender los motivos que llevaron al presidente Morales a presentar la demanda boliviana contra Chile ante La Haya y a actuar como lo hace, se debe recordar que siempre miró de cerca el proceso judicial entre Chile y Perú del que se ha hablado hasta el cansancio en estas mismas páginas. También en Bolivia ese fallo ha desatado todo tipo de análisis, y muchos sostienen que  es favorable simplemente porque los jueces citaron las negociaciones de Charaña y porque demostraría que la política exterior chilena no es invencible.

Sin embargo, hay quienes somos más escépticos. En primer lugar porque otorga certezas que antes no se tenían y, a la larga, consolidará aún más una relación que deja a Bolivia aislada y con poca capacidad de negociación. Además, el “triunfo” peruano permite reconciliar a esa sociedad con uno de sus principales fantasmas: la derrota permanente frente a su adversario poderoso. No debe olvidarse que Perú ha dado muestras constantes del poco interés que tiene en un acuerdo entre Chile y Bolivia. Una parte de su pretensión ante La Haya tenía ese sentido implícito.

Además difícilmente podrá replicarse entre Chile y Bolivia el escenario de las “cuerdas separadas” toda vez que se multiplican las voces discordantes con esta política y porque a los bolivianos lo único que les interesa es la cuestión marítima. Encapsular la demanda, entonces, parece poco realista.

Finalmente, es muy pronto para afirmar que el fallo podría significar una revisión de los fundamentos de la política exterior chilena con sus vecinos (“pelear con dos de tres no es precisamente edificante”, sostienen), por el contrario, quizá sigan prevaleciendo quienes hacen de la defensa del statu quo una cuestión de fe.

En cualquier caso, Morales no sólo estará presente en la toma de mando de la presidenta Bachelet, sino que espera ese día con expectación, al igual que las señales que  se irán entregando en estos meses, las cuales serán analizadas con detenimiento para ver si es posible restituir una confianza perdida hace ya varios años o si la relación se reducirá a tribunales de justicia y declaraciones beligerantes (para lo cual hay ganas, recursos ilimitados y buenos abogados).

Por tanto y dado que Bolivia no retirará su demanda, la primera pregunta que deberá formularse el nuevo gobierno es: ¿dialogar con Bolivia sobre el mar mientras hay una demanda pendiente o recluir la relación bilateral a los tribunales?

Vaya disyuntiva. Por lo pronto lo único que sabemos es que Bolivia está dispuesta a que el Presidente Piñera se convierta en el chivo enviado al desierto a expiar las culpas de unos y otros.

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Sergio Molina Monasterios es boliviano y chileno

Le flambeau de la gauche est à prendre

Una nota que me hicieron en el Universal de Venezuela en marzo de 2013 y que la publicó Courrier International

Courrier International
Le flambeau de la gauche est à prendre

La gauche latino-américaine se retrouve orpheline. Qui reprendra l’héritage?

“Voilà un cas difficile.” “Voilà un cas difficile.”Dessin de Chappatte paru dans International Herald Tribune, Paris.
Au-delà des frontières vénézuéliennes, la disparition du président Hugo Chávez va se répercuter sur l’idéologie politique de la région. Son décès prive la gauche latino-américaine d’une figure de proue, de l’homme qui a incarné sur le continent le “socialisme du XXIe siècle” en quatorze années de pouvoir.

“Hugo Chávez représentait la ­continuité des caudillos qui ont gouverné l’Amérique latine au XXe siècle, que ce soit Juan Domingo Perón en Argentine, Getúlio Vargas au Brésil [président de 1934 à 1945 et de 1951 à 1954] ou Angel Victor Paz Estenssoro en Bolivie [élu quatre fois président]. En ce sens, Hugo Chávez était un grand ambassadeur de ce courant, et, en tant que tel, on aurait difficilement pu ­trouver des conditions plus propices au développement d’un leadership tel que celui qu’il a construit et maintenu pendant quinze ans”, explique Sergio Molina Monasterios, un spécialiste en communication politique.

Si, au Venezuela, on sait très bien qui reprendra le flambeau du chavisme, celui qui, en tant que ­militaire, encourageait une lutte régionale contre le “capitalisme sauvage” de “l’empire américain” semble irremplaçable pour le reste du continent.

Les dirigeants de gauche en Amérique latine – notamment Evo Morales (Bolivie), Rafael Correa (Equateur), Cristina Fernández de Kirchner (Argentine), José “Pepe” Mujica (Uruguay), Daniel Ortega (Nicaragua) et Raúl Castro (Cuba) – resteront fidèles non au chef militaire mais à la figure mythique que deviendra Hugo Chávez, une image qui sera bien plus accommodante et plus consensuelle, même si d’un point de vue symbolique c’est la même chose, prévoit Sergio Molina Monasterios.

Bien sûr, le Venezuela doit se préoccuper de sa situation économique et politique intérieure, mais les dirigeants de la région s’attendent à ce que la diplomatie bolivarienne, qui a bénéficié à de nombreux gouvernements qui soutenaient le pays, perde du terrain.

Cependant, Sergio Molina Monasterios estime qu’il serait extrêmement réducteur de penser que l’influence d’Hugo Chávez sur le continent sud-américain était uniquement due à son portefeuille. Le pays qui pourrait souffrir le plus de la disparition du comandante est sûrement Cuba, qui, grâce à sa relation avec le Venezuela, obtenait 115 000 barils de pétrole par jour contre les services de 44 000 Cubains exerçant pour la plupart des professions médicales.

“La composante idéologique et politique de la diplomatie bolivarienne ainsi que sa portée dans la région ne doivent pas être minimisées à l’heure où il s'agit de comprendre l’ampleur et l’influence que le chavisme pourrait conserver à l’avenir”, poursuit Sergio Molina Monasterios. Certes, il est trop tôt pour prédire qui héritera du trône, mais plusieurs dirigeants seraient intéressés par le poste. Seul le temps, ­toutefois, nous dira si c’est possible et si ces candidats ont les capacités requises. L’influence politique et idéologique du Venezuela dans la région restera considérable, “surtout dans le cadre des processus politiques les plus idéologiques et les plus enracinés, pour lesquels la figure symbolique d’Hugo Chávez demeurera présente. Néanmoins, cela dépendra avant tout de la direction qu’empruntera la politique intérieure vénézuélienne et des événements qui se dérouleront au cours des prochains mois au Venezuela”, conclut Sergio Molina Monasterios.

Nuestros vecinos, los grandes ausentes en el debate electoral

Sabido es que la política exterior no es la principal preocupación electoral en tiempos de paz en ninguna parte, y Chile no es la excepción. No es extraño entonces leer sólo algunos párrafos sobre el tema en los principales programas de Gobierno de los candidatos hoy en disputa.
Lo que si llama la atención es que en esas pocas líneas se nombre casi de refilón el principal problema hoy y en el futuro: los diferendos con Perú y Bolivia.
No faltará quien argumente que esto se debe a que Chile tiene una política de Estado al respecto y que no habrá grandes variantes a lo que ha venido haciendo en los últimos años. Con Perú cierto consenso en que las relaciones se encaminarán después del fallo de La Haya y que las relaciones económicas nunca fueron tan buenas como ahora; con Bolivia esgrimir la intangibilidad de los tratados y dejar caer el peso de la responsabilidad sobre ese país.
El programa de Gobierno de Michelle Bachelet enfatiza esos tópicos: plantea retomar el diálogo con Bolivia iniciado en 1999 y el clima de confianza mutua alcanzado durante su anterior gobierno así como la plena normalización de las relaciones diplomáticas. Lo que más llama la atención, sin embargo, es que el tema está en el acápite “defensa” y no en el de “relaciones exteriores”.
Evelyn Matthei es aún más escueta y en breves líneas reafirma su vocación americanista, la continuidad de la política exterior del actual gobierno y, fiel al estilo tradicional de su sector, se preocupa en el efecto que la seguridad exterior o las relaciones internacionales pueden tener en una economía ampliamente globalizada como la chilena.
Marco Enríquez Ominami es el que más referencias tiene sobre los vecinos y América Latina. Sobre Perú afirma que la brecha entre confianza económica y desconfianza política tiene que cerrarse progresivamente y, respecto a Bolivia, reclama un acto de generosidad de Chile y encontrar soluciones concretas, útiles y factibles.
 A este análisis de los programas electorales debemos sumar otros datos. La encuesta Bicentenario recientemente publicada (PUC-GFK/Adimark) muestra que, a juicio de los encuestados, los chilenos se consideran “excepcionales” y no se sienten parte de América Latina. Aún más, entre el 2006 y el 2013 sistemáticamente todos los años ascendió el porcentaje de chilenos que creen que a Bolivia no debiera dársele nada (del 33% a un mayoritario 56%) y, en ese mismo lapso de tiempo, bajó del 47% al 29% el porcentaje de los chilenos que están de acuerdo con darle a Bolivia beneficios económicos para que ocupen puertos chilenos.
En ese clima de opinión no es extraño que los programas presidenciales de quienes más posibilidades tienen de llegar a La Moneda le den tan poca importancia a la región.
Por tanto es difícil pensar que durante el próximo gobierno, gane quien gane, haya grandes modificaciones en las orientaciones en política exterior. Hacia Perú el deseo de que después de La Haya se normalice la relación; y, sobre Bolivia, la convicción de que se trata de un tema de seguridad, y diálogo sin ofrecer nada a cambio.

Nadie con una mínima dosis de realismo puede pensar que estos sean temas sencillos: pero llama la atención que no se ensayen otras alternativas y se planteen programas de largo plazo, de cooperación y desarrollo que permitan generar otro tipo de relaciones que las erigidas en base a la confrontación. Y para hacerlo, para construirlas, y a pesar de la resistencia que tenga a las veleidades de la opinión pública, Chile tiene la responsabilidad mayor, por su interés nacional, su peso específico y su proyección futura. 

(Publicado en La Tercera el 7 de noviembre de 2013)

¿Qué cambiará en Bolivia y en la región con la muerte de Chávez?



Se ha escrito mucho y bien sobre los escenarios que se abren luego de la muerte de Hugo Chávez pero quisiéramos agregar un par de interrogantes que creemos pertinentes a la hora de entender el futuro que se abre en la región a partir del deceso del venezolano.
Convengamos que el liderazgo y la personalidad de Hugo Chávez serán muy difíciles de reemplazar. Sus características eran únicas en circunstancias también únicas para América Latina y, como se ha dicho hasta el cansancio, tampoco es posible entenderlo sin mirar la historia larga venezolana y las circunstancias que permitieron su llegada al poder.
Pero a la vez, Chávez es la continuidad del liderazgo caudillista del que el siglo XX latinoamericano ha estado plagado, veamos sino a Perón, Vargas, Paz Estenssoro y el largo etcétera de caudillos que tenía similares características. Esto es, hubo mucho de nuevo y mucho de lo ya conocido en su ejercicio del poder.
El caudillismo ha sido indisoluble a la región en el pasado, en ese sentido, Chávez fue un gran representante de esa corriente latinoamericana mesiánica propia del siglo XX más que un líder del siglo XXI, por tanto, difícilmente se puedan conjurar condiciones similares para el surgimiento de un liderazgo como el que Chávez supo construir y mantener durante tres lustros.
Primera conclusión entonces, Chávez, como líder del siglo XX será cada vez más difícil de encontrar en el siglo XXI.
Ahora bien, a nivel global es muy difícil que alguien pueda reemplazar la enorme figura del caudillo venezolano. Por lo pronto tendremos varios que seguramente querrán ocupar su espacio, el tiempo dirá si esto es posible y si alguien tiene la capacidad para hacerlo. Difícilmente Correa o Morales puedan hacerlo, por sus características y, por supuesto, por el peso específico de estos países en relación con Venezuela. En todo caso, seguirán siendo afines, ya no al caudillo sino a la figura mítica que se construirá en torno a su figura.
La segunda interrogante que habría que planteas es cómo se verá afectada Bolivia si cesa o disminuye el apoyo económico de Venezuela.
Es un dato de la causa que Venezuela tendrá que atender con carácter prioritario su severa crisis económica y política mirando más hacia adentro que hacia la “gran patria latinoamericana”, por lo que la diplomacia bolivariana seguirá teniendo importancia pero sin los recursos con los que contó Chávez en su momento.
Ahora bien, sería de un reduccionismo extremo pensar que la influencia del venezolano se debía solamente a su billetera. Hay un componente ideológico y político que no se debe despreciar a la hora de comprender el fenómeno que desató en estos años y que se debe atender a la hora de medir la influencia que pueda seguir teniendo el chavismo en el futuro.
En el caso boliviano, Venezuela es su segundo acreedor, Bolivia importa diésel de ese país y es un mercado alternativo al norteamericano para las exportaciones textiles bolivianas.
Pero, sobre todo, el dinero venezolano permitía financiar el programa “Bolivia cambia, Evo Cumple”, a través del cual discrecionalmente se entregaba dinero a proyectos de infraestructura, emprendimientos agrícolas, postas, escuelas, etc. (se habla de una inversión de casi 4.000 proyectos de infraestructura en áreas rurales). En este programa, Evo Morales era el encargado personal de distribuir los recursos sin pasar por los controles administrativos del Estado y llegó a entregar cheques directamente a las autoridades locales afines a su partido.
Dicho todo eso, no se debe olvidar que la economía boliviana pasa por un momento de bonanza inédito en su historia, sus exportaciones, sobre todo minerales y de hidrocarburos, han permitido un crecimiento sostenido en los últimos años que no se verá afectado sustancialmente por lo que ocurra en su relación con Venezuela.
No es el caso de la relación económica que Venezuela estableció con otros países como Cuba, donde la dependencia es mucho mayor y más compleja de resolver en caso de ser suspendida.
En tercer lugar, quisiéramos dejar planteado el interrogante de si el proyecto político de Evo Morales se verá menoscabado en tanto dependería de Venezuela para concretarse y si algún líder latinoamericano puede retomar el liderazgo de la revolución bolivariana en la región.
Acá es quizá donde más se notará la ausencia de Chávez. Morales tenía a Chávez y no a Lula (como se pensó en algún momento) como la figura a quien se debía admirar y emular. Las bases simbólicas de la refundación estatal boliviana tienen su impronta: nueva constitución, nueva institucionalidad, nuevo relacionamiento entre poderes estatales, hasta las modificaciones simbólicas en el nombre del país, el escudo, la bandera, etc.
Sin olvidar que el proceso político boliviano difiere del venezolano por la forma en que se construyó el poder en un inicio: de abajo hacia arriba en un caso, con un golpe de Estado en el otro, diferencia que fue sustancial en su momento y que sigue presente aunque morigerada con el paso de los años, podemos prever un incremento de la orfandad política de Morales ya mellada por sus vacilaciones y giros autoritarios de los últimos años. Lo cual no quiere decir que deje de ser popular y la única alternativa política viable en la Bolivia actual.
Finalmente, ¿es posible que un próximo gobierno chavista mantenga la misma influencia política e ideológica en la región? En el futuro inmediato posiblemente sí. La influencia de Venezuela, seguirá siendo importante, sobre todo en procesos políticos más ideologizados y consolidados como el boliviano en los cuales la figura simbólica de Chávez seguirá presente. Pero todo dependerá del rumbo que deparen los acontecimientos de los próximos meses dentro de la propia Venezuela.

Recortes de la libertad de expresión: el drama de Ecuador y Latinoamérica

Participación en CNN para hablar sobre la libertad de expresión en la región y la arremetida del Presidente ecuatoriano contra los medios de comunicación críticos a su persona y su gobierno.

Ver primera parte de la entrevista en CNN Chile


Ver segunda parte de la entrevista en CNN Chile


Ver tercera parte de la entrevista en CNN Chile

Fernando Molina, Premio Rey de España


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Fernando Molina es uno de esos contados iluminados que alguien riega con mezquidad en el mundo. Que uno de ellos haya caído por estos lados tuvo que haber ocurrido o como gesto de desdén contra este pueblo desgraciado de origen o por error del tirano muevefichas de este tablero esférico. Pero cayó acá cerca, como cae un pedazo de roca del espacio. Una rareza.
Y privilegió, el déspota, a otro puñado de vecinos de desierto con su amistad. Yo me cuento entre ellos, desde las madrugadas olor a tinta fresca de la vieja La Razón miraflorina de La Paz. Muchas madrugadas y una que otra noche de Socavón solmateano. ¿O era al revés?
Hoy me enteré que fue galardonado con el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en el apartado Iberoamericano. Y tendría que haberle buscado para brindar con él por su galardón. Pero no lo hice. Y tengo dos razones: La primera, que Santa Cruz y La Paz están aún muy lejos una de otra, y léase en todos los sentidos; y segundo, que Fernando no bebe ni para brindar. De hecho, ya lo imagino en Madrid, de pie, incómodo en un traje elegante, con sus lentes descansando en mitad de nariz, con una copa levantada, mirando fijamente no sé si al Rey Juan Carlos o a Alex Grijelmo, nervioso y tímido como casi todos los días, e impaciente por no saber donde dejar su copa de champán y buscar una de agua.
Así que lo busqué en Facebook. Pero no tiene cuenta. Cómo iba a tenerla! El autócrata regador de excepcionales no necesariamente los hace afines a las redes sociales. Lo cual, en su caso, es una tontería, porque Fernando es un incansable y entretenido conversador.
En fin, ya lo buscaré en mi próximo sobrevuelo por La Paz. Eso es lo que apenas logro hacer últimamente para pena mía. Mientras tanto, comparto con nuestros amigos comunes esta alegría de saber a nuestro Fer Molina cada vez más grande.
Y una precisión final. Creo en Dios, pero en realidad no creo que haya tal tirano administrador de fichas. Fernando, el intelectual, escritor y periodista de 24 horas es la prueba. Él se hizo. Me contaron que una vez lo encontraron duchándose con una mano, y con la otra mano sostenía un libro que leía ansioso. Y no es un mito. Varios de ustedes también han escuchado esta historia en voz de quien lo sorprendió en medio del vapor, cuando él vivía en Calacoto.
Fernando es nuestro orgullo. Sus amigos lo queremos mucho.  (JCR)

Pensar Hispanoamérica: El inicio

Fernando Molina
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Con este artículo (publicado en Página Siete) el escritor Fernando Molina ganó el Premio Iberoamericano de Periodismo el  12 de enero de 2012

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Las principales contribuciones de Hispanoamérica al pensamiento mundial son las del inicio, aquellas que resultaron de su conformación histórica. Aunque de Hispania habían salido figuras descollantes como Séneca e Isidoro de Sevilla, y España había tenido a Alfonso el Sabio, quien inició una tradición literaria y científica que el mismo año del viaje de Colón daría a luz la “Gramática” de Nebrija, ninguno de estos antecedentes puede compararse con lo que este viaje provocaría en la conciencia europea.
Los descubridores navegaron en pos de reinos de los que tenían pocas referencias reales, pero sobre los que habían fabulado por siglos. Se toparon con los paisajes americanos, que en su grandiosidad resultaban en sí mismos “ideales”, es decir, como sacados de su imaginación. Concluyeron entonces que los sueños concebidos por su cultura se habían hecho realidad, que había un lugar en la Tierra en el que las criaturas mentales de sus letrados estaban provistas de corporalidad.
 El anuncio que de ello hicieron al mundo conmocionó a sus clases intelectuales y, por lenta decantación, cambió la cosmovisión europea. Al oeste había un lugar en que los ríos eran tales que merecerían nombres como “Madre de Dios”; donde era posible, adentrándose en unas selvas densas y calurosas como los delirios de un afiebrado o trasponiendo montañas altas como nunca antes se vio, encontrar un rosario de maravillas: fuentes de la juventud, ciudades de oro o esmeraldas, tierras sin carestía, tribus que vivían en absoluta desnudez y pureza. El espacio donde era posible situar geográficamente a California, el país de las amazonas.
Por muy efímera e insustancial que fuera cada una de ellas, estas ideas en conjunto crearon el hábito de pensar en América como la tierra de promisión, el lugar donde se haría efectivo el proyecto de una nueva humanidad.
En los siguientes siglos este nuevo mundo comprobaría su feracidad: sería pródigo en “frutos naturales” y planes de reforma social. Algunos de éstos fueron teóricos, como las utopías de los pensadores del  siglo XVI, que se inspiraron en los informes de los cronistas americanos. Otros, en cambio, eran prácticos: el perfectamente detallado ordenamiento colonial de América, que fue el primer diseño racional de una sociedad histórica; y el también inédito comunismo teocrático que pusieron en marcha los jesuitas en las misiones de Paraguay y Moxos.
Estos experimentos, en tanto precoces anticipaciones de los que ejecutarían siglos después jacobinos, bolcheviques y fascistas, marcaron el inicio de una de las corrientes fundamentales y más prolongadas del pensamiento occidental: la “política de la fe” en la aptitud de una organización generada por la razón para lograr la felicidad colectiva.
De este modo la colonización de América originó una tendencia que después, circularmente, terminaría inspirando los movimientos políticos americanos. Dice Uslar Pietri que América le ofreció al mundo la idea de que es posible ser feliz en la tierra, con toda la potencia política que tal visión tiene. Y luego (añadamos) se hizo adicta a ella.
Junto con lo bueno que implica esta renovada confianza en las propias fuerzas vino también lo malo: la megalomanía.  ¿No han engendrado siempre, los grandes proyectos de ingeniería social, catástrofes de dimensiones igualmente colosales?
En cualquier caso, sólo por ignorancia o frivolidad es posible convertir el hecho hispanoamericano en un mero saqueo de recursos o en un simple genocidio. Fue esto, pero no sólo esto. Lo que no necesariamente implica que fuera más positivo. Pero sí más –muchísimo más– complejo.
La mentalidad pragmática de los anglosajones les permitió colonizar parte de Asia y África de una forma puramente instrumental: sin la pretensión de crear nada nuevo. Buscaban incrementar su poder sobre obedientes y segregadas masas de súbditos. Un Garcilaso de la Vega, cronista descendiente de incas, o un Andrés de Santa Cruz, general descendiente de incas, o un Vicente Pazos Kanki, cura y periodista aymara, todos ellos leales a la Corona española en algún momento de sus vidas, no encuentran parangón en el contexto de la colonización anglosajona.   
 Los españoles fueron mucho más ambiciosos. Además de oro, la plata y las especias, pretendieron expandir el reino de Dios, pastorear hombres, darle carnalidad a las utopías, encontrar los sitios legendarios y, sobre todo, refundar España en los nuevos territorios, mediante una vastísima operación que dio origen al Derecho y la administración de Indias y a las principales ciudades latinoamericanas, de México a Buenos Aires. Al hacerlo y por tener que hacerlo valoraron de otra manera (no menos cruel, pero sí más comprometida) las culturas que se les enfrentaban activa o pasivamente, y por eso terminaron mestizándose intensamente con ellas.
Hubo más sangre (literal y metafóricamente hablando) en esta forma de proceder que en la otra.
Pero con lo malo también vino lo bueno. No solo los utopistas y sus descendientes sacaron conclusiones teóricas del descubrimiento de la anomalía americana. Y tampoco, pese a lo que suele creerse, no sólo los europeos “no españoles” contribuyeron a la modernización ideológica que provocó el 12 de octubre de 1492. Un precedente poco recordado en el ámbito latinoamericano es el de la Escuela de Salamanca, compuesta por brillantes jesuitas españoles que además de registrar el prodigio, derivaron importantes conclusiones de él. Observando a los indígenas, que para algunos estaban situados en la mitológica “edad de oro”, así como la conducta de sus propios compatriotas, llegaron a la conclusión de que conocer a Jesús no bastaba para actuar rectamente, y que desconocerlo no obligaba a la maldad. Pusieron así el primer escalón que conduciría a la ética moderna, basada en la capacidad individual de decidir y no en una influencia sobrenatural llamada “gracia” (en la que, en cambio, los protestantes creían ciegamente).
Véase aquí otra contribución del encuentro entre españoles e indígenas: tan estupenda como el barroco y tan importante como el utopismo. Por cierto, es exactamente lo contrario de éste último. Así es Hispanoamérica: simultánea ilusión y desencanto, al mismo tiempo el veneno y su antídoto.


   



   
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El boliviano Fernando Molina gana el Premio Iberoamericano de Periodismo

Agencia EFE.- El periodista y escritor boliviano Fernando Molina fue distinguido hoy con el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en el apartado Iberoamericano por su artículo "Pensar Hispanoamérica: el inicio". En el artículo, el autor mantiene la tesis de que las principales contribuciones de Hispanoamérica al pensamiento mundial son aquellas que produjo su mismo descubrimiento y que se incorporaron al pensamiento occidental: la posibilidad de ser feliz en la tierra. El autor mantiene que, sin obviar los errores de la colonización y su crueldad, algunos españoles religiosos o intelectuales pusieron los cimientos de la ética moderna basada en la capacidad individual de decidir. "Este artículo logra desmitificar la idea que se ha venido enraizando en América Latina y, sobre todo, en las islas del Caribe, que trata de desnaturalizar la más trascendente epopeya del siglo XV: el descubrimiento del Nuevo Mundo", según el jurado de la XXIX edición de los premios, que convocan anualmente la Agencia Efe y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Molina, nacido en La Paz en 1965, ha sido reportero y editor del diario "La Razón", subdirector del diario "La Prensa", director de los semanarios "Nueva Economía" y "Pulso" y actualmente se desempeña como editorialista de "Página Siete". Asimismo, es autor de los libros "La conjura contra el hechicero - Franz Tamayo para el indianismo boliviano" (2010), "El pensamiento boliviano sobre los recursos naturales" (2009) y "Evo Morales y el retorno de la izquierda nacionalista (2006). El Premio Internacional de Periodismo Rey de España en el apartado Iberoamericano está dotado con 9.000 euros (unos 11.500 dólares) y una escultura de bronce del artista Joaquín Vaquero Turcios. Los premios serán entregados en primavera por el rey Juan Carlos I, en una ceremonia en Madrid. En la pasada edición, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, en el apartado Iberoamericano, fue concedido a la periodista argentina Diana Fernández Irusta por su reportaje "Aún testigos", relacionado con la Guerra Civil que vivió España entre 1936 y 1939.

Bolivia: miscelánea legislativa y antidemocrática (a propósito de la Ley de Telecomunicaciones)

Las noticias sobre los bajos índices de popularidad de Evo Morales, la deriva patética en la que ha entrado el tratamiento del tema marítimo, sin olvidar las elecciones de autoridades judiciales en octubre próximo que han dado paso a una “jugosísima” campaña electoral, campaña que no es tal, y en la que la oposición no se pone de acuerdo ni siquiera para votar nulo.
En fin, que tan variada carga informativa dejó poco tiempo para discutir otro asuntos de igual o mayor importancia: una Ley de Telecomunicaciones que transformará el mapa mediático boliviano en los próximos años y confirmará lo que ha sido el mayor logro hasta el momento de Morales: la construcción de un aceitado aparato de comunicación y propaganda que, aupado por los legítimos deseos y los ineludibles derechos de inclusión de las mayorías bolivianas y sustentando por políticas redistributivas nacionalistas, inflaman los sentimientos solidarios en gran parte del mundo.
En sus artículos más polémicos, la mentada Ley de Telecomunicaciones permitirá redistribuir el espectro radioeléctrico en tres tercios: uno para los medios privados, otro para las organizaciones sociales y el último para el Estado. Asimismo, sostiene que en casos de seguridad o conmoción, desastres o amenazas externas, serán permitidas las escuchas telefónicas.
Si es grave que el gobierno de Morales, o de cualquier otro signo o adscripción política, tenga dos tercios de las frecuencias (considerando el tercio del Estado y el de los movimientos sociales); permitir los “pinchazos” telefónicos en base a situaciones tan difusas como interesadas, entra en contradicción incluso con la Constitución que fue aprobada contra viento y marea el 2009, conculcando derechos básicos de los ciudadanos.
Ahora bien, lo más preocupante de la futura nueva Ley es que se enmarca no sólo en una tendencia internacional (Ecuador, Venezuela y Argentina viven situaciones similares), sino que es parte de una serie de otras normas que pretenden entrometerse de manera frontal en la labor de los periodistas, profesión que no será la más digna (en Bolivia ni en muchas partes), pero que es imprescindible para el sustento democrático. Por ejemplo la flamante Ley contra el Racismo, tan encomiable como su título reza, permite hasta la clausura de un medio o la cárcel para un periodista si difunden contenidos racistas. Cierto que la libertad de expresión no es un derecho absoluto y es pasible a limitaciones, pero aquí la discrecionalidad de la sanción es más riesgosa que la falta misma.
De forma que la necesidad de que el Estado evite la concentración mediática, la imprescindible lucha contra la discriminación o, para ir más allá inclusive, la necesidad de democratizar la comunicación (una utopía a la que adscribo), son rasurados para ingresar a un formato que busca imponer a como dé lugar un discurso único. Esa la contradicción vital de todos aquellos que a pesar de sus buenas intenciones buscan, en el afán de imponer su legítima forma de pensar, limitaciones a las de otros. Al fin de cuentas el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Chile y Bolivia: volvimos a la normalidad

Por Sergio Molina Monasterios*

Si vemos la historia larga de la relación bilateral entre Chile Y Bolivia (y de confirmarse lo que parece un hecho), se podría afirmar que hemos vuelto a la normalidad, que estos años de acercamiento entre Evo Morales y tres presidentes chilenos no fueron más que una paréntesis en una relación siempre tensa y distante que obedece a lógicas diferentes e incomprendidas.
Con excepción de algunos guiños y acercamientos, como en el interregno de Pinochet y Banzer (y ahora, durante éste periodo que los historiadores bautizarán de alguna manera), en el último medio siglo estuvieron ausentes las relaciones diplomáticas entre ambos países, se llevaron hasta el paroxismo sus diferencias y, al mismo tiempo, se profundizó en una forma sin precedentes la distancia (existente desde siempre) tanto en lo económico como en lo institucional.
Volver a la normalidad, entonces, implica que Bolivia retomará los escenarios internacionales (que son muchos y variados a lo largo del año), para reclamar un acceso útil, libre y soberano al mar con argumentaciones diversas, sean económicas, culturales o políticas; frente a lo cual Chile pedirá la palabra inmediatamente después para decir que no existen problemas limítrofes pendientes, que hay plenas garantías de acceso marítimo para Bolivia a través de territorio y puertos chilenos y que se trata de un asunto bilateral (un discurso que saben como si fuera un mantra todos los diplomáticos a ambos lados de la frontera).
¿Existe alguna diferencia hoy en relación lo que fue la norma antaño? ¿Hay un caso jurídico para presentar ante tribunales internacionales? Sobre el tema se discutirá largamente en los próximos meses y conoceremos opiniones muy distintas según cuál sea el país de donde provengan. Por mi parte, siempre tuve la certeza de que no hay nada más subjetivo y político que el derecho.

La lógica de Morales

No debe olvidarse que Morales actúo con una lógica sindical (él es un sindicalista): puso un ultimátum (el 23 de marzo) y, al no recibir una respuesta afirmativa, impuso una medida de fuerza (multilateralizar el tema). Ahora bien, la lógica sindical no es igual a la política, ni que decir con la diplomática: las relaciones internacionales tienen sus tiempos, sus códigos, sus formas. En el peor de los casos, podría haber hecho lo mismo pero con la solemnidad y el respeto que ameritaba (a l fin y al cabo somos y seguiremos siendo vecinos); en cualquier caso, no en un discurso en una plaza pública.
Lo cual lleva a otra conclusión relevante, Morales actuó con la cabeza caliente, ensoberbecido al calor de la multitud y de la fecha: era 23 de marzo y todos los 23 de marzo los bolivianos nos ponemos sentimentales y hasta nos deprimimos. No hay otra explicación para las contradicciones flagrantes entre las declaraciones vertidas horas antes y el discurso mismo; amén de las entrevistas y las columnas que llamaba a la calma y que plagaron los medios de ambos países en estos días, mostrando una ofensiva diplomática en esa dirección.
¿Fue una decisión consensuada en Bolivia? Buena parte del Gobierno y la Cancillería no tuvieron un papel relevante, y ni hablar de la oposición que nunca fue tomada en cuenta. Morales conduce la política exterior junto a algunos de sus asesores más estrechos, lo cual fue evidente, por ejemplo, con las desinteligencias sobre el destino del Cónsul boliviano en Chile o con el nombramiento del nuevo Vicecanciller, y por supuesto, ahora.
¿Fue la utilización de la política externa en asuntos internos? Ni duda cabe. Morales atraviesa su año más difícil y no encuentra la forma de revertir el descontento que generan algunas de sus medidas recientes, sobre todo en el ámbito económico que es donde se cuecen las habas más tiernas. El nacionalismo antichileno siempre ha sido una fórmula exitosa en Bolivia, ¿por qué no ahora? (Eso sí, en descargo de Morales convengamos que no hay gobierno en el mundo que no lo haga. Pensar que la diplomacia no tiene que ver con la política cotidiana es de una ingenuidad extrema).
En Chile por otra parte, parece una profecía autocumplida. En los últimos años los sectores más reacios a un entendimiento con Bolivia (que son transversales y no responden a un solo color político) constantemente advirtieron que el acercamiento no conduciría a ninguna parte. Seguramente hoy celebran haber sido tan certeros.

Perú, el otro interesado

Lo que es una extraña coincidencia si tenemos en cuenta al otro país interesado en este tema: Perú. Porque convengamos que si hubo festejos ayer fue en Torre Tagle. Nuevamente más interrogantes: ¿cómo se comportarán Perú y Bolivia en el futuro? ¿Qué grado de coordinación o de distanciamiento tendrán ambos países? ¿Cómo actuará el nuevo Presidente peruano (y quién será éste, luego de una elección cada vez más complicada)?
Finalmente, la pregunta más difícil de todas: ¿qué nos queda?
En mi opinión, trabajar incansablemente para que el diálogo no se rompa, para que vuelvan las aguas a su cauce y para que prime la racionalidad. Insistir en que se busquen los consensos y no las diferencias. En definitiva, tratar de recuperar la confianza que se había conseguido hasta ahora.
Sobre todo, evitar el chauvinismo y aquietar las pasiones nacionalistas que tan rápidamente inflaman el alma de ambos pueblos. Ojalá los políticos que nos gobiernan en ambos lados de la frontera tengan la prestancia para evitar los excesos.
Ya habrá en el futuro quienes asuman el desafío de resolver este diferendo y que apuesten por soluciones imaginativas que, sin satisfacer plenamente a ninguno de los dos países, permitan una reconciliación y un reencuentro que hoy parece tan distante.

*Analista político boliviano-chileno

La lógica sindical de Evo Morales


Una entrevista en CNN Chile sobre el discurso de Evo Morales el 23 de marzo.